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Crean alumnos y egresada de la UAM sistema de granja molecular de alimentos Destacado

Crean alumnos y egresada de la UAM sistema de granja molecular de alimentos UAM

Alumnos y egresada de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desarrollaron un sistema de granja molecular a partir de microorganismos capaz de reducir de manera drástica el consumo de energía y agua en la producción de nutrientes y alimentos, con la idea de lograr un modelo de negocio.
Con el proyecto Molecular farming, la maestra Laura Grecia Fuentes Ponce, licenciada en Ingeniería Bioquímica Industrial; José Ángel García, alumno de la Licenciatura en Química, así como Luz Adriana López Arvizu y José Luis Reyes Cortés, doctorantes en Biotecnología, representaron a la institución en el Hult Prize, que organiza la Fundación Clinton y tuvo lugar en la ciudad de San Francisco, California, Estados Unidos.


Este año, la convocatoria al certamen internacional –dirigido a universitarios emprendedores– fue emitida con el tema de que la energía tiene el poder de transformar la vida de diez millones de personas.
El equipo de la UAM resultó ganador de entre 39 en la primera etapa del concurso efectuada a nivel campus y la siguiente fue de carácter regional, con la participación de enviados de instituciones de Estados Unidos y países de América Latina, en la que tuvieron la oportunidad de dar a conocer la propuesta de negocio y aunque no lograron el primer lugar en este segundo filtro, se crearon vínculos con algunos empresarios interesados en formar parte de Molecular farming.
Fue una experiencia enriquecedora que ha traído a este equipo objetivos más claros y el mejoramiento de los planes de trabajo, así como ímpetu y orgullo por haber representado no sólo a la UAM, sino a investigadores mexicanos preocupados por el bienestar social, con la aplicación de biotecnologías que pueden impactar la vida de millones de personas, aseguró Fuentes Ponce.
El proyecto tiene como objetivo desarrollar –mediante procesos biotecnológicos macro nutrientes– un modelo de negocio sustentable de alimentos, a través de una cubeta de producción para el autoconsumo y venta a clientes que operaría en comunidades rurales de alta marginalidad.
Esta propuesta de sentido social está enfocada a mujeres, en particular madres solteras que podrían acceder a una forma de trabajo digno que a la vez garantice la nutrición de ella y los hijos, explicó la maestra Grecia Fuentes en entrevista.
Desde hace tiempo el grupo de la Casa abierta al tiempoha laborado en el manejo de microorganismos, por lo que “conocemos todos los beneficios que éstos brindan”, incluida la posibilidad de obtener nutrimentos para el organismo, expuso López Arvizu, lo cual es relevante si se considera que uno de cada nueve habitantes del planeta carece de sustento suficiente para sobrevivir, de acuerdo con reportes del Banco Mundial, en tanto que en América Latina y el Caribe alrededor de 75 millones de hombres y mujeres viven en pobreza, la mitad de ellos en México y Brasil.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social reportó en 2016 que poco más de la mitad de la población vive en pobreza moderada y extrema, lo que se traduce en que 63 millones de mexicanos tengan dificultades para acceder a satisfactores básicos: alimentos, agua potable y vivienda, es decir, 23 por ciento o “25 millones de personas no saben qué comerán la semana entrante”.
En este escenario, Molecular farming considera que la agricultura de nueva generación debe ser sustentable y apoyarse en procesos innovadores que faciliten la reducción significativa en el uso de energía, agua, fertilizantes y de la contaminación de suelos, por un lado, y el aumento en la producción de cada unidad de área, por otro.
Para el logro de esas metas propone un esquema inédito de elaboración de nutrientes basado en la biotecnología que es “altamente eficiente en energía y crea un modelo de micronegocio”, precisó la doctorante en Biotecnología.
La misión es viable con la obtención de macro y micronutrientes mediante “consorcios de microorganismos que confeccionan bienes específicos”, los cuales demandan entre diez y 20 veces menos cantidades de agua y energía, en comparación con el abasto proveniente de animales de campo o vegetales, reveló Reyes Cortés.
En las granjas microbiológicas los consorcios referidos generarán nutrientes a partir de materia prima mínima, en particular cadenas sencillas de carbohidratos, proteínas, ácidos grasos y vitamina A, aunque el resultado final tendría la forma y el sabor de un comestible que puede ser consumido en comunidades marginadas o comercializado por empresas o instancias gubernamentales.
Por el momento “queremos enfocarnos en la obtención de proteínas similares a las de la carne que son significativas para la formación de músculo” y esto se hace en un tipo de fermentación sólida, en la cual se encuentran los microorganismos.
Los estudiantes y la egresada de la UAM utilizarán desechos agrícolas no tóxicos, por ejemplo, el salvado de trigo que servirá como alimento para los microorganismos que “crecerán ahí y podrán producir otros nutrientes”.
Bien articulado –con aliados públicos y privados– el proyecto es susceptible de impactar en al menos diez millones de individuos que verían aliviadas sus necesidades en la materia, sobre todo en mujeres rurales a quienes se ofrecería la venta de cubetas de producción que funcionan con energía solar y representan una vía de autoempleo para allegarse ingresos, además de comestibles.
La operación del prototipo puede ser aplicable en cualquier parte de México y el resto del mundo, en virtud de que usa organismos apoyados en sustratos sólidos, una ingeniería con el potencial de cambiar por completo los paradigmas de la alimentación, además de que es urgente impulsar técnicas alternativas a la agricultura convencional, ya que para 2025 se deberá proveer comida a ocho mil millones de seres humanos.
El proyecto resulta relevante también porque ya no es sustentable considerar las prácticas tradicionales de cosecha y ganadería, debido a que en México 40 por ciento de los comestibles son cultivados por pequeños productores y cuatro de los cinco millones son agricultores familiares, por lo que el modelo de cooperativa es sumamente adecuado.

Redacción Campus

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