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Neurofarmacología, la nueva especialidad médica que ayuda a regular nuestras emociones: Especialista en la Ibero Destacado

Neurofarmacología, la nueva especialidad médica que ayuda a regular nuestras emociones: Especialista en la Ibero UIA

Imagine que usted es una persona con anorexia, consciente de que ha dejado de alimentarse debidamente por los conflictos emocionales que la aquejan, y para tratar esta enfermedad ha asistido por años a terapia psicológica, pero sigue sin querer probar bocado.
Sabe que su vida corre peligro porque no come, lo que la ha convertido en una mujer u hombre de 1.70 metros de estatura que sólo pesa 40 kilos. Pese a esa amenaza, alguien le recomienda que en vez de ir al psicólogo y al nutriólogo mejor acuda con un especialista que le dará un medicamento ‘que le dirá’ a las glándulas suprarrenales de su cerebro que dejen de producir adrenalina, y así esta hormona deja de aumentar la cantidad de azúcar en su sangre, lo que le generará un hambre voraz que sólo detendrá si se alimenta.


Esa persona que le ayudará a curar su anorexia deberá tener la especialidad en neurofarmacología (fundada hace 14 años en Venezuela por doctor Fuad Lechín), de la que es cofundador el doctor Eduardo Jahn Segovia, médico internista que acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México a hablar de esta especialidad, en la conferencia ‘Neuroquímica de las emociones’.
El ejercicio profesional del Dr. Jahn ha adquirido relevancia mundial por integrar la medicina interna con las ciencias básicas en el área de la neurofarmacología, la neuroquímica y la neuroinmunología; interacción que permite una visión más compleja y coherente de la forma en que se organizan distintos sistemas del cuerpo: el sistema nervioso autónomo, el sistema reticular activador y los nervios craneales.
La atención que brinda el doctor Jahn se enfoca en estos sistemas, que determinan o agravan enfermedades y condiciones emocionales, y ha logrado grandes resultados restituyendo su funcionamiento normal. Para ello, considera las características de nacimiento de las estructuras neuronales primitivas de cada persona, las que coordinan las funciones del cuerpo y las emociones, y que determinan diferencias en el tratamiento médico de cada paciente, y constituyen justamente el diseño terapéutico.
De esta manera, la integración de conocimientos ha permitido un nuevo enfoque de tratamiento, novedoso, eficaz e individual, dirigido a atender tanto las consecuencias de la enfermedad como sus causas o agravantes dentro de estos sistemas gestores de nuestro cuerpo y emociones.
—Durante su conferencia en la IBERO usted dijo que las emociones y la razón están divorciadas, ¿a qué se refiere con esto?
—Toda vez que una persona tiene un agotamiento crónico, por cansancio emocional o por trabajar más de lo que descansa (trabajo intelectual, no físico), es porque a ese trabajo no le corresponde un sueño profundo y reparador que cumpla con todas las etapas del sueño, y por eso la persona acumula un cansancio viejo. Este estrés crónico, producto de la falta de sueño, afecta al sistema nervioso, el encargado de gobernar al cuerpo y a las emociones.
Con el agotamiento pueden aparecer cantidad de síntomas, como: cambio en el apetito, voracidad por los carbohidratos, contracturas, sudoraciones, dolores de cabeza frecuentes, colon irritable y crisis asmáticas que, entre otras cosas, disminuyen el rendimiento intelectual, entre ellos el aprendizaje y la creatividad. De
modo que el gran enemigo para el buen funcionamiento de nuestros cuerpos y emociones es dormir mal.
Ahora, un buen sueño se puede lograr tener de varias formas, una de ellas es con actividad física, la que genera un sueño más profundo y reparador. También ayuda aislarse de las noticias desagradables a cierta hora del día, para evitar preocupaciones nocturnas por pensar en ellas; y evitar los focos luminosos intensos, como los televisores y los spot lights de los teléfonos celulares, que sabemos acotan el sueño y afectan su calidad.
En tanto que las viejas buenas costumbres: realizar alguna actividad física, sentarse en paz a asumir una actitud contemplativa y tener momentos de ocio, restituyen el funcionamiento normal del sistema reticular activador, que es el que rige nuestros cuerpos y nuestras emociones.
—Además de la falta de sueño, ¿qué otras causas provocan un desequilibrio químico del cerebro y del cuerpo?
—Algunas personas tienen condiciones de nacimiento que pueden favorecer o facilitar alteraciones del cuerpo y las emociones. Por ejemplo, hay quienes sencillamente no sienten el cansancio y no pueden dejar nada para mañana, y al tener un pensamiento reiterativo piensan mucho ante el mínimo problema.
No sentir el cansancio, que en un momento dado de la vida de una persona puede ser una cualidad, la de sentirse llena de vida, tener una gran capacidad para recolectar responsabilidades y una gran inteligencia, provocará que acumule una gran cantidad de cansancio crónico, que en determinado momento de su vida explotará en forma de crisis, ansiosas o de pánico, o enfermedades como la hipertensión arterial.
—¿Es decir que todas las enfermedades del cuerpo están relacionadas con la química del cerebro?
—Sí, definitivamente, porque hay una sincronía con el sistema reticular activador (ubicado en el cerebro), que es el rector de nuestro cuerpo y el que nos da cualidades para vivir. Pero esas cualidades pueden volverse en nuestra contra cuando no estamos viviendo una vida cónsona con nuestras capacidades, que normalmente tiende a forzar la vida moderna, porque es tremendamente exigente.
Por ejemplo, cuando el grupo de neuronas que está más activo es el rafe medio, encargado de la hostilidad, una persona va a tener más contracturas musculares, más hipertensión arterial, más sensibilidad en el equilibrio y por ende enfermedades como el vértigo, y va a tener un pensamiento menos creativo y productivo. De forma tal que la hiperactividad del rafe medio es el gran gestor de muchas afecciones en medicina interna, como la hipertensión e incluso la obesidad.
—¿Cómo ayuda la neurofarmacología a tratar las emociones?
—La neurofarmacología es la forma consciente y racional de medicar específicamente a los grupos de neuronas que están afectando más o menos específicamente a la persona en sus emociones.
—¿A qué especialista médico corresponde dar un tratamiento neuroquímico, al internista, al neurólogo, al psiquiatra?
—Un grupo de médicos del que soy parte hemos conformado en Venezuela la especialidad de neurofarmacología, misma que no podemos encontrar dentro del ejercicio de la medicina en otros países.
Así como hace muchos años el inmunólogo que trabajaba con ratones en un laboratorio evolucionó hasta convertirse la inmunología en una especialidad médica, nosotros en mi país creamos al médico neurofarmacólogo, básicamente una interespecialidad que asiste en el diseño terapéutico específico a otras especialidades.
Nosotros necesitamos el concurso de otros especialistas para poder hacer el diagnóstico, y luego nos encargamos del diseño terapéutico, es decir, que básicamente nuestros pacientes ya han sido estudiados, diagnosticados y tratados por otros especialistas, y cuando se han dado resultados parciales y temporales, entonces es el momento de actuar de nosotros, los neurofarmacólogos.
—¿Cómo quitarle el estigma o el miedo a la gente de tratarse con medicamentos sus problemas emocionales?
—Hay un sitio anatómico en el cerebro específico para la acción de las alteraciones de las emociones, que establece también una red lógica de funcionamiento de por qué un síntoma aparece o desaparece, por qué aparece un temor o por qué aparece la hostilidad, porqué aparece la ansiedad y porqué desaparecen la claridad mental y la productividad.
Como ese sistema no se encuentra en la corteza cerebral, que es la sede del pensamiento, entonces no hay un trastorno del pensamiento, ni locura. Lo que hay es un trastorno de un sistema paralelo, el sistema reticular activador, que ya mencioné, que es la fuente de la fuerza para pensar. O sea que no tratamos la mente de la persona, aunque su productividad intelectual esté disminuida.
Imaginemos que la corteza cerebral es un gran motor que requiere de gasolina para funcionar, y ese tanque de gasolina está en el sistema reticular activador, que sí activa el pensamiento. Por eso, como decía al principio, una persona con agotamiento crónico también agotó su fuerza para pensar con claridad y para frenar las emociones exaltadas o alteradas.
—¿El alcohol, el cigarro y el café pueden afectar el buen funcionamiento neuroquímico?
—Sí; pero pueden ayudarlo también. De alguna manera todos tenemos algo de
conocimiento de neuroquímica, sabemos que si por las mañanas nos tomamos un café tenemos más ánimo y disposición al trabajo, y esto emocionalmente es importante, porque la regulación de las emociones requiere de tener ánimo.
También sabemos que si bebemos un poco de alcohol tenemos mayor facilidad para compartir, para relajarnos y para dormir mejor. El tema está en cuándo tomar y en qué dosis, porque cuando estamos muy agotados no tenemos fuerza para contener las emociones, ni para pensar con claridad, entonces el licor puede ser más bien contraproducente; lo mismo pasa con una simple taza de café, que en un mal momento nos puede estresar más. En cambio, una persona que está descansada si toma licor se convierte en alguien más social, más divertido, más creativo.
La persona que duerme mal necesita estimularse, por ejemplo, con tabaco; por lo cual fuma mucho durante el día. Por eso en personas con tabaquismo nosotros los neurofarmacólogos en vez de tratar directamente el hábito de fumar corregimos el trastorno del sueño, y la persona automáticamente y sin darse mucha cuenta va a disminuir el número de cigarrillos que fuma.
El doctor Eduardo Jahn visitó la Universidad Iberoamericana Ciudad de México por invitación de sus departamentos de Física y Matemáticas, Psicología y Estudios Empresariales.
Jahn Segovia ha participado en el desarrollo de nuevos diseños terapéuticos para múltiples afecciones y enfermedades durante más de dos décadas, ha contribuido con su trabajo a investigaciones en publicaciones internacionales de alto nivel científico en el área de la neurofarmacología y neuroinmunología, áreas sobre las que integró un grupo multidisciplinario en el Instituto de Medicina Experimental de la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, desde 1997.

Pedro Rendón/ ICM

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