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Eugenio Méndez Docurro Destacado

“Yo nací con la luna de plata”, es la frase inicial de uno de sus relatos autobiográficos. Con ella reconocía al gran Agustín y proclamaba su veracruzaneidad, al tiempo que delataba su parte bohemia, de la cual hizo gala toda su vida. Se preparó para ser un hombre de ciencia pero le ganó su vocación de ingeniero y su alto sentido de servicio público. Buena parte de lo que es ahora la educación superior, la ciencia y la tecnología sólo se explican a partir de la acción que Don Eugenio les imprimió, independientemente de su quehacer en la transformación del país en un sector fundamental como lo es el de las telecomunicaciones. Politécnico desde la adolescencia, fue y seguirá siendo un símbolo de lo que Lázaro Cárdenas ambicionaba que fuese la juventud que pasara por las aulas de la casa de estudios que él fundara.


En una entrevista que le hice cuatro años atrás relataba su origen vocacional: “al terminar el sexto año, mi padre me dijo: ‘a ver, ¿qué quieres ser? estudia lo que quieras, menos abogado porque ya somos muchos’. Pero yo tenía apenas 14 años y no supe contestar, así es que mi padre dijo: ‘vamos a ver a Gonzalo’. Se refería a Gonzalo Vázquez Vela, amigo suyo que había sido gobernador de Veracruz y ocupaba el puesto de Secretario de Educación Pública.  Era el año 1937”. Vázquez Vela recomendó que “el muchacho” estudiara en el Politécnico, fundado un año atrás, precisamente en la Vocacional 2. Sigue en la ESIME  e inmediatamente después continúa con posgrados en Estados Unidos (Harvard y el Instituto Tecnológico de Masachusets), para volver a México donde alterna actividades en el IPN y en el servicio público, pero deseando ser hombre de ciencia. Sin duda tiene un problema vocacional y algunos de sus maestros, como Walter C. Buchanan, le confían cada vez más responsabilidades en su papel de ingeniero. En 1959, en sus 35 años, el Presidente López Mateos lo nombra director general del IPN, en ese momento una institución en crisis, ya que había renunciado el anterior director (Alejo Peralta) y el ejército aún ocupaba instalaciones.
El flamante director pone orden, promueve la nueva y grandiosa Unidad (Zacatenco), obtiene recursos financieros, siendo reelecto para otro periodo, primera autoridad que recibe tal honor. Está unos cuantos meses en el cargo, impulsando desde ahí la creación del CINVESTAV y, posiblemente este hecho, hace que renazca su casi olvidada vocación científica. Renuncia al cargo porque tenía prisa por ser . . . estudiante otra vez.  Se va al Imperial College de Londres, siguiendo la huella de Colin Cherry, respetado científico en el campo de las comunicaciones, “para aprovechar la oportunidad de compartir algunas experiencias en su laboratorio”. Congruente con ello, a su regreso a México se incorpora al CINVESTAV  como profesor adjunto e investigador. Pero el país lo reclamaba en la función pública para posiciones donde su participación era indispensable.
Desde principios de los años 50, don Eugenio había participado en el Instituto Nacional de Investigación Científica (INIC), órgano de consulta del gobierno federal, que realizaba actividades de planeación en ambos órdenes de la vida del país. Los sucesivos gobiernos federales no le habían otorgado importancia ni presupuesto acordes con la importancia que ya tenía México. De ese modo, cuando años más tarde ocupa relevantes puestos y opina para el programa de gobierno de Luis Echeverría, logra que se funde el Conacyt.  Para asegurarse de que la promoción a ambos órdenes sí iba en serio, ocupa simultáneamente la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la  Dirección General del Conacyt.
Con el cambio de sexenio, el Presidente López Portillo le confía la creación de la Coordinación General de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, dentro de la SEP, echando a andar un organismo que conjuntaba funciones que, hasta ahora, se sigue pensando que podría ser una buena alternativa en una reestructuración de dichos subsistemas. Al disolverse dicha Coordinación General, surgen dos subsecretarias: la de Educación Superior e Investigación Científica y la de Educación Superior Tecnológica.
El domingo 23 falleció Don Eugenio. Mucho se podría decir acerca de él. Pero el marco adecuado sería un homenaje. Me atrevo a sugerir que el IPN, el Conacyt, el CINVESTAV, la Subsecretaría de Educación Superior y el Canal Once emprendieran una actividad conjunta en ese sentido.

Carlos Pallán Figueroa

Miembro de la Junta Directiva de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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