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Próximo modelo educativo no privilegiará evaluación ni mérito: Eduardo Backhoff Escudero Destacado

çPara  Backhoff Escudero, buscar  mayor igualdad en el acceso no justifica tomar medidas que parecen muy complejas de implementar. çPara Backhoff Escudero, buscar mayor igualdad en el acceso no justifica tomar medidas que parecen muy complejas de implementar. Salvador Medina

La cultura de la evaluación en el país enfrenta un retroceso que puede impactar de lleno en la calidad de la educación. La visión de este proceso que se quiere imponer este gobierno no es acorde con las mejoras del aprendizaje que se tienen que seguir implementando en el país.
La derogación de la reforma educativa, y por consiguiente, la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) deja sin herramientas confiables a las propias autoridades para delinear el camino más adecuado para hacer más eficiente el sistema educativo.


Para Eduardo Backhoff Escudero, ex consejero Presidente de la Junta de Gobierno del INEE, el terreno que se había ganado en materia de evaluación en el país durante las últimas dos décadas se encuentra en riesgo.
Aunque reconocer que la labor del INEE tiene ciertas deficiencias que pueden ser resueltas, considera como un exceso dar por concluida la labor realizada por el Instituto a lo largo de estos años.
Apunta que los datos generados por el INEE son una base fundamental para establecer estrategias de mejora en los distintos niveles educativos y en los propios actores de este sector.
En entrevista con Campus, sostiene que durante los últimos meses el INEE ha enfrentado una campaña mediática de linchamiento que lo ha responsabilizado de ciertas tareas en las que no tiene ni injerencia ni autoridad, como la asignación de plazas y la permanencia de los docentes.

Un precedente del sistema educativo
Para el investigador, especialista en el tema de la evaluación educativa desde hace varias décadas, el sistema educativo en México tuvo un antes y un después a partir de la creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).
“Porque es quien comienza a generar estadísticas y las da a conocer, anteriormente la Secretaría daba información, por supuesto generaba información, generaba sus propias estadísticas, sus propios indicadores.
“Pero, por ejemplo, en las evaluaciones internacionales, que se habían llevado anteriormente, nunca se dieron a conocer los resultados por temor a que la ciudadanía se escandalizara por los resultados tan magros y pobres que había tenido México, sobre todo en 1995, México participó, pero no se conoció esa información porque se retiró antes que se diera la información pública”, recuerda.
Y es a partir de esta experiencia, sostiene, que el INEE crea las bases para hacer una evaluación seria y profesional sobre el sistema educativo y comienza una etapa muy distinta en el tema de la evaluación escolar en el país.
“Junta a los mejores profesionistas de México, los forma porque no teníamos gente, y manda traer a personas especialistas de todo el mundo, a mí me tocó encabezar una parte que tiene que ver con la evaluación de los aprendizajes para capacitar a toda esa gente.
“Entonces, aprendimos a hacer muy rápido las cosas, lo mejor posible, dadas las circunstancias y generamos una institución, digamos como un INEGI, por poner una analogía, que ha generado, desde ese momento a la fecha, información que antes, aunque se tuviera, no se publicaba”, apunta.
Backhoff Escudero comenta que el INEE comenzó a generar mucho más información que la propia Secretaría de Educación Pública (SEP), y eso se terminó siendo un parteaguas.
“Se dio información que lleva a un círculo virtuoso, se genera información, se da a conocer, el público responde y el gobierno trata de hacer lo mejor posible para realizar mejor las cosas en el terreno educativo”, puntualiza.
Desde entonces a la fecha, la evaluación educativa ha avanzado de manera considerable, pero, advierte el impulsor, hace varios años del Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo (IIDE) en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), hay aspectos como la formación de especialistas en el tema que no han sido atendidos del todo.
“Cuando nace el Instituto, en 2002, a mí me toca encabezar la parte de evaluación de los aprendizajes, en México no existen programas de posgrado donde formes especialistas para evaluar los aprendizajes a gran escala, esto, en el sentido de evaluar a un país, a un estado o población”, subraya.
Precisa que hay muchas personas que saben evaluar a los estudiantes dentro del aula, pero eso dista mucho de los alcances que debe tener el proceso de evaluación de todo un país.
“Hay por ahí un doctorado en evaluación, y alguno que otro programa como una maestría, o incluso el que tiene la UNAM, pero es un programa muy limitado en términos del número de estudiantes que ha venido aceptando últimamente.
“Entonces, para las dimensiones, las necesidades del país para evaluar, no solo estudiantes, sino planes de estudio, instituciones, docentes, directivos, todos los componentes de un sistema educativo, estamos muy cortos. México no se ha puesto las pilas, y en esto tienen mucho que ver las universidades”, detalla.
Y es que, como lo aclara el ex consejero Presidente de la Junta de Gobierno del INEE, las instituciones de educación superior no han respondido a esta necesidad del país.

El cambio de vía
En medio de este escenario, con la llegada del nuevo gobierno, Backhoff Escudero puntualiza que hay un cambio en la cultura de la evaluación muy importante.
Se trata, precisa, de una visión muy distinta respecto a lo que tiene que ser la evaluación en la educación con respecto a la reforma educativa.
Incluso, refiere, no se sabe muy bien en qué términos se va a considerar e implementar el concepto de evaluación.
“Y me estoy refiriendo, específicamente, a la evaluación de los docentes, pero tampoco me queda claro qué se va a conservar de la evaluación de los estudiantes y de las instituciones.
“El Instituto tuvo, la sigue teniendo mientras no se concrete el cambio constitucional, de evaluar todos los componentes, procesos y resultados del sistema educativo nacional, es decir, todo, absolutamente, todo, planes de estudio, libros de texto, directores, escuelas, resultados de aprendizaje, docentes, etcétera”, explica.
Sin embargo, considera, el INEE ha sido objetivo de críticas y se le ha querido responsabilizar de la reforma educativa de 2013 y de evaluar a los docentes a partir de estos preceptos constitucionales.
“Al Instituto se le ha querido encapsular en una evaluación dirigida solo a los docentes, sobre todo, aquella que estaba relacionada con los estímulos salariales y con la permanencia.
“Pero, de hecho, no es su responsabilidad la evaluación de los docentes, la responsabilidad es acompañar a la Secretaría de Educación Pública para que hiciera mejor su trabajo”, detalla.
Por ello, asume el investigador, con la venida del nuevo gobierno y la cuarta transformación, que está frenando la evaluación en muchos de los sentidos, no habrá muchos incentivos para fomentar la formación de personas especializadas en el tema.
“En principio, van a desaparecer el Instituto como lo conocemos y lo piensan transformar en un instituto que le llaman de revaloración y formación del magisterio; es decir, le quitan la palabra evaluación y se la cambian, por lo que será un instituto cuyo principal objetivo no va a ser evaluar los resultados del sistema educativo nacional”, lamenta.
Se trata, advierte, de indicadores fundamentales para delinear las políticas públicas de manera documentada y con una visión de mediano y largo plazo.
“Lo van a transformar en un instituto que va a formar a los profesores, lo cual no está mal, pero le van a quitar la fuerza a la evaluación; imaginemos que ese mismo proceso se aplique al INEGI o al Coneval, que les quitan la función de evaluar las políticas públicas y le dan un carácter solo formativo”, señala.
De este modo, apunta Backhoff Escudero, el INEE pierde la fuerza de ofrecer indicadores necesarios y suficientes para implementar las políticas educativas de una mejor manera.

Viraje drástico
Sobre la derogación de la reforma educativa y los cambios en el sector que se han comenzado a perfilar, y muchos de los cuales se derivarán de las reformas constitucionales, el Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C, apunta que no se sabe a ciencia cierta cuál es la intención real que se vislumbra.
“No puedo decirte cuál es el afán de ellos porque no estoy en sus pies y no conozco toda su racionalidad, pero desde afuera, desde lo que yo conozco, creo que esta intención de cambiar a la institución es porque tienen un modelo distinto de la educación.
“Se trata de un modelo en donde la evaluación no tiene gran importancia, donde la generación de información para la toma de decisiones no va por ahí, entonces, en cuanto ellos den a conocer cuál es el nuevo programa, sabremos hacia dónde apunta”, precisa.
Sin embargo, agrega, desde ahora se percibe que se trata de un modelo distinto, que se inclina más por la defensa de los profesores adscritos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
“Es una promesa de campaña que se va a cumplir, de una forma u otra, pero no me queda claro por qué lo van a cambiar, en educación no hay nada nuevo bajo el sol, hay cerca de 200 países en el mundo, y si hubiera algo extraordinario, que cambiara de la noche a la mañana todo un sistema educativo, ya lo hubiera implementado cualquier otro país que no tuviera las complicaciones de nosotros.
“Me encantaría, primero, escuchar cuál es la propuesta y seguro después evaluarla, aunque duda que se vaya a poder porque van a quitar al Instituto, quien sería la institución más adecuada para hacerlo”, señala.
Esta dinámica, apunta, se enmarca también en la lógica y en el discurso de ciertos sectores que apuntan y defienden la eliminación del examen de admisión a las universidades públicas.
“Este es otro indicador de la forma en como ellos ven a la educación, a mi entender, eso no lo van a poder hacer con las universidades ya instaladas, piensan que en la UNAM, por ejemplo, ingresan siete de cada 100 estudiantes, imaginemos qué sistema va a sustituir a un proceso de admisión o de selección con base en el mérito”, cuestiona.
Backhoff Escudero considera que su razonamiento, en el sentido de buscar una mayor igualdad en el acceso no justifica tomar medidas que, a simple vista, parecen muy complejas de implementar.
“Ellos si lo pudieron hacer en una universidad nueva, que es la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), en donde entra un sector de la población muy desfavorecida, con pocas credenciales académicas y entran por sorteo; es decir, también ellos seleccionan.
“No hay manera que ellos puedan meter a todos en una sola universidad, entonces, tiene que haber un mecanismo de selección, antes el mecanismo era llegar primero a la fila, o el que tenía más contactos o forma de pagar, pero después llegaron los exámenes, lo que me parece una fortuna porque es lo que hace cualquier país serio y fuerte”, comenta.

Replicar la desigualdad
Ahora, añade el investigador, las nuevas autoridades educativas tienen la intención que en las llamadas 100 universidades se replique el mismo modelo de ingreso que ha prevalecido en la UACM desde su creación.
“¿Por qué hacen eso? Eso sí es importante saberlo porque está muy claro que los mejores estudiantes, los que sacan mejores calificaciones en los exámenes de admisión, son los que se formaron en las mejores escuelas y que han sido más privilegiados en la vida, esto es un círculo vicioso”, apunta.
Afuera de este sector, explica Backhoff Escudero, quedan los jóvenes provenientes de los sectores más desprotegidos, los indígenas, de las zonas rurales, y eso les complica competir con quienes sí tuvieron el privilegio de estar en las mejores instituciones.
Y aunque haya quien diga que vale la pena este procedimiento porque ofrecen educación a todos, precisa, el mercado laboral no podrá contratar a los egresados de esas nuevas ofertas educativas que va a impulsar el nuevo gobierno.  


Entre visiones distintas
Eduardo Backhoff Escudero recuerda que la historia del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) ha estado marcada por resistencias y pugnas por dotarlo de un mayor grado de autonomía o, en su defecto, delimitar su operación y sujetarlo más a los designios de la autoridad en turno.
“Haciendo un recuento muy rápido, hay que recordar que en 2002 se creó por Decreto Presidencial el Instituto, y tuvo una autonomía técnica, que es a donde se quiere regresar.
“La autonomía técnica quiere decir que tú dependes, en este caso, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), así se trabajó hasta 2012 cuando vino un cambio durante el sexenio de Felipe Calderón”, comenta.
“Específicamente”, agrega, “cuando estaba la Secretaría de Educación, Josefina Vázquez Mota, quien hizo un cambio, porque finalmente lo pudo lograr, cambió de director general, aunque no quedó la persona que ella impulsaba”.
Entonces, relata, “precisamente al final del sexenio de Calderón, se le da mayor fuerza al Instituto desconcentrándolo, “posiblemente previendo que en el siguiente sexenio no le cortaran las alas a lo que había hecho, las razones no las sé, pero los resultados están ahí”.
Se reestructuró al Instituto como un órgano desconcentrado, lo cual le dio “un poquito más de independencia de la SEP porque había habido una tensión entre el gobierno, la SEP, y en este caso el Instituto que genera información, y esa información es la que sirve para rendir cuentas, y esta, muchas veces no es bienvenida entre los funcionarios públicos”.
El especialista en evaluación educativa comenta que fue para 2013 cuando se le dio la autonomía constitucional, es decir, que no dependiera financieramente ni jerárquicamente de la SEP, lo cual le dio una gran fuerza al Instituto.
“Ahora, el gran cambio que van a hacer las nuevas autoridades, o al menos ese es el plan, es regresarlo a su primera versión y probablemente un poquito más”, lamenta el hoy Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C.
La cultura de la evaluación en el país enfrenta un retroceso que puede impactar de lleno en la calidad de la educación. La visión de este proceso que se quiere imponer este gobierno no es acorde con las mejoras del aprendizaje que se tienen que seguir implementando en el país.
La derogación de la reforma educativa, y por consiguiente, la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) deja sin herramientas confiables a las propias autoridades para delinear el camino más adecuado para hacer más eficiente el sistema educativo.
Para Eduardo Backhoff Escudero, ex consejero Presidente de la Junta de Gobierno del INEE, el terreno que se había ganado en materia de evaluación en el país durante las últimas dos décadas se encuentra en riesgo.
Aunque reconocer que la labor del INEE tiene ciertas deficiencias que pueden ser resueltas, considera como un exceso dar por concluida la labor realizada por el Instituto a lo largo de estos años.
Apunta que los datos generados por el INEE son una base fundamental para establecer estrategias de mejora en los distintos niveles educativos y en los propios actores de este sector.


Hoja de ruta

Nombre:
Eduardo Backhoff Escudero
Cargo:
Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C
Experiencia:
En 2017  fue designado consejero presidente de la Junta de Gobierno del INEE
Trayectoria:
Ha desarrollado evaluaciones para diagnosticar problemas de aprendizaje en educación básica.

Carlos Reyes

Modificado por última vez enMiércoles, 27 Febrero 2019 23:27
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