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La educación superior requiere un pacto nacional para garantizarle recursos suficientes: Rodolfo Tuirán Gutiérrez Destacado

Para Tuirán Gutiérrez es necesario un acuerdo que permita hacer viable la obligatoriedad de este nivel   educativo. Para Tuirán Gutiérrez es necesario un acuerdo que permita hacer viable la obligatoriedad de este nivel educativo. Especial

La idea de concretar la obligatoriedad de la educación superior es, en teoría, una buena estrategia para mejorar la cobertura en este nivel educativo y alcanzar una mayor equidad.
Sin embargo, como lo advierte Rodolfo Tuirán Gutiérrez, ex subsecretario de Educación Superior, esta tarea requiere una inversión enorme que, por lo pronto parece incosteable.


El ex funcionario plantea que una decisión de esa envergadura implica invertir de manera sostenida y creciente en las instituciones de educación superior públicas del país.
Además, como ocurrió con la educación media superior, un proceso similar, el compromiso de las autoridades educativas tiene que garantizar al mismo tiempo un incremento sostenido en la cobertura.
En entrevista con Campus, apunta que la obligatoriedad requiere también de un compromiso mucho mayor de parte del sector privado y otros actores que interactúan en este sector.
Explica que la obligatoriedad no resuelve por sí mismo el asunto de la permanencia,  la eficiencia terminal o la pertinencia de los actuales  programas educativos que agudizan el desempleo de miles de jóvenes egresados.
Y es que, como ocurrió con el bachillerato, recuerda el también ex Subsecretario de Educación Media Superior, los programas de becas y las estrategias para mejorar y agilizar el modelo educativo en el sector, no impactaron lo suficiente.
Esta estrategia no pudo reducir, por citar un ejemplo, las tasas de abandono escolar, que siguen siendo uno de los desafíos más importantes que enfrentan las nuevas autoridades educativas.

A velocidad lenta
La importancia de la iniciativa de obligatoriedad y gratuidad de la educación superior, radica en el momento histórico en el que se encuentra el país, en el cual tiene que decidir entre mantener la misma dinámica o apresurar el paso.
Para Rodolfo Tuirán Gutiérrez, quien recibió en 2004 el Premio Nacional de Demografía, ésta es una discusión de la mayor trascendencia porque están en juego la vida y el futuro de muchos jóvenes.
“Hasta ahora el país ha sido capaz de avanzar, pero lo ha hecho con un ritmo que no necesariamente es acorde a las necesidades y expectativas de los jóvenes, ni tampoco es acorde con las necesidades del desarrollo del país, ni de la movilidad social”, reconoce.
En ese sentido, explica, se ha crecido de manera mucho más rápida en los últimos 12 años, pero no es una velocidad suficiente con la que México deba sentirse conforme.
“Si lo vemos sólo a nivel regional, Chile ya tiene una cobertura de más de 90 por ciento, Argentina tiene una cobertura de más de 85 por ciento, Brasil anda en el orden de 48 por ciento y otras países han avanzado de manera significativa y la pregunta de fondo es por qué no hemos logrado avanzar después de la década perdida de los 80’.
“¿Por qué no hemos avanzado si todos estamos de acuerdo en que la educación superior es una prioridad nacional? no hemos tenido los recursos suficientes para darle impulso al sector, y la razón de fondo es que no hemos tenido acceso a los recursos que si bien, en el imaginario se presenta como prioridad, no ha habido un pacto nacional que le asegure a la educación superior los fondos que requiere”, señala el ex subsecretario.
Apunta que los recursos deben ser asignados a las instituciones de enseñanza superior de manera sistemática y permanente, para avanzar de manera más rápida en cobertura, calidad, pertinencia y equidad.

Antecedentes inconclusos
En ese sentido, detalla Tuirán Gutiérrez, quien es Sociólogo por la Universidad de Austin, en Texas, la iniciativa de obligatoriedad y gratuidad de la educación superior apunta hacia esa dirección.
Sin embargo, como ha ocurrido con los proyectos de obligatoriedad en niveles educativos previos, como el caso de la educación preescolar y media superior, nunca han estado acompañados de los recursos necesarios para cumplir en tiempo y forma con los términos de gradualidad con los que normalmente se definen.
“Entonces, es claro que estamos en una coyuntura en donde necesitamos definir un plan, un proyecto nacional que construya el consenso que se requiere para impulsar las normas necesarias y adecuadas, es decir, cómo hacer viable esa obligatoriedad”, plantea.
Añade que se deben garantizar los recursos en un plazo razonable, y éste debe estar vinculado a lo que ocurra con la obligatoriedad de la educación media superior en los siguientes años.
“En ese marco, necesitamos apresurar el paso, suponiendo que somos capaces de definir un proyecto real, en este sentido, un pacto nacional que acerque los recursos que se requieren, tendríamos que atender prioridades a corto plazo, necesitamos definir un proyecto que en poco tiempo  le dé a la cobertura un incremento significativo”, detalla.
De lo que se trata, puntualiza Tuirán Gutiérrez, es de garantizar un proyecto que implique crecimiento con calidad, para lo cual debe tomarse muy en cuenta lo planteado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies), la cual plantea llegar a 50 por ciento de cobertura en 2024 y a 60 por ciento en 2030.
“Significaría lograr 10 puntos de cobertura en dos administraciones, que es un poco mayor que la cobertura lograda en las dos administraciones anteriores, la pregunta es si esto es suficiente, a mí me parece que tenemos que ser mucho más ambiciosos.
“Y más cuando se presenta un proyecto de obligatoriedad, y más cuando un gobierno plantea la necesidad de que todos los jóvenes puedan tener acceso a la educación superior”, sostiene.
Para Tuirán Gutiérrez, el porcentaje que cuando menos tendría que alcanzarse en 2030 es de 70 por ciento de cobertura, lo cual representa el doble o más del doble de lo alcanzado en las dos administraciones anteriores.
“Y eso implicaría pasar de un incremento de 130 mil estudiantes a uno de 245 mil aproximadamente, esto es muy importante porque da cuenta del reto, del desafío que es aumentar la cobertura, porque no es solo aumentarla.
“Una dinámica de esta índole significa que las instituciones deben robustecerse, mayor capacidad para absorber la enorme presión que representan estos números, y exige otras transformaciones de máxima relevancia”, señala.
La viabilidad primero
En torno a este escenario, el ex subsecretario de Educación Superior considera que es viable debido a que en otros países se ha logrado un incremento de esa envergadura, como ocurrió en Chile, donde se logró un aumento en la cobertura universitaria de 30 por ciento en tan solo 10 años.
“Ejemplos internacionales los tenemos, de que es posible, con una sociedad que se lo propone, y brindarle a los jóvenes las oportunidades educativas que requieren.
“Insisto, lo que hay que trabajar de manera muy puntual es cuáles son los acuerdos nacionales, qué sectores deben participar y cómo, para lograr un acuerdo que, eventualmente, se traduzca en el flujo de recursos necesarios, requeridos por las instituciones de educación superior para hacer posible esta transformación”, apunta.
Para ello, añade el ex subsecretario, se requiere el concurso no solo de las instituciones de educación superior públicas, sino también de las privadas.
“Entonces, aumentar la cobertura no implica solo invertir de manera desordenada en el territorio nacional, sino que implica poner atención sobre todo en aquellas entidades en desventaja, con mayor rezago, y así se deja ver, al menos, en las primeras definiciones de cómo se distribuirían las 100 universidades en el proyecto de este gobierno”, asume.
En este modelo, insiste Tuirán Gutiérrez, quien también estuvo al frente de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Ordenación del Territorio de la Secretaría de Desarrollo Social, no se trata solamente de retener a los jóvenes durante tres, cuatro o cinco años.
“Se trata que al egreso tengan las competencias y las habilidades necesarias para ser exitosos, y las oportunidades laborales que se requieren, la situación hoy plantea tendencias muy preocupantes”, señala.
Y es que, como lo precisa, cuando se plantea incrementar la cobertura, eso tiene como consecuencia que los flujos de egreso de la educación superior aumenten considerablemente ejerciendo presión sobre los mercados laborales.
“Y eventualmente, si no se impulsan las acciones estratégicas para contrarrestarlo, las tendencias en los mercados laborales serán más preocupantes; no basta con más educación y más años de escolaridad.
“Se hace necesario redefinir los enfoques con los que hemos venido trabajando y enfatizar la articulación entre la oferta  y demanda de habilidades para hacer más pertinente la educación superior, si queremos tener éxito en este renglón, tiene que poner énfasis en aquellas habilidades que son demandadas en los mercados laborales”, apunta.
A final de cuentas, expresa, un proyecto que se plantee un incremento de cobertura, necesariamente debe estar llevado de la mano por una mayor equidad, mayor presencia en los grupos en desventaja, mayor calidad, equidad y pertinencia.
“Y uno de los retos es garantizar que tengamos los mecanismos adecuados para que la formación sea la adecuada, son retos verdaderamente significativos y en los cuales se deberá poner particular atención”, comenta.

Reconocer los avances
Para Rodolfo Tuirán Gutiérrez, ex Subsecretario de Educación Superior durante la gestión 2006-2012, en los próximos años, con toda seguridad, seguirá aumentando la tasa de cobertura en la educación media superior, lo cual ejercerá una presión muy fuerte sobre la educación superior.
Este fenómeno, evidentemente, tiene que ser atendido en los próximos años, aunque, como ocurre con el terreno de la educación, siempre es una tarea inacabada en la que se ha avanzado, a pesar de las limitaciones, en los últimos 20 o 30 años.
“Sentando bases sobre las que los siguientes gobiernos se han ido montando para ir escalando e introducir mejoras en el sector educativo, la tarea está ahí, es clara, muchos de los desafíos pendientes siguen ahí, pero eso no implica que no se hayan realizado avances importantes, eso es muy claro”, comenta.
En ese sentido, detalla, el país es muy complejo y hay enormes desigualdades que atacar y enfrentar, así como insuficiencias en el desarrollo educativo.
“Pero esa es la tarea que cada gobierno enfrenta, hereda muchos problemas y trata de hacer lo adecuado para ir avanzando, y ese es el gran desafío de los programas sectoriales, reconocer dónde estamos y, eventualmente, establecer las bases apropiadas para seguir avanzando en la tarea”, apunta.
Y es que como lo plantea, quien fuera también Secretario General del Consejo Nacional de Población (CONAPO), los avances en el sector educativo no son muy rápidos, pero sí hay que reconocerlos y tener la posibilidad y claridad de diseñar un programa con las estrategias adecuadas.
“Creo que en este renglón todos estamos interesados en que el país avance y, en ese sentido, más allá de ideologías y principios, el ámbito educativo es una tarea de Estado, no necesariamente de gobierno, y esa es una distinción importante”, finaliza.


La obligatoriedad del bachillerato
Para el también ex subsecretario de Educación Media Superior, el proceso para lograr la obligatoriedad de este nivel educativo fue una coyuntura que obligó a las autoridades educativas a redoblar esfuerzos.
 “Y eventualmente avanzar en la disminución de las tasa de deserción, de la elevación de la permanencia y, por supuesto, del egreso, que son aspectos de enorme trascendencia”, recuerda.
Y es que, explica, la tasa de cobertura, al principio de la administración anterior, era de 65.9 por ciento y terminó con más de 85 por ciento de cobertura.
Sin embargo, apunta, el problema mayúsculo de la educación media superior son las tasas de abandono escolar, que son las más altas de cualquiera de los niveles educativos.
“La tasa de abandono, cuando entramos, era del orden de 15 por ciento, lo que implicaba que más de 650 mil jóvenes abandonaran la escuela, lo es una cifra verdaderamente escandalosa y difícil de aceptar, y lo más importante es que, derivado de esas tasas de abandono, se muestra justamente la importancia de atacar el problema”, argumenta Tuirán Gutiérrez.
Para ello, comenta, se requiere definir estrategias claras al respecto, por lo cual ensayaron varias que, al final, no fueron lo suficientemente efectivas.
“Todavía la tasa de abandono, al final de la administración, era del orden de 13 por ciento, ese es un tema, desde mi punto de vista, central, al que el gobierno en turno deberá definir la manera en la cual aborde el problema.
“Tiene de punto de partida una ventaja, que es esta definición de impulsar un programa de becas lo suficientemente robusto, pero no es suficiente”, advierte.
Señala que requiere una “gama amplia de intervenciones que ponga atención en aspectos que tienen que ver con la organización de la escuela.
“Porque hay muchos factores que fomentan el abandono escolar están en la propia escuela, que llevan a los estudiantes, por falta de interés, a abandonar la escuela, creo que es el principal desafío en los próximos años”, apunta.

Carlos Reyes

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