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El sistema educativo no se reinventa en seis años: Lorenzo Gómez Morín Destacado

Gómez Morín cosidera que en el INEE se pensó más en la pureza académica y técnica de la evaluación. Gómez Morín cosidera que en el INEE se pensó más en la pureza académica y técnica de la evaluación. Salvador Medina

La  cancelación de la reforma educativa abre un periodo de incertidumbre para todos los actores del sistema. Más allá de las razones por las que se decidió echar atrás este proyecto, el riesgo para la educación del país implica un retroceso que podría echar abajo todo un esfuerzo que se ha venido realizando desde hace años, sobre todo en materia de evaluación.
Sin una hoja de ruta clara, las decisiones en política educativa se tomarán de manera apresurada y sin una base sustentada y documentada que permita reconocer logros y rezagos en los cuales se debe focalizar la atención.


Así lo plantea Lorenzo Gómez Morín, ex subsecretario de Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública (SEP), quien advierte que no hay aún un proyecto definido que le dé confianza y respaldo a la labor de quienes se desempeñan en el sector educativo del país.
Comenta que la propuesta de eliminar o modificar la estructura actual del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) es un atentado directo contra la transparencia y la rendición de cuentas por las que tanto se luchó en el sistema educativo.
Plantea que el INEE es un contrapeso necesario para mejorar la educación del país en todos sus niveles, así como para diseñar las estrategias que puedan enmendar las fallas que pueden tener los alumnos, docentes, directivos, planteles y los propios programas de estudio.
En entrevista con Campus, el exprofesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales  México (FLACSO), reconoce que el INEE no tuvo la capacidad de traducir los resultados de las evaluaciones en indicadores cercanos a los docentes y directivos.
Sin embargo, esa falta de cercanía con los actores del sector educativo, no es motivo suficiente para hacer a un lado a un organismo que se consolidó como generador de información necesaria para resolver los rezagos que prevalecen.

La incertidumbre es real
De acuerdo con Lorenzo Gómez Morín, quien estuvo a cargo de la Subsecretaría de Educación Básica durante la gestión de Vicente Fox, la cancelación de la reforma educativa implica serios riesgos para el sector.
“El principal riesgo no es la cancelación de la reforma educativa en sí misma, sino el ‘frenón’ que implica, en términos de decisiones, en el sistema educativo; es decir, la cancelación de la reforma, por las razones que sean, abre paso a un periodo de incertidumbre”, apunta.
Y es que, comenta, el problema más serio es no contar con un proyecto ya armado, que inmediatamente sustituya esa visión que se quiere eliminar, lo que permitiría que el sistema educativo continúe operando con el respaldo sólido.
“Se deja un periodo muy largo donde no se toman decisiones o las decisiones se están tomando apresuradamente. Y el sistema educativo no reacciona favorablemente mientras no ve claridad en lo que se va a hacer”, enfatiza.
Y cuando se cae en esta dinámica de inestabilidad y pasividad, advierte, cuesta mucho esfuerzo volverlo a poner en marcha, lo que podría tomar otro año o quizás más, en detrimento, del modelo educativo, de los alumnos, y de los avances del propio sistema.
“Yo creo que la mejor apuesta que pudiera hacer un país, y un Estado, es sacar al proyecto educativo del debate político electoral, porque si vemos el nuevo proyecto y vemos el de Peña Nieto, y el de Fox, de Calderón, puedo asegurar que no hay cosas nuevas.
“No he escuchado una voz prudente que diga que un sistema educativo no puede transformarse en seis años, en cinco años, y menos con el tamaño que tiene el sistema educativo mexicano, es uno de los 10 más grandes del mundo”, apunta.
Es decir, “no veo mucho cambio en lo que se está planteando, lo que está en la palestra es un cambio de régimen completo, está replanteando, con mucha simplicidad, un nuevo modelo educativo, un nuevo enfoque educativo, pero no hay ningún planteamiento en dónde los cambios estructurales vayan orientados a fortalecer un desarrollo más acelerado del sistema”.

Incidir en la transparencia
Al hablar sobre la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), el especialista en autonomía escolar, deserción y rezago educativo, comenta que si bien se logró avanzar en la administración pasada, se trata de un proceso que es parte de un camino emprendido desde hace mucho tiempo.
“La evaluación del sistema educativo en México ya había iniciado, pero los resultados se escondieron y entonces las oportunidades de mejorar, sin tener un diagnóstico adecuado, están sujetas a la imaginación, a la suposición, en el mejor de los casos, pero no sobre evidencias”, comenta.
Por eso, en aquel entonces, cuando se generó un debate muy extenso y profundo en torno a la evaluación de la educación, se pensó en contar con un organismo que pudiera hacer esa evaluación y la difundiera para tomar mejores decisiones.
“Fue una secuencia de sucesos que ocurrieron no solamente en México, sino también en América Latina y en el mundo; entonces, el darle autonomía al organismo que hace la evaluación educativa, era, precisamente, para evitar la tentación de esconder los resultados de la evaluación”, argumenta.
Sin embargo, asume, el principal objetivo de darle capacidad de operación al INEE, y alejarlo poco a poco de la tutela de la autoridad educativa pasaba por romper con esos compromisos políticos que limitaban la transparencia en materia educativa.
“Y un organismo con autonomía tendría la facultad de publicar los resultados y recomendaciones de mejora, sin estar sujeto a grupos políticos e intereses que muchas veces controlan el desempeño de la Secretaría de Educación Pública (SEP)”, apunta.
Gómez Morín recuerda que durante su gestión en la subsecretaría se creó el Instituto como organismo público descentralizado, lo que le daba autonomía técnica.
“Formé parte del Consejo Técnico del INEE, donde empezamos a hacer las primeras aproximaciones a las evaluaciones educativas”, rememora.
No obstante, apunta, no estuvo de acuerdo con todas las decisiones del Instituto porque muchas de las decisiones fueron más de corte académico que de corte político educativo.
Faltó acercamiento
En ese sentido, comenta Lorenzo Gómez Morín, al INEE le faltó, desde el momento mismo de su conformación, una mayor sensibilidad y acercamiento con los requerimientos para la política educativa.
Se pensó más, detalla, en la pureza académica de la evaluación, aunque ésta fuera más una decisión académica, lo cual no le impidió comenzar a consolidarse como un referente en la generación de indicadores e información.
“El Instituto se fortaleció con la autonomía técnica y logró posicionarse como una instancia profesional para el desarrollo de evaluaciones y sobre todo para el procesamiento de las mismas”, apunta.
El problema, plantea el investigador, es que la presencia de grandes figuras técnicas académicas, las cuales formaron los cuadros del INEE, no se reflejó en una mayor sensibilidad política.
“Sobre todo,  para empezar a actuar como organismo público autónomo, sobre la orientación en la participación del INEE en la vida pública nacional, se preocuparon más por la pureza técnica de los métodos de evaluación que por el uso y utilidad de las evaluaciones”, comenta.
Es decir, se consolidó como un instituto que generó muchísima información en el ámbito educativo, lo cual sirvió  para la toma de s decisiones.
“Pero para las escuelas públicas, para un director de una escuela pública, de una escuela primaria, en cualquier lugar del país, era muy difícil que lo que publicaba el INEE tuviera un referente concreto en su escuela para la mejora, esa es la parte que le faltó”, asume.
Empero, enfatiza el exsubsecretario, no era motivo suficiente ni argumento único para pensar en hacerlo a un lado de la nueva visión que pretende impulsar el actual gobierno.
“Era un asunto que podía corregirse fácilmente; yo no traje funcionarios nuevos a la Subsecretaría de Educación Básica, porque todo el equipo de la Subsecretaría era un equipo técnico, no eran cargos políticos, eran personas que necesitaban saber de formación docente, de elaboración de libro de texto, de currículum, de pedagogía.
“Sin embargo, a la visión, a la capacidad de competencia técnica de la Subsecretaría le faltaba la parte de la evaluación; no teníamos evidencias confiables del desempeño de los estudiantes, del desempeño del sistema educativo”, recuerda.
Por ello, subraya, se tuvo que hacer un trabajo muy acucioso para traducir los datos duros académicos en indicadores para tomar esas decisiones.
“En esa medida, es una parte que le faltó mucho al INEE, esa mediación entre la dureza técnica de generar datos, y la utilidad política de esos datos para la mejora”, comenta.
Viable alcanzar la equidad
A decir del investigador, quien funge como asesor del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), la equidad en el sistema educativo se puede lograr, pero debe romperse con esa visión de unicidad con el que siempre se le ha querido abordar.
Detalla que un solo modelo educativo, un currículum rígido que se aplique igual en todas las escuelas, independientemente de su ubicación, niveles de marginación social y patrones culturales.
“Esto limita muchísimo y, por supuesto, pone en desventaja a las escuelas que tienen menos posibilidades por ubicación, por nivel de deserción, de potenciar el aprendizaje; se tienen que abrir modalidades en función de las características del contexto”, considera.
Además, se tiene que abordar de manera más decidida el tema de la deserción, el cual es considerado como el principal y más grave problema porque vulnera el derecho a la educación.
“En este país cada año, más de un millón de menores de edad salen del sistema educativo, estamos perdiendo más de un millón de niños, le estamos quitando la oportunidad de tener una vida mejor y eso no ha cambiado en los últimos 10 años”, comenta.
Se trata de un asunto que no ha podido ser resuelto ni siquiera con el incremento en el número de becas que se otorgan en los distintos niveles educativos.
“El abandono se mantuvo exactamente igual, es decir, si se duplica el número de becas, si incrementas el monto de la beca, y tu abandono sigue siendo el mismo, el problema no es económico, que ayuda para muchas otras cosas, seguro, pero que se resuelva el problema de abandono con recursos, con becas, está demostrado que no es así”, plantea el ex subsecretario.
Entonces, asume, están fallando otros elementos como la pedagogía, los contenidos, las formas de organización, o bien la escuela no está respondiendo al contexto de los estudiantes.
“Cuando las escuelas se salen del molde y responden más a su contexto, es donde vemos la innovación, no responde a normas nacionales en concreto, pero en ese contexto resuelven los problemas de calidad en términos de aprendizaje y permanencia”, apunta.
En ese sentido, añade, el término de autonomía escolar es lo que, en el fondo, termina por reconocer la autoridad del director y los docentes como los principales actores del aprendizaje.
“En la medida en que una escuela no tiene la capacidad para tomar decisiones, conforme a su situación, es mucho más difícil pedirle resultados con una receta única nacional”, finaliza.  


Sin definición
Para Lorenzo Gómez Morín, quien fue profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), además de director general de Investigación y Posgrado de dicha institución, entre los especialistas en educación preocupa que las nuevas autoridades del sector hablen de educación de excelencia sin definir exactamente a qué se refieren con esos términos.
Plantea que no se puede poner el énfasis en ese tipo de términos sin tener bien definidos los objetivos y las metas que pretende alcanzar el gobierno en turno.
“El término que me preocupa es el término de excelencia porque están hablando de una educación de excelencia, y una educación de excelencia es una educación elitista, es decir, no hay una educación de excelencia para todos, no hay sistema excelente para todos”, comenta.
Explica que, a diferencia de esta visión, sí hay sistemas que pueden garantizar el nivel de calidad óptimo para los estudios, aunque siempre, como ocurre, vaya a haber un nivel sobresaliente entre algunos de los actores.
“Entonces, no es un tema sencillo, no es un tema fácil, es un tema muy discutible, ocurre lo mismo con la definición de calidad, nunca se había hecho una definición de calidad educativa, es decir, qué entendemos pro calidad, y entonces, en función de lo que entendemos por calidad es cómo podríamos medir, efectivamente, si la estamos alcanzando”, considera.
Gómez Morín apunta que el problema no es si se elimina o no un concepto de calidad o de excelencia, sino el no tener la certidumbre de saber si vamos cuáles son los objetivos que se quieren cumplir.
“Es decir, si vamos a hablar de una educación de excelencia, qué significa una educación de excelencia, qué significa en términos de aprendizaje de los alumnos, qué significa en términos de operación de las escuelas, de movilización social, de movilidad”, dice.
Y en ese sentido, advierte el exfuncionario, “hay muchos elementos que no están definidos, que no se han definido y que no vemos quién los vaya a definir”.

Carlos Reyes

Modificado por última vez enJueves, 14 Marzo 2019 02:11
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