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Ataque a la universidad desde varios flancos Destacado

Ataque a la universidad desde varios flancos

En el cambio de gobierno se está jugando el acomodo del poder en medio de una crisis de la moral social, cargada ahora de expectativas, que se volverán frustración si no se cumplen las promesas de mejoría económica y social, con mayor participación democrática, ofrecidas por Morena.  
Para la transformación anunciada, el campo educativo cobra la mayor importancia, porque ahí se juega la hegemonía política para instaurar un nuevo régimen. El próximo gobierno requerirá sustentar sus políticas en valores como honestidad, dignidad, tolerancia y confianza. También, promover la cohesión social. Es el sistema educativo, y las universidades públicas en lo particular, el que sirve para transmitir valores y para establecer un nuevo pacto social.


Las universidades públicas brindan conocimientos, enseñan como aplicarlos y, de fondo, crean ciudadanía para superar la fragilidad de la democracia (Fadanelli,2018), y, con ello,  enfrentar la violencia extrema creada por la narco-política y sus efectos colaterales en la cultura. Las universidades públicas producen conocimiento, fundamental en la creación de valor, elevan las capacidades cognitivas y la cultura de la sociedad, y son conciencia crítica, espacio donde se debate la realidad nacional desde la razón. Influyen decisivamente en la opinión pública para que los poderes se asienten, para que exista diálogo y se procese el cambio.
Es tal su importancia política y simbólica, que se ha intentado desestabilizar a la universidad. Fuerzas retrogradas que aprovechan la coyuntura. Que se sienten derrotadas. Que reaccionan y mezclan grupos de diferente origen político para entorpecer el cambio y ganar posiciones de poder. Buscan debilitar a las instituciones, a las universidades, con ataques desde varios flancos.
Recientemente, se exhibió, por medios y redes, el salario de los rectores. Quería mostrarse que hay abuso. La violencia “simbólica” ha estado a la orden del día. Los estudiantes, por su parte, opinan que uno de los mayores problemas de la universidad es la falta de financiamiento. Hay diez universidades públicas que están en crisis económica, de la cual se les culpa, cuando se sabe que no han sido atendidas como se debiera.
En la UNAM se adicionó la agresión a los estudiantes del CCH que protestaban con razón. El ataque de los porros,  el lunes 3 de Septiembre, buscaba paralizar a la UNAM para que dejara de cumplir con su papel político y su compromiso social, puso en duda el prestigio académico logrado por esta casa de estudios, y con su acción violenta, amenazo la gobernabilidad institucional. Los porros querían provocar una situación de caos incontrolable, a un mes del cincuentenario del 68, y perturbar el proceso de cambio político en la nación.  
El porris-mo en su his-
toria (Ordorika,2008) representa violencia desencadenada, control estudiantil, canonjías, corporativismo, ligas con grupos conservadores o partidos políticos, reclutamiento de jóvenes delincuentes, golpeadores, jóvenes de estratos populares y de toda una amplia gama social, que se mezcla para destruir las instituciones educativas y y ponerle un jaque al gobierno. Los porros están asociados con un entorno citadino descompuesto, y con el narcomenudeo que se infiltra en todos lados.
A los porros, y a quienes los patrocinan, no les importan los estudiantes, las autoridades y la academia. Hay que acabar con ellos para siempre. Y responder en tiempo y forma al movimiento estudiantil, para dar cauce a los cambios institucionales que se juzguen necesarios para mejorar a la UNAM y a otras instituciones de este carácter. En la Universidad reconocemos que los movimientos estudiantiles se desatan cuando existen demandas no atendidas, cuando no se dialoga. En momentos de conflicto, el diálogo con los jóvenes es crucial, le sirve a la vida académica, si la institución se reorganiza, para cumplir mejor sus funciones.
Acabar con la violencia dentro y fuera del campus es una cuestión que se debate desde hace tiempo en la Anuies. Abarca un conjunto de temas difíciles. Uno de ellos es cómo está organizada la universidad para prevenir y actuar ante hechos y grupos delictivos. ¿Hasta qué punto la organización centralizada es un impedimento a una vida universitaria segura y confiable? El movimiento estudiantil implica, de nuevo,  abrir el debate racional sobre cómo operan las prácticas políticas en la universidad.  
El rector Enrique Graue ha dado una respuesta positiva para atender el pliego petitorio de los estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades de Azcapotzalco. Fue a las instalaciones de este plantel, y dijo claramente de qué lado está situado. Hay quienes están agrediendo al rector como parte de la misma campaña contra la universidad pública. Él ha pedido con fuerza que se respete la autonomía. Lo que sigue es atender el malestar que expresan los estudiantes, brindarle apoyo y confianza al rector, corregir fallas internas de organización, y exigir que se acabe el peligro a la salida del campus. Queremos y necesitamos muy buenas universidades públicas. Hay que defenderlas y cuidar que no se trastoque su esencia. Sería fatal para los estudiantes, los académicos y el país.

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UNAM. Seminario de Educación Superior, IIS. Profesor de la FCPS.

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