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Eduardo Matos Moctezuma: La antropología permite a la sociedad el conocimiento de sí misma Destacado

Eduardo Matos Moctezuma es uno de los arqueólogos y antropólogos más destacados del país. Su trabajo al frente de la zona del Templo Mayor, el cual comenzó en 1978, es una de sus cartas más fuertes a nivel nacional e internacional.
Desde entonces su trabajo al frente de ese proyecto ha permitido indagar y difundir información sobre el que, explica, era el centro del universo para la cultura mexica y una de las principales ciudades prehispánicas.
Nacido en 1940, Matos Moctezuma es Maestro en Ciencias Antropológicas con especialidad en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Ha ocupado diversos cargos dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia: Director de Monumentos Prehispánicos; Director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y Presidente del Consejo de Arqueología.
También ha sido Director del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y Director del Museo Nacional de Antropología. Toda una vida dentro de esta rama de la ciencia que tiene una fundamental importancia para la sociedad.
Como lo resume el propio investigador, la principal aportación de la antropología, es que permite conocer al hombre en su pasado, en su presente y todo su proceso de desarrollo. El conocimiento de nosotros mismos.
Por eso deben valorar más sus aportaciones. Porque el estudio y la investigación de las culturas antiguas en diversas regiones debe ser mucho más apreciado en un país como México, el cual cuenta con una historia y bagaje arqueológico que no debe perderse de vista.

Los inicios y  el arranque
De acuerdo con Matos Moctezuma, sus inicios en el mundo de la arqueología surgieron cuando estudiaba la escuela preparatoria, cuando aún su vocación no estaba definida en lo absoluto.
“En eso cayó en mis manos un libro que fue definitivo para mi posterior formación que era el de Dioses, tumbas y sabios, de Ceram; este libro trataba de varias culturas antiguas, y el capítulo primero estaba dedicado a Egipto, eso me apasionó tanto que ni siquiera seguí leyendo sobre las otras culturas, sino que Egipto me interesó muchísimo y entonces ahí definí que yo quería ser arqueólogo.
“Por lo tanto, al salir de la preparatoria tenía yo ya clara mi vocación y me inscribí en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en 1959”, apunta.
Desde entonces no dejó de adentrarse en el pasado de las culturas antiguas y todas las implicaciones que éstas tienen en la historia prehispánica y actual.
Sus principales trabajos arqueológicos se desarrollaron en Comalcalco, Tepeapulco, Bonampak, Cholula, Coacalco y Tlatelolco.
Coordinó los proyectos Tula —en los setenta— y Teotihuacan —en los noventa—.
En 2001 dejó la dirección del Museo del Templo Mayor al ser nombrado Profesor Investigador Emérito, máxima distinción otorgada por el INAH.
Sin embargo, detrás de todo eso, como lo recuerda, tuvo una experiencia previa bastante amplia, con diversos maestros, como Ignacio Bernal, Román Piña Chan, Jorge Acosta, José Luis Lorenzo.
“Es decir, un grupo de arqueólogos muy distinguidos que fueron mis maestros en la escuela y con ellos me formé en la ENAH, tuve la suerte de investigar en varias grandes ciudades antiguas del centro de México, pude trabajar en Cholula, la gran ciudad sagrada, pude trabajar en Tlatelolco, en Teotihuacan, en Tula, y finalmente en Tenochtitlán.
“Ya para el trabajo en el Templo Mayor de los mexicas, que comenzó en 1978, ya para ese momento yo contaba con experiencia de excavaciones en grandes ciudades prehispánicas”, apunta el investigador.
Y como toda ciencia, la arqueología tiene sus limitaciones, pero también una serie de retos que le hacen una disciplina dinámica siempre dispuesta a resolver planteamientos científicos.
“Ser arqueólogo es quizá tan difícil como ser médico o ser ingeniero, en fin, la arqueología es una disciplina que forma parte de la antropología en general, hay la manera de formarse, actualmente hay varias escuelas, la manera de poder actuar profesionalmente, sobre todo dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que es la institución que tiene el mayor número de arqueólogos.
“Aunque hay otras instituciones muy valiosas, como el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, la de la Universidad Veracruzana, la de Yucatán, es interesante ver que hay la manera de formarse, de poder trabajar, aunque eso sí, debe haber un mayor número de plazas para que las ocupen las nuevas generaciones”, comenta.
Porque siempre es importante, añade Matos Moctezuma, que los jóvenes no se frustren por la falta de un trabajo. Bajo esa perspectiva, sí es importante que  se dote a todas estas instituciones donde se aplica la antropología, la antropofísica, la lingüística, la etnología, etcétera, de mayores recursos.

La evolución científica
Matos Moctezuma apunta que como toda disciplina científica, la antropología en general, y la arqueología en particular, ha ido evolucionando.
Han surgido nuevas técnicas, nuevos planteamientos teóricos, a diferencia de sus inicios en estas áreas del conocimiento.
“Cuando empecé a estudiar arqueología y salir a campo en esos primeros años, empezaba apenas a autorizarse la fotografía aérea, por ejemplo: actualmente ya son muchísimos recursos con que cuenta la arqueología tanto para fechamiento, técnicas de excavación, inclusive técnicas para poder tener mejor detectados los objetos, los materiales, los contextos arqueológicos.
“Desde ese punto de vista ha habido una evolución, y actualmente la arqueología en México aplica toda una serie de técnicas en sus procesos de investigación, al igual que cualquier otro país del mundo”, señala.
Y en todo ese proceso, la principal satisfacción del que investiga, detalla, es verificar las hipótesis planteadas, después de toda una extenuante investigación.
“Muchas veces no ocurre así, sino que surgen nuevas problemáticas para investigar y entonces se continúe con ese proceso de análisis, de investigación, finalmente se basa en los resultados que se van obteniendo y cómo esos resultados vienen a ratificar o a cambiar un proceso de investigación.
“En primer lugar, hay que tomar en consideración que la arqueología es una disciplina científica que cuenta con una serie de técnicas y el apoyo de muchas otras ciencias, como la geología, la química, la biología, entonces, no deja uno de asombrarse ante las sociedades antiguas y lo que ellas representaban”, establece el investigador.
Por ello, dice, cada uno de los trabajos que pudo desarrollar, le aportaron  experiencia, como las investigaciones en Tlatelolco, con excavaciones de entierros, en Teotihuacán, donde trabajó a las órdenes de Jorge Acosta, y más tarde, ya como profesional, como jefe de exploración en el proyecto Cholula, en Puebla.
O incluso en un sitio con un significado especial para Matos Moctezuma que es Tepeapulco, en Hidalgo, el cual debería investigarse más profundamente.
En esa trayectoria, cuyos logros fueron abriéndole paso, en 1978 fue nombrado, por el director del INAH, como encargado del proyecto Templo Mayor.
“Entonces, ese proyecto, obviamente, ya estaba bajo mi completa responsabilidad, pude aplicar en él mis conocimientos, hice mis planteamientos para llegar a ese monumento que implicaba mucho para los mexicas.
“El Templo Mayor era para ellos el centro de su universo, era muy importante poder penetrar en lo que era este edificio, conocer todo su contexto, sus componentes, y hace 36 años que estamos trabajando en el lugar, con todo un equipo interdisciplinario, en donde colaboran biólogos, geólogos, químicos, antropólogos, en fin, una gama de especialistas”, comenta.

La difusión de los hallazgos
Y después de 36 años, enfatiza el investigador, los resultados han sido ampliamente satisfactorios, no solo porque se pudo penetrar en el simbolismo del Templo  Mayor, sino que se pudo conocer información adicional como el de las diversas ofrendas que se han encontrado, y que están asociadas, de cierta manera, al Templo Mayor.
“Se han hecho los análisis respectivos y, algo muy importante, que a mí siempre me ha preocupado, es ir dando a conocer la información que íbamos recabando; para eso hicimos muchísimas publicaciones, tanto por parte de mis colaboradores, como trabajos míos, en donde realmente me sorprendo de la cantidad de información que se ha podido recuperar, y la cantidad de libros, folletos, guías, catálogos, artículos de difusión, artículos científicos, que se han escrito.
“Son a la fecha más de 400 fichas bibliográficas que se han publicado acerca del Templo Mayor de los mexicas y eso es altamente satisfactorio porque todos ellos, en mayor o menor cantidad, han permitido conocer el contenido, lo que significa el templo, las asociaciones que tiene con ofrendas, con dioses, con el pueblo mexica que erigió el edificio”, considera.
Una información enorme, agrega Matos Moctezuma, que durante 36 años se ha ido recabando, aunque el interés por el proyecto comenzó casi desde que iniciaron las investigaciones.
Desde aquellos años, relata, empezó a destacar un interés muy grande, tanto a nivel nacional como internacional, al paso de dos o tres años era tal el cúmulo de materiales que desde el extranjero solicitaban exposiciones sobre el Templo Mayor.
“El INAH generosamente atendió muchas de estas solicitudes y fue así como objetos del Templo Mayor se expusieron en Madrid, en París, en Roma, en Inglaterra, en diversos lugares de Estados Unidos, en Grecia, en realidad de una amplitud y de un interés muy grande.
“También solicitaron, por ejemplo, que se escribieran artículos, a mí me tocó escribir algún trabajo para difundir lo que se estaba encontrando, por ejemplo en Arqueología Viva, una revista italiana, otra que se llamaba El Correo, de la Unesco.
“Además, se hicieron reuniones científicas en diferentes lugares, por ejemplo recuerdo que en Washington, en 1983, se hizo una exposición y todo un simposio acerca del Templo Mayor con la participación de muchos especialistas, sí tuvo una repercusión internacional”, recuerda.
En el aspecto nacional, también se dio el interés por difundir los hallazgos y se creó una exposición itinerante que iba recorriendo diversas ciudades para que la gente conociera lo que era el Templo Mayor y la cultura mexica.
Y un reflejo de que esa estrategia de difusión rindió resultado, ha sido el número de visitantes que acuden al Museo del Templo Mayor para observar objetos que ya previamente han sido encontrados, limpiados, restaurados, analizados, estudiados.
Todo un proceso previo del objeto que finalmente va a ser exhibido, explica el investigador.
“En el caso del Museo del Templo Mayor es muy importante ver que se inauguró  en 1987 y desde aquel momento, el primer año, y tal vez en 1988, rebasamos el número de visitantes que tenía el Museo Nacional de Antropología.
“Actualmente y desde entonces, nos hemos mantenido más o menos en medio millón de visitantes al año, lo que lo convierte en el tercer museo más visitado en el Distrito Federal, de los que dependen del INAH, a pesar de que visitar el centro se piensa tres veces”, acentúa el científico. 


La razón de ser de la antropología
Sobre el papel que debe jugar esta rama de la ciencia en la sociedad, Eduardo Matos Moctezuma sostiene que en un país como México debería de adquirir más importancia.
“Porque además la antropología, en general, está formada por la arqueología, la lingüística, la antropología física, la etnología, la antropología socia no solo atiende la investigación del pasado, sino que también la presencia de problemas actuales.
“El aspecto de las lenguas que es tan importante, el hombre como ser biológico que atiende la antropología física, en conjunto es el estudio del hombre y eso tiene una gran importancia.
“Por eso comento que debería contar con mayores medios para poder llevar  adelante su trabajo, por ello, dada la importancia del estudio del hombre, sí es necesario quizás apoyar más estos trabajos”, dice.
Y al igual que otras áreas y otras ciencias, comenta el investigador que también enfrentan problemáticas de apoyos y demás, en el caso de la arqueología es  muy importante porque “es el conocimiento de nosotros mismos”.
En general, la antropología es conocer al hombre en su aspecto del lenguaje, su físico, su pasado, su presente, los grupos indígenas, problemas de tipo social.
“Es decir, que nos va a dar el conocimiento de nosotros mismos, y eso es fundamental, saber quiénes somos, cómo estamos, cómo fue el pasado de lo que hoy es México, su transcurso durante la etapa colonial y el México actual, y toda la cantidad de monumentos que nos han quedado de aquellas épocas.
“Sabemos de la riqueza arqueológica de ciudades, edificios, sabemos la riqueza colonial, en conventos, iglesias, casas, todo eso da un bagaje cultural que en cierta forma nos identifica. Es muy importante conocerlo, valorarlo, difundirlo”, finaliza.

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