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2018: El año de las protestas estudiantiles Destacado

Algunos movimientos reclaman temas relacionados a la educación y otros se enfocan a temas más amplios que abarcan a otros sectores de sus naciones. Algunos movimientos reclaman temas relacionados a la educación y otros se enfocan a temas más amplios que abarcan a otros sectores de sus naciones. Cuartoscuro/ AP/ Especial

A 50 años de las revueltas estudiantiles más grandes de la historia, de nuevo los universitarios están en pie de guerra. El año 2018 fue de los más álgidos en términos de protestas estudiantiles desde el Mayo de 68—sobre todo en el continente americano. Tan solo en América Latina, hay movimientos nacionales en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, y, de forma más focalizada, en México y Costa Rica, entre otros países. También estallaron grandes protestas en Australia, Bangladesh, China, Francia, Irán, Estados Unidos y Sudáfrica, por mencionar sólo algunos casos.


¿Qué tienen en común estos movimientos? ¿Cuáles son sus principales causas y demandas? ¿Y qué relación, si es que existe alguna, tienen con las grandes revueltas estudiantiles de 1968?
A grandes rasgos, se pueden dividir los movimientos estudiantiles actuales en dos bloques: los que exigen cambios en las políticas de educación superior y los que reclaman temas más amplios, en conjunto con otros sectores de la sociedad. Aunque hay un tercer caso, en donde lo que empezó como un reclamo social generalizado se volvió un tema propiamente estudiantil, por la represión de las autoridades hacia el movimiento. Tal es el caso de Nicaragua, en donde las universidades han estado a la vanguardia de la protesta contra el gobierno autoritario y corrupto de Daniel Ortega. Más de 400 personas, una mayoría jóvenes, han muerto a manos de las fuerzas del Estado y paramilitares desde que estallaron las protestas en abril en contra de una controvertida reforma al sistema de seguridad social del país, según organizaciones de derechos humanos.
En América Latina, la mayor motivación tras las protestas es económica. En Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela, los estudiantes están exigiendo mayores fondos para las universidades públicas después de décadas de políticas privatizadoras y el abandono del Estado al sector. Mientras tanto, en Brasil, Costa Rica, México y Nicaragua, el enfoque mezcla temas políticos—el reclamo por el fin de la violencia y represión (estatal y social) —y económicos.  
Las políticas de financiamiento de la educación superior también han sido centrales en Sudáfrica, en donde los estudiantes exigen la gratuidad del sector. Y en Francia, en donde se defiende el acceso abierto a la educación superior como uno de los mayores logros de la Revolución Francesa. A su vez, en Australia, China, Estados Unidos, India y México, se demanda el fin de la violencia de género en las universidades y en la sociedad en general. No obstante, hay una gran diversidad de temas a nivel mundial: por ejemplo, las políticas de equidad (acción afirmativa), la libertad de expresión y de cátedra, y los derechos laborales de los empleados universitarios, incluyendo de los profesores por horas y los estudiantes de posgrado, que representan una cada vez mayor proporción de la planta docente en muchos países.  
Tal pluralidad de temas representa una de las grandes diferencias con los movimientos de 1968. En ese momento, los estudiantes se manifestaron contra el autoritarismo estatal y, en el caso de Estados Unidos, contra la guerra en Vietnam (una manifestación de la Guerra Fría). Hoy, la mirada está puesta en las propias universidades y las políticas para el sector. Otra diferencia: hace 50 años los universitarios fueron una élite privilegiada. Hoy, en muchos países, como Argentina, Chile, Francia y Estados Unidos, una mayoría de los jóvenes pueden acceder a la universidad. Como resultado, el acceso a la educación superior se ha vuelto un tema de masas y de sobrevivencia en la llamada economía de conocimiento. Eso, a pesar de que un título universitario, de cualquier nivel, está lejos de garantizar un trabajo bien remunerado.
Dicho eso, no es del todo coincidencia que haya grandes movilizaciones alrededor del mundo a 50 años del Mayo de 68. En muchas de las protestas, los estudiantes han invocado los ideales de la histórica revuelta en Francia. En América Latina, también hacen referencia al movimiento por la autonomía universitaria en Córdoba, Argentina, que cumplió 100 años el pasado mes de junio. Es decir, las demandas cambian, pero no así el papel protagónico de los estudiantes universitarios como catalizadores de cambio social.
Ese papel conlleva fuertes riesgos e inclusive, como ha sucedido este año en Nicaragua y Venezuela, puede llevar a la muerte. También, como en Chile, puede derrumbar gobiernos. En la siguiente parte, veamos algunos de los movimientos más destacados de 2018 alrededor del mundo.

La crisis económica de las universidades
Sin duda, el tema principal detrás de las movilizaciones en América Latina es la crisis financiera que enfrentan las universidades públicas. El giro político a la derecha en la región ha traído un regreso a las políticas neoliberales de austeridad de los años 80, con fuertes repercusiones para la educación superior. En Argentina y Colombia, los recortes para el sector han sido constantes durante décadas, mientras que en Brasil y Ecuador representan un giro de 180 grados después de una década de fuertes inversiones hechas por gobiernos izquierdistas.

Colombia
Desde octubre, miles de estudiantes colombianos, con apoyo de los grandes sindicatos, han inundado las calles del país en rechazo a las políticas económicas y de educación superior del nuevo gobierno conservador de Iván Duque. Además, las 32 universidades públicas entraron en paro a partir del 10 de octubre. Los estudiantes exigen al gobierno 18.2 billones de pesos colombianos (unos 5.5 mil millones de dólares) para las universidades públicas, que se encuentran en crisis financiera después de décadas de políticas privatizadoras. Los manifestantes también rechazan una reforma tributaria que impondría un IVA de 18 por ciento a la mayoría de los productos, incluyendo comida y medicinas.   
Duque, quien tomó posesión en mayo, ha implementado una serie de medidas de austeridad para reactivar la economía. Como fue el caso de sus antecesores, ve a la educación pública como un bien privado que debe ser subsidiado por los estudiantes y sus familias. Actualmente, la mitad de los 2.2 millones de estudiantes está inscrito en universidades privadas, en donde las colegiaturas más caras alcanzan los 7 mil dólares por semestre. Aún los estudiantes de las universidades públicas deben pagar por estudiar, según el nivel económico de sus familias. El modelo se financia a través del sistema de préstamos estudiantiles más antiguo de las Américas, lo que ha permitido una enorme expansión en la matrícula, pero también ha generado un altísimo nivel de endeudamiento para los jóvenes colombianos.
Las actuales manifestaciones son las más grandes desde 2011, cuando el anterior presidente, Juan Manuel Santos, intentó relajar aún más los controles sobre el sector privado, incluyendo abrir la puerta a las universidades con fines de lucro. Las propuestas de reforma a la Ley 30, que rige a la educación superior del país desde 1992, desataron protestas masivas que paralizaron el país durante meses. Santos terminó retirando del Congreso sus propuestas de reforma. Pero la nueva ronda de protestas amenaza con ser aún más grande, debido al doble golpe de la crisis financiera de las universidades y de las familias.

Argentina
Este verano, las 57 universidades públicas de Argentina se pararon durante un mes para exigir mayores fondos para los profesores universitarios, cuyos salarios han estado en caída libre en los últimos años. Fue la primera huelga nacional de universidades en décadas y tuvo la participación de los principales grupos estudiantiles. El catalizador: las políticas de austeridad del presidente conservador Mauricio Macri, quien tomó posesión en 2015. En mayo, Macri contrató un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo por 30 mil millones de dólares en un intento por detener la caída del peso argentino contra el dólar. Como resultado, el gobierno federal anunció más recortes para la educación superior y la ciencia y tecnología.
La huelga se acabó a principios de septiembre, después de que el gobierno de Macri prometió incrementar los sueldos de los profesores en un 25 por ciento. No obstante, los ingresos de los académicos argentinos siguen siendo muy bajos, comparados con los de sus contrapartes en Brasil y México. A partir del próximo año, un profesor titular con el máximo nivel de antigüedad ganará el equivalente a 2,500 dólares al mes, mientras que un profesor que trabaja por horas percibirá un máximo de 500 dólares, según reportó Infobae.
Durante décadas, Argentina se ha destacado por ser casi el único país de la región en garantizar el acceso universal a la educación superior para los egresados del nivel bachillerato. Como resultado, el país tiene la matrícula bruta más grande de América Latina (con excepción de Cuba), de 85 por ciento en 2015, según el Banco Mundial. Además, tiene la mayor proporción de investigadores por población económica activa: 4.3 por 100 mil, contra un promedio regional de 1.69, según datos de RICYT.
La expansión del sistema, sin embargo, no ha sido acompañada por un gasto proporcional del gobierno. Mientras Brasil invirtió 1.28 por ciento del PIB en ciencia y tecnología en 2015, Argentina gastó 0.53—una proporción parecida a la de México. A su vez, el gasto para las universidades públicas ha ido en picada en las últimas décadas, debido a una serie de crisis económicas.

Ecuador
El movimiento estudiantil de Ecuador es el más reciente y quizás el menos esperado. El 20 de noviembre, decenas de miles de estudiantes y trabajadores universitarios salieron a las calles de Quito para protestar contra el anuncio de un recorte masivo para las universidades públicas.  El recorte de 145 millones de dólares, equivalente a 10 por ciento del presupuesto actual de las instituciones, forma parte de una serie de medidas de austeridad anunciadas por el
presidente Lenín Moreno para el año 2019. Las universidades más afectadas son la Universidad Central de Ecuador, la Universidad de Guayaquil, la Universidad Nacional de Loja y la Universidad de Cuenca, las más grandes del país.
El anuncio del gobierno de Moreno tomó por sorpresa a la comunidad universitaria. El mandatario fungió como vicepresidente bajo Rafael Correa (2007-2017), un autodenominado marxista-leninista cuyo gobierno realizó inversiones históricas en educación superior. Correa también impulsó una controvertida Ley Orgánica de Educación Superior (LOES) en 2010, que buscaba elevar la calidad de las universidades y ampliar la matrícula. Desde su elección, sin embargo, Moreno ha buscado distanciarse de su antecesor y antiguo aliado, echando para abajo gran parte de las políticas en materia social. El recorte también va en contra de las reformas a la LOES, aprobadas en mayo de este año. La ley estipula recursos “constantes, permanentes y suficientes” para la educación superior a través de la creación de un Fondo Permanente de Desarrollo. Sin embargo, Moreno insiste en que las medidas de austeridad son necesarias para reducir la enorme deuda pública que heredó de Correa.

La lucha por la gratuidad
Chile
Mientras varios países de la región están exigiendo mayores recursos para la educación superior pública, en Chile los estudiantes han ido más lejos, al demandar la gratuidad para este nivel y el fin de las universidades con fines de lucro. Desde abril, miles de estudiantes han tomado las calles de Santiago y otras ciudades para exigir el cumplimiento de estas dos demandas.
El detonador de la protesta fue la decisión del Tribunal Constitucional, del 27 de marzo, de desautorizar parte de la nueva Ley de Educación Superior aprobada por el anterior gobierno de Michelle Bachelet en enero de este año. La ley establece la ruta crítica para implementar la gratuidad universitaria en los próximos años e impone fuertes sanciones sobre las instituciones que operen con fines de lucro.
Bachelet ganó la presidencia en 2013 con la promesa de implementar la gratuidad para todos los estudiantes de forma escalada hasta 2020. Sin embargo, para el fin de su periodo en marzo de 2018, sólo se ha había logrado establecer la medida para el 50 por ciento más pobre de la población, debido a la contracción de la economía chilena.
El país sudamericano tiene las colegiaturas más caras del mundo en términos del costo proporcional por familia.  El modelo, que es un legado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), funciona a través de un gigantesco sistema de préstamos estudiantiles garantizados por el gobierno. Pero desde 2009, una serie de movimientos estudiantiles han puesto el tema de la gratuidad al centro del debate público. Tanto Bachelet como el actual presidente Sebastián Piñera han utilizado el tema para derrotar a sus rivales en las elecciones de 2013 y 2017, respectivamente.

Contra de la violencia y la represión
México
El 3 de septiembre estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México fueron atacados por porros armados con cuchillos y cocteles molotov, mientras se manifestaban pacíficamente frente a la rectoría de la institución. Más de 12 estudiantes, de distintos planteles de bachillerato de la universidad, fueron lesionados y dos sufrieron heridas graves. Mientras tanto, los guardias universitarios miraron sin intervenir, según los medios locales. Los estudiantes estaban exigiendo el fin de la violencia de género—después del asesinato de una alumna de 18 años—, además de mayores apoyos institucionales en los planteles de nivel media superior.
El ataque, que fue el más violento jamás ocurrido dentro de las instalaciones centrales de la universidad, desató el primer movimiento estudiantil en la universidad desde 2000. El 5 de septiembre, miles de estudiantes de la UNAM y de otras universidades de la capital llenaron la esplanada de Ciudad Universitaria para exigir el fin de la violencia. En particular, demandaron la erradicación de los grupos porriles, un viejo fenómeno en México en donde los gobiernos y administraciones universitarios apoyan a grupos de choque con fines de control político.
El movimiento también exige una respuesta a la violencia de género, una expansión en la matrícula en las universidades públicas y mayores recursos para el sector, entre otras demandas. Desde septiembre, se organizaron varias marchas en la capital y paros en las distintas facultades y escuelas de la UNAM para empujar sus demandas. Para finales de noviembre, sin embargo, el futuro del movimiento quedaba incierto.

Nicaragua
A partir de abril, Nicaragua fue escena de las protestas antigubernamentales más grandes y sangrientas desde la guerra civil. Para julio, entre 300 y 448 personas habían sido asesinadas, entre ellas docenas de universitarios, quienes estuvieron a la vanguardia del movimiento. La mayoría de las muertes fueron ocasionadas por las fuerzas de seguridad y paramilitares leales al gobierno de Ortega, según grupos internacionales de derechos humanos.
El detonador inicial fue el anuncio por parte del exlíder sandinista de una reforma al sistema de seguridad social. Pero la represión por parte del gobierno aumentó la ira social y el oprobio de muchos gobiernos de la región, provocando demandas por la renuncia de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. Los manifestantes acusaron al presidente de instalar una dictadura familiar como la de Anastasio Somoza (1934-1979), a quien él mismo derrocó.
Las principales universidades del país se cerraron durante unos seis meses en medio de grandes protestas callejeras. La respuesta del gobierno fue implacable. Además de los muertos, se reportaron docenas de casos de tortura y más de 600 desparecidos, mientras que cientos de manifestantes fueron detenidos bajo cargos de ser “terroristas” y “golpistas”, según reportes de prensa. En julio, la Asamblea Nacional, de mayoría sandinista, estableció penas de entre 15 y 20 años de cárcel para quienes cometen terrorismo o financien estos delitos.
Finalmente, la estrategia de Ortega tuvo resultados. Las primeras universidades regresaron a clases a finales de agosto, mientras que en otras el paro siguió hasta octubre. Actualmente, el país se encuentra en una tensa paz, sin que se haya resuelto el conflicto entre la sociedad civil y el gobierno.

Otras partes del mundo
Si en América Latina resalta el número e intensidad de los movimientos estudiantiles, en 2018 también hubo grandes protestas en muchas regiones del mundo. Destaca el movimiento en Francia en contra de la reforma al sistema de selección de las universidades impulsado por el presidente Emmanuel Macron. Los cambios anunciados en febrero acabarían con el acceso universal a la universidad, al implementar el primer sistema de selección universitaria en 200 años.
A su vez, en Bangladesh, miles de universitarios salieron a las calles en febrero para exigir cambios al sistema de acción afirmativa en el servicio civil. Anteriormente, el gobierno reservaba más del 50 por ciento de las plazas gubernamentales para minorías étnicas y los hijos de ex revolucionarios, quienes lograron la independencia de Pakistán en 1971. En respuesta a las protestas, la primera ministra Sheikh Hasina anunció el fin del sistema de cuotas para el servicio civil.
Aún en los países en donde los movimientos no han tenido victorias claras, han logrado colocar sus demandas en la agenda pública. Sin embargo, como sucedió con el movimiento de 68, el impacto de las protestas estudiantiles sólo se podrá calcular dentro de muchos años.  

Marion Lloyd

Académica y periodista

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