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La educación superior requiere hacer un alto en el camino para definir sus prioridades: Enrique Fernández Fassnacht Destacado

Para fernández fassnacht, las universidades deben considerar las capacidades que ofrecen a sus estudiantes. Para fernández fassnacht, las universidades deben considerar las capacidades que ofrecen a sus estudiantes. Salvador Medina

Como parte de la nueva etapa editorial que queremos construir en Campus, surge a partir de esta edición un nuevo espacio al que le hemos denominado “Voces de la educación”. En esta sección pretendemos dar cabida a investigadores, académicos, rectores, ex rectores, funcionarios, científicos, exfuncionarios y personajes de la vida pública ligados al tema de la educación y la ciencia, para que sean ellos quienes hagan un análisis de las políticas, proyectos,  y planteamientos que se aplican en el país, así como las medidas pertinentes que se requieren en el corto, mediano y largo plazo. Es, a partir de estas voces, un diagnóstico que pretende aportar ideas y propuestas para fortalecer el quehacer en estas áreas.


La creación de nuevas instituciones de educación superior debe pasar por el respaldo, la opinión y la experiencia de las universidades públicas federales y estatales. Son ellas quienes podrán dar certidumbre y solidez a la expansión de la matrícula a partir de esta alternativa.
Así lo percibe Enrique Fernández Fassnacht, ex director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y ex secretario general ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).
Sostiene que la educación superior del país tiene ante sí el reto de ofrecer oportunidades más pertinentes a los miles de egresados que año con años se forman en las universidades.
En entrevista con Campus, apunta que los retos para este sector siguen siendo los mismos que no han podido resolverse totalmente en los últimos años.
Desde el incremento de la matrícula, sin perder la brújula de la calidad, hasta el financiamiento, que pone siempre a las instituciones de educación superior contra la pared, los asuntos pendientes demandan estrategias más profundas.
De hecho, argumenta Fernández Fassnacht, es momento de poner un alto en el camino y redefinir el camino que deben seguir, sobre todo frente al momento político, social, económico y educativo que enfrentan en este nuevo gobierno.

Diagnóstico a fondo
A unos días de haber asumido la Dirección General del Tecnológico Nacional de México (TecNM), el también ex rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), apunta que la calidad, la  cobertura, la equidad, el financiamiento, y la gobernanza del sistema de educación superior son asuntos que deben ser abordados con seriedad.
“Tenemos muchos subsistemas de educación superior que no se hablan entre ellos, tenemos organismos supuestamente estatales para planear la educación superior en los estados pero no funcionan, tenemos igual instancias federales, igual tampoco han funcionado”, advierte.
Y en ese contexto, donde ha faltado una mayor interacción, “tenemos una Ley para la Coordinación de la Educación Superior que ya es obsoleta, que tiene muchos años, y bueno necesitamos, como muchos dicen, una nueva ley para la coordinación, la evaluación, el financiamiento de las instituciones de educación superior”.
Aunado a esto, dice, existe un problema serio, aparentemente soslayado muchas veces, que tiene que ver con la carrera académica, con el paso de los profesores desde su ingreso a la universidad hasta que se jubilan.
“Hemos dejado de lado ese problema, el programa de estímulos, de alicientes para que los profesores a una edad pertinente dejen la tarea académica, en fin, hay muchas cosas, pero estos son los ejes principales sobre los cuales hay que trabajar”, comenta.
Fernández Fassnacht asume que en esta falta de solvencia de los problemas que aquejan a la educación superior del país, se han debido a diversos factores, como la falta de comunicación entre el gobierno y las universidades.
“Y quizás, y ahí asumo la responsabilidad que me corresponde, desde la ANUIES no se ha podido impulsar de forma significativa la educación superior, y seguimos con el día a día, seguimos viendo que no nos vayan a dejar sin subsidio el próximo año.
“Seguimos preocupados por acreditar nuestros programas porque están ligados a recursos extraordinarios, como que no hay mucho tiempo, para pensar y para planear qué es lo que se tiene que hacer en educación superior”, puntualiza.
En ese sentido, confía en que esa comunicación mejore y que en este gobierno se pueda, efectivamente, llevar a cabo una reforma, en serio, a la educación superior, en la cual “se pongan las cosas en su lugar”.
Al hablar de la calidad, afirma que existen ciertos aspectos que pueden ser mejorados, y los cuales no han tenido el impacto que se requiere para darle mayor solidez a las universidades públicas del país.
“Si hablamos, por ejemplo, de la calidad de la educación superior, no me gusta cómo se determina la calidad de los programas, por ejemplo, el hecho que existan organismos acreditadores, que existan los CIEES, el COPAES, que exista el CENEVAL, excepto quizás este último, estos organismos lo que evalúan son los insumos, que si hay bibliotecas, que si hay laboratorios adecuados, pero poco se refiere a qué tanto estamos cumpliendo con los jóvenes en cuanto al perfil que les ofrecemos al ingresar a la educación superior”, lamenta.
Por ello, asegura, un buen sistema de evaluación de la calidad de la educación superior “tendrá que pasar necesariamente por confrontar, digamos, las capacidades, conocimientos, habilidades, aptitudes, actitudes de los jóvenes respecto de lo que les ofrecemos al ingreso”.
“Creo que en eso hay que trabajar mucho porque al final del día nos encontramos con que muchos jóvenes que egresan de una institución de buena calidad ya no tienen las competencias necesarias para desempeñarse en el mercado de trabajo, sea en cualquier área, en el sector académico, en el sector social, solo menciono el caso de la calidad”, añade.

Carencia de vinculación
Otro de los factores que vislumbra Fernández Fassnacht, sobre los cuales se debe trabajar, es la escasa vinculación de la educación superior con el sector productivo.
“Hay un tema también, y quizás lo agregaría, es el eje de la pertinencia, nuestras instituciones se hablan, en general, poco con el aparato productivo, de tal suerte que las universidades interpretan lo que quiere el aparato productivo, sin hablar con el aparato productivo, creo que hace falta esa comunicación entre las universidades y este sector”, reconoce.
De logarse un cambio en este modelo que ha prevalecido, esto les permitiría diseñar mejor los planes y programas de estudio, rediseñar las capacidades que deben adquirir los estudiantes, tanto generales, y aquellas que están asociadas directamente a una disciplina, ese es un tema que, sin duda, es importante.
“También es importante que las universidades, en  función de las regiones en las que se ubican, conozcan las necesidades regionales, y que la formación corresponda a la atención de esos problemas, de esas demandas, en fin, hay muchos temas”, dice.
Y más allá de posturas que ven con recelo la participación del mercado en estos temas, lo primero que debe preguntarse es, como lo explica, qué queremos de los egresados.
“Lo importante es que salgan de la escuela y no tengan que manejar un taxi, sino que deben trabajar, porque tienen las capacidades necesarias, para incorporarse al sector académico, al sector social y al sector productivo, y que eso les permita tener, efectivamente, un desarrollo mejor, esa es una responsabilidad de la universidad.
“Entonces, si bien es importante, por supuesto, formar personas en todas las disciplinas, desde luego también es importante que esas personas tengan las competencias para desempeñarse en cualquier disciplina, sea de las humanidades, de las ciencias sociales, de las ciencias duras, de las ingenierías”, comenta.

Reorientar la demanda
Ligado a estos inconvenientes, el Director General del TecNM percibe otro problema que tiene que ver con la demanda excesiva de las carreras que están encaminadas más a la administración de la riqueza que a la generación de la misma.
“Creo que es importante que trabajemos en lograr ese equilibrio. Desafortunadamente, también, tenemos muchas instituciones, particulares, incluso, que ofrecen esos programas que son los que demandan los jóvenes.
“Deberían saber ellos, en primer lugar, que esas carreras no les van a garantizar un espacio en el mercado laboral porque, simplemente, el mercado está saturado con egresados de esas carreras”, dice.
Y es que, argumenta Fernández Fassnacht, de acuerdo con un estudio reciente de la OCDE, hay muy poca demanda de las carreras como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
“Es un número muy reducido, y tenemos que trabajar en las universidades para convencer a los jóvenes, que el futuro, digamos, está mucho más asegurado en este tipo de disciplinas, que en las disciplinas tradicionales como la administración, contabilidad.
“Si hablamos de esas carreras, más para administrar la riqueza, tenemos una matrícula no muy lejos de la mitad de los alumnos de nivel superior en esas carreras, y muy pocos en las disciplinas que mencionaba”, subraya.
Y aunque se han hecho esfuerzos de diversa índole, los jóvenes continúan optando por las opciones tradicionales en las instituciones federales y estatales que también son consideradas las alternativas más consolidadas.
“Desde luego, aquí en la Ciudad de México lo vemos cada año, los alumnos no quieren estudiar en otras instituciones que no sean la UNAM, el Poli y la Universidad Autónoma Metropolitana, y evidentemente estas universidades no tienen capacidad para recibir a todos los alumnos, pero además, a los alumnos en las carreras que demandan.
“Tenemos una demanda muy grande en carreras como Medicina, sí es importante, pero la realidad es que la formación en Medicina requiere necesariamente que los alumnos tengan contacto con el hospital, con la parte clínica, y el aparato de salud no da para atender a todos estos jóvenes”, apunta.
Por ello, comenta el exdirector del IPN, independientemente del ajuste de capacidad instalada que pueda haber, se necesita hacer mucho trabajo.
“Creo que acotar la oferta puede ser importante, en función de garantizar que no vamos a generar desempleados en las universidades y sí promover mucho orientación hacia carreras que tienen una capacidad muy por debajo de su capacidad instalada y que simplemente no tienen clientes, no hay alumnos que quieran estudiar esas carreras.
“Es un problema que tiene que ver con muchas variables, desde luego tiene que ver con nuestro sistema educativo en general, en los niños y jóvenes de educación básica se genera una animadversión muy grande hacia las ciencias y las matemáticas y eso hace que ya vayan con la idea de estudiar una carrera ‘fácil’ que de acuerdo con su visión, son carreras que no tienen que ver con estas áreas”, señala.
En fin, considera, el sistema educativo nacional tiene muchas áreas de oportunidad, y se deben atender para lograr mejores resultados, pero también involucrar más a quienes tienen responsabilidad en el futuro de los egresados.
“Habría que preguntarnos si el aparato productivo ha cumplido con la suya, hay que decirlo, porque si pensamos en la creación de nuevas empresas de base tecnológica, no son muchas las que se crean.
“Entonces hay muchos jóvenes trabajando en el aparato productivo, pero en trabajos que no corresponden a la preparación que tienen, simplemente trabajan en cuestiones de mucho menor calificación y eso tiene que ver también con el desarrollo del aparato productivo en México”, enfatiza.
Y es que, comenta, preferimos seguir produciendo bienes de relativamente bajo valor agregado, en lugar de apostar en invertir en bienes de alto valor agregado, lo cual se genera con la formación de jóvenes capacitados en carreras de ciencia y tecnología.
“Muchas veces las empresas vienen a México y necesitan mano de obra calificada, cabezas de obra calificadas, y dicen que no las encuentran, porque no hay esas capacidades en México, es exagerado, sí las hay, pero la falta de comunicación del sector educativo a nivel superior con el sector productivo ha provocado que los jóvenes no tengan las capacidades”, señala.

A toda prueba
Con respecto a los señalamientos recientes que asumen que las universidades públicas no están sujetas a procesos de evaluación, rendición de cuentas y transparencia, Fernández Fassnacht aclara que estas instituciones han tenido procesos de evaluación desde hace muchísimos años.
“Incluso con el nacimiento de todos estos programas de estímulos que surgieron a principios de los 90, las universidades tienen en general reglamentos de promoción, ingreso y permanencia, evalúan a los profesores para definir si se promueven a otra categoría o nivel, si se promueven de nivel, la educación superior ha evolucionado mucho”, plantea.
No obstante, advierte, ha habido algún desorden, por lo que considera que debe haber “un alto en el camino” para definir las directrices para consolidar un verdadero sistema de educación superior.
“Un poco más de transparencia y rendición de cuentas no estaría mal, por ejemplo a mí se me ocurre, no tengo la menor duda de que los recursos en las instituciones de educación superior se utilizan bien.
“Sin embargo, creo que ameritaría, incluso, dados los tiempos, una reflexión sobre qué tan eficiente está siendo el gasto en las funciones sustantivas de las universidades, en la docencia, en la investigación, en la difusión de la cultura, en relación con las funciones adjetivas, como el aparato administrativo”, apunta.
Se trata, dice, de un ejercicio que se debe hacer y mostrar los resultados a la sociedad mexicana, que al final del día es la que sostiene a la educación superior a través del presupuesto.
“Yo soy defensor de la autonomía universitaria, pero tengo que decirlo, mi experiencia personal es que hay muchos actores de la vida pública de México que no entienden el concepto de autonomía.
“Además, si vemos a las universidades mexicanas, generalmente sus normas internas se construyen a imagen y semejanza de las normas federales y estatales, pero se adecua a las necesidades de la propia universidad, eso es una virtud de la autonomía”, dice.
Porque en ese camino, apunta Fernández Fassnacht, está la libertad de las instituciones de decidir, no ser presionadas por intereses particulares para orientarlas en cierta dirección.
“Y la verdad lo que debe prevalecer en las universidades es la libertad para decidir cómo quieren participar en el desarrollo social y económico de México”, argumenta.

Carlos Reyes

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