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La Casa-Museo Beethoven en Bonn Destacado

El lugar cuenta, entre otras cosas, con una biblioteca y una sala de música de cámara. El lugar cuenta, entre otras cosas, con una biblioteca y una sala de música de cámara. Especial

Si bien Bonn fue la ciudad capital de Alemania Occidental y el centro político desde el cual se llevó a cabo la unificación al momento de la caída del Muro de Berlín, lo cierto es que sobre todo está asociada al nombre de Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena 1827) que allí vio la luz a mediados de diciembre ––¿16?–– de 1770. Y si bien su carrera la hizo y proyectó desde Viena, capital a la cual iban a parar irremediablemente los más y menos talentosos músicos durante buena parte del siglo XVIII y los primeros lustros del XIX, el genio y la personalidad de este trascendental e inigualable gran compositor se gestaron desde su ciudad natal, toda vez que, como bien escribió Freud: “Infancia es destino”.


Y haciendo honor a su gran hijo predilecto, en Bonn se encuentra la Beethoven-Haus, donde se exhibe una colección permanente de accesorios más o menos importantes en torno a la atmósfera histórica que permite a los visitantes retroceder en el tiempo y situarse en la circunstancias que detonaron y acicatearon el proceso creativo de este enorme compositor. Hay en total doce salas que incentivan este revelador y hasta alucinante itinerario por la vida y el trabajo de este gran músico de transición entre el Clasicismo y el Romanticismo musicales, a través de una elocuente museografía con 150 objetos originales que descubren la sensibilidad, el genio creativo y las indiscutibles influencias en la gestación de uno de los catálogos más sorprendentes en toda la historia del arte musical: nueve sinfonías (incluida la inigualable Novena, la gran “Coral”), cinco conciertos para piano (con “El Emperador”, el No. 5, como pináculo en su género), treintaidós memorables sonatas para piano, otra obras corales (como su sublime Missa Solemnis), música de cámara notable (incluidos sus últimos Cuartetos y la Grosse Fugue, según Adorno, insuperables), infinidad de otras piezas menores pero no menos excelsas para el rey de los instrumentos, su única ópera Fidelio de continuo repertorio y su también solitario Concierto para violín entre los más interpretados.    
Pero la Beethoven-Haus de igual modo ofrece exhibiciones temporales que cubren otros tópicos de la vida del notable compositor, por lo regular en coordinación con otros museos y asociaciones que promueven la obra del gran genio por el mundo. Un espacio deslumbrante para todas las edades, y en particular para quienes son sensibles al arte supremo de la música, la Beethoven-Haus ofrece guías en cinco idiomas ––incluido el español––, así como tours, reservas para recitales de piano, una visita digital por la vida y la obra del compositor, con la enorme virtud de revivir la personalidad y el espíritu complejos de un artista que experimentó a plenitud las circunstancias de una época particularmente movida e intensa (el ascenso y la caída, por ejemplo, de Napoleón I), y que desde su tribuna de artista dotado e inquieto de igual modo influyó en el curso de muchos otros acontecimientos y revueltas dentro y fuera del arte.
Confeso fetichista que va tras los pasos de los grandes artistas que idolatro y cuya obra me ha cobijado en este sinuoso transitar por un mundo cada vez más ciego y sordo a lo verdaderamente trascendente, visitar la casa natal de Beethoven en Bonn ha constituido una deslumbrante y maravillosa experiencia vital. Es adentrarnos en su espacio íntimo y en su mundo interior ––siempre conflictuados de frente a un temperamento a flor de piel––, entender y hacernos cómplices de una personalidad compleja que tras su genio creador fue capaz de dar luz a uno de los más elocuentes y conmovedores entramados artístico-musicales. A diferencia de Mozart, el gran genio incomprendido que pagó con creces el pretender romper con el mecenazgo ––sepultado en una fosa común, es uno de los más escandalosos descréditos de la estulticia humana––, el sepelio de Beethoven fue un evento apoteósico y multitudinario, despidiendo a quien con su maravilloso arte contribuyó a darle voz sonora a su tiempo.
El museo exhibe una parte representativa de las colecciones privadas allí reunidas como el pianoforte que alguna vez tuvo en su poder nada más y nada menos que el gran biógrafo Stefan Zweig (confesó no haber podido escribir un libro de su tan dilecto músico, porque admiraba el Juan Cristóbal de su igualmente respetado Romain Rolland que se había inspirado en Beethoven), y es la mayor recopilación mundial dedicada al compositor. Con una extraordinaria y vívida curaduría, hay retratos, manuscritos originales, instrumentos y objetos de uso diario del compositor (como la estrujante colección de utensilios para apalear su progresiva, trágica y determinante sordera, y por supuesto su máscara mortuoria), se consigue una impresión viva y auténtica en torno a la vida y la obra del gran músico, para beneplácito de quienes seguimos su culto con verdadera devoción.
Fundada en 1889 por la propia Asociación Beethoven-Haus que se opuso tajantemente a que el inmueble fuera derruido, desde 1927 tiene además, como centro de investigación científica, un no menos exhaustivo Archivo-Beethoven constituido con motivo de la conmemoración del centenario luctuoso de Beethoven. El principal centro de documentación sobre la vida, la obra y el círculo intelectual que rodeó a Beethoven, cuenta por otra parte con la biblioteca especializada más grande e importante sobre el tema. Y la sala de música de cámara es un agregado estupendo para cerrar con broche de oro, inaugurada en 1989, no sólo con una acústica extraordinaria, sino además considerada como una de las más bellas y funcionales en su estilo. Junto al fomento de las obras de Beethoven y de sus contemporáneos, en ella también se promueve la música actual.
Dada su condición nómada, por la economía y los altibajos de la estirpe, se sabe que la familia Beethoven habitó algunos años el ala izquierda de la residencia precisamente por la época en que nació el compositor (diciembre de 1770), junto a un pequeño pero hermoso jardín posterior donde sobresale un busto, y al que se suma además la famosa Casa-Azul integrada al complejo y donde se sabe se llevó a cabo el bautizo del músico. La verdad es que todo Bonn transpira ese espíritu beethoveniano, como la muy conocida gran estatua de bronce que domina la Münsterplatz desde el 12 de agosto de 1845, obra del escultor Ernst Hähnel que ganó el concurso convocado para ese efecto en 1840, en honor del 75 aniversario del nacimiento de esta tan paradigmático como inconfundible compositor. Si uno va a conocer la imponente gran catedral gótica de Colonia, ejemplo inefable de lo que es volver a ponerse en pie, Beethoven y Bonn bien valen una escala.

Mario Saavedra

Ensayista

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