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Apapachar la lengua Destacado

Apapachar la lengua

El “apapacho” lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como una palmadita cariñosa o un abrazo, no obstante “papachoa” o “papatzoa”, quiere decir también “ablandar algo con los dedos” o “dar cariño”; sin embargo, hay un sentido mas profundo que es “acariciar con el alma”, bien pues este 2019 nos corresponde a nosotros los mestizos apapachar nuestras lenguas ancestrales, toda vez que, este año fue decretado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el “Año Internacional de las Lenguas Indígenas”.
Lo anterior con el fin de sensibilizar a la sociedad global para que reconozca, aprecie y valore la importante contribución que estas hacen a la diversidad cultural y lingüística mundial, así como advertir sobre el riesgo de desaparición en que se encuentra la mayoría. Lo hemos postulado en este espacio en otras ocasiones, el universo de cada uno de los individuos que compone una sociedad es tan profundo o tan limitado como su lenguaje mismo. Los límites del mundo son los límites del lenguaje, perder una lengua es mermar a la humanidad.
Justo este 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna y se lanza el plan de acción 2019 para celebrar el “Año Internacional de las Lenguas Indígenas”.


Sabemos que México es un país multilingüe, aún se hablan 68 lenguas indígenas que hacen de nuestra nación una de las que cuenta con mayor diversidad lingüística en el planeta.
De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de 25 millones de personas en nuestro país se reconocen como indígenas, pero solo 7.4 millones, que representan el 6.5 por ciento de la población total de México, hablan alguna lengua indígena, según dio a conocer la Secretaría de Cultura (SC) a través de un comunicado.
La ONU considera como un componente esencial para el desarrollo sostenible el derecho de los pueblos indígenas a expresarse en sus lenguas porque desempeñan un papel crucial en la vida cotidiana, no solo como instrumento de comunicación, educación social y desarrollo, sino también como depositario de la identidad, la historia cultural, las tradiciones y la memoria.
Este reconocimiento internacional recorrió un largo y tortuoso camino para llegar a ser. Actualmente es políticamente correcto hacer defensa y apología de las culturas indígenas, una vez más podemos citar el célebre filme de Cuarón como muestra de ello, pero en otrora los pueblos y las lenguas indígenas han tenido que resistir un constante asedio.
Por ejemplo, Gregorio Torres Quintero como consejero de lo que hoy es la actual Secretaría de Educación Pública (SEP), al elaborar la “Ley de Instrucción Rudimentaria”, a principios del siglo XX, priorizaba la alfabetización en español del pueblo mexicano para así unificarlo, incluso a cambio de perder las lenguas indígenas.
Justo Sierra O'Reilly (1814-1861) intervino de forma activa en los conflictos étnicos de Yucatán. Como periodista, inició una campaña defendiendo el exterminio de la población maya, y durante la insurrección maya que se inició a mediados del siglo XIX viajó a Estados Unidos para buscar ayuda para la población blanca de la península. Mérida, “la ciudad blanca” debe su apelativo a su racismo.
Pero si bien ha habido (y hay) en México detractores de los pueblos originarios, también encontramos en nuestro país prosélitos, apóstoles, adeptos. Por ejemplo, Felipe Carrillo Puerto, por su defensa a las comunidades indígenas mayas, es recordado como el “apóstol rojo de los mayas”, de hecho, tradujo la Constitución a este idioma y su discurso de toma de protesta como Gobernador de Yucatán, lo pronunció en maya.
Manuel Gamio, padre de la arqueología en México, en 1914, al acudir a una demolición en la esquina de las calles de (en ese entonces llamadas) Seminario y Santa Teresa, descubrió relevantes restos de lo que se concluyó era el Templo Mayor de los mexicas. Gamio abogó firmemente por la igualdad de las razas y propuso sin rubor un lento pero firme proceso de mestizaje para fusionar el gran mosaico de culturas, razas y costumbres que somos las naciones americanas. Con sus estudios y descubrimientos arqueológicos, Gamio coadyuvó sin duda al reconocimiento del “indio histórico”, aquel que desarrolló las grandes civilizaciones originales de este continente. No podemos omitir tampoco los nombres de Eduardo Matus y de Miguel León-Portilla como guardianes de la herencia milenaria de nuestro México antiguo.
¿Conocen la leyenda de “El Profeta Azteca”? En la versión digital de “La población del valle de Teotihuacán” de Manuel Gamio, reeditado en 2017 por SEP, Cultura e INAH; encontramos como esta profecía de mediados del siglo XVI, se advierte la independencia de México, las dos guerras mundiales y como finalmente las naciones cansadas de las armas, se dedican a actividades más fructíferas, hasta que un terremoto llega a nuestra ciudad. Se las recomiendo, está en el segundo volumen del tomo dos, en línea en la Biblioteca de Publicaciones Oficiales (BPO), página 433.     
Es notable el valor de nuestro pasado y de nuestras lenguas, lamentablemente en todo el planeta siguen desapareciendo, en 2016, el 40 por ciento de las 7 mil que se hablan en el mundo estaba en riesgo de desaparecer, según datos de la ONU. En nuestro país, el 60 por ciento de nuestras lenguas está en riesgo. De acuerdo con la SC, la presencia y uso de lenguas originarias se ha limitado a espacios íntimos como el hogar; es decir, están acorraladas por la ignorancia de una sociedad que las desprecia. En el museo nos sorprendemos, lo propio se nos hace extraordinario, excéntrico, pero en la vida cotidiana suele haber humillación y desprecio. Este día, sin duda es propicio para reflexionar sobre el inmenso valor que tenemos como nación. Tlazocamati (gracias) ¡Un apapacho!

Héctor Martínez Rojas

Periodista

Modificado por última vez enJueves, 21 Febrero 2019 12:37
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