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El movimiento estudiantil de Sinaloa, fortaleza del 68 Destacado

Terán siimboliza  como nadie el carácter de la lucha universitaria de los estudiantes sinaloenses. Terán siimboliza como nadie el carácter de la lucha universitaria de los estudiantes sinaloenses. Salvador Medina

Como líder del movimiento estudiantil de Sinaloa, la de Rito Terán Olguín es una voz indispensable del movimiento estudiantil nacional de 1968. La autenticidad de sus palabras está respaldada por los hechos de los que fue protagonista. Quisimos dialogar con él pese al ambiente saturado de opiniones sobre lo que ocurrió aquel año axial, como escribió Octavio Paz en Posdata, con motivo de los 50 años del suceso.
Sin embargo, digamos antes que quienes vivieron aquel momento en la Ciudad de México, como actores o testigos, poco se asomaron a ver o analizar lo que ocurría en el interior del país con el movimiento.

Y lugares hubo que se cimbraron con fuerza. Sinaloa fue uno de los casos más resonantes. En aquella entidad el movimiento alcanzó niveles de fuerza inesperados para el gobierno y la sociedad. Desde el poder político se soslayó que el movimiento sinaloense ya había vivido experiencias de lucha importantes: la huelga que provocó la salida de un rector, Julio Ibarra; la inusitada realización en la UAS del Consejo de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos en 1967, la cual fue inaugurada por el propio rector Rodolfo Monjaraz Buelna;  y la participación de la FEUS en la Marcha por la Ruta de la Libertad.
Con esos datos, no es difícil entender porque la UAS rápidamente se sumó al  movimiento estudiantil de la ciudad de México. Y porque líderes como Rito Terán Olguín identificaron la importancia del momento extraordinario que México estaba viviendo.
Siendo estudiante del bachillerato de la UAS, Rito no perdió tiempo ni desatendió su responsabilidad, lo que le permitió asumirse como el genuino líder de la Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa, FEUS, el organismo que  fue capaz de integrar  vívidamente a los estudiantes de aquella entidad al movimiento nacional.
La FEUS fue una organización que llegó a tener presencia nacional en la lucha universitaria de los años ’60 y ’70.
Rito era el vicepresidente de la organización pero en realidad era su líder más conocido y respetado. Su activismo y su firmeza política le ganaron el reconocimiento de sus compañeros y de grupos estudiantiles de todo el país.
Hermano menor de Liberato Terán —el líder emblemático  del movimiento universitario— Rito Terán simboliza  como nadie el carácter singular que definió la lucha universitaria de los estudiantes de Sinaloa: combatividad, rebeldía y solidaridad.
Biólogo, con 69 años de edad, con 45 ininterrumpidos de profesor de la UNAM y  Doctorado en Educación, Terán Olguín,  contrajo matrimonio con la también maestra y compañera de toda la vida, Graciela Gómez Álvarez. Tienen dos hijos, Intí y Liber.
Este diálogo con Campus nos acerca a su personalidad. Hoy sigue siendo un universitario de izquierda, comprometido con la lucha social. Nunca se ha dejado llevar por dogmas y eso lo hace un hombre libertario como el joven que luchó por ser.

Jorge Medina Viedas: Participaste en los orígenes del movimiento de Sinaloa. Fue tu espacio original de la lucha de 1968, ¿qué razones tuviste para incorporarte al movimiento de la UAS?
Rito Terán Olguín: Ciertamente yo cursaba, cuando el movimiento estudiantil de 1968, el segundo año de Bachillerato en la Preparatoria Central de la UAS. Formaba parte ese año, del Comité Ejecutivo de la FEUS, la Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa y habíamos tenido prácticamente todo el año de 1967 y buena parte de los primeros meses del 68, una actividad muy intensa dirigida naturalmente por la FEUS.
Un año antes, en 1966, se había dado una lucha histórica en la universidad y en la cual se logró, un 2 de octubre por cierto, la renuncia de un rector que hacía gala de una política autoritaria, no conveniente para el desarrollo de una universidad que debía ser eminentemente académica. Ese rector fue destituido y hubo la buena suerte de que llegara a la rectoría un extraordinario maestro, yo creo que sin lugar a dudas un ilustre maestro de la UAS, el licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna. Por lo que él representó, por lo que la FEUS tenía de pujante y de consolidación en ese año, de ese fines del 66, todo el 67 y buena parte del 68, yo me sentí muy comprometido con ese proceso que vivía la universidad, más aún al tener además la responsabilidad en la FEUS como vicepresidente de la organización el presidente era, Jesús Michel Jacobo, un gran compañero y camarada, lamentablemente asesinado de una manera brutal por los años ochentas.
Me sentía muy dispuesto, pues. Nos alegró mucho todo ese proceso que sentíamos muy cercano, muy nuestro. Recuerdo que, justamente en septiembre de 1967 ocurre en la universidad el Consejo Nacional de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, la CNED, y quienes estábamos en la FEUS, en el movimiento, entramos en contacto muy estrecho con dirigentes muy importantes de esa organización.
Rolando Waller que era el secretario general; Pablo Gómez que era dirigente estudiantil de la Escuela Nacional de Economía de aquél entonces; Arturo Martínez Nateras, dirigentes normalistas de casi todo el país; Enrique Rojas Bernal que también estuvo presente en ese consejo, lo que significaba la lucha en Morelia y Aguilar Talamantes, que era un preso político, por la lucha universitaria en Morelia, todos estos formaban parte de la CNED y ese fue un acontecimiento muy importante, yo siento que nos comprometió más a todos los militantes que estábamos en la Universidad de Sinaloa y en ese movimiento.

Y cuyo congreso inauguró el propio Monjaraz.
Fue muy importante, efectivamente; anoche revisaba algunos documentos y veía la foto en la que aparece el maestro Monjaraz Buelna que fue quién inauguró ese consejo, a su lado está Anacleto Terrazas Araujo, que era el presidente de la FEUS en septiembre del 67, el Licenciado Marco César García Salcido, Rolando Waller y otros dirigentes.
Es una foto histórica porque daba cuenta de ese compromiso que también representaba el rector Monjaraz Buelna. Adelanto un juicio, por cierto que no me canso de repetir, en el sentido de que, si bien y para bien, los universitarios de la UNAM tenían a un Javier Barros Sierra, nosotros teníamos a un Rodolfo Monjaraz Buelna, quien era de tal estatura de dignidad, de compromiso, y de ascendencia con el conjunto de los estudiantes la figura de Monjaraz —y la de Marco César, hay que decirlo—que eso también formaba parte de un ánimo que nos daba confianza y esperanza en la lucha.
Así entré yo al movimiento, así adquirí compromisos. Debo decir dos cosas que me parecen ineludibles, la primera, ese consejo del que estoy hablando, fue el que acordó que en febrero del 68 se llevara a cabo la marcha estudiantil por la ruta de la libertad, que se programó de Dolores Hidalgo a Morelia, y que fue reprimida por el ejército a medio camino; esa marcha, esa gran movilización fue acordada precisamente en ese evento que mencioné y, decir otra cosa, los universitarios  ahí en la Universidad de Sinaloa, creo que seguramente, el impulso que traíamos desde el 66 no nos dejaba respiro, es decir, mantuvimos un paso firme permanentemente, y cuando surgen los primeros estallidos del movimiento del 68, en la ciudadela, las movilizaciones de la UNAM, el bazucazo, etcétera, todo ello, a nosotros nos tomó en vacaciones, el calendario escolar así lo disponía, pero fue muy interesante. Yo guardo entre mis mejores recuerdos, cómo el comité ejecutivo de la FEUS, pero sobre todo el conjunto de la militancia y los dirigentes de las diferentes escuelas, inmediatamente nos pusimos en pie de lucha.
Sentimos que no podíamos marginarnos y que teníamos que entrar al movimiento, de tal manera que julio y agosto constituyeron meses de mucha actividad de una intensa movilización por todo el estado, recuerdo muy bien el papel que tú Jorge jugaste de los más importantes, cuando ibas y venías, de Culiacán a la Ciudad de México, te reunías con los profesores que luego constituyeron la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior, en la que participaba Heberto Castillo como un dirigente emblemático de esa coalición y cómo mantuvimos desde un principio, en esos dos meses, una frenética actividad de comunicación con Marcelino Perelló, Gilberto Guevara, con Pablo Gómez, con muchos de los dirigentes que ya estaban, que ya formaban parte y dirigían el Consejo Nacional de Huelga, de tal manera que a los primeros días que se reinician las clases, de manera natural, movilizada con asambleas de por medio ,desde luego, la huelga la estallamos y eso nos metió en una dinámica de activismo y solidaridad.
Aquí quiero detenerme; es cierto, nuestros planteamientos eran muy solidarios con nuestros compañeros del entonces Distrito Federal, pero creo que no era solamente la solidaridad, era un sentimiento de ser parte de un movimiento libertario, yo así lo comprendía y así lo sentía, y creo que ese sentimiento era muy difundido muy extendido entre el conjunto de nuestros compañeros y por eso quizá todavía duramos en nuestra huelga estudiantil a mediados, fines de octubre y todavía tuvimos arrestos para  noviembre, aunque levantando la huelga a mediados de octubre, y  en noviembre seguir con movilizaciones, sobre todo aquella la del 13 de diciembre que fue reprimida por el ejército en Culiacán, caso inédito en aquellos años pero que era una respuesta nuestra para que un movimiento del que nos sentíamos parte, como una forma de expresar nuestro enojo, nuestra protesta por la brutalidad que se había sufrido el 2 de octubre pero también por darle continuidad a una lucha que sentíamos era de rebeldía, de libertad, y era formar parte de un grito muy extendido en el país por oponernos a una situación verdaderamente agobiante que se vivía en México y los jóvenes sentíamos.

Y para entonces ya había pasado el 2 de octubre.
Sí, exacto. Pero pensábamos que era un auténtico y legítimo derecho oponer (y seguir oponiendo) nuestra fortaleza frente a todo ese ambiente opresivo que vivíamos. Es en esas condiciones las luchas que dimos en ciertos lugares de la república, en Sinaloa significó para el movimiento del 68 una verdadera fortaleza, es decir, un bastión de lucha estudiantil movilizado, combativo y que el tiempo lo probó a pesar de los golpes recibidos a pesar de lo que significó la sangrienta represión del 2 de octubre en Tlatelolco, nosotros continuamos.  


Una pregunta tal vez impropia ¿por qué crees que nunca, varios dirigentes del 68 no reconocieron que en Sinaloa estaba una de sus principales fortalezas? ¿Por qué nunca han mencionado a la UAS como el principal actor de provincia en la lucha por las libertades democráticas? El hecho de que nosotros hubiéramos estado —bueno, que los estudiantes y profesores—estuvieran el 2 de octubre escuchando, diría ingenuamente que se había producido un enfrentamiento entre el ejército y los estudiantes pensando que podría ser una lucha callejera como otras, cuando lo que había ocurrido era la matanza; el hecho, además de que  el 13 de diciembre estudiantes y maestros de Sinaloa nos encaráramos al ejército y escucháramos perfectamente bien el ruido de las botas y cuando ponen por delante las bayonetas, se demostraba un nivel de compromiso muy alto con el movimiento…y eso creo que ha sido poco reconocido.
Claro.

Por qué esa actitud de algunos grupos?
Pienso que lamentablemente en muchos acontecimientos sigue pesando un egocentrismo muy fuerte, aun en nuestro propio medio, aun en nuestras propias experiencias de lucha estudiantil y de otro tipo y se les da poca importancia a las aportaciones combativas…leales a una lucha compartida en plano más general; pienso que es eso;  sí hubo, efectivamente, y ha habido en el tiempo no solo en el caso de Sinaloa, una dosis de desprecio a los aportes que se tuvieron por varias universidades, algunas normales; recuerdo la aportación muy importante en esa misma lucha que se da en las escuelas de agricultura “Hermanos Escobar”, lo había hecho la Universidad de Sonora un año antes que fue reprimida por el ejército; a la gente se le olvida pero en el 67 la Universidad de Sonora fue invadida por el ejército, estaba de gobernador un individuo de triste memoria Faustino Félix Serna y nuestra FEUS estuvo con nuestros compañeros de Sonora. No se diga lo que paso en Morelia, en Nuevo León…

La UAS le abrió las puertas a la gente de Sonora.
Así es, nuestra universidad abrió las puertas y nos beneficiamos, hay que decirlo, de la llegada de extraordinarios compañeros entre ellos nuestro admirado Juan Eulogio Guerra Aguiluz, nuestro poetalto, como le decíamos coloquialmente, calificativo que él mismo había puesto a Juan Bañuelos, por cierto, nosotros se lo endilgábamos a nuestro Locho Guerra. Con Locho llegaron muchos otros compañeros a nutrir a la Universidad de  Sinaloa en esa lucha y lo recuerdo mucho en la Preparatoria Central.
Creo que por eso hay que reivindicar siempre, desde luego el papel que jugó la Universidad  Autónoma de Sinaloa, la FEUS el conjunto de compañeros extraordinarios que hicieron posible todo este aporte en el conjunto del movimiento del 68. Nosotros tenemos que reivindicar que fuimos parte plena del 68 y si bien existía algo de egocentrismo en lo que lo que ocurría en la capital de la República y área Metropolitana desde luego que la lucha que existía en el conjunto de muchos estados de la República por normalistas, universitarios, estudiantes de agricultura etcétera, fueron parte fundamental para que el movimiento si adquiriera un carácter nacional y sobre todo que tuviera la fuerza y la consolidación que llegó a tener.
A cincuenta años de distancia de estas luchas, rescato mucho algunos de los puntos de vista, sobre todo  de Marcelino Perelló, cuando  afirmaba que los objetivos del movimiento, finalmente no eran del todo los famosos seis puntos, lo que era importante del movimiento, era la fuerza que éste  expresaba, una fuerza revolucionaria, una  fuerza rebelde, donde sentíamos que era muy importante  formar parte  de lo que había en el resto del país. Y ¿qué había? había una lucha por la tierra, había lucha en fábricas y en un conjunto de movimientos populares, había pues una disposición extendida de enfrentar un gobierno opresivo,  y abrirle paso a la libertad, esa fue la contribución, contribución del 68 al conjunto de la lucha política y democrática  que se extendía a lo largo del país.
Yo creo que eso es lo que tenemos que seguir manifestando con toda legitimidad.

¿Cómo sintetizarías justamente eso que acabas de decir, respecto de la importancia que tuvo el movimiento sinaloense en el proceso del 68 pero también en el proceso de democratización del país?
El movimiento estudiantil de Sinaloa fue un movimiento por la libertad, por la transformación de nuestras universidades; déjame ver si  lo puedo resumir de la siguiente manera, recuerda Jorge que editábamos en aquellos años  el periódico Trinchera. Trinchera tenía como su leyenda “Los dolores que quedan, son las libertades que faltan” y esa es una frase que habíamos recogido del manifiesto de  Córdoba, Argentina. Nosotros fuimos, yo ahí sí lo quisiera subrayar, quizá de los pocos movimiento universitarios que asumíamos el legado de los estudiantes reformistas de Córdoba, Argentina.
Esto tiene importancia porque el movimiento de Sinaloa —combativo, jamás doblegado— demostró en ese momento y en los años siguientes ser un baluarte de la lucha por la reforma universitaria y un abierto y comprometido contingente solidario con la lucha política del país que las fuerzas de izquierda y fuerzas democráticas  llevaban adelante.
Esa es, me parece la parte que puede sintetizar  lo que fuimos  y lo que aportamos en los meses y años siguientes.  

Modificado por última vez enJueves, 27 Septiembre 2018 02:09
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