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Altamirano y la regeneración nacional Destacado

Altamirano y la regeneración nacional

Hace 126 años, en San Remo, Italia, falleció el escritor, político, periodista y militar Ignacio Manuel Altamirano. Nacido en cuna humilde en Tixtla, Guerrero, aprendió a hablar y a escribir en español casi a los 15 años, su lengua natal fue el náhuatl, después entendería perfectamente (en su idioma original) la literatura alemana y francesa.
Muchas son las consideraciones que nos llevan a nuestro personaje del día de hoy. En primera instancia a Altamirano se le atribuye ser pionero del periodismo cultural en México; además su obra El Zarco, es considerada por los especialistas como la primera novela moderna mexicana, la cual orientó nuestra identidad nacional.


La influencia de su vida como de su obra es tan relevante que escritores como Juan Rulfo lo consideraron “la figura literaria de mayor relieve en su época, tanto por su obra personal como por su incansable labor en la ciencia y la cultura, así como por la influencia que ejerció en estimular a los escritores de varias generaciones… su preocupación estética y su anticolonialismo cultural fueron la base para que México creara una identidad propia”.
Escrita en el último cuarto del siglo XIX y publicada a principios del XX, El Zarco es una novela ambientada en Yautepec, Morelos; la cual retrata al país de cuerpo entero. A la distancia ¿qué cosas permanecen y cuáles han cambiado? Vista de cerca, en esta obra de Ignacio Manuel Altamirano, encontramos cosas como esta:
“Nadie hace caso de los robos, de los asaltos, de los asesinatos que se cometen diariamente en todo el rumbo, porqué las víctimas son infelices que no tienen nombre, ni nada que llame la atención”. El Zarco, hace referencia a un popular y temido bandido de la época que lleva ese mote por tener los “ojos de ese color azul claro que el vulgo llama zarco”.
Tata Nacho, según ha reconocido el también escritor y tataranieto de Ignacio Manuel Altamirano, Mario Casasús “era  un intelectual nacionalista y al mismo tiempo cosmopolita, leía las novedades literarias en alemán y francés, estaba en contacto con escritores del extranjero, como el francés Víctor Hugo y el cubano José Martí. Como editor convocó a los dos bandos en disputa del siglo XIX: liberales y conservadores, para colaborar en la revista que fundó en 1869: El Renacimiento”.
Octavio Paz estaba convencido que los países como las ciudades, tienen la facultad de renacer. Justamente ese era el espíritu de la época: el renacimiento. Si actualmente estamos en la cuarta transformación (de regeneración nacional), la época de Altamirano pertenece a la segunda transformación nacional, enmarcada en la Guerra de Reforma (1858-1861).
Lo que aseguran especialistas como el Dr. Jorge A. Zepeda, investigador de El Colegio de México (Colmex) es que si Altamirano postuló alguna tesis con El Zarco esta fue que la sociedad debía tomar un papel activo en la vida pública del país. Lo que se buscó fue una nueva realidad nacional, a través del compromiso de ciudadanos esforzados y honestos, convencidos de que las leyes de Reforma traerían paz y prosperidad al Estado mexicano. Tal como se apunta en la novela misma, cuando se lee: “te hemos enseñado a amar la honradez, no la figura ni el dinero; la figura se acaba con las enfermedades o con la edad, y el dinero se va como vino; sólo la honradez es un tesoro que nunca se acaba”. ¿Les resulta familiar?
Y es que justamente, el argumento del libro es maravillosamente vestido con una historia de amor que plantea la disyuntiva entre el trabajo esforzado y honesto o el vicio y el saqueo. Por ello, un personaje destacado (antagonista de el zarco) es “Nicolás” (nombre de origen griego que significa victoria del pueblo), quien representa un modelo de ciudadano, el representa la pujanza y el valor, la honestidad y el empeño.
De acuerdo con Mario Casasús, su tatarabuelo concebía las novelas como una herramienta pedagógica para amplios sectores de la sociedad. De hecho, su interés en la educación llevó a Ignacio Manuel Altamirano a fundar la Escuela Nacional de Maestros. Hoy, la condecoración Ignacio Manuel Altamirano se otorga a los docentes con cuatro décadas  o más en el servicio magisterial.
Nuestro autor fue guerrero victorioso en varios frentes. Combatió con la pluma y con la espada en la Guerra de Reforma, pero también a los franceses que querían establecer un imperio. Antes de que Altamirano se recibiera de abogado tomó las armas para pelear a lado de los liberales y del presidente Benito Juárez. Sobre el expresidente Juárez, Altamirano escribió: ese hombre no es un hombre, es el deber hecho carne.
Durante la intervención francesa, Altamirano recuperó con la espada la ciudad de Cuernavaca, tomó el distrito de Tlalpan, y durante el sitio de Querétaro demostró su valentía; a tal grado que sus superiores lo llamaron héroe.
Entre 1986 y 2005 se editaron sus Obras completas en 24 volúmenes. En la conmemoración de su centenario luctuoso (hace ya un cuarto de siglo), su nombre fue inscrito en letras de oro en el muro de honor de la Cámara de Diputados. Desde el 14 de noviembre de 1934, sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres. Sin duda estas líneas breves, son insuficientes para dar honor y mérito a este prócer de la patria, quien, al hablarnos de nuestra historia y de nuestro presente, nos da luces para el porvenir; fundamental en estos momentos en los cuales México, aún busca renacer.

Héctor Martínez Rojas

Periodista

Modificado por última vez enJueves, 14 Febrero 2019 00:34
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