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El 68 estalló energías, sinergias y contradicciones: Ex funcionario en la UAM UAM

Más allá de las movilizaciones estudiantiles que sucedieron en la Ciudad de México pensar en 1968 implica reflexionar sobre lo que significó realmente para las generaciones posteriores ese “estallido de energías, sinergias y contradicciones que cambió la percepción del mundo, señaló el doctor José Sotelo Marbán, ex funcionario de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp).
Ese año cambió la forma de ver el mundo “en el que confluyeron Bob Dylan, Camilo Torres, el Che Guevara, la guerrilla –con maestros rurales como Lucio Cabañas, egresado de la Normal de Ayotzinapa– y campesinos poetas como Rosendo Radilla, que también quería cambiar el orbe”.


Al participar en las Jornadas conmemorativas 1968: medio siglo después, organizadas por el Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el autor principal del informe histórico Que no vuelva a suceder, de la Femospp, dijo que en aquella fecha “cuando caímos en la cuenta de que el cambio pacífico y revolucionario como lo queríamos no sería posible desde la universidad” muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil siguieron diferentes caminos.
Algunos abrazaron la guerrilla como opción para cambiar las condiciones del país, “otros elegimos el trabajo popular, sin embargo cuando el Estado masacró a los estudiantes “¿acaso se resolvieron las contradicciones que originaron dichas insurrecciones?”.
Sotelo Marbán señaló que saber interpretar la realidad ayuda a incidir en la historia con herramientas de análisis que permiten diseñar un cambio social y en esa medida es posible “referirnos a la historia patria o matria: la primera refiere el camino que una sociedad transita por sucesos que afectan al país, mientras que la segunda impacta a un pequeño colectivo, trátese de una familia, una empresa o una microrregión, y modifica las condiciones en las que viven”.
El movimiento estudiantil del 68 acumuló fuerza con miles de historias matrias pergeñando una nueva historia patria y desconoció las estructuras estudiantiles viciadas con las que el Estado controlaba a las universidades y en su lugar estableció el Comité Nacional de Huelga, que rechazó el autoritarismo y estableció organizaciones horizontales y democráticas.
Desde la perspectiva militar se vio como un alzamiento contrario al régimen “lo que justificaría su aniquilamiento, así una gresca entre jóvenes que no fue más que una circunstancia nimia llevó a un bazucazo con el que alguien quiso crecer una guerra de genocidio para aniquilar al enemigo, en este caso, los estudiantes”.
Sin embargo, subrayó, el Estado no supo ni pudo acabar a su enemigo: acallaron momentáneamente a “nuestro coro juvenil que protestaba por la metralla”, pero a ello le siguió un nuevo despertar.
Cincuenta años después los mexicanos “tenemos una deuda histórica con el Movimiento Estudiantil porque a él debemos nuestras libertades, ya que enlazó nuestras historias matrias, además de que se perfiló en nuestra historia patria como la revolución que originó la historia moderna del país”.
Ana Ignacia Rodríguez Martínez, dirigente estudiantil e integrante del Comité 68, conocida como “La Nacha”, refirió algunos momentos que vivió como brigadista del movimiento, así como sus vivencias en la cárcel de Santa Martha Acatitla, donde fue llevada junto con otras mujeres participantes en el movimiento, entre ellas Roberta “Tita” Avendaño, ya fallecida, con quien compartió celda y por la que pidió a los presentes ofrecer un aplauso.
También estuvo el doctor General José Francisco Gallardo Rodríguez, quien habló sobre la justicia militar y los derechos humanos.

Redacción Campus

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