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El aprendizaje de la ley sólo se logra imponiéndola: Victoria Camps Destacado

Barcelona

La universidad se ha convertido cada vez más en una fábrica de dar títulos y ha dejado de ser aquel centro donde se reflexiona y se critica a la sociedad, es decir, donde están las mentes que pueden ejercer un liderazgo intelectual, afirma la filósofa catalana Victoria Camps.
Profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, ex vicerrectora de esa casa de estudios, ex senadora por el Partido Socialista de Cataluña, autora de innumerables libros y ensayos sobre filosofía, educación, bioética y política, Victoria Camps conversa con Campus en exclusiva para este número de aniversario.
Estudiosa de la vida pública a la luz de un profundo pensamiento ético, Victoria Camps nos recibe en las oficinas en Barcelona de la Fundación Víctor Grifols i Lucas,  de la cual es su Presidenta,   un edificio gris, austero, de puertas automáticas y donde se respira tranquilidad, una tranquilidad que se refuerza por el clima frio y lluvioso de la ciudad Condal. En la sala donde se realiza la entrevista, sobre las paredes cuelgan aspectos mexicanos, incluido un calendario azteca.


Serena y amable, la autora de El malestar de la vida pública, Creer en la educación,  La voluntad de vivir, El declive de la ciudadanía, El gobierno de las emociones, delata su vocación y compromiso con una sociedad mejor, su confianza en el ser humano y su futuro.
Pero es realista y sabe que entre el pensamiento y la realidad hay barreras que suelen ser infranqueables.   
Vivimos en una sociedad democrática no en un “mundo angélico” y las leyes son necesarias porque la condición humana es como es, y sin una cierta coacción no se consigue que las personas  sean más cívicas, dice la doctora Camps.
La intelectual catalana, Premio Nacional de Ensayo de España 2012, recrea con lucidez la evolución de la conciencia moral de los seres humanos: la noción y el aprendizaje de la ley solo se logran imponiéndola, la autonomía de la persona debe ser una siempre aspiración frente a la heteronomía, pero la heteronomía de la ley debe estar presente.
Por ahí empezó la entrevista que nos lleva a sus dominios intelectuales: la política, la bioética y la educación.

El creciente malestar de la vida pública es algo muy reconocible y lo común es señalar el rechazo hacia los políticos más que hacia la política, ahora, por añadidura se identifica con cierta frecuencia a los políticos como parte de las elites extractivas y se les juzga por su avaricia imparable y la búsqueda de fortuna,  ¿Esto corresponde a todos los políticos de todos los partidos o a aquellos que son más iguales que otros?
Respuesta. No, rotundamente no, no todos los políticos son corruptos afortunadamente, el mundo está lleno de buenas personas y también en el ámbito de la política hay gente que entiende su trabajo como un servicio público y que lo hace bien, y son personas honradas. El gran defecto que tenemos, sobre todo en España, es el partidismo de la política. Es decir, el vicio es de los partidos políticos. Claro que los partidos políticos están gobernados por personas y por políticos, pero yo creo que se entra en esa dinámica cuando se forma parte de un partido, que deja de ver ciertas cosas, y antepone siempre el interés del partido, el interés de las próximas elecciones a cualquier otro punto; y eso es  tan especialmente agudo porque cuando tenemos una democracia joven, no tenemos demasiada cultura democrática en España, y cuando se hizo la transición democrática se insistió y se pensó mucho en hacer partidos fuertes, para evitar que se desmembraran y que fuera ingobernable el país. Y hemos acabado teniendo partidos excesivamente fuertes y excesivamente cerrados en sí mismos.

Ahora, ¿en un momento planteó usted el problema de la democracia viendo la falta de  unos ciudadanos responsables de sus obligaciones ante la sociedad. Se decía entonces que en general al ciudadano le ganaba el individualismo, la falta de solidaridad, pero ciertas manifestaciones sociales generaron la creencia de que tenemos unos ciudadanos sin democracia. ¿Cómo examinar el problema desde las diversas perspectivas políticas, jurídicas, éticas? ¿Cuál es realmente la situación ahora?
Creo que la situación ha cambiado un poco como consecuencia de la crisis económica; la crisis económica ha llevado a tener que tomar una serie de medidas por parte de los gobernantes muy duras para los ciudadanos; sacrifican mucho todas las prestaciones sociales, por ejemplo. Y la ciudadanía se ha indignado. Hubo el movimiento de los indignados, y ha habido otras manifestaciones sociales que son muy positivas, por ejemplo la plataforma para los afectados por la hipoteca, los desahuciados, que ha sido una plataforma muy activista, que ha hecho un gran trabajo y que lo sigue haciendo para cambiar la ley y para proteger a las personas que están perdiendo la vivienda,  por la acción de la administración pública.
Entidades sociales como Cáritas, están haciendo también una labor de ayuda de protección social, sobre todo comedores públicos, que atienden a las personas que están en paro y que no tienen recursos para sobrevivir, y eso no lo está haciendo la administración, lo está haciendo la sociedad civil. En ese sentido  hay que decir que la sociedad civil ha despertado y que la ciudadanía ha asumido unas obligaciones ante las cuales antes era más indiferente porque vivía mejor.

¿Estamos viviendo de alguna manera una suerte de fase terminal de la democracia bajo ciertos principios liberales? ¿Qué nos puede decir al respecto?
No, yo creo que nunca hay que pensar que la democracia está viviendo una fase terminal, la democracia nunca es perfecta, hay que cuidarla mucho y hay que intentar mejorarla.

¿Y qué hacer para cuidarla?
Tomar conciencia de que es un compromiso de todos: no basta con tener unos procedimientos; la democracia no se reduce a la existencia de unas instituciones, las instituciones deben estar bien gobernadas. Los procedimientos no son el todo de la democracia, la democracia se sustenta en un estado de derecho y los derechos hay que garantizarlos. Es el contenido de la democracia, lo que hay que cuidar.

Ahora, decía usted también que el prejuicio contra ella parte también de los efectos relacionados con el neoliberalismo…
Sí. Es verdad que existen algunas razones para estar decepcionados y creo que el neoliberalismo que afecta más al estado social es una de esas razones, y eso sí es un gran problema.
Pero lo que está afectando verdaderamente a la democracia ahora son los populismos. Son los personajes públicos que aparecen con unas promesas o con unas ideas que consiguen cautivar al electorado, porque a lo mejor no son muy concretas, o porque van muy directas a lo que son sentimientos muy viscerales; por ejemplo en época de crisis económica, el rechazo del inmigrante, el rechazo del que viene de fuera y que de alguna forma parece que viene a usurpar el trabajo de los que están aquí. Los políticos populistas que aparecen ahora en Francia, que es posible que las próximas elecciones europeas las gane el partido de Le Pen, que es un partido muy racista, muy xenófobo. Ése es el gran peligro para la democracia, es decir que desde dentro se imponga una forma de pensar que es muy poco democrática.

En ese sentido también eso hace pensar que el modelo neoliberal parece que quisiera quedarse para siempre.
No sé si puede quedarse para siempre porque la crisis ha demostrado que el modelo no funciona. Es decir, el modelo funciona para unos cuantos, una pequeña minoría que sí, es verdad, cada vez más acumula más riqueza, pero a costa del resto de la población. Se está hablando de que las clases medias están desapareciendo; claro, el modelo no consigue lo que el principio liberal de la mano invisible decía que ‘no hace falta moralizar a las personas porque el egoísmo privado acaba beneficiando a todo el mundo’. Eso se ha demostrado que es falso. Eso no es cierto. El egoísmo personal, la codicia personal beneficia a los codiciosos; pero a los demás no, a los demás los empobrece cada vez más. Y no creo que si superamos la crisis volvamos a las andadas; creo que el modelo habrá que reformarlo, y una prueba de ello es que movimientos que parecían muy radicales, altermundialistas que promovían propuestas como la desaparición de los paraísos fiscales, o la eliminación de esa diferencia brutal entre los sueldos de los altos ejecutivos y los sueldos más bajos, todo eso que parecía que eran propuestas utópicas que no se podían abordar, hoy, aunque de una forma muy tímida y cautelosa, se están empezando a abordar como algo que hay que controlar más.

En efecto, en las estructuras injustas de distribución del ingreso esto es muy evidente, por ejemplo en México cerca del 70 por ciento  del dinero de la economía nacional se va a utilidades, y el 30 a salarios, de modo que el modelo es bastante cuestionable.
Además aquí en España, como consecuencia de la crisis, los salarios han bajado todos, se han reducido muchísimo, sobre todo los que eran más fáciles de reducir, los salarios de los empleados, de los maestros, de los trabajadores del sector público. Se han eliminado las pagas extraordinarias durante todos estos años; la gente ha perdido poder adquisitivo. Es decir, el principio de economía capitalista que era producir más para consumir más se ha ido abajo. Además, cómo se vuelve a eso cuando no tenemos mucha idea de cómo  activar una economía más productiva a partir de una economía sólo de servicios, que es la que tenemos aquí, básicamente.

¿Considera, retomando alguna de las cosas que usted ha comentado, que el republicanismo es una alternativa que nos acercaría a un modelo mucho más desarrollado de la democracia frente a otros?
El republicanismo filosófico, no el republicanismo contra la monarquía, que eso es otra historia.
Claro
A ver, el republicanismo plantea problemas, que tiene la democracia que derivan sobre todo en una democracia poco republicana en el sentido de que no ha conseguido construir una ciudadanía cohesionada y que ha eliminado la idea de un bien común, que hay que perseguir. Es una consecuencia de sociedades muy atomizadas y que han creado tipos de personas muy individualistas, amorales, que piensan que su fin en esta vida es perseguir unos intereses privados y que los intereses públicos no tienen nada que ver con ellos. Son obligaciones en todo caso del Estado. El republicanismo critica ese modelo, y está diciendo "hay que hacer otra cosa", hay que conseguir que la ciudadanía sea conciente de sus obligaciones cívicas, que pasan por respetar al otro, por tener cuidado de todo aquello que es público, por pagar impuestos, no evadirlos. Lo que no dice la filosofía que defiende ese modelo republicano es “eso ¿cómo se hace?", no lo transforma en unas políticas que consigan hacer de la democracia otra cosa, con ciudadanos más comprometidos.

Justamente eso me lleva a comentarle otro aspecto: usted ha sostenido —no sé si llamarle insuficiencia del republicanismo— de que las leyes no son suficientes, no son ni en educación, ni en la política, ni en la bioética o sea, ¿esto quiere decir que algo falta en el ser humano como tal, pero también como ciudadano y también como profesional?
Sí, las leyes son necesarias, la condición humana es como es y sin una cierta coacción no se consigue…
Viviríamos en otro mundo…
…Se viviría  en otro mundo angélico, pero no humano. Las leyes son necesarias y además creo que las leyes, una de las funciones que tienen, es cambiar las costumbres de las personas y conseguir que se hagan más cívicas. Pero ese cambio no siempre se produce, y luego las leyes no pueden regularlo todo. Siempre dejan espacios en los que no es bueno regular; Tomas de Aquino ya decía que no todos los vicios deben estar prohibidos, sólo los más graves, y eso lo decía en el siglo XIII. Hoy que somos mucho más liberales deberíamos de regular muchas menos cosas, pero eso no quiere decir que las personas no deban comportarse de una forma adecuada, para que todo prospere y para que la democracia sea cada vez mejor. Por lo tanto esa aportación personal debe darse como complemento a la legislación. Porque además las leyes hay que interpretarlas, hay que aplicarlas bien, y eso también presupone una cierta virtud, lo que Aristóteles llamaba "prudencia". Si  no se tienen las leyes, Aristóteles también lo decía, se cae en lo que él llamaba "acracia", que decía es como una ciudad que tiene muy buenas leyes pero no sirven de nada porque nadie las cumple. Esa desidia tiene que ver con la manera de ser de las personas.

Ahora, más allá de la necesidad de satisfacer sus necesidades materiales y de sobrevivencia, las sociedades requieren de la ética y de la filosofía, pero pareciera que cada vez tienen menos importancia…
Sí, porque es mucho más difícil convertirlo en políticas, convertirlo en normas, y obligar a un cumplimiento;  hace un momento, estábamos en la fundación que se dedica a la bioética y estábamos hablando de una cuestión que desde la bioética es muy importante. Las personas, los seres humanos son mortales y llega un momento en la vida en el que son vulnerables a la enfermedad, en fin, entran en una fase límite terminal. la ciencia no puede abordar todos los aspectos de esos últimos momentos de la vida. La ciencia  y la técnica aportan una serie de medidas, una serie de recursos, que son eficaces; pero cuando esos recursos ya no funcionan, porque ya lo único que nos queda es prepararnos para morir, ahí deben funcionar otras cosas, y ahí pueden0 funcionar quizá la cultura, la filosofía, la ética, puede funcionar toda esa dimensión espiritual del ser humano, si se ha cultivado. Si no se ha cultivado, pues eso no funciona y no tenemos ningún otro recurso.

La bioética nos plantea una imbricación del conocimiento biológico con el sistema de los valores humanos, pero los cambios recientes nos llevan a pensar en la creencia de una bioética como movimiento cultural o de cambio cultural más bien, que alienta el encuentro de valores y principios con el progreso de la humanidad, usted lo ha sostenido.
Sí, y yo creo que la bioética ha cambiado muchas cosas, y la bioética introdujo como principios fundamentales además de la beneficencia de no hacer daño al paciente, y procurar su bien, otros dos valores mucho más modernos: la autonomía y la justicia. Se ha avanzado mucho, sobre todo en la medicina, en la ética clínica, en el reconocimiento de la autonomía del paciente.
La relación médico-paciente hoy no es autoritaria, no es paternalista, es una relación más contractual. Es una relación más de igual a igual, de tener en cuenta la voluntad del otro, tanto a la hora de aceptar un tratamiento tanto de no aceptarlo, de rechazarlo. O de decidir que ha llegado su final y que ya no quiere que se le trate más. Y luego se ha introducido también la justicia, se ha introducido la equidad, es decir la salud es un bien público y todo el mundo debe tener acceso a ese bien. Y eso también ha cambiado, la forma de entender lo que debe ser la salud.

Su diferencia con Jürgen Habermas precisamente por esto, en el sentido, aquel aspecto de la manipulación genética, con fines de programar la vida humana, que según él llevaría a la autocomprensión de la especie como una especie de seres libres e iguales, y usted señala que no está de acuerdo en que él pretenda acotar las posibilidades de defender teorías sustantivas de la persona y el bien humano. ¿Cuál sería el propósito de elaborar una teoría que nos diga, ante este tipo de decisiones que tienen que tomarse, a las que se refiere Habermas? ¿Hacia dónde vamos, qué pretendemos, qué consecuencias tendrían las decisiones que tomemos?
Yo creo que hay un límite. Habermas es el que propone, cuando habla de la manipulación genética, y de esa nueva eugenesia de conseguir seres humanos programados, que sean mejores, y que puedan tener una vida de mayor calidad.
Habermas pone un límite: si eso se hace con fines terapéuticos, está bien hecho, si se hace para mejorar la especie humana en general es una aberración, y el límite tiene que ser éste. Yo estoy de acuerdo en ese sentido por lo que dice él, lo que pasa es que aquí en seguida nos encontramos con un problema añadido que es el delimitar qué es terapéutico y qué no lo es. Los fines estéticos por ejemplo, ¿Son terapia o no son terapia? Depende. Entonces, es muy difícil poner unos límites claros a priori que nos digan dónde está la línea roja. Pero yo creo que el criterio de ‘terapéutico’ o ‘no terapéutico’ es el criterio adecuado.

¿Qué describiría como esencial en su experiencia en las comisiones de bioética en las que participa?
Hay tres tipos de comités de bioética. Comités de ensayos clínicos, que son los comités muy regulados y que lo que hacen es aprobar o rechazar los protocolos para hacer experimentos con seres humanos para poner en el mercado nuevos medicamentos. Esas son las comisiones donde lo científico va por delante, es decir, son básicamente, lo que se analiza es si científicamente el protocolo está bien formulado, y ahí yo he aprendido mucho, he aprendido muchas cosas que desconocía.
Luego están los comités hospitalarios donde, ahí sí, en esos comités se plantean problemas que se dan con los pacientes en los hospitales y que tienen una dimensión ética. Sobre todo son problemas que conciernen el final de la vida. Temas de cuidados paliativos,  y ahí lo que se trata es de acabar también estableciendo unos criterios para determinar cuándo hay que detener un tratamiento, en que momento hay que empezar sólo con cuidados paliativos, es decir, yo creo que se va progresando en ese sentido, y se hace una medicina más adaptada al paciente.
Y luego están los comités nacionales, que ese plantean problemas más teóricos, problemas que a lo mejor sirven como planteamiento previo a una posible legislación. Las legislaciones sobre el aborto, por ejemplo, muchas veces han tenido una reflexión previa de un comité de bioética, o también cuando ha habido un intento de legislar la eutanasia, o sobre otras cuestiones que conciernen a la bioética.

La bioética en la medida en que ha ido incorporando a otras disciplinas como el derecho, las ciencias sociales, etc., ha ampliado su ramaje y su influencia. Entonces, desde ese punto de vista esa ampliación ¿Puede auspiciar que temas como la violencia, los problemas de la biodiversidad, otro tipo de problemas se vayan a formar parte de la bioética o de algo que se empieza a escuchar mucho más que antes, de la biopolítica? ¿Dónde podríamos ubicar este papel multidisciplinar de la bioética y estos movimientos culturales?
Es que la bioética o es interdisciplinar o no es, la bioética aunque esté compuesta de dos palabras, que es “las ciencias de la vida”, la biología y la ética, tiene que incorporar muchas otras disciplinas, porque todo lo que concierne a la vida humana en principio es de interés para la bioética, Ahí puede actuar la psicología, la antropología, el derecho por supuesto, porque finalmente hay algunas cuestiones que hay que legislarlas y por lo tanto también concierne al derecho, la sociología, por supuesto la medicina, todas las ciencias de la salud. Entonces, todas las ciencias sociales y empíricas que tienen que ver con la vida, en general, porque como ha dicho usted muy bien, ya no sólo es la vida humana, sino que es el medio ambiente. Es la vida animal, también, todo lo que es la vida animal y lo que se suele llamar, una expresión que yo creo que es incorrecta, “derechos de los animales”, pues eso también forma parte de la bioética.

Ahora, esto ha hecho que la bioética alcancé cada vez una mayor importancia, ¿Tiene que ver esta importancia creciente con las problemáticas que comentábamos de la vida pública, el mercado desbocado, el mismo progreso humano, digamos, ¿hasta donde puede la bioética extender su actuación como disciplina multidisciplinaria, valga la expresión, o como ciencia multidisciplinaria de tal manera que pueda alcanzar niveles mucho más reconocidos por la sociedad?
Sí. Por ejemplo, los temas como el calentamiento del planeta, el cambio climático, todo lo que concierne a la vida en general, forma parte de la bioética como también, por ejemplo, la pobreza, que es un tema que en principio no parece ser estrictamente ni médico ni biomédico, pero que repercute mucho en cómo se propaga la enfermedad, en cómo se hace frente a la enfermedad;  la gente pobre tiene menos recursos para hacer frente a la enfermedad, tiene menos medicamentos, por lo tanto la pobreza es un tema central de la bioética también.

Y  el Estado tiene la posibilidad de darle impulso a una ciencia de estas características
Sí, los Estados han dado impulsos de muchas maneras, una de ellas es creando los distintos comités, en la medida en que han estado impulsados por los Estados y son formas de ejercer un control sobre eso que puede desbocarse por culpa de un mercado que es muy voraz y que quiere abarcarlo todo y someterlo todo a la ley de la oferta y la demanda. Y también porque a los Estados en la medida en que son Estados sociales se dan cuenta de que sus recursos son escasos, y que por lo tanto ahí hay un grave problema que es cómo repartirlos equitativamente. Y cuando esos recursos afectan la salud de las personas, es decir, el recurso que hay que repartir es la protección de la salud, ¿Cómo se hace en épocas de crisis para que haya equidad, para que llegue a todos lo mínimo que todo el mundo necesita?

De acuerdo con usted, la bioética no puede prosperar si no es por el camino del acercamiento de los conocimientos, de los lenguajes, de los métodos y perspectivas, es una tarea de modestia colectiva en la que hay que emprender consistente el aprender a renunciar a una jerga que resulta un galimatías incomprensible para quien no pertenece al gremio en disponerse a escuchar y a entender el discurso del otro. Ese es el asunto. ¿Cómo resolver toda esta problemática que nos plantea la bioética como concepto, para traducirlo a la realidad? ¿Pueden jugar algún papel las universidades, las comunidades académicas de las distintas áreas científicas?
La bioética es un ejemplo de que la interdisciplinariedad es posible, que es como una consigna que desde hace tiempo la tenemos en mente, decimos "bueno, deberíamos corregir esa división del saber, del conocimiento, que ha llevado a especializarnos tanto en nuestros campos pero comunicarnos cada vez peor”. Porque el lenguaje del especialista es sólo comprensible para él y para los “cuatro” que conocen esa especialidad. Eso en las universidades no se consigue, yo me he pasado muchos años en la universidad, creo que desde la filosofía es una de las funciones que la filosofía debería intentar, porque la filosofía fue la madre de las ciencias, y debería intentar que las ciencias no se dispersaran tanto, y que volvieran un poco a esa madre única y que hablaran entre ellas. Y eso en la universidad no se consigue, porque cada cual tiene su chiringuito, tiene su reino de Taifas y nadie quiere hablar con nadie más que consigo mismo, y reproducir su propio conocimiento. Pero otras disciplinas como la bioética, sí que lo consiguen porque sin ese esfuerzo no prospera, si desde la filosofía o desde la psicología o desde la medicina no hacemos el esfuerzo de entender el lenguaje del otro y de adaptar nuestro lenguaje para que el otro lo entienda, no podremos hablar, no podemos poner en común los mismos temas y decir cómo nos vemos cada uno de nosotros desde nuestra disciplina, y ese esfuerzo en la bioética se está haciendo.

En la educación, uno de los objetivos es enseñar a decidir, a escoger bien y a inculcar criterios para que las personas construyan una personalidad, un carácter, que resume otra idea suya, que es rescatar del ser humano lo mejor de sí mismo, ¿Ahí qué papel juega y debe jugar la ética?
La misma definición de educación ya tiene un concepto que es extraer de la persona lo mejor que lleva dentro. Lo mejor ya es un concepto valorativo, ¿Qué entendemos por mejor? Si lo entendemos en el sentido más amplio de lo que puede llegar a ser la personalidad humana, lo mejor no es sólo dar de sí lo mejor para ganarse la vida y para enriquecerse, sino es para vivir mejor, para vivir según una escala de valores que no son sólo materiales, sino que son también éticos, por lo tanto la ética tiene que jugar un papel fundamental en ese conseguir hacer personas autónomas, capaces de decidir por sí mismas pero no cualquier cosa, sino de acuerdo con unos valores que también ponen límites.

Respecto de la socialización y la individualización, como procesos de educación usted indica que sólo se empieza a ser libre después de haber pasado por unas cuantas imposiciones externas del individuo. Una cierta represión precede a la autonomía, que es un proceso de autocreación, algo que puede conseguirse si realmente se posee la voluntad de ser autónomo. Usted sugiere que en la educación se requiere algo, voy a poner las comillas, de “represión” ¿O cómo se explicarían estas imposiciones externas?
A la autonomía se llega a través de la heteronomía, y eso lo tengo clarísimo, y además así han explicado los psicólogos que explican la evolución de la conciencia moral ponen básicamente tres fases, la primera es la autoridad, la autoridad de los padres, la autoridad de los maestros, la que hace cumplir la ley. La segunda es el derecho, es la ley, y luego viene la autonomía, es decir, la capacidad de la persona de decidir si aquella autoridad o aquella ley son válidas o son legítimas o no lo son. Si no se pasa por las dos primeras fases no se llega a la última, es imposible llegar a la última porque, ¿cómo aprender a discernir entre las reglas correctas y las incorrectas si no tenemos la noción de lo que es una regla? La noción de una ley es fundamental, y la ley se aprende imponiéndola. No es una teoría, es una práctica, por lo tanto no se puede dar autonomía si no hay también una cierta heteronomía, la autonomía es una lucha constante para vencer la heteronomía, pero la heteronomía tiene que estar ahí.

Educar e instruir pueden no ser una misma cosa  pero son inseparables. ¿Podría explicarnos similitudes y diferencias? porque separados se dan mucho en algunos maestros y en ciertos curas si me permite.
No sé en qué medida más una cosa que otra, en unos y otros. Creo que son dos distinciones más bien teóricas. Es imposible instruir sin educar, y también es bastante difícil educar sin instruir, en el sentido de que educar significa enseñar cosas y eso es instrucción también. Hemos querido distinguir lo que es la formación de la persona —a la que llamamos educación— de lo que es la transmisión de unos conocimientos, pero para formar a la persona, también hay que transmitir conocimientos, hay que enseñarle qué significa respetar al otro, qué significa ser un apersona civilizada, comer bien, hay que enseñarle unos horarios que hay que cumplir para poder vivir en común con los demás. Todo eso son conocimientos que se transmiten. Y lo otro también es cierto, instruir en el sentido de enseñar matemáticas o enseñar física, o enseñar lengua, es muy difícil hacerlo si al mismo tiempo se está educando a la persona, se está enseñando, por lo menos a escucharlo, a estar en silencio y a reflexionar sobre aquello que se le enseña,  todo eso es un proceso que es educativo.
En España la educación se ha ido relegando con el argumento de que en realidad es la familia la que debe educar. La escuela lo que hace es trasmitir unos conocimientos instrumentales y no digamos ya la sociedad en general, que ya no asume ninguna responsabilidad educativa, y también la tiene, porque cualquier persona adulta de alguna forma está educando a los más jóvenes, o maleducando a los más jóvenes, en la medida en que los más jóvenes aprenden de los adultos e imitan a los adultos. Esa responsabilidad parece que se ha abandonado: hay una frase que se ha repetido mucho que dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Bueno, esa tribu hoy, primero, no sabemos dónde está, ¿en dónde está la tribu? Pero es verdad que nadie asume esa parte de responsabilidad en la educación de los más jóvenes y se ha dejado esa responsabilidad exclusivamente a la familia, que también la ha abandonado bastante por distintas razones. Una de ellas que la mujer trabaja, y por lo tanto ya no puede hacer la función que durante siglos había hecho exclusivamente ella.
Entonces más bien de lo que hoy se adolece es de educación, no de instrucción, que eso es más técnico y que uno tiene más claro cómo hay que hacerlo, que educar es más complicado.

Ahora, como ex vicerectora de la Universidad Autónoma de Barcelona ¿Cómo observa la evolución de las instituciones universitarias en estos momentos? ¿Cómo  ve usted ahora a la universidad?
Ahora soy emérita y ya estoy bastante alejada. Pero he vivido una explosión universitaria que ha tenido aspectos muy positivos, porque hoy mucha más gente tiene acceso a la universidad.
De cuando yo estudié a ahora, el cambio en España ha sido brutal. Pero también la masificación universitaria ha tenido aspectos negativos, la universidad cada vez más es una prolongación de la escuela, y deja de ser aquel centro donde se reflexiona, se critica a la sociedad, es decir, donde están las mentes que pueden ejercer un liderazgo intelectual. La universidad se ha convertido en una fábrica de dar títulos cada vez más y, por lo tanto, más allá de eso, ha desertado de toda otra función.

Jorge Medina Viedas

Modificado por última vez enJueves, 21 Noviembre 2013 13:34
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