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El Verano de las Ciencias de la UASLP busca acercar a los alumnos a la investigación

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Avance de la educación superior: ¿Qué hace falta para tomar mejores decisiones? Destacado

La articulación entre la generación de conocimiento y la hechura de políticas educativas es una aspiración de larga data; sin embargo, en muchos contextos aún se registra una ancha brecha entre ambos, no sólo en México o en América Latina, también en sociedades más desarrolladas. Un reporte del Northwestern Regional Education Laboratory revela que en Estados Unidos la información que proviene de la investigación es poco tomada en cuenta por los tomadores de decisión y quienes las ponen en marcha. En México esta situación ha sido rigurosamente documentada.
Se reconoce que el impacto del conocimiento en la gestión de los sistemas educativos pasa por un conjunto de dinámicas que lo convierten en un fenómeno complejo. Retomo dos de éstas analizadas por Muñoz Izquierdo (2004): la científica que exige procesos que aseguren la validez de los conocimientos generados por la investigación y que nutrirán la formulación de políticas y la política que implica que las autoridades tengan acceso y comprendan la información generada y la pongan al alcance de todas las audiencias para su comprensión y su uso. Parece sensato afirmar que el dato por sí solo no provoca el cambio y las decisiones políticas sin fundamento en evidencias tampoco. El mejoramiento de los sistemas educativos exige, por tanto, procesos de mediación y diálogo que conduzcan a la definición e implementación de cursos de acción.


En este marco, resulta promisoria la iniciativa del Colegio de Bachilleres de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México cuya titular, Sylvia Ortega, ha impulsado la realización de investigaciones sobre los principales problemas que aquejan a su comunidad y gestionado los espacios de diálogo entre investigadores, autoridades y personal docente con distintas responsabilidades. Muestra de ello fue el seminario sobre “La desafiliación escolar y la formación por competencias en el Colegio de Bachilleres” realizado el pasado 30 de abril, en el que se convocó a más de 300 miembros de la comunidad para conocer y discutir los resultados de investigaciones coordinadas por académicos de la Ibero, del Colmex y de la UNAM, así como de un diagnóstico de este nivel educativo que presentó el subsecretario de educación media superior, Rodolfo Tuirán.
Las investigaciones reiteran y abundan sobre los graves problemas de desafiliación —deserción o abandono—  (23.6 por ciento diez puntos arriba del promedio nacional) y de logros de aprendizaje insatisfactorios que afectan al Colbach. Desde una combinación de métodos cuantitativos y cualitativos, se identificaron los factores de riesgos y las condiciones en las que se gesta el abandono escolar y se profundizó en los significados que tiene la escuela para los jóvenes. Por otra parte, se detectaron las principales dificultades enfrentadas en los procesos de enseñanza y de aprendizaje para fomentar el desarrollo de las competencias (genéricas, comunicativas y matemáticas) que son esenciales para que los estudiantes tengan un desempeño adecuado en su entorno. La comunidad reconoce fortalezas y debilidades y se vislumbran retos impostergables, entre ellos: adecuar el currículo a las necesidades de la sociedad, y especialmente a las condiciones socioeconómicas y culturales de las población juvenil atendida; instrumentar mecanismos de apoyo y acompañamiento a los estudiantes para favorecer la retención; transformar la práctica docente mediante la capacitación efectiva, la reflexión crítica, el trabajo colegiado e interdisciplinario y fomentar el sentido de pertenencia a la comunidad.
Como suele ocurrir se presentó información “ya conocida” empíricamente, pero se constató con métodos rigurosos; también se brindaron nuevas explicaciones e interpretaciones a partir de las preocupaciones y percepciones de la comunidad. Se sugirieron algunos cursos de acción. Faltan los “cómos”. Es ahora cuando se hace imprescindible sintonizar las distintas dinámicas aludidas. Es el momento adecuado para favorecer los espacios de diálogo sostenidos entre diferentes actores —incluidos los estudiantes—, de análisis crítico, de pensamiento creativo y de toma de decisiones participativas, de vencer resistencias e inercias y de anteponer el bien común. Ojalá que de esta experiencia salga fortalecida esta opción educativa que, al menos para 100 mil jóvenes de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, constituye la única posibilidad de ejercer su derecho a la educación.

Marisol Silva Laya

Instituto de Investigaciones para El Desarrollo de la Educación  (INIDE) de la Universidad Iberoamericana.

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