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PISA 2015: ¿qué puede esperar México? Destacado

En marzo de 2015 se implementó por sexta ocasión la evaluación del aprendizaje, que coordina de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), conocida por sus siglas en inglés PISA, que en español significa Programa de Evaluación de Estudiantes Internacionales. Los resultados de este estudio comparativo serán dados a conocer en todo el mundo el 6 de diciembre próximo. Dado el interés internacional que tienen los resultados de PISA, el propósito de este artículo es anticipar lo que México puede esperar de sus resultados, con base en un análisis de las evaluaciones anteriores.
Hay que recordar que el propósito de PISA es medir y comparar diversas competencias que logran adquirir los estudiantes de 15 años de edad (que cursen al menos el primer año de secundaria), de países miembros y no-miembros de la OCDE. Los tres dominios que se han evaluado de manera permanente hasta ahora son: lectura (comprensión), matemáticas y ciencias (naturales). Sin embargo, en ocasiones, también se han evaluado otras competencias, tales como: solución de problemas, habilidades digitales y educación financiera. Los resultados de esta prueba estandarizada se han vuelto un referente internacional para evaluar la calidad de los distintos sistemas educativos, lo cual se puede hacer de dos maneras. Primero, tomando como referencia los resultados de otros países; es decir, comparando los niveles de logro que alcanzan los estudiantes de un país con respecto a otros. Segundo, tomando como referencia al propio país; es decir, comparando sus resultados a través del tiempo.


Siempre se dice que es injusto comparar los aprendizajes de dos grupos de estudiantes cuando ambos difieren en sus características fundamentales, como sería su nivel económico o el nivel de infraestructura y equipamiento de sus escuelas. Así, comparar a México con Finlandia, como se ha hecho en el pasado, no sirve de mucho pues las condiciones sociales y educativas de ambos países son tan diferentes como sus mismos resultados en PISA. Sin embargo, nadie pensaría que es injusto que un país se evalúe contra sí mismo, cuando se cuenta con repetidas mediciones a lo largo del tiempo, a menos que las condiciones sociales del país hubieran cambiado drásticamente durante este periodo; por ejemplo, por desastres naturales mayúsculos o por grandes conflictos sociales.
En el caso de México es posible pensar que las evaluaciones en las que ha participado y se han dado a conocer (2000, 2003, 2006, 2009 y 2012) pueden trazar una ruta que nos indique si ha progresado, o no, en los tres dominios curriculares antes señalados. Con esta información es posible anticipar, con cierto margen de incertidumbre, lo que sería razonable esperar de los resultados de 2015, que en dos meses y medio se darán a conocer.
Para ello, es importante recordar la manera en que PISA da a conocer los resultados de logro académico de los estudiantes de un país, que lo hace de dos maneras. Por un lado, muestra la puntuación promedio en cada dominio académico, en una escala de 200 a 800 puntos, con una media igual a 500 y una desviación estándar de 100 unidades. Dicha escala se elaboró en el año 2000 con las puntuaciones de los países que pertenecían a la OCDE en su momento. Por otro lado, PISA también muestra los porcentajes de estudiantes que se ubican en cada uno de los seis niveles de logro o desempeño en que se divide la escala de calificación. En los niveles 5 y 6 se ubican los estudiantes más destacados, es decir, aquellos que dominan de manera muy satisfactoria las competencias evaluadas. En el nivel 1 se ubican los estudiantes que carecen de las competencias básicas que les permitan continuar aprendiendo. El nivel 2 representa el estándar mínimo de desempeño deseable, mientras que los niveles 3 y 4 representan grados intermedios de dominio. Tomando estos referentes, un análisis simple y significativo para un país es comparar la proporción de estudiantes que se ubica en los dos extremos; es decir, quienes no alcanzan el nivel 2 (N2) y aquellos que se ubican en los niveles 5 (N5) o 6 (N6).
Dicho lo anterior, paso a revisar los resultados que México ha obtenido en los tres dominios escolares, que se describen en el informe “PISA 2012 Results: What Students Know and Can Do”. Las evaluaciones de 2000 a 2012 en comprensión de lectura muestran que el porcentaje de estudiantes que no alcanzó el N2 osciló entre 40 y 52 por ciento, mientras que los que se ubicaron en el N5 o N6 fluctuaron entre 0.4 y 0.9 por ciento. Las evaluaciones de 2003 a 2012 en matemáticas muestran que entre 51 y 66  por ciento de los alumnos no alcanzó el N2, y que entre 0.4 y 0.8 por ciento logró ubicarse en N5 o N6. Finalmente, las evaluaciones de 2006 a 2012 en ciencias muestran que entre 47 y 51 por ciento de los escolares no logró el nivel mínimo suficiente, mientras que solo entre 0.1 y 0.3 por ciento alcanzó uno de los dos niveles de logro más altos. Estos resultados muestran con toda claridad que hasta 2012, cerca de la mitad de estudiantes mexicanos de 15 años de edad no había adquirido las competencias mínimas necesarias de lectura, matemáticas y ciencias mientras que, en promedio, uno de cada 200 alumnos pudo adquirir con maestría las competencias en alguna de las tres asignaturas.

Estableciendo metas
Por otro lado, es interesante preguntarse cuáles son las tendencias de aprendizaje de nuestro país. Es decir, qué tanto está cambiando de una evaluación a otra y si este cambio es ascendente. De esta manera podremos anticipar, dentro de un margen razonable de incertidumbre, los resultados que se publicarán próximamente de PISA-2015. Para ello, revisamos las puntuaciones promedio que obtuvo el país en cada evaluación y dominio escolar. Las cinco puntuaciones de Lectura a lo largo de los doce años, en orden sucesivo, fueron: 422, 400, 410, 425 y 424; las de Matemáticas: 387, 385, 406, 419 y 413; y, las de Ciencia: 422, 405, 410, 416 y 415.
Haciendo un análisis simple de regresión con esta información podemos calcular la tasa de cambio anualizada; es decir, cuántos puntos por año cambian en promedio las puntuaciones de los estudiantes mexicanos. En el caso de lectura los resultados muestran un cambio anual de 0.97 puntos (lo que equivale a un incremento cercano a 12 puntos en este periodo de tiempo); en matemáticas el cambio fue de 2.87 puntos por año (lo que equivale a un incremento promedio de 34 puntos en 12 años); y, en ciencias el cambio fue de 0.26 puntos anuales (equivalente a un incremento promedio de 3.12 puntos de 2000 a 2012). Extrapolando esta información al año 2015, podríamos esperar que en Lectura los estudiantes del país pueden obtener una puntuación cercana a 425; en Matemáticas a 428 puntos; mientras que en Ciencias a 415 puntos. Es interesante hacer notar que el mayor cambio se observa en la asignatura de Matemáticas.
Considerando la información antes expuesta, no es razonable esperar que en un país se den grandes saltos en las puntuaciones de pruebas estandarizadas, como es el caso de PISA, cuyos comportamientos son relativamente estables a través del tiempo. El sistema educativo de un país entero (o de un estado) no se mueve fácilmente de año a otro. Por ello es una equivocación que los gobiernos establezcan metas educativas sexenales, relativas a cambios importantes en los resultados de aprendizaje en las evaluaciones de gran escala (sean nacionales o internacionales). Los gobiernos de Bush, en Estados Unidos, y de Calderón, en México, cometieron este grave error al establecer metas inalcanzables respecto a los resultados de PISA en sus respectivas administraciones que, por supuesto, no fueron cumplidas.
Termino con una analogía relativa a los cambios que se pueden esperar de los resultados de aprendizaje en México (o de cualquier otro país). Un sistema educativo se parece a una roca gigante que baja por una ladera empinada con gran inercia. Mover un poco su trayectoria requiere de esfuerzos sobresalientes y permanentes en una dirección determinada. Las reformas educativas representan cuñas que esta gran oca se encuentra en su camino y que en el mejor de los casos mueven ligeramente su trayectoria. Para lograr cambios sustantivos en los resultados educativos de un país, se requiere de reformas de gran calado que articulen de manera coordinada y sostenida todos los componentes de un sistema educativo hacia la mejora de los aprendizajes; lo que llevará, a propósito, décadas para concretar dicha meta. Es decir, en educación debemos saber pensar en grande, así como planear y actuar para conseguir resultados a largo plazo, que trasciendan las administraciones sexenales. No podemos esperar milagros, por más que los deseemos.

Eduardo Backhoff Escudero

Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación

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