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Contradicciones y distorsiones del sindicalismo Destacado

El SNTE: sus interminables tensiones
 “Ya hablé con Miguel de la Madrid (candidato a la Presidencia) y le comenté que Jonguitud ya no le sirve al sistema; no hay control de los maestros en el estado, y los disidentes de las secciones 7 y 40 del SNTE ya no le hacen caso a nadie y han pedido mi intervención ante ustedes para que se les escuche […] Mientras, yo los apoyo para que reparen y equipen sus escuelas, pero no creo que eso resuelva de fondo el problema porque se trata de algo político... Ahí te encargo Fernando (Elías Calles), para que se lo comentes al secretario (Fernando Solana) para que luego no le vayan con intrigas contra mí. Ya le comenté también a Enrique (Olivares, secretario de Gobernación)”, le dijo el entonces gobernador de Chiapas, Juan Sabines Gutiérrez, a Fernando Elías Calles, coordinador de delegaciones de la SEP.
El diálogo se dio a finales de 1981, cuando la Coordinadora llevaba ya dos años en la escena política nacional.


El germen de la CNTE había iniciado por las secciones VII y XL de Chiapas, le siguió la XXII de Oaxaca. Avanzaron después sobre la XIX de Morelos, la XIV de Guerrero, la XVIII de Michoacán, la XV de Hidalgo, la XXXVI del Estado de México, y IX y X del Distrito Federal.
El ascenso del inusual movimiento político sorprendió tanto a gobernadores como a dirigentes y al gobierno federal. ¿Qué estaba pasando?, ¿Cuáles eran las raíces del problema y sus efectos en el sistema educativo? ¿Otra rebelión magisterial como la de Othón Salazar de 1958?
Jonguitud Barrios, después de una larga carrera sindical en la sección IX,  llegó a la dirigencia nacional “moral” y vitalicia” (sic) del SNTE en septiembre de 1972, desplazando a Jesús Robles Martínez (sección X), que había permanecido como el guía moral del sindicato desde su periodo (1949-52, duró 23 años). Junto con Manuel Sánchez Vite (1952-55) , habían entrado en serio conflicto con el presidente Echeverría, a grado tal de que este último fue desplazado de la dirigencia nacional del PRI el mismo año.
En el IV Consejo Nacional Extraordinario de 1972, el secretario de trabajo y conflictos del CEN del SNTE, Eloy Benavides Salinas, sustituyó al secretario general Carlos Olmos Sánchez (1971-74) impulsado por el entonces presidente del Comité Nacional de Vigilancia Carlos Jonguitud —con su agrupación “Vanguardia Revolucionaria” que hasta himno y mural tuvo— y a decir del mismo: “Por instrucciones del presidente Echeverría”.
Al año siguiente (1973) Eloy Benavides, perdió la elección en un distrito federal de Tamaulipas a manos de Carlos Cantú Rosas (PARM) en la elección intermedia.
Como dirigente de la FENET, del SNTE, la FSTSE, diputado y senador, y director de Banobras, Robles Martínez aspiró al gobierno de Colima. Murió retirado de la política en 2004 a los 91 años.
Sánchez Vite se regresó al gobierno de Hidalgo y desde ahí siguió retando al presidente. En 1975 impuso como candidato del PRI a gobernador a su médico particular Otoniel Miranda, que sólo duró un mes en el cargo.
Sánchez Vite volvió a perder y no se repuso del ostracismo político. Hidalgo y Guerrero fueron ese año (1975) los últimos casos de desaparición de Poderes en México.
Jonguitud —que en alguna ocasión aspiró a ser secretario de Educación— a su vez duró 17 años en el poder sindical que combinó con la dirección del ISSSTE, el gobierno de San Luis Potosí y el Senado.
Se enfrentó con el secretario Jesús Reyes Heroles, a quien nunca mencionaba en los actos oficiales. Con Miguel González Avelar llegó a detentar un poder tal, que 26 de las 32 delegaciones federales de la SEP se las otorgaron a ex dirigentes del SNTE.
Tampoco midió su poder ni sus tiempos. Como dirigente moral del SNTE le tocó impulsar a cuatro dirigentes nacionales. La excepción fue Alberto Miranda Castro (1983-1986). En el gobierno de Carlos Salinas se enfrentó al secretario de Educación Manuel Bartlett, con el que decía “era muy difícil entenderse porque era político y no profesor”. Perdió el liderazgo “moral” sindical en abril de 1989, cuando impuso a Refugio Araujo del Ángel como secretario general. Lo sustituyó la profesora Elba Esther Gordillo (Sección XXXVI). Jonguitud vivió sus últimos años en San Luis Potosí; murió en 2011 a los 87 años.
Elba Esther Gordillo, impulsada por Manuel Camacho Solís, transitó con los secretarios Manuel Bartlett, Ernesto Zedillo, Fernando Solana y José Ángel Pescador, y en una primera negociación logró el control de la subsecretaría que manejaba la educación básica en el Distrito Federal.

Nuevo siglo: auge y caída de la maestra
En los gobiernos del PAN la maestra Elba Esther Gordillo fue sumamente poderosa, al grado de que el secretario de Educación de Vicente Fox, el ex rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Reyes Tamez Guerra, terminó como diputado del Panal. Le concesionaron en varias ocasiones el Issste y la subsecretaría de Educación Básica de la SEP.  Chocó con Josefina Vásquez Mota y al final se llevó bien con Alonso Lujambio y José Ángel Córdova Villalobos.
Desde un principio se enfrentó con Emilio Chuayfett, y resistió a la reforma educativa del Gobierno hasta su caída en febrero del 2013.
Gordillo fue sustituida desde entonces por Juan Díaz de la Torre, de la sección XVI de Jalisco. En el caso de la profesora Elba Esther, muchos factores influyeron en su caída.
Al igual que sus antecesores en el cargo,  perdió la noción de que las finanzas del sindicato se nutren del 1 por ciento mensual que se le descuenta del sueldo (900 millones mensuales) a cada uno de los trabajadores de la educación, en la nómina más fuerte de México y la que más aporta por concepto de cuotas sindicales a una entidad sindical sin supervisión, sin rendición de cuentas, ni auditorías de ningún tipo.
Además, y al igual que la FSTSE y la CNC, al cambio de gobierno del PRI al PAN en el 2000, el SNTE cambió su denominación laboral y su personalidad jurídica a efectos de permanecer sus dirigentes más años en el cargo. De “secretarios generales” pasaron a ser “presidentes” de las organizaciones, en virtud de litigios llevados antes las autoridades del trabajo.
A partir de su ruptura con el PRI, la profesora se dedicó a formar un partido político, partiendo de la base sindical. El Panal, registrado a partir de agosto del 2005 como un partido —que en materia de trabajadores de la educación “ni son todos los que están, ni están todos los que son”.
Con ese partido se dedicó a hacer alianzas, sin medir costos políticos. Unas veces con el PAN, otras con el PRI como “apuesta”, dependiendo de la ganancia política inmediata. Así llegarían a gobierno estatales personajes identificados con ella, como Rafael Moreno Valle y Mario López Valdez.
En su período se crearon empresas de crédito rápido que movieron las finanzas del sindicato, tomando como punto de partida la clientela cautiva de trabajadores de la educación para ofrecerles dinero fácil y con cargo a la nómina oficial, a grado tal que de los cheques quincenales de miles de trabajadores comenzaron a aparecer en ceros o con cantidades irrisorias, por el exceso de deudas y gracias a los descuentos que le permitieron realizar a empresas del sindicato —que ahora aparecen en escándalos frecuentes por los notables excesos en que incurrieron.
También cayó en un vicio muy común de algunos políticos: creer que sólo sus familiares son los únicos capaces de ser leales o servirle con eficacia.  Representando a un gremio donde abunda la experiencia, el conocimiento y el talento académico, le dio por promover a yerno, nietos, hijas y allegados familiarmente a cargos de alta responsabilidad, tanto en el sindicato como en las dependencias oficiales que el gobierno le daba en concesión.
Por lo visto, tanto a Robles Martínez, como a Jonguitud y a Gordillo les falló el cálculo sobre el vencimiento de su  tiempo político, y llegaron al extremo de minimizar las reacciones del poder presidencial sobre sus pretensiones. Se creyeron lo de “vitalicios” y no midieron su verdadera dependencia del estado mexicano.
Robles Martínez retó al presidente Echeverría, que lo había tratado como oficial mayor de la SEP. Jonguitud retó al presidente Salinas de Gortari, que meses antes había borrado del mapa al dirigente petrolero Joaquín Hernández Galicia. Elba Esther se enfrentó al sistema, con medidas audaces y declaraciones todavía más. En los tres casos no hubo conciencia del agotamiento de los ciclos políticos y del enriquecimiento personal.
La primera llamada fue en 1958 cuando surge la primera disidencia magisterial fuerte: El Movimiento Revolucionario del Magisterio cuyo líder Othón Salazar moviliza con fuerza a la sección IX del DF.
La segunda, el surgimiento de la CNTE, que desde 1979 se ha convertido en una permanente piedra en el zapato, tanto del gobierno como del SNTE.
Como dirigentes vitalicios, Robles permaneció de 1949 a 1972. Jonguitud de 1972 a 1989 y Elba Esther Gordillo de 1989 al 2013.
¿Cuál fue la diferencia por ejemplo, con Fidel Velásquez que nunca fue señalado de corrupto ni excesos personales y que duró 53 años al frente de la CTM hasta su muerte en 1997?
El mismo Fidel Velásquez lo explica: “Yo creo que está prohibido para nosotros hacerse rico a costa de la organización. Yo, la verdad, no he tenido jamás ambición de dinero. Si usted quiere, de poder puede ser que sí, pero de dinero nunca” (Krauze).
Ahora, Juan Díaz de la Torre, el nuevo presidente del CEN del SNTE, ex secretario particular de Elba Esther en la CNOP, llega como presidente interino —en votación secreta de los consejeros en Guadalajara— en febrero del 2013 a la caída de Gordillo. Él era a la vez, el primer vicepresidente y secretario general. Se inauguró con los nuevos estatutos aprobados por el Congreso en Quintana Roo, en octubre del 2012. Algunos lo califican como dirigente muy organizado, plural y moderno. Otros dicen que siente que está viviendo un tiempo que no quisiera por la coyuntura de su arribo a la dirigencia. Su período vence en 2018.
A Díaz de la Torre le ha tocado el manejo de las resistencias a la reforma educativa, la relación con el gobierno del presidente Peña Nieto, y el resurgimiento de las movilizaciones de la CNTE.
También nuevas circunstancias en el manejo de la organización sindical que ahora van aparejadas con el manejo de un partido político: el Panal.
Con la SEP y los gobiernos estatales, las tensiones han disminuido y se respiran otros aires. Ha privado la prudencia política y todo indica que existe sentido de las proporciones, sin apañar como antes las facultades de la autoridad educativa confundiéndolas con las sindicales y viceversa.
Sin embargo, quedan dudas en el trayecto. ¿Se ampliará su tiempo en aras del control político? ¿Se repetirá la historia de los dirigentes vitalicios que dominaron al SNTE durante 64 años, de 1949 al 2013? ¿Cambiará el rumbo de la organización sindical más grande de América Latina?

La CNTE y las huellas del radicalismo
Entre 1979 y 2016, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha localizado su batalla política y social básicamente en el sur de México. Ha tratado de ampliar su movilización a estados del norte; pero —salvo casos aislados— no ha tenido un mayor éxito. Como fuerza alterna y disidente del SNTE, ha ganado secciones sindicales en Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Hidalgo, la 9 de la Ciudad de México y ha logrado comisiones ejecutivas en varias entidades, como Guerrero y Morelos, donde la dirigencia ha permanecido en manos de los llamados «institucionales».
En función del número de trabajadores de la educación con que cuenta cada sección, el número que ha llegado a representar la CNTE apenas rebasa los 100 mil; de un total de un millón 200 mil docentes y 400 mil administrativos que atienden el sistema educativo nacional.
Y surgen las dudas: ¿Por qué siendo tan pocos se mueven tanto y por qué hacen tanto ruido?, ¿Por qué  si su poder apenas  representa   menos del 10% de los trabajadores de la educación en México, se les otorga tanto peso político a la hora de las negociaciones, como si fueran mayoría?
Políticamente han tenido capacidad para presionar, también experiencia y recursos y en muchos casos estos obtenidos de gobiernos locales, partidos y legisladores. Saben dónde pegar, y desde 1997, cuando la izquierda ganó el gobierno de la Ciudad de México, han intensificado y radicalizado en la capital plantones y marchas gozando de mayor tolerancia porque saben que al operar desde la CdMx también ganan visibilidad nacional, por la resonancia que ahí adquieren las movilizaciones políticas.
En los estados, el éxito de sus movilizaciones ha ido a la par de la capacidad de control y mediación de los gobernadores. Así como han rebasado a dirigentes seccionales, también han rebasado a gobernadores que equivocaron y/o pervirtieron la relación con la CNTE. El último y más visible caso ha sido Oaxaca, donde aparecen más agresivos. Antes, lo fueron en Chiapas, Morelos, Michoacán y Guerrero. Dice Gabino Cué: «La CNTE no nació con el gobernador de Oaxaca actual sino que nació hace casi 30 años. Durante ese tiempo pasaron muchos gobernadores en Oaxaca, cada quien tuvo su momento, sus circunstancias, sus relaciones y tratos. Yo los he atendido, los seguiré atendiendo y como en otros gobiernos se han tomado decisiones”» (El Universal 22/07/2015).
Ante su dimensión y número, lo estratégico para los dirigentes de la CNTE ha sido un mayor radicalismo y movilizaciones más agresivas y violentas, buscando reagrupar y captar la diversidad de resistencias anti-sistema. El objetivo ha sido presionar lo más que se pueda ante el riesgo del desgaste y el cansancio, pero, ¿por qué han durado tanto en el escenario nacional?, ¿cuál es el motor que mueve a la disidencia magisterial en dimensiones más allá de lo que se pudiera reconocer como su verdadera fuerza política?
Viene a colación lo anterior por lo ocurrido en el SNTE en su historia. Una historia plagada de tensiones, luchas internas y liderazgos movidos que han debido enfrentar conflictos y cuestionamientos serios.
El SNTE, desde sus orígenes en 1943 ha vivido tensiones políticas en lo interno.  Estas se inician con la rebelión de Othón Salazar, de la sección IX, en 1958. Sin embargo, es a partir de 1979 cuando se empiezan a plantear seriamente algunas crisis en diversas secciones, sobre todo en materia de elección y promoción de los dirigentes y sus demandas locales.
La CNTE surge en 1979, originalmente cuestionando la elección de dirigentes sindicales en los estados. Al igual que en lo nacional, en las entidades surgieron personajes con fuerza que terminaron por ostentarse como dirigentes “morales”, en el control de las dirigencias seccionales del SNTE.
Esos personajes fueron formando grupos políticos para influir en la renovación de las dirigencias y, a su vez, ejercían fuerza política para apoyar al Comité Nacional y garantizar el control político a cambio de que se respetaran sus dominios a nivel regional. Eso frenó la circulación generacional en la renovación de dirigencias e hizo crisis en algunas secciones sindicales. Al control ejercido por el centro se sumaba el que los hombres fuertes en los estados ejercían para decidir las sucesiones sindicales. La movilidad política en algunas entidades combativas se frenó. Por eso surge así la disidencia, en primera instancia cuestionando las formas y los procedimientos para elegir dirigentes y exigiendo espacios de representación para otros grupos. De ahí los orígenes de la CNTE.

La CNTE en el gobierno de José López Portillo
En ese período tuvo su gestación y ascenso. Las causas principales fueron los procesos de renovación de liderazgos seccionales en estados con alta tradición de lucha política como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Morelos. Además afectó la crisis salarial, por las inversiones en materia petrolera en el sureste. También tuvo que ver la desconcentración administrativa de la SEP, que unificó a las dependencias dispersas del sector educativo en los estados. El presidente López Portillo promueve a Jonguitud como gobernador de San Luis Potosí. Al final del sexenio, la CNTE conquista el Poder en las secciones de Chiapas y Oaxaca, y la movilización política se neutraliza. Se crea la Universidad Pedagógica Nacional.
En el sexenio actuaron dos secretarios de Educación: Porfirio Muñoz Ledo durante un año y Fernando Solana que culminó el sexenio.
La CNTE en el gobierno
de Miguel de la Madrid
Se mantienen las tensiones político-sindicales. La crisis económica experimentada durante todo el sexenio del presidente De la Madrid exacerba los ánimos de los trabajadores y en el magisterio, que replantean las movilizaciones, ahora no solo con demandas de corte político-sindical sino también de índole salarial. Toma auge la protesta magisterial en la CdMx en torno a los cursos de verano de la Escuela Normal Superior. El presidente De la Madrid tuvo dos secretarios de Educación: Jesús Reyes Heroles y Miguel González Avelar.

La CNTE en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari
El primer secretario de Educación del sexenio fue Manuel Bartlett. Con él en la secretaría se operó la salida de Jonguitud y la llegada de Gordillo. A la distancia Bartlett debió reconocer que en el sexenio del presidente Salinas quisieron convertir al SNTE en una Federación de Sindicatos. En reunión de promoción personal como aspirante del PRI a la candidatura presidencial les dijo: «Ese era un planteamiento; si van a ser trabajadores de los estados, tendría que haber un sindicato Estatal, y una Federación no es una agresión sino es un modelo. Ese modelo que formaba parte de una visión general, fue modificado por ustedes, de manera que se mantuvo unitario. [...] ganaron ustedes, ni hablar, son un sindicato que respetó sus tradiciones, su cultura, son un sindicato nacional» (Díaz de la Torre et al: Visión colectiva de una profesión: SNTE, p.178, Ed. 2013).
La crisis de abril de 1989 en el SNTE impacta directamente el manejo del sindicato con el Gobierno y con la disidencia magisterial a la que Gordillo había tratado desde su liderazgo en la sección 36 del Valle de México. Algunos cuadros importantes de la CNTE pasan a formar parte del naciente Partido del Trabajo, y Gordillo negocia la inclusión de miembros de la disidencia en algunas secciones sindicales. Se crea la llamada 'Carrera Magisterial' y se transfiere a los estados el manejo de la educación básica a través del llamado Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa.
Salinas tuvo cuatro secretarios de Educación. Empezó Manuel Bartlett, le siguieron Ernesto Zedillo y Fernando Solana, y terminó el sexenio José Ángel Pescador. El SNTE avanza, la CNTE retrocede.

La CNTE en el gobierno de Ernesto Zedillo
En el inicio de su gobierno, Ernesto  Zedillo ha sido el presidente de México que en los últimos 50 años enfrentó las peores condiciones políticas: la explosión de Chiapas, los crímenes de Colosio y Ruiz Massieu, el «error de diciembre», sin mayoría en el Congreso y con ineludibles compromisos económicos nacionales a pagarse en 1995. Tuvo como secretarios de Educación a Fausto Alzati, que solo duró tres meses, y a Miguel Limón, que terminó el sexenio. Tuvo un nuevo impulso el Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa, que mantuvo ocupada a la dirigencia del SNTE y en negociaciones permanentes con la CNTE.

La CNTE en el gobierno de Vicente Fox
Fox tuvo de secretario de Educación a Reyes Tamez Guerra, un personaje muy cercano a Elba Esther Gordillo. Fox no tuvo un programa educativo que se distinguiera, a excepción de la Enciclomedia. Cedió todo el manejo de la política educativa a la organización sindical. Le dio además a su dirigente, el manejo y control del ISSSTE y la Lotería Nacional.

La CNTE en el gobiernode Felipe Calderón
El principal programa innovador de Calderón en educación fue la llamada Alianza para la Calidad de la Educación (ACE), impulsada en conjunto con el SNTE. Las movilizaciones de la CNTE se mantuvieron, igual las marchas de profesores del sur a la CdMx. Por la ayuda prestada para ganar la elección, la deuda política de Calderón con Elba Esther Gordillo se cobró puntualmente: repitieron en el Issste, y en  la Lotería Nacional, una parte de la SEP y una política educativa determinada por la visión del sindicato.

La CNTE en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto
Las movilizaciones de la CNTE en el gobierno actual se las han tratado de endosar básicamente a la reforma educativa, que se acordó como uno de los  compromisos del llamado Pacto por México. La misión original de la reforma fue la de 'recuperar para el Estado Mexicano la rectoría del sistema educativo nacional y acabar con vicios y deformaciones, como la venta o herencia de plazas', que tanto dañan la calidad de la educación. La reforma constitucional con sus leyes reglamentarias y las instituciones creadas, aunado a la detención de la profesora Gordillo, han provocado movilizaciones y resistencias tanto en el SNTE como en la CNTE.
Asimismo, el escenario político educativo atrajo nuevos jugadores: el partido Morena, que a dos años de creado ha arropado a la CNTE; gobernadores estatales con intereses diversos al gobierno federal y que le han dado al conflicto magisterial un manejo de conveniencia; el grupo de Mexicanos Primero, que representa los intereses del sector privado. Y galvanizando el escenario, la desaparición de la escena política de la profesora Elba Esther Gordillo; los desaparecidos de la combativa Normal Rural de Ayotzinapa y los recortes al gasto educativo en el presupuesto federal.
El medio de complejas negociaciones del gobierno con la CNTE, la aparición en escena del SNTE en un esquema de negociaciones con el gobierno, el conflicto político seguramente tomará otro rumbo y obligará a intervenir a quienes han permanecido al margen o como observadores, escudándose en que se trataba de un asunto meramente laboral y educativo, es decir: sindicato, partidos, burocracias, el Poder Legislativo y los gobernadores. Si en otras etapas de la historia de México se han resuelto problemas de mayor tensión, más agudos y aún más complejos, el del magisterio que es el más antiguo de todos, debe encontrar caminos de solución.

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Director del Instituto Tecnológico de Guaymas

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