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El ingreso a la universidad: Por azar o por mérito Destacado

Muchos de los alumnos que cursan una licenciatura gracias al pase automático habrían reprobado el exámen de ingreso. Muchos de los alumnos que cursan una licenciatura gracias al pase automático habrían reprobado el exámen de ingreso. Especial

Nadie puede estar en desacuerdo en que todos los jóvenes mexicanos que deseen estudiar alguna carrera universitaria deben tener la oportunidad de hacerlo. Aunque esta premisa parece simple de plantear, como lo ha hecho el presidente de la nación, poder cumplir este anhelo representa un gran un desafío. Primero, porque las instituciones de educación superior no cuentan con los recursos ni con los espacios suficientes para aceptar a todos los estudiantes que desean ingresar a una carrera en particular. Por ejemplo, la UNAM acepta, en números redondos, a siete de cada 100 aspirantes. Algunas carreras, como Ingeniería en Mecatrónica, aceptan una proporción de alumnos mucho menor, debido a que los egresados de sus escuelas del Nivel Medio Superior que tienen pase automático saturan dichas carreras. Otras, como Medicina, están reguladas por la Secretaría de Salubridad, que define el número máximo de estudiantes por aceptar en cada institución educativa, de acuerdo con la capacidad que tengan los hospitales para recibir alumnos, pasantes y servicios sociales, donde los futuros médicos deben de realizar gran parte de su formación profesional.


Por ello, la gran mayoría de las instituciones de educación superior del mundo seleccionan a sus estudiantes con base en los resultados de exámenes de admisión, así como de otros instrumentos que se consideran pertinentes: encuestas, entrevistas, exámenes psicométricos y promedio de calificaciones. La premisa en la que se basan las instituciones para seleccionar a sus estudiantes, cuando hay necesidad de hacerlo (falta de cupo), es que quienes tienen mayor capacidad para aprender serán, por obvias razones, los que tendrán mayor probabilidad de tener éxito en sus estudios universitarios. Su capacidad para aprender se evidencia en los resultados de los procesos de admisión que, por lo general, evalúan las habilidades y conocimientos que los jóvenes debieron de haber adquirido a lo largo de la educación obligatoria.
No obstante que esta es la racionalidad con que operan la mayoría de las mejores universidades del mundo, hay otras que operan con una racionalidad distinta, que se limita a seleccionar a sus estudiantes a través de mecanismos aleatorios, en los que los afortunados ingresan a las instituciones, independientemente del nivel de competencias que tengan para estudiar en una universidad una carrera en particular. Este es el caso de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) que, por cierto, fue creada durante la administración de AMLO en el Distrito Federal.
Supongo que, bajo esta racionalidad, AMLO afirmó recientemente que los estudiantes no ingresan a las universidades porque “reprueben” los exámenes de admisión, sino porque las instituciones no les dan cabida. Si bien esta afirmación es cierta, debido a que los exámenes de ingreso no están diseñados para aprobar o reprobar a estudiantes, sino para identificar a los mejores prospectos, también es cierto que una gran cantidad de estudiantes ingresan a las instituciones educativas sin contar con los conocimientos y habilidades mínimos, que debieron adquirir durante los doce años de la educación obligatoria. Por ello, una gran cantidad de estudiantes reprueban y desertan durante los dos primeros años universitarios.
En un estudio reciente con estudiantes que ingresaron en 2010 al nivel de licenciatura de la UNAM (por medio de pase automático o de concurso ingreso), se reportó que la media de aciertos en el examen diagnóstico fue de 44.2 por ciento. Es decir, en una escala del 1 al 10, el promedio de alumnos esta reprobado con una calificación de 4.4 (y en el caso del CCH con una calificación de 3.9). En el 4º semestre de estudios universitarios, 7 por ciento de los estudiantes habían desertado, casi 20 por ciento se encontraban en rezago extremo o alto (debiendo una gran cantidad de materias) y solo 36 por ciento se consideraban regulares (que no debían materias). El estudio muestra que el desempeño de los estudiantes en sus cursos universitarios está altamente relacionado con los niveles de logro en las evaluaciones diagnósticas.
Por lo anterior, queda claro que AMLO tiene razón al afirmar que los estudiantes no reprueban los exámenes de admisión. Sin embargo, el presidente no tiene razón al suponer que todos los estudiantes poseen las habilidades escolares necesarias para cursar una carrera universitaria; la abrumante literatura sobre los bajos niveles que adquieren los estudiantes mexicanos indican todo lo contrario (ver reportes del INEE, OCDE y UNESCO). Por ello, es imposible que todos los jóvenes mexicanos que ingresen a una carrera universitaria por mecanismos aleatorios lleguen a concluirla. Este es el caso de la UACM, cuya eficiencia terminal es desastrosa. Lo anterior debe de analizarse para prevenir que las 100 universidades que el gobierno de AMLO está planeando crear sufran del mismo problema.

Redacción Campus

Modificado por última vez enMiércoles, 20 Febrero 2019 22:26
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