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Es erróneo improvisar en la educación superior sin la calidad académica suficiente: Javier Garciadiego Dantan Destacado

El ex director general del INEHRM opinó que la educación en México requiere de grandes estrategias sin precipitaciones. El ex director general del INEHRM opinó que la educación en México requiere de grandes estrategias sin precipitaciones. Salvador Medina

La educación superior debe ser la apuesta de este país en el Siglo XXI. Se trata del canal de ascenso social más efectivo que ha tenido México desde hace varias décadas.
Un instrumento que ha permitido resarcir las desigualdades sociales y contribuir a forjar una cultura política tan necesaria en la construcción de la democracia.


Así lo percibe el historiador Javier Garciadiego Dantan, quien asume que el acceso a la información y la apertura que se ha dado en los medios de comunicación han permitido fortalecer el sistema democrático en el país.
Conocedor de un proceso histórico fundamental como lo fue la Revolución Mexicana, Garciadiego Dantan señala que el autoritarismo debe ser un factor que debe evitarse a toda costa.
Al mismo tiempo, plantea el expresidente del Colegio de México (Colmex), el país tiene en la desigualdad y en el fortalecimiento del Estado de Derecho dos de sus más grandes deudas que no ha podido resolver satisfactoriamente.
En entrevista con Campus, el también académico e investigador, apunta que la historia en sí misma es un proceso en constante transformación, y que cada transformación implica siempre costos sociales.
Lo mejor, apunta, es preservar los avances democráticos que se han logrado principalmente a principios del Siglo XXI, y en ese contexto, tomar en cuenta que las universidades públicas del país son una palanca que puede apuntalar el desarrollo del país.
Los caudillos
no son suficientes
Para Javier Garciadiego Dantan, quien actualmente es director de la Capilla Alfonsina, es evidente que en el ámbito de la educación superior han faltado líderes para posicionarla de mejor manera en el contexto nacional.
Sin embargo, sostiene que los personajes, por sí mismos, más allá de lo determinantes que puedan ser, no son suficientes para atender los problemas de cobertura, calidad y pertinencia que aquejan a este sector.
“Pero no quisiera que el sistema de educación superior en México, que la historia de la educación superior en México se planteara a nivel de líderes, de caudillos; ayudan, pero no son suficientes. En la educación superior en México tenemos, por un lado, a Vasconcelos y Torres Bodet, está muy bien, pero no son suficientes.
“A nivel regional, hay grandes caudillos en diferentes regiones, por ejemplo un García Sada que crea el Tec de Monterrey, en fin, yo quisiera que además de grandes líderes educativos tuviéramos un sistema bien planeado”, apunta.
Explica que en 1910, incluso desde antes, el país planeó la educación superior en torno a un gran proyecto de universidad nacional, pero no se pensó en un esquema que pudiera extender ese modelo a todo el país y convertirse en un gran sistema.
“Es el planteamiento que está en Justo Sierra, en Vasconcelos, en los grandes universitarios del Siglo XX, nunca pensamos en un sistema nacional de educación superior, apostamos por una gran universidad; entonces, las universidades, de eso que antes llamaban provincia, y que hoy es políticamente incorrecto, no tienen buenas universidades”, apunta.
El problema, comenta el ex director general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM), fue generado porque durante decenios los jóvenes, en lugar de quedarse en sus respectivas entidades, en sus estados, se trasladaban a la Ciudad de México.
“Aquí hacían la carrera, aquí estudiaban, aquí trabajaban, y había una descapitalización brutal, en términos de capital humano, en los estados, brutal, debimos haber pensado en un sistema universitario nacional en el que cada entidad federativa tuviera una gran universidad regional”, señala.
Comenta que, en  el caso de Estados Unidos, “qué sería de este país si en lugar de tener este sistema universitario que tiene, tuviera una gran universidad, en Washington, y 50 universidades mediocres en los estados, sería otro país, pero ellos pensaron en que cada entidad tuviera una universidad pública estatal y una gran universidad privada cuando menos”.
“En cambio, en México”, argumenta el investigador, “no tenemos un sistema universitario, entonces uno de los retos para el Siglo XXI es ese, y yo no estoy pidiendo que la Universidad Nacional pierda fuerza, no, de ninguna manera, vamos a conservarla, va muy bien, pero, por otro lado, fortalecer a las universidades de provincia, que cada estado tuviera una magnífica universidad, eso sería una gran ganancia para el siglo XXI”, dice.
Para ello, comenta Garciadiego Dantan, se requiere de grandes estrategias, de grandes inversiones y de tiempo, porque en este terreno se puede incurrir en precipitaciones.
“Faltaría la voluntad y faltaría la estrategia, que se entendiera que ese es el cambio ideal para el Siglo XXI. El día que tengamos buenas universidades en todas las entidades federativas, el país va a caminar mejor”, considera.

Educación contra desigualdad
Sobre el papel que ha jugado la educación superior en México a lo largo de varias décadas, Garciadiego Dantan está convencido que se ha convertido, y sigue siendo, en el mejor canal de ascenso social que tiene el país.
“No es que yo lo diga, hay estadísticas y datos concluyentes, el canal de ascenso económico más eficiente del México del Siglo XX. Mucho más que discursos políticos, decisiones laborales o salariales, realmente el elemento que ha promovido más el ascenso social, y eso implica ascenso económico, político y cultural, es, sin lugar a dudas, la educación.
“Creo que debemos seguirle apostando a eso, a la educación, antes, principios del Siglo XX, en el Porfiriato, casi bastaba con una educación preparatoria, por eso la Escuela Nacional Preparatoria era casi terminal, hoy en día, entre más años de educación tengamos, es mejor, es el mejor instrumento para enfrentar la vida profesional, la vida laboral en el país”, subraya.
Además, reconoce el historiador, la educación ha sido la principal posibilidad de politización de los mexicanos, porque toda persona educada, tiene una cultura política superior a quien no tiene educación.
En ese sentido, recuerda, la Revolución Mexicana ofreció principalmente tres componentes: tierra a los campesinos; derechos laborales a los trabajadores; y una educación universal.
“Si uno revisa, prácticamente todas las fracciones revolucionarias, desde los Flores Magón, hasta Carranza, Obregón, obviamente, con Vasconcelos, todos tenían en su agenda de trabajo el tema universitario, el tema educación media, el tema sobre todo de educación básica, rural, indígena.
“Si uno revisa el Siglo XX mexicano, hemos tenido jalones educativos muy fuertes, Vasconcelos, Torres Bodet y demás, creo que es un gran tema”, señala.
Por ello, vale la pena preguntarse, dice el académico, qué opciones educativas se ofrecen a los jóvenes de la actualidad, sobre todo, cuando en educación básica la cobertura es prácticamente universal.
“Podemos decir que los niños tienen oferta de educación básica a todo lo largo y ancho del país, en preparatoria, el problema es la deserción, sabemos que un número enorme deserta de la escuela”, apunta.
“La señal es doble, es porque la educación media en México es deficiente o es porque requieren entrar al mercado de trabajo, creo es más bien lo segundo”, considera.
Y en el caso de la educación superior, conforme se avanza de nivel educativo, baja el porcentaje de la oferta educativa, cuyo porcentaje cae a cuando menos 30 por ciento.
“Es muy poco, no podemos convertirnos en potencia, dígalo quien lo diga, cualquiera que sea el signo ideológico del Presidente en turno, si tenemos un 30 por ciento de cobertura universitaria, tenemos que estar por ahí del 50 por ciento más o menos para competir.
“No solamente eso, tenemos que pensar también en una educación de calidad, no solamente cobertura, también es calidad, y eso es un gran reto, tenemos algunas instancias de educación pero no es suficiente”, enfatiza.
Por ello, advierte Garciadiego Dantan, no se puede reformar la educación universitaria, si no se empieza desde abajo, como lo han hecho países como Japón, Corea, Japón, Finlandia o Noruega.
Y lo peor que puede hacerse, es hablar de obligatoriedad de la educación superior, cuando no se ha trazado muy bien el objetivo que quiere lograrse con una iniciativa sumamente riesgosa.
“Primero que todo, a quién beneficia la obligatoriedad, cuando se habló de la obligatoriedad, hace unos años, de la educación preescolar, era para beneficiar al sindicato, entiendo que sería beneficioso para los jóvenes, pero si no tenemos las posibilidad de ofrecer buena educación universitaria, hay que irnos con pies de plomo.
“Porque lo peor que se poder hacer es improvisar en ese nivel, creo que hay que ir mejorando poco a poco nuestro sistema universitario, hacer un planteamiento a mediano plazo, no inmediato, y eso va a ser una ganancia para el país”, dice.

Fortalecer la democracia
Al hablar del proceso de la Revolución Mexicana, la línea de estudio que ha cultivado durante años, el director de la Capilla Alfonsina detalla que todas las revoluciones que han ocurrido en el mundo han generado gobiernos autoritarios.
“O sea un gobierno que llega al poder mediante las armas, no suele entregarlo de manera democrática, lo que se gana por las armas, se pierde de la misma manera, ese es un poco el principio tan sostenido, digamos, desde Napoléon, para decirlo rápido, hasta, vamos a pensar en los más recientes Chávez, Maduro y Daniel Ortega”, puntualiza.
En el caso mexicano, señala el historiador, hubo un intento, dentro de la revolución, por imponer un gobierno democrático, al menos esa fue la intención de Francisco I. Madero.
“Ante el fracaso de Madero, la experiencia es que después de su fracaso, porque fracasó, hay que decirlo, Madero fue un gran personaje como oposicionista político y un pésimo presidente, los que lo siguieron, Carranza, Obregón, Calles, sabían que no se debían cometer los mismos errores que había cometido Madero como gobernante.
“Entonces, no jugaron a la idea de la prensa libre, tampoco favorecieron una libertad en el Congreso, y había gobernadores obviamente supeditados al gobierno del centro”, argumenta.
Sin embargo, explica, no “podemos echarle la culpa a Madero porque no se haya establecido la democracia, un gobierno democrático al término de la Revolución, primero que todo, había una ausencia de clase media”.
Y en ese sentido, dice Garciadiego Dantan, no se puede establecer una democracia sin clase media, una condición que no es exclusiva de México, sino de todos los países que tiene una democracia.
“No se puede establecer una democracia sin una cultura política generalizada, y lo que hizo Porfirio Díaz en su gobierno fue generar un crecimiento económico, pero no generó un  crecimiento político, no hubo este progreso político, como sí lo hubo en otros sectores”, comenta.
De ahí que la democracia se recuperó en México, se volvió a convertir en un motivo, en un objetivo, en un deseo, hasta finales del Siglo XX. En principio, como lo apunta,  porque ya había una clase media y la hay hoy.
“Creo que la clase media ha preservado esta democracia, va a luchar por tenerla siempre, además ya había una cultura política mayor vinculada a la educación del Siglo XX, un mejor nivel educativo y acceso a la información.
“No podemos entender la democratización vía eso que llaman la derecha, PAN en el 2000, o PAN antes, en los gobiernos estatales del norte, pero tampoco podemos entender la democracia vía izquierda, 97 Ciudad de México y otras entidades posteriormente, sin el acceso a la información”, enfatiza.
En ese sentido, México creció mucho en acceso a la información, en libertad de expresión porque la irreverencia que hay en algunos programas de radio, “sería incomprensible en los hieráticos gobiernos del PRI de mediados del siglo XX”.

Contra todo autoritarismo
Para Javier Garciadiego Dantan, quien ingresó a El Colegio Nacional el 25 de febrero de 2016, durante buena parte del Siglo XX, los gobiernos procedentes de la Revolución Mexicana, llámese PNR, luego el Partido Cardenista PRM, luego el PRI, dieron más importancia a un cierto desarrollo social que a la democracia.
“Creo que deben ir juntas, debe haber un crecimiento económico, un crecimiento político, y un crecimiento cultural, si no establecemos estas carreras paralelas, el país no va a terminar de crecer.
“Si uno revisa desde la Revolución inglesa, vámonos al Siglo XVII, antes de la francesa, luego la norteamericana, la francesa, la rusa, la china, la mexicana, una condición que es clarísima, es que nunca se ha dado una revolución en un país democrático, todas han sido en un país autoritario”, comenta.
De ahí que, advierte el académico, “si queremos evitar que vuelva a haber una pérdida de un millón de habitantes, el mejor antídoto es tener un gobierno democrático, nunca ha habido una revolución en un gobierno democrático”.
“Cuba, las que sean, siempre es un gobierno autoritario, de distinto signo, pero autoritario, y también siempre las revoluciones se han dado en países donde la desigualdad es, digamos, el punto distintivo”.
Sin embargo, aclara, esto no quiere decir que todo gobierno o todo país donde hay un régimen de desigualdad vaya a generar una revolución, es una condición necesaria, más no suficiente.
“Hay que evitar eso, gobiernos autoritarios, y hay que tratar de remediar, pero urgentemente, creo que es el principal reto del Siglo XXI, acabar con la desigualdad de este país”, apunta.
Sobre el proceso actual, al que se le ha autodenominado “la cuarta transformación”, aludiendo en cierta medida a la Revolución Mexicana, Garciadiego Dantan expresa que los historiadores son escépticos ante este argumento.
“Porque los historiadores pensamos que siempre el proceso histórico está en vías de transformación, transformación quiere decir que hoy, el México del 2019, no es igual al México del 2017, para no ir más lejos, ni al del 2000.
“También sabemos que así como hay un elemento fundamental que define a la historia, que se llama cambio, transformación, vamos a suponer que son sinónimos, también hay otro elemento que se llama continuidad, la historia es una dialéctica, es una competencia entre continuidades y cambios, siempre hay continuidad y siempre hay cambios”, explica.
Además, “me queda muy claro que en todo proceso de transformación, la Independencia, la Reforma, la Revolución, es una perspectiva épica de la historia, también tiene costos sociales, toda transformación tiene costos sociales.
“Entonces, lo que quisiera es que la cuarta transformación se tratara de diseñar, de proyectar, hay que hacer estrategia, hay que hacer diagnóstico, hay que hacer propuestas, con el menor costo social posible”, finaliza. 

Carlos Reyes

Modificado por última vez enJueves, 31 Enero 2019 00:45
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