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El problema de la educación cinco años atrás Destacado

El problema de la educación cinco años atrás

Hace cinco años nuestro país se encontraba encerrado en un conflicto magisterial que sacó a relucir los contrastes de nuestra realidad, así como las distintas ópticas con las que miramos a nuestra nación. Por septiembre de 2013 se observaba como un amplio sector de la sociedad andaba (a caso sigue andando) a tientas, ciudadanos mexicanos todos, que apoyaron a ojos cerrados la lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y, por el contrario, ciudadanos igual de mexicanos que los anteriores, quienes, en redes sociales, llegaban a hacer la ecuación: “plantón docente + lluvia, igual a maestro limpio”. Vamos, había un profundo desprecio hacia las manifestaciones de inconformidad por parte de los educadores miembros de la Coordinadora; y un anhelo de tanquetas evidente. Lo que no había era reflexión, análisis, perspectiva de este conflicto social.


Un lustro después, el ex Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, en una publicación que es referente cultural, escribió: “en su número anterior Nexos (490) presentó una revisión profunda de la reforma educativa. En 10 artículos, preparados por expertos destacados en diversos ámbitos de la educación, se ponderan con datos y evidencia los avances y limitaciones de las principales políticas públicas derivadas de la reforma”. La educación vuelve al debate, a la arena de las ideas impulsada por las benditas redes sociales.
Desde hace cinco años atrás, Eduardo Backhoff Escudero, miembro de la junta de gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), se expresó con respecto a lo que un sector social considera que fue la parte político-administrativa de la Reforma Educativa: el Servicio Profesional Docente. Backhoff cuestionaba:  Yo me pregunto, ¿si algún padre de familia estaría dispuesto a llevar a su hijo con un doctor, que sabe, ha reprobado, de forma consecutiva tres de sus evaluaciones? ¿Si no estaría dispuesto a hacerlo con la salud de su hijo por qué habría de estarlo con su educación?
“Evaluación formativa, no punitiva” será el nuevo mantra. ¿Pero ya vieron, de verdad, la forma en la que evalúa el INEE? México es un país rico, profundamente desigual pero rico; es la decimocuarta economía del mundo y, lo que hace el INEE, créame querido lector que son evaluaciones de avanzada, lejos, muy lejos de utilizar tabla rasa y valorar únicamente con examinaciones estandarizadas. El INEE promueve más bien acompañamientos “vis a vis”, “face to face” codo a codo, colega con colega, no se evalúa desde el centralismo sino desde el contexto de los centros escolares.  
La evaluación y capacitación permanente de los maestros, constituye sin duda, uno de los elementos del sistema educativo que de asegurar su desempeño óptimo traerá más pronto que tarde, una mejora en el ejercicio del derecho al aprendizaje de los niños mexicanos. El maestro sí es un factor esencial y su Sindicato, un poder fáctico, que sí ha rebasado sexenios, esa fue también la gran apuesta –ahora sí, política- de la Reforma, como se ha fraseado desde las Organizaciones de la Sociedad Civil, “recuperar la rectoría de la educación”.
Hace un lustro justamente, el investigador de El Colegio de México (Colmex), Manuel Gil Antón, comparó la evaluación de los docentes con el propósito de mejorar la calidad educativa, con la evaluación de los choferes con el propósito de mejorar el servicio de transporte público en un sistema vial técnicamente destrozado. Exagerando la comparación, Gil Antón, mencionó que evaluar a los maestros para mejorar la calidad de la educación –sólo por el hecho de evaluar- era (es) como ponerles corbata a los choferes del microbús con la esperanza de hacer más eficiente el servicio. La analogía del profe Antón fue tan socorrida que se hizo viral a través de las redes sociales.
Es cierto, hay escuelas de palitos con una infraestructura que no se le puede llamar escuela, no obstante, si se preguntara por el colegio de la comunidad, no habría otro lugar a donde señalar. Todavía en la más reciente comparecencia a la cual los legisladores convocaran al Secretario de Educación Pública, se exponía como casi la mitad de los centros escolares del país – en Educación Básica- son multigrado; es decir, en un mismo salón aprenden los de tercero con los de cuatro, los de segundo con los de sexto. No está mal, pero el Estado tendría entonces que orientar el modelo educativo en esa dirección.
Escuelas las hay, también con alberca y patios que reúnen como diez canchas de fútbol juntas, con una enorme biblioteca decorada con vibrantes murales; esa es la escuela primaria Benito Juárez, ubicada en la colonia Roma, en la ciudad de México. Cuando todas las escuelas del país se parezcan a esa escuela, podríamos decir que hemos cerrado las brechas de inequidad y roto con las inercias de nuestro sistema educativo; así lograr que la educación sea un mecanismo igualador y no un mecanismo reproductor de las desigualdades que lastiman al país, al menos así lo expresaron desde hace cinco años, las autoridades que se encargan de evaluar a los docentes. ¿No es acaso esa la apuesta de la cuarta transformación, romper las desigualdades, quebrar las inercias en contra de la inequidad, por eso la descentralización de las dependencias, aunque sea más costosa que farragosa?
En fin, no lo deseamos porque nunca desearemos que le vaya mal a México, pero es posible que el desencanto entre la administración entrante y la CNTE se de más pronto que temprano; lo mezquino sería que al final del día se terminen peleando por el control de la nómina magisterial, ¡por pesos y centavos!, dejando de lado el tema principal, el aprendizaje de los niños, aquello que le da esperanza a una nación.

Héctor Martínez Rojas

Periodista

Modificado por última vez enJueves, 08 Noviembre 2018 01:52
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