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Autonomía universitaria, defensa frente a un Estado poderoso Entrevista con Fernando Serrano Migallón Destacado

El académico considera que los universitarios deben de ser  partidarios acérrimos del gobierno independiente de sus casas de estudio. El académico considera que los universitarios deben de ser partidarios acérrimos del gobierno independiente de sus casas de estudio. Especial

La autonomía universitaria es la mejor herramienta que puede tener la sociedad frente a un Estado cuyo poder es ilimitado.
Las instituciones de educación superior del país tienen, en esta libertad de autodeterminación,  una posibilidad inmejorable de blindarse ante la injerencia que puede tener la clase política.


Se trata de un espacio, dice Fernando Serrano Migallón, ex subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que debe ser preservado sin cuestionamientos ni condicionamientos.
Explica que la autonomía universitaria no es objeto de negociaciones ni moneda de cambio para recibir privilegios de grupos de poder o empresariales que intentan incidir en el devenir académico de las instituciones de educación superior.
En entrevista con Campus, el exdirector de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM), sostiene que las casas de estudio no deben perder esa libertad que les permite decidir el mejor camino para acercarse a la verdad.
Plantea que cualquier intento por presionar a las universidades públicas del país para tomar decisiones que no son acordes a su propia planeación y gestión, es inadmisible.
 
Defender la libertad
Para Fernando Serrano Migallón, académico de número de la Academia Mexicana de la Lengua, los universitarios deben ser, siempre, partidarios y defensores acérrimos de la autonomía universitaria.
Recuerda que esta figura, tan fundamental en la construcción de la universidad pública del país, surgió en México con la Constitución de 1917.
“Tenemos dos universidades autónomas de origen, la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), que no se le hizo mucho ruido porque pasó como una cosa administrativa; pero la UNAM, cuando surge, no es autónoma, sino hasta 1929, después del movimiento que nació en Argentina”, comenta.
Señala que la autonomía surge como una defensa de las instituciones de educación superior frente a la injerencia del Estado, lo cual le da una importancia que no ha mermado a lo largo de los años.
“Un Estado poderoso frente a una universidad débil, no autónoma, puede determinar el tipo de estudios, la orientación de los estudios, y la orientación de las conclusiones a las que se lleguen, la forma en que se dan las clases y el contenido de las clases, y eso es inadmisible”, advierte Serrano Migallón.
Y es que, como lo considera el ex subsecretario de Educación Superior, las universidades tienen la libertad de elección gracias a la autonomía, lo que les permite alejarse de cualquier imposición.
“Nosotros tenemos que irnos acercando paulatinamente a la verdad, que nunca vamos a lograr, pero vamos dando pasos para acercarnos, tiene que ser con una libertad absoluta de libre albedrío para elegir los caminos y la forma de llegar”, reflexiona.
“Hay una frase de Manuel Azaña respecto a la libertad, él dice que la libertad no hace felices a los hombres, los hace simplemente hombres, y lo mismo pasa con la autonomía, la autonomía no hace buena a la universidad, pero simplemente la hace universidad, sin autonomía”, puntualiza.
A decir de Serrano Migallón, quien es Doctor en Historia por la UNAM, las universidades encuentran su razón de ser en la autonomía, por lo cual pensarlas sin esta condición, es quitarles de encima mucha de la envergadura que las ha consolidado como espacios de reflexión y pluralidad.
“Podrá tener un centro de capacitación, un centro de investigación científica con una finalidad específica, podrá tener un centro de capacitación de cuadros políticos, administrativos, pero no una universidad”, comenta.

Contra los espacios de poder
En ese sentido, plantea Serrano Migallón, las universidades han enfrentado a ciertos actores y sectores que han intentado incidir en su vida académica a lo largo de varios años.
Sin embargo, en medio de un contexto de globalización y de apertura de los mercados a nivel nacional e internacional, se ha enfrentado recientemente a otros riesgos que ponen en juego su autonomía.
“El peligro es, con el crecimiento que ha tenido la economía,  sobre todo, es que la autonomía ya no solo se debe defender frente al Estado, lo cual sigue siendo muy importante, sino a grupos de poder.
“Grupos económicos de poder que, no de manera violenta porque no ejercen la violencia, pero sí con dádivas, con contratos, con donaciones a las universidades, van orientando los estudios y la forma de hacerlo”, argumenta.
Por eso, señala Serrano Migallón, quien ha sido miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de México, las universidades deben mantenerse alertas ante los nuevos factores que amenazan, sin cortapisas, su autogestión y su libre autodeterminación para regular su vida académica.
“Las universidades deben estar muy atentas a mantener su autonomía frente al Estado, a los sindicatos, a los centros de poder, a los grupos políticos, un problema que siempre han tenido las universidades”, dice.
Desde esa perspectiva, considera que la política de austeridad y las recomendaciones hechas por el nuevo gobierno para un ejercicio del gasto apegado a sus ejes rectores, no vulneran la autonomía universitaria.
El problema radica, explica, cuando estas sugerencias y esta forma de ejercer el gasto se vuelven parte de un condicionamiento para forzar o presionar a las instituciones de educación superior.
“Si es te doy esto, te quito esto, a cambio de que hagas, entonces sí, evidentemente, afecta la autonomía. Hasta ahora, tengo entendido, solo se ha aplicado en el área administrativa, no en el área académica, habría que verlo con cuidado”, expresa.
Sobre los señalamientos que advierten que las universidades públicas gastan recursos públicos sin contemplaciones y sin someterse a cierto rigor fiscal, Serrano Migallón puntualiza que la universidad es injustamente interpretada.
“La UNAM tiene las funciones que le da la ley, que es, desde luego, transmitir el conocimiento, hacer que los beneficios de la cultura lleguen a la población, eso lo hace muy bien, luego hay otra función que no está expresamente delineada, que es la formación integral del individuo, eso ocurre solo en una universidad pública, en una universidad autónoma como la nuestra.
“Pero a la universidad se le ha encargado, históricamente, una serie de cargas económicas muy onerosas, lo que el Doctor Sarukhán llamaba la universidad histórica, Minería, San Ildefonso, Medicina, Jurisprudencia, son edificios que mantener cuesta muchísimo dinero, el Centro Cultural Universitario cuesta muchísimo dinero”, argumenta.
Por ello, los cálculos, en la mayor parte de las ocasiones, tienden a ser injustos porque no consideran este tipo de gastos que tiene que erogar las instituciones de educación superior del país.
“Si usted dice, en la UNAM hay 100 mil alumnos y dividimos los recursos entre ese número, nos sale más barato enviarlos a otra universidad, pero ahí no está reflejado todo este costo que tiene este bagaje que le ha dado el Estado a la Universidad.
“El mantener la Biblioteca Nacional, la Hemeroteca Nacional, mantener el acervo histórico, eso cuesta muchísimo dinero, y eso no se puede prorratear en el costo por alumno”, comenta.

El equilibrio de la calidad
Al hablar de los planteamientos del nuevo gobierno para incrementar de manera considerable la cobertura en educación superior, Serrano Migallón externa sus dudas.
“Crecer en cobertura en educación superior es muy difícil, no se trata solamente que los alumnos tengan la capacidad, sino de capacitar a los profesores y tener los recursos suficientes, tres factores que hay que coordinar y que no es fácil.
“Sí tiene México una oferta en educación superior más rica que cualquier país en el mundo, tenemos 12 o 15 tipos de instituciones de educación superior, universidades autónomas, estatales, privadas, institutos politécnicos, tecnológicos, universidades tecnológicas, normales rurales, urbanas”, dice.
A final de cuentas, agrega, es una gama muy grande y cada una responde a unas características especiales porque surgieron en unas circunstancias particulares cada una de ellas.
Lo que no debe descuidarse es que frente a un incremento en la cobertura, o una obligatoriedad de la educación superior que obliga a abrir espacios para miles de jóvenes, la calidad debe ser un elemento innegociable.
“Hay que tener un equilibrio, si nos vamos solamente por la cantidad, la calidad tiene que bajar, y si nos vamos solamente por la calidad, la cantidad tiene que reducirse, creo que aquí hay que tener un equilibrio entre quienes tienen capacidad de acceder a la educación superior, y quienes tienen la capacidad de obtener el título universitario”, comenta.
Sabe que abrir las puertas de las universidades públicas de manera indiscriminada implica una serie de riesgos que terminarían, a la larga, por perjudicar el funcionamiento y la operación de estas casas de estudio.
“Abrir las puertas de la universidad y dar títulos, eso sería muy fácil, pero eso a la larga perjudicaría no solo a los que se les da el diploma sin merecerlo, porque no podrían ejercer la profesión de manera adecuada, sino en la salud académica y a la salud intelectual del país”, enfatiza.
Plantea Serrano Migallón, quien fue también Abogado General de la UNAM, en este contexto hay dos visiones que sostienen puntos de vista completamente distintos y que dejan muchas dudas al final de camino.
“Hay quien dice que admitir alumnos en una institución de educación superior, sabiendo que no van a poder finalizar sus estudios, porque no tienen la capacidad, es crear un hombre, una mujer frustrada porque no va a poder obtener una ilusión en su vida.
“Y hay quienes, por el contrario, argumentan que muchos alumnos son los primeros miembros de una familia que llegan a la educación superior, estamos hablando de gente para la que la educación superior sí es un ideal”, comenta.
Y bajo ese esquema, agrega, por lo menos estos jóvenes, si llegan a una institución de educación superior, aunque no puedan lograr su objetivo, el haber estado ya en una institución de educación superior, les permite transmitir a sus hijos y a su medio, la importancia que tiene la educación superior.
“Y ya serán sus hijos, o sus nietos, los que podrán tener la capacidad y tendrán no solamente un ideal, sino tendrán una serie de actitudes tendientes a lograrlo”, señala.

No todo es gratuidad
A decir de Serrano Migallón, es muy importante que los alumnos no dejen de estudiar por falta de recursos económicos, porque eso un acto verdaderamente de injusticia social que no se puede permitir.
No obstante, hay muchos otros factores que inciden en el abandono o la permanencia de los jóvenes en el sistema de educación superior.
“En el Colegio de México se hizo una vez un estudio sobre cuáles eran los elementos que hacían o que permitían que los alumnos que llegaban al Colegio de México pudieran llegar.
“Se analizaron el modelo educativo en el que se formaron, las escuelas de las que venían, la mayor parte eran de las escuelas o institutos que podemos llamar extranjeros, hay otros a los que el nivel socioeconómico les permite tener acceso a satisfactores intelectuales que otros no tienen, también eso es muy importante, evidentemente”, detalla el ex subsecretario.
Pero lo más curioso, dice, era que el elemento que existía en todos los alumnos era, primero, que la madre fuera profesionista, no el padre, lo cual nos demuestra  la importancia que tiene la mujer en la familia.
“El segundo factor es que haya libros en casa, lo que sí creo es que hay que luchar para fomentar la lectura, el gusto por los libros, por satisfacer esa posibilidad de viajar, de vivir a través de los libros”, enfatiza.
Y es que, a final de cuentas, en la educación superior nunca se puede cobrar a lo que cuesta, sobre todo en carreras científicas y técnicas que tienen un gran costo.
“Ahí tampoco tengo una idea clara de si darlo gratuitamente le quita importancia o por el contrario le ayuda a poder llegar, o si le cobra, aunque sea poco, y se da cuenta del esfuerzo que hace el Estado, y que tiene que cuidar su participación.
“He oído también a pedagogos, en un sentido y en otro, y ahí tengo una interrogante muy grande porque de las instituciones de educación superior del Gobierno, la mayoría son gratuitas, o lo que se paga es mínimo, por eso, no creo que eso sea un elemento que afecte realmente a las posibilidades de acceder a la educación superior”, asume.  


El beneficio de la duda
Para Serrano Migallón, es muy difícil dar un balance abierto y completo de la política educativa que va a implementar el nuevo gobierno porque las iniciativas son muy amplias, muy complicadas, con muchas facetas, que hay que analizar con muchísimo detalle.
“Hay cosas en las que uno evidentemente está de acuer-
do, los pobres primero, estoy de acuerdo, el subir la cali-
dad de la educación, estamos de acuerdo, la forma de hacerlo, es lo que muchas veces todavía no se percibe, pero lo que tenemos todos es un deseo ferviente de que todo salga bien”, dice.
En suma, comenta, la educación ha sido el único proyecto de Estado que ha tenido México por lo menos en siglo y medio, el cual ha sido proyecto consistente que todos los gobiernos, de un tipo o de otro, de una ideología o de otra, con una manera de gobernar diferente de un presidente a otro, mantienen la importancia en la educación.
“Creo que la importancia que se le da a la educación sigue siendo evidente, lo que sí esperamos es que esa importancia que se le quiere dar pueda cuajar en frutos evidentes y a corto plazo.
Y es que la educación tiene muchos problemas o circunstancias, en las que intervienen muchos factores, no solo son los profesores, sino los padres de familia, los niños, la organización magisterial, las escuelas.
“Para tener los frutos de una educación de primer nivel, si hablamos de enseñanza básica, tarda unos 25 años, en educación superior también tarda muchísimos años, la universidad por eso es una institución muy complicada, por todas las circunstancias políticas, sociales, y académicas que se dan en un centro de educación”, finaliza.

Carlos Reyes

Modificado por última vez enViernes, 12 Abril 2019 04:06
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