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Reinaldo Pérez Rayón Destacado

Fe un innovador absoluto de la construcción, al usar por primera vez en sus obras tecnologías nuevas. Fe un innovador absoluto de la construcción, al usar por primera vez en sus obras tecnologías nuevas. Especial

1. Con voz y mando sinaloenses, Juan de Dios Bátiz (en aquél entonces cabeza del Departamento de Educación Técnica de la SEP y después fundador del IPN) dio la orden a uno de sus subordinados: “denle una beca a este muchacho que está muy jodido”. Corría el año de 1935  y el muchacho era Reinaldo Pérez Rayón. Tenía 17 años y fue parte de las primeras generaciones de una de las entidades fundadoras del Instituto, la ahora Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA). Veinte años más tarde, ya como profesional,  en 1957, inició una magna obra que dejaría por siempre su huella en el Politécnico y en la arquitectura nacional: la Unidad Profesional Adolfo López Mateos. Su vida se extinguió el pasado miércoles, después de un siglo de vivirla.


Galardonado con todos los premios y reconocimientos a que pueda aspirar un profesional mexicano en esa disciplina, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el arquitecto Pérez Rayón tuvo, empero, uno principal: la trascendencia de sus ‘tres hijos politécnicos’: Zacatenco, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) y el planetario Luis Enrique Erro, mismos que tienen los “genes” de la arquitectura moderna que él siempre aplicó: funcionalidad, seguridad, agradabilidad y economía. Las tres obras incorporaron avances tecnológicos notables para su época y, más de seis décadas después, su utilización sigue siendo dinámica en el uso de espacios, y plasticidad para adaptarse al crecimiento.

2. Su formación tuvo la influencia de arquitectos notables en el mundo y México. De Violette Le Duc, Le Corbusier, F. Lloyd Wright y Louis H. Sullivan. Por lo que toca al primero, en la parte nacional, Juan O’Gorman (su maestro), Juan Legorreta, Raúl Cacho, Enrique Yáñez y José Luis Cuevas. La conjunción del pensamiento y la obra de todos ellos le sirvieron para integrar el ‘credo’ de su trayectoria profesional: a)  “la función primordial de la arquitectura es diseñar espacios dentro de los cuales el hombre realiza todas sus actividades: la vida misma”; b) “la arquitectura debería servir al hombre común, independientemente de su condición social y económica”.
A su caracterización como arquitecto notable, reflejado en la obra de Zacatenco, premiada y reconocida internacionalmente, se aúna la de urbanista y planificador. La primera cuando se hace cargo de la Oficina del Plan Regulador de la Ciudad de México. La segunda, cuando a indicaciones de Adolfo Ruiz Cortínez, se fija el espacio de Zacatenco como una Unidad que, a la altura de su importancia y superficie de Ciudad Universitaria, se convirtiera en un desarrollo que diese cabida, simultáneamente, a las instalaciones que se albergarían por mucho tiempo en dicha Unidad, así como un polo de desarrollo urbano en el norte de la ciudad.
Fue además, un innovador absoluto de la construcción en México. Para su obra más representativa, Zacatenco, caracterizada por su ligereza y plasticidad, se sirvió de la tecnología. Por primera vez se utilizaron “estructuras soldadas,  en vez de unidas con placas con remaches, que las hubiesen hecho más pesadas y costosas”. La técnica, sofisticada o muy avanzada para la época, luego se generalizó en el país.
Para una persona que sabía todo, pero que también había vivido en buena parte el México postrevolucionario, solía relatar una anécdota ligada a su querido Politécnico. Fue testigo de calidad  de la doble y gentil decisión de los presidentes Ruiz Cortínez y López Mateos. El primero le deja el privilegio al segundo para que, posponiendo unos meses la apertura de Zacatenco, ésta Unidad quedara registrada como una obra Lópezmateista, a inicios de 1959. A su vez, en reciprocidad, el segundo, en la ceremonia de inauguración, le cede el honor de hacerla al expresidente Ruiz Cortínez. “Un hito en la historia política del país”, como lo calificara el propio Pérez Rayón.

3. Hasta cuatro años atrás seguía con cierta actividad profesional: diseñando, experimentando, dando opiniones. Después del fallecimiento del amor de toda su vida, doña Nora, pareció que sus 98 años le pesaran de golpe. Según relata su familia, los últimos tres días fueron de un gran sufrimiento físico, de una vida que ya le dolía vivirla. Con Reinaldo Pérez Rayón ha muerto un baluarte de la arquitectura y de la cultura mexicanas.

Redacción Campus

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