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La reforma de Córdoba: el contexto/ II Destacado

La reforma de Córdoba: el contexto/ II

Como se afirmaba en el capítulo inicial (Campus 739, enero 25), la Reforma se da en un momento y lugar determinados, dependiente de un contexto político y social específicos.  Este, a su vez, tiene dos expresiones: una, derivada de la situación que vivía el país en esas dos primeras décadas del siglo XX; otra, la correspondiente a la Universidad de Córdoba, una de las cinco existentes en el país y que, a diferencia de las otras dos de carácter nacional, Buenos Aires (UBA) y la Plata (LP), se había rezagado en la adopción de innovaciones en estructura y funcionamiento.


• Por lo que toca al país, la Argentina de 1918 era una sociedad en transformación: a) la guerra europea le había generado un ciclo de reactivación económica; b) esto trajo un aumento notable en la producción y en las exportaciones; c) se crearon más fuentes de trabajo; d) Parte de ello acarreó una modernización del aparato productivo. Todo, desde luego, en la perspectiva de un capitalismo dependiente. Esos rasgos aparecen asociados a fenómenos que se van a ver reflejados en las universidades argentinas. Como lo explica Weinberg: “el aumento de la migración, la colonización, urbanización, el surgimiento de la clase media y el movimiento obrero, la difusión de la manufactura, etc., modifica rotundamente la fisonomía del país”.
Tal transformación de la sociedad nacional generó necesidades concretas en materia de formación de recursos humanos que, en el ámbito correspondiente a las universidades, no se podían satisfacer de manera inmediata; pero además, en un proceso inverso, éstas últimas recibían la influencia de todo ese mundo cambiante (junto con la circunstancia nacional, estaban otras como la Gran Guerra, todavía en curso, así como las revoluciones de México y Rusia y su influencia ideológica).
Esa transformación se observa también en la vida política. En 1916, con motivo de un cambio en la legislación electoral, el partido radical (Unión Cívica Radical) accedió al gobierno nacional, con Hipólito Irigoyen como presidente. Algunos nuevos mecanismos, como el voto secreto y el apoyo de sectores obreros, y sobre todo la naciente clase media, influyeron en el triunfo de dicho partido “contra los tradicionales detentadores del poder político, la oligarquía terrateniente y conservadora” (Weinberg).
• Por lo que corresponde al contexto específico de la Universidad de Córdoba, y como contrapartida a la lucha que en el escenario político se había entablado contra la oligarquía, en la universidad se vive también una pugna particular contra esa misma casta enclavada en la casa de estudios. Esta era representada por un profesorado antiguo y conservador que nunca se asimiló a la característica de universidad nacional que ya tenía Córdoba desde 1895 (según una ley del Congreso). Así, ahí se había continuado con un carácter marcadamente clerical y, por consiguiente, con sus modelos ideológicos originales provenientes de Europa, donde ya se habían extinguido (el mismo fenómeno que se dio en México con la Universidad Nacional, desde su fundación en 1910, hasta la llegada de José Vasconcelos en 1920).
No obstante los pequeños cambios experimentados en la UBA y LP, las universidades argentinas son, aún, “supervivencias….del poderío de las familias de abolengo de terratenientes y estancieros, de las  que han salido la gran mayoría de los profesores  en la época pre-reformista”, como lo destacaba González Alberdi años después. Esta característica se reconcentraba en Córdoba, donde, como ya se apuntó, el profesorado y las autoridades parecían no haber experimentado cambio alguno con la modificación de la naturaleza jurídica de la institución. Se hacía lo que dictaba el gobierno universitario de la época, donde no participaban los estudiantes, y, aún la pequeña renovación en materia de profesorado, experimentada en aquellas dos universidades, en Córdoba resultaba una quimera.
Como se repitió tantas veces en Latinoamérica a lo largo del siglo XX, y aún ahora, el Movimiento de Córdoba se inicia por una causa menor, casi baladí. Una decisión de las autoridades que afectaba a los estudiantes de medicina fue recurrida de manera comedida por ellos, recibiendo solo, con mucho retraso, un no contundente, acompañado de amenazas para no insistir en ello y no seguir adelante. A partir de ahí, “el campo de batalla para la más vasta empresa de reforma ideológica que ha conocido el continente en este siglo (XX)” estaba listo. Corría el mes de marzo de 1918.

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la ANUIES

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