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Consideraciones sobre la moral Destacado

Consideraciones sobre la moral

Es verdad de perogrullo que la moral es una construcción social, por ende, responde a factores culturales. Este valor o concepto es en esta hora del día absolutamente vigente debido al discurso de la nueva administración.
Convencido de que los deberes sólo valen para uno mismo, me atrevo a esbozar estas líneas debido a una inquietud reflexiva, puesto que considero necesario desglosar brevemente el tema con el afán de conciliar el espíritu nacional tan dividido hoy entre lo que se identifica peyorativamente como “chairos” y “fifís”.


Considero que el Estado independientemente de su carácter laico, debe abrirse al diálogo, de lo espiritual y religioso, por ello también a lo ético y moral de su sociedad; no sólo a través del orden legal sino también a través del imperativo categórico de la conducta. No se trata de adoctrinar, pero sí de evitar el extremo del dicho “la moral es un árbol que da moras”.
Como sociedad desarrollamos actividades profundamente inmorales como el racismo o la discriminación en general. Somos una sociedad profundamente elitista. De ahí que fenómenos como la película “Roma” del director Alfonso Cuarón, llamen tanto nuestra atención. Nos pone frente al espejo y dirige nuestra mirada a eso que habíamos estado ocultando y que no queremos ver de forma directa; con una aceptación sin menoscabo, es natural no querer ver es aparte de nosotros mismos pues estaríamos dándole luz a nuestros defectos. Lo cual nos forzaría al cambio y a nadie le gusta sentirse forzado.
El escritor español Fernando Savater en su “Diccionario filosófico”, dice que la estupidez es una “categoría moral y no una calificación intelectual: se refiere por tanto a las condiciones de la acción humana”. La apreciación es maravillosa. Somos malos porque somos torpes. Es bien conocido (hace dos números Campus dio cuenta de ello) como una persona talentosa, un ser prolífico, por costumbre suele ser generoso, no es regla, pero si que es tendencia. Talento y bondad suelen ir acompañados.  
Lo anterior podemos concederlo como algo orgánico si echamos mano de la poética de otras lenguas, los mayas para saludarse, para reconocerse, emplean la frase “In lak’ech-Hala K’in”, que se puede entender como “Yo soy otro tu - Tu eres otro yo”. Cuando se considera al “otro” como un “yo” que también “soy”, es más difícil incubar maldad hacia otro que sé soy yo.  
En la saga de “Las enseñanzas de don Juan” el indio yaqui le dice al investigador de la Universidad de California: "Matamos por capricho ¿no es cierto? Quemamos gente en el nombre de Dios. Nos destruimos a nosotros mismos; aniquilamos la vida en este planeta; destruimos la tierra. Y luego nos ponemos un habito y el Señor nos habla directamente. ¿Y qué nos dice el Señor? Nos dice que si no nos portamos bien nos va a castigar. El Señor lleva siglos amenazándonos sin que las cosas cambien. Y no porque exista el mal, sino porque somos estúpidos. El hombre si tiene un lado oscuro, se llama estupidez".
Estoy cierto que la moral, son principios individualísimos pero estoy igual de cierto que la suma e interacción de los individuos compone una sociedad y si uno a uno estos individuos actúan de una forma determinada esa forma será la que termine gobernando, permeando o aceptándose como el orden de las cosas.
“Las ideologías por las que matamos, y nos matan desde la Independencia, han durado poco; las creencias de don Juan –en cambio- han alimentado y enriquecido la sensibilidad y la imaginación de los indios desde hace varios miles de años”, escribe impecable Octavio Paz en el prologo a “Las enseñanzas de don Juan”.
De lo anterior podemos deducir que como decía el poeta Machado, ser bueno en el buen sentido de la palabra, está íntimamente relacionado con un intelecto desarrollado, donde se reconoce la interrelación del individuo con su entorno. De esta forma al considerar el desarrollo colectivo podríamos llegar al principio “nada para mi que no sea para los demás”.
Al denominar al otro como “chairo” o “fifí” lo negamos, lo excluimos, si lo reconocemos es como un ser que es opuesto a mí; y nada más alejado de la realidad. Unos y otros vamos en el mismo barco. Siguiendo el principio anaxagórico: todo tiene que ver con todo, nada puede permanecer aislado. “Yo soy otro tu - Tu eres otro yo”.

El “acecho” y la moral
De acuerdo con Castaneda, según “Las enseñanzas de don Juan” el verdadero desafío para los brujos videntes fue encontrar un sistema de conducta que no fuera trivial ni caprichoso, y que fuera capaz de combinar la moralidad y el sentido de la belleza que distinguen a los brujos videntes de los simples hechiceros. Y ese sistema se llama el arte del acecho.
Si comparamos ese “acecho” y tomamos como ejemplo lo que Alfonso Reyes menciona como las características principales de Goethe, encontraremos más de una coincidencia, pues según Reyes, el temperamento del poeta tiene principalmente tres características: 1) sentido de la belleza, 2) Sentimiento de la dignidad personal, 3) imaginación poética; y, posteriormente: a) gusto por la enseñanza, b) instinto moral-religioso, y c) afición a contemplarse a sí y a su mundo. Haciendo este paralelismo, podemos encontrar que el autor de Fausto, era un acechador nato. Un ser moral.

Héctor Martínez Rojas

Periodista

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