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Campañas políticas El Debate/ I Destacado

La autoevaluación del desempeño de los candidatos fue homogénea, y todos se declararon ganadores. La autoevaluación del desempeño de los candidatos fue homogénea, y todos se declararon ganadores. Cuartoscuro

El término debate  tiene significados precisos. Según la Real Academia de la Lengua por él se debería entender: discusión, disputa y contienda, pero también controversia, comprendiendo ésta “una discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”. Si la controversia es pública se está  ya en presencia de una polémica, según explica Martín Alonso en su respectivo lexicón.
Lo acontecido el domingo pasado entre los cinco candidatos que  concurren al proceso para la Presidencia de la República del primero de julio tuvieron eso precisamente, un debate. Aún así, en este México nuestro, diverso y plural, hay quienes consideran que el acto estuvo lejano de llenar los significados antes mencionados. Las personas que han juzgado el acontecimiento lo hacen con esas visiones igualmente contrapuestas. En lo que se coincide es que, con los defectos que quieran atribuírsele, y llámese o no debate en sentido estricto, se trata de una mejora notable respecto a los tres que se tuvieron en 2000, 2006 y 2012. Además, dichos defectos (si los hubiere) no se dieron en los elementos (formato, modalidades y duración) proporcionados por el INE y si, en todo caso, en la calidad de las intervenciones de los propios candidatos. Sin duda, la experiencia de este primero será la base para un mejoramiento en los dos debates que aún restan. Un apretado  resumen de lo ahí observado sería el siguiente:


1. A diferencia de los tres últimos procesos, éste será muy breve. La ventaja que lleva el primer lugar en las encuestas parece irremontable. Sólo algo extraordinario, verdaderamente extraordinario, alteraría el curso que hasta ahora sigue.
 2. el debate es sólo una de las tres estaciones más representativas de ese proceso. a) En la visión positiva, éste primero sirve para que los candidatos sean conocidos por una franja más amplia de la ciudadanía y ésta última pueda forjarse o afinar una opinión, ya que la confrontación directa lo facilita, sobre todo cuando, por lo menos, un 20 por ciento del electorado aún no se ha definido por candidatura alguna. b) En la posición contrapuesta, el debate no fue tal, se trató de responder con textos ya preparados, a veces con poco apego a lo solicitado, predominando  el “golpeteo entre los presentes, casi no hubo respuestas a las réplicas y sólo por excepción hubo propuestas.  La descalificación dirigida al puntero abarcó casi a la mitad de  las que se formularon en esas dos horas de presencia. Con todo, 13.7 millones de televidentes estuvieron pendientes en ese lapso y  esto generó más de siete millones de interacciones en las redes sociales (Nielsen / Ibope).
3. La temática de este primer debate era fundamental: “seguridad pública y violencia, corrupción e impunidad, democracia y pluralismo”. Nada menos que los reclamos más relevantes que tiene la ciudadanía y que se han acentuado a lo largo de el sexenio. Paradójicamente, a un buen número de los que siguieron el acto, éste les pareció aburrido.
4. Temas que debieron suscitar una verdadera confrontación fueron eludidos por precaución (¿para qué arriesgar?) en el caso del puntero de las encuestas, pero  también, por un olvido o distracción inexplicables en los restantes cuatro. Así por ejemplo: a) cuando J. A. Meade asevera que en su gobierno no se tendrán acontecimientos como, entre otros, La  Estafa Maestra, lo que implicaba un deslinde de lo que la PGR y la Secretaría de la Función Pública inexplicablemente han tolerado hasta ahora, no obstante lo bien documentado que está el caso con base en la Auditoría Superior de la Federación y las denuncias penales correspondientes (ya tiene libro y el reportaje acaba de obtener el Premio Ortega y Gasset de España), nadie mencionó o reconoció el hecho. b) Cuando AMLO afirma que los cuatro “le están echando montón” y lo explica en función de que pertenecen a la mafia del poder, ninguno reclama o se deslinda. c) Un importantísimo tema, la segunda vuelta como instancia definitiva, fue mencionado pero no discutido.
5. La autoevaluación del desempeño de los candidatos fue homogénea. Todos se declararon ganadores, con un adorno adicional en el caso de AMLO,  quien, a su manera (hizo un video) dijo: “no quiero ser fantoche, nos fue bien”.
6. Las pocas propuestas de los  candidatos frente a los ataques y descalificaciones recíprocos se refieren a “qué hacer”. Salvo excepción, “los cómos” brillaron por su ausencia o se limitaron a lugares comunes (“encargarle a los expertos”, cuando esa era la tarea que debieron haber preparado).
7. Pocas exageraciones u ocurrencias se dieron pero fueron notables. Entre ellas a) la de cortarle la mano a los que dispongan del dinero público, o invitar al Papa para que forme parte de una comisión de reconciliación o de amnistía. La primera en franca contradicción con lo que prevé, como prohibición o garantía individual, el artículo  22 de la Constitución relativo a las penas de mutilación. No obstante ninguno de los presentes, candidatos o moderadores, hizo la observación correspondiente a esta singular propuesta que, seguramente, tendrá vida propia a lo largo de la campaña, dado el enojo social que ahora se vive en materia de corrupción.
8. Otra queja reiterada es que hubo poco tiempo para respuestas y réplicas. Aún así, el debate se extendió a dos horas, tiempo superior a lo que sucede en otras latitudes. La justificación podría ser la presencia de  cinco candidatos. Pero se olvida que la televisión es un medio que debe tener agilidad, brevedad y dirigirse a causar un impacto emocional, como dice Enrique Rubio. Como también afirma Raúl Trejo: “los debates televisivos son un espectáculo”. No es el espacio para sesudas y detalladas exposiciones. Alargar una emisión carente de impacto es aburrir a la audiencia y, seguramente, perderla.
9. Conclusión ¿Quién ganó el debate? Es imposible saberlo con la certidumbre y objetividad del caso. Posiblemente la respuesta tenga que ver con los objetivos que cada candidato se trazó y con el impacto (emoción) producido en los asistentes al mismo. Pero este tiene todavía nueve semanas para disiparse o afianzarse. La  organización fue muy buena y los moderadores estupendos, pero todavía se puede  mejorar. Estos últimos pudieron haber  tenido una mayor intervención (en los puntos 2, 4, 6,7) para que los debatientes no se apartaran del tema o ejercieran actividades de pedagogía político-electoral, en el caso de la propuesta de “cortar la mano”.


La serie que hoy inicia irá recogiendo los acontecimientos más relevantes de las campañas así como las propuestas que ya están en las plataformas electorales o las que se vayan formulando en las próximas nueve semanas. Con ello se continua lo que en este espacio de Campus se hizo en 2006 y 2012. La primera de ellas está, además, publicada en mi texto  Hechos y Quimeras. Educación Superior, Democracia y Partidos Políticos,(libro I) México: Anuies, 2012.  

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la ANUIES

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