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¿Contribuye el Pronabes a mejorar el aprovechamiento académico? El caso de la Universidad Autónoma de Tamaulipas Destacado

Al cuestionarnos, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) acerca de cómo se podría dar respuesta a la pregunta que se plantea al inicio de este artículo, se pensó en centrar nuestro esfuerzo en lo que podemos atenazar en nuestra realidad, ya que estamos conscientes de que no se definió, desde el inicio del Programa Nacional de Becas para la Educación Superior (PRONABES), una línea de base para comparar los efectos logrados de esa intervención educativa  del gobierno federal, en la población becaria.  
Como una primera respuesta podemos decir que la beca PRONABES tiene un efecto positivo en la mejora del promedio de calificaciones de los becarios, es decir, existe una evidencia en cuanto a que este recurso sí contribuye a mejorar el aprovechamiento académico de los becarios. Sin embargo, mayor análisis es necesario. Por lo tanto, en esta institución, se ha considerado la conveniencia de reunir elementos que den mejor sustento a la pregunta inicial, con el propósito de contribuir al debate sobre el funcionamiento de los programas de becas a nivel universitario.  



Antecedentes
Actualmente, la UAT tiene presencia en 14 de los 43 municipios que integran el estado de Tamaulipas, cuenta con una matrícula de 35,007 alumnos, en los niveles de licenciatura y profesional asociado o técnico superior. Su índice de egreso en el ciclo 2012-13 corresponde a un 66.52 por ciento. Su población de becarios PRONABES ha ido en aumento registrando una cobertura del 17.5 por ciento en la matrícula total de los niveles de estudio de referencia. Es en esta población en la que, con el propósito de encontrar vestigios del beneficio del citado programa, se realizó un estudio de tipo longitudinal del total de alumnos de las primeras dos generaciones de becarios PRONABES. Es decir, las que obtuvieron su beca en los ciclos 2001-02 y 2002-03 (G01-03).

Análisis
Partiendo de los datos anteriores, se procedió a construir una base de datos pensando en aproximarnos al conocimiento del becario como premisa básica para evaluar su aprovechamiento académico. La base quedó integrada por 48 variables; no obstante, mediante la utilización del método de análisis de componentes principales (ACP) se redujo su número identificándose las que tienen mayor peso específico en la explicación de la permanencia y egreso de los becarios. Estas variables son: suspensión, reprobación, deserción, egreso, titulación y opciones de titulación.
En ese proceso se identificaron dos grandes grupos: el primero está formado por los becarios que contaron con beca PRONABES desde el inicio de sus estudios profesionales (G1), es decir que desde el primer semestre fueron favorecidos con este apoyo. Esta población está integrada por 586 becarios, 71 pertenecen a la primera generación (G01-02) y, 515 a la segunda generación (G02-03); el segundo grupo, está formado por los becarios que obtuvieron su beca en diferentes semestres o avance de su carrera profesional (G2); su población está constituida por 567 becarios: 67 de la G01-02 y 500 de la G02-03, (figura N°1).
Una vez identificados estos grupos, se realizaron dos tipos de análisis. El primero consistió en una comparación del efecto de la beca PRONABES entre los dos grupos mencionados encontrándose mayor evidencia de dichos beneficios en el G2. Este resultado llevó a definir el segundo tipo de análisis que fue también un comparativo, pero ahora del desempeño académico de la misma población beneficiaria, en dos momentos distintos de sus estudios universitarios. De tal manera, se realizó en el G2, una comparación del promedio de calificaciones obtenido antes de contar con la beca, con el promedio obtenido después de contar con la beca.

Hallazgos
En cuanto a causa de suspensión de la beca, se obtuvo que los becarios del G1 presentan un porcentaje más alto en las dos causas identificadas, que son: suspensión por reprobación (20.82 por ciento) y por bajo promedio (5.90 por ciento). Asimismo, que un mayor porcentaje (41.63 por ciento) de becarios del G2 no tuvo suspensión de su beca en ningún momento de sus estudios, (tabla N°1).
Además, se encontró que el índice de reprobación es menor en el G2 en relación al G1 y que el índice de los que no reprobaron es mayor en el G2, (tabla N°2). Las políticas o estrategias a emprender a partir de estos resultados tienen que ser ampliamente discutidas hacia dentro de cada universidad demostrando que no todo queda a expensas de los factores macro estructurales como la desigualdad o la pobreza monetaria.
En la deserción por baja voluntaria y por baja por sistema, el mayor porcentaje se refleja en los becarios del G1. Asimismo, la no deserción (egreso) alcanza un mayor porcentaje evvn los becarios del G2, (tabla N°3). Una pregunta que intriga y que es materia de debate es, ¿cuáles son las razones de la “baja voluntaria”?. Esto demuestra las limitantes del PRONABES como estrategia de retención de los jóvenes en la universidad y de la necesidad de pensar la equidad en la educación superior más ampliamente.
El egreso oportuno y con rezago es mayor en el G2 y la deserción es menor en el G2 en comparación con el índice de becarios del G1 (tabla N°4). Esto podría indicar que los alumnos que reciben su beca teniendo ya un avance de sus estudios universitarios, le conceden un valor diferente a ese apoyo porque ya tienen más definición sobre su proyecto de vida o porque ya están más adaptados a las condiciones propias de este nivel de estudios, a diferencia de los que obtienen su beca al inicio de sus estudios, que se enfrentan apenas a este nuevo ambiente y que empiezan a transitarlo. Esta condición abre un nicho de oportunidad qué atender institucionalmente.
El índice de titulación en el G2, es superior al obtenido por los becarios del G1. Se observa la misma tendencia en cuanto al índice de no titulados, (tabla N°5). El índice de no titulados, pone de manifiesto un área de oportunidad para su atención.
Las opciones de titulación más complejas como la tesis, el EGEL, el examen general de conocimientos, son más demandadas por los becarios del G2 en relación a becarios del G1, quienes se titulan más por curso, (tabla N°6). Estos resultados evidencian la necesidad de fomentar las opciones de titulación que desarrollen habilidades de investigación o de superación académica que propicien una mejor inserción laboral.
En cuanto a la segunda parte de los resultados, el análisis se centra en el comportamiento del grupo de becarios que obtuvieron su beca en diferentes semestres de sus estudios. Al respecto, conviene recordar que la población considerada fueron 567 becarios: 67 de la G01-02 y 500 de la G02-03.        
En términos generales se puede decir que el promedio académico de este grupo de becarios mejoró después de contar con la beca. Los resultados obtenidos también permiten comentar que el mayor impacto de la beca se da en los alumnos que tienen un promedio inferior al solicitado, ya que tanto para obtener el apoyo como para conservarlo, deben aumentarlo. Este efecto del PRONABES es notable.
En el caso de las primeras cuatro clases de las ocho establecidas en cuanto a la variable promedio, se puede señalar que los becarios identificados en ellas, son alumnos regulares que aún sin la beca obtienen buenos promedios, pero que con la presencia de la beca tienden a mejorarlos para asegurar su conservación. Este resultado perfila la posibilidad o conveniencia de modificar los montos de la beca de acuerdo al promedio que tengan los becarios para diferenciar y reconocer, de alguna manera, el esfuerzo y dedicación en su desempeño académico (tabla N°7). Esto cuestiona el supuesto de que las becas no sirven para mejorar el desempeño educativo.
Para mayor detalle se puede decir que en las clases comprendidas entre la 1 y la 4, que son las que contienen el promedio requerido para ser becario (8.0 como mínimo) se aprecia mayor diferencia en la clase 1 ya que un mayor número de alumnos que antes de contar con la beca no alcanzaban promedio superior a 9.5, muy probablemente, se sintieron motivados a mejorar académicamente al contar con el apoyo de la beca. En el resto de las clases mencionadas (2 - 4) se observa una importante disminución de las frecuencias, las que muy probablemente son las que se suman al incremento observado en la clase 1. En síntesis, antes de contar con la beca, se encontraban ubicados 472 becarios en las primeras cuatro clases y después de contar con la beca este número ascendió a 488, lo que significa que mientras 16 alumnos lograron pasar de promedios inferiores a ocho a promedios superiores al mencionado, un gran número transitó a mejores promedios presentándose el mayor impacto en la clase de 9.5 o más.
En las clases 5 a 8, que son las que contienen promedios inferiores al requerido para ser becario, también se observa una disminución de las frecuencias antes — después, en las clases 5, 6 y 7. Asimismo, un incremento en la clase 8, lo que probablemente se pueda explicar a partir de la deserción detectada.

Resultados y discusión
Entonces, se puede afirmar que el cambio observado en el promedio del grupo de becarios que obtuvieron la beca en diferentes semestres, después de contar con la beca, tomando como referencia el promedio obtenido en los años previos a contar con la beca, es favorable.
El incremento puede deberse muy probablemente al estímulo que significó para los becarios con buenos promedios (ocho o más) el contar con la beca, tendiendo a mejorarlo; en contraparte, los alumnos que ingresan al programa becario o concluyen su primer año de estudios con promedio inferior a ocho, una buena parte no reúne las condiciones necesarias para permanecer en sus estudios y desertan, mientras otros tienden a conservar solamente su condición de alumnos para continuar sus estudios, aún sin el apoyo de la beca.
Realizar el ejercicio referido líneas arriba, nos permite dar una respuesta estadísticamente confiable en cuanto a que el efecto de mejora en el promedio de determinado tipo de becarios, es atribuible a la presencia de la beca en su recorrido por la educación superior.
En forma adicional, este ejercicio nos permite identificar la diversidad presente en la población becaria, fortaleciendo la convicción de que los programas nuevos o remediales que se identifiquen como necesarios para ésta y toda población de alumnos, deberán estructurarse de acuerdo con las características propias de cada grupo. Hay que conocer más a nuestros estudiantes —en tanto individuos— para poder ofrecer un tratamiento diferenciado tomando como referencia sus necesidades y características reales.

Gloria Esther Trigos Reynoso

Posdata: Agradezco a Pedro Flores Crespo sus comentarios a este artículo.
UAT. Secretaría Administrativa. Cd. Victoria, Tamaulipas

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