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La Palabra como motor del vacío Destacado

La Palabra como motor del vacío

Hace un par de entregas hablamos de como el lenguaje es el marco de contención del mundo. En esta ocasión lo haremos con respecto a la Palabra como motor del vacío, la palabra en su dimensión óntica, lo que es, el ser; ¿qué tanto consideramos que la palabra hace saber, incluso que soy? Me refiero a la palabra noética, lógica intuitiva, hecha idea, verbo verdad. La palabra alumbra al mundo, lo revela. Es el lenguaje y no la aeronave, el vehículo por el cual el hombre conoce el universo. Y “al principio estuvo el verbo”, nos dice Juan. La actitud fundamental del hombre al recibir la Palabra es la fe, concebida como una capacidad sobrenatural, conferida por Dios a nuestra inteligencia con el fin de poder dar el asentimiento a estas verdades que trascienden su capacidad natural de comprensión. “El reino de Dios ya está entre vosotros” nos recuerda el Cristo. En Lucas 9 se nos dice como Jesús mientras hablaba con Moisés y Elías fue envuelto por una nube:


Y vino una voz desde la nube que decía:
Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle  
(Lucas 9-35)

Así se entiende que la palabra indique un acto de voluntad, de mando, de acción. Un ser real, aunque invisible… un poder que realiza lo que significa. Verbo verdad, palabra-persona
Debajo de tu piel hay un Dios
Que en tu voz se manifiesta

Todos vosotros dioses sois
Hijos del altísimo
(salmo 82)

“La palabra de Dios es la misma realidad en potencia”. Esta idea no es exclusiva del hebreo, en nuestra  cultura mesoamericana, los abuelos conocían bien de lo que hablaban, de tal forma que una cultura como la Tolteca (artesanos de la conciencia, como se les conoce) tenían como acuerdo, ser impecable con sus palabras.  En la novela Canek, de Ermilio Abreu Gómez, esto se ve claramente:
Es verdad: La palabra nació por sí misma dentro de lo oscuro. Aquí es necesario declarar el sentido de la oración. La palabra no es la voz que se dice y se oye. La palabra es cuna del espíritu creador. El espíritu creador que siempre fue, en las tinieblas del tiempo, vio su conciencia, y de ella nació la palabra. Por esto toda palabra debe ser sentida desde lo oscuro del pecho para que sea imagen de esa otra que nació del ser, espejo de sí mismo. […]  La palabra y su eco crearon todas las cosas: desde las cosas mínimas de aquí abajo –dice Canek- hasta las cosas infinitas de allá arriba. En el tiempo, se juntaron el gusano, el hombre y la estrella; y se vio que los tres seres tenían luz, que era emanación de lo profundo puesto en ellos.    
 En la medida en que el hombre oye, acepta, asimila y pone en práctica esta palabra, su vida se renueva y se aproxima a su ideal. La historia es la palabra del Dios, la realidad que cumple su proclamación. La palabra de la historia es dinámica en el sentido que hace inteligible la historia. Como liberación de energía síquica la historia es también la revelación de aquel que pronuncia la palabra. Hablar es delatarnos, exponernos.

Haz merced a tu siervo y viviré
Y guardaré tu palabra
Abre mis ojos para que contemple
Las maravillas de tu ley
(salmo  119-17-18)

Quizá por ello, Sócrates quien era un convencido de que la muerte era la recompensa de nuestra vida, severo cuestionaba a Georgias sobre la utilidad de la retórica. La retórica, al ser un artificio, según Sócrates, sólo puede ser útil, si acerca a las personas a la bondad de las cosas, tema de otra entrega, ahora que está de moda hablar de “la moral”, ¿a caso la inteligencia sólo es útil cuando nos ahace buenas personas? ¿hay una relacion directa entre inteligencia y bondad?

El Evangelio
Cristo es el verbo hecho carne. “Cristo vino a revelar al padre”. Él es la identidad entre palabra y realidad, el Evangelio, anuncio de salvación. Luz que ilumina a todo hombre es el entendido. También en el amor al prójimo se expresa la voluntad de Dios. En el nuevo testamento, Jesús, se acerca primero a los pecadores que a los justos, a los desprotegidos, a los niños, a las mujeres y a los enfermos. Es el hombre y no la ley el que expresa la voluntad divina. Por lo tanto amar y promover el amor es una tarea universal. La principal actitud para dicho propósito es la humildad, tal como Pablo lo decía “siendo libres de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los que más pueda”.  O bien como lo expresa Pedro: “Que cada quien ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido”.

Héctor Martínez Rojas

Periodista

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