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Las palabras son luz Destacado

Las palabras son luz

A la memoria de mi hermano Alan

Las palabras como los recuerdos son luz. Son pintura, son concepto. Las palabras diseminan ideas, expanden la imaginación, son principio y fin sin límite, también son paradoja. Desde la aparición de la imprenta, la lectura nos ha permitido como sociedad acumular saberes (un recuerdo útil); no obstante, pese a nuestros avances mecánicos, tecnológicos o médicos, aún estamos lejos de la prosperidad sustentable así como la lectura aún está lejos de ser el deseo fervoroso de la mayoría de la población.


Hoy en día las bibliotecas para acercar sus libros a un público más amplio se han convertido también en una suerte de promotores culturales, no sólo fomentan la lectura a través de presentaciones de libros o sacando sus novedades en pequeños estantes para que los caminantes de estos recintos no puedan eludirlos, no. Actualmente las bibliotecas promueven actividades interdisciplinarias, digamos que hacen performance, slam y teatro con tal de granjearse nuevas audiencias, al menos así lo reporta la Dirección General de Bibliotecas (DGB) de la Secretaría de Cultura (SC), a cargo de Jorge von Ziegler.  
El fin de semana pasado, se llevó acabo el XVIII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, celebrado en el estado de Oaxaca. Recordemos que nuestra Red Nacional cuenta actualmente con 7,413 bibliotecas públicas que se encuentran establecidas en 2,282 municipios, lo que representa el 93.2 por ciento del total del país. Evidentemente los acervos y la calidad de la infraestructura es variable de acuerdo al grado de desarrollo de los diferentes municipios. Para poner en perspectiva, ¿sabía usted lector querido que nuestras Bibliotecas, representan a mitad de la infraestructura cultural del país?
No obstante para Jorge von Ziegler, hay una carencia de recursos financieros para estos recintos, toda vez que las bibliotecas públicas no cuentan con fondos mixtos y en cuanto a los recursos del Congreso de la Unión tampoco se ha visto una presencia fuerte pues apenas un 5 por ciento del presupuesto se destina a bibliotecas públicas, las cuales son base de la pirámide de los servicios culturales de nuestra nación, puerta y umbral de la cultura; según dio a conocer la SC en un comunicado.
La palabra, cuna de la fe, en otrora cumbre sacra del papiro, ahora para llegar a sus lectores, a través del esfuerzo que hacen las bibliotecas y sus bibliotecarios no es menor, se le busca por todos lados. En Aguascalientes han echado mano de las redes sociales; en Tláhuac se realizan maratones de lectura y tertulias de análisis de libros; en Tlaxcala se contempla la necesidad de reforzar el vínculo biblioteca-escuela-; todo ello a través del programa de acción comunitaria denominado “La Cultura ¡Vale!” y su vertiente “Vale leer”, impulsado por la DGB de la SC.
Es por demás importante todo ello, pues aunquee Google pueda constituir una suerte de Mega Biblioteca ultra moderna, el espacio público brindado al conocimiento y al saber, fuente de la prosperidad sustentable no se puede abandonar. Por cierto, está próxima la presentación de la Biblioteca de Publicaciones Oficiales (BPO), en la Mega Biblioteca Vasconcelos de Buenavista. La BPO es un esfuerzo que la SEP lleva realizando desde hace dos años con la colaboración de todos los sectores que componen la Administración Pública Federal (APF), estaremos dando cuenta de este evento.

Educación y gobernanza
Cuando el filosofo español José Ortega y Gasset ensayó sobre la Misión de la Universidad, definió a la cultura como el sistema de ideas vivas que cada tiempo posee. Mejor: el sistema de ideas desde las cuales el tiempo vive. Porque no hay remedio ni evasión posible: el hombre vive siempre desde unas ideas determinadas, que constituyen el suelo donde apoya su existencia, aseguró el madrileño.
Nuestro país tiene el privilegio de contar con una educación pública -con claroscuros- pero en general comprometida y robusta. Son más de 35 millones de mexicanos implicados de forma directa en el Sistema Educativo Nacional (SEN), esto hace que sea un sector fundamental para la gobernanza del país (véanse los sindicatos), más si se considera que el encono, la solidaridad, o el entusiasmo social emana de sus universidades. Los lamentables hechos ocurridos en Ciudad Universitaria hace un par de semanas dan muestra de ello. El paro de los jóvenes estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en el segundo semestre de 2014 como las marchas derivadas de la desaparición forzada de al menos 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos, ubicada en Ayotzinapa, Guerrero, también dan cuenta del peso cultural, político y social que tienen estas casas de estudio.
Aunado a ello, en esta hora del mundo, en nuestro país conmemoramos los 50 años de un movimiento estudiantil emanado de las universidades, el movimiento estudiantil del 68, el cual, en su momento, puso en jaque al gobierno del entonces presidente Díaz Ordaz, quien no supo responder más que con la brutalidad de cualquier régimen totalitario. Desgraciadamente, la sangre y la violencia -pesadilla del 68- se nos ha multiplicado. Me explico. La ferocidad y el abuso de la violencia, parece que se ha convertido norma en el país.
Durante las marchas de 2015 a consecuencia del asesinato y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la letanía no cesaba: fue el Estado. Al parecer, lo que pasó en 2014 en Ayotzinapa es norma, y modus operandi cotidiando de los grupos delictivos. Lo que es peor, al interior de las Normales también se reproduce esta brutalidad como lo demuestran los decesos de estudiantes producto de las “novatadas” de sus compañeros.
Debemos reconocer que hay que hacer un alto, el binomio educación y gobernanza, sin duda tendrá que ser para la nueva administración: un tema prioritario en la agenda nacional. En Ayotzinapa llevan 4 años de dolor. En mi casa ya van seis años. Después del asesinato de mi hermano, beneficios para el homicida, ni prisión ni reparación del daño. Son vidas y es la sangre de nuestro bono demográfico la que lentamente se escurre por la alcantarilla. Son los zapatos olvidados en la Plaza de las Tres Culturas aquellos primeros días de octubre. El próximo sábado mi hermano cumple 6 años de haber nacido a la eternidad, su recuerdo aún es la luz de su nombre, sus 21 años y su cuerpo yerto frente a la casa no merece -para su homicida- ni perdón ni olvido.  

Héctor Martínez Rojas

Periodista

Modificado por última vez enJueves, 11 Octubre 2018 02:26
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