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Filología urbana Destacado

La tarea histórica y legal de la UNAM de investigar, principalmente, “las condiciones y problemas nacionales”, enfrenta no pocos escollos. Lo general, casi abstracto, del objetivo institucional. El irrestricto derecho de investigación, en veces amparo de meras ocurrencias cuando no de la arbitrariedad. La ausencia de planes y programas de investigación, similares a los de docencia. Diseño, sin embargo, consustancial a los cuerpos colegiados: los Internos, los Técnicos, sin exclusión del mismísimo Consejo Universitario, de sus Comisiones y de su Pleno.
En “La investigación investigada”, encuesta que se me ocurriera realizar al calor de la paralizante huelga de 1999, sus pinzas de auto-invasión y ocupación, ante el desinterés manifiesto de las autoridades Federal y Metropolitana;  encuesta que se amplió en la medida de lo posible a otras disciplinas sin omitir las científicas; arrojó cuartillas y cuartillas de asuntos no atendidos ni individual ni colectiva ni institucionalmente.
Muestra, al parejo, de insatisfacción e innovación.


Reviso mi propia lista y descubro que omití aquella multi-disciplina de la me place ocuparme hoy, el suplemento Campus de fiesta. Hablo, en la encuesta de marras,  de la sociedad fronteriza México-norteamericana (que Trump quiere Franja de Gaza), de la postergada investigación  de la “Universidad real”, y de “las condiciones y problemas nacionales”, pero no de la filología urbana. Tema que surgirá de lleno al momento que participe en un proyecto comunal del que me ocuparé más abajo.
Filología urbana, pues.
Premisa: la filología no es, tan sólo, una herramienta, una técnica que restituye y fija textos; la filología, al rescatar un texto, cualesquier texto significativo, rescata un mundo cultural y a textos semejantes. Operaciones humanistas del suceder textual y del suceder histórico.
Además, toda filología es, por principio, nacional (nacionalismo entendido como territorio, sociedad e historia comunes, con su ingrediente imaginario: comunidades imaginarias). Más aún. En países desmemoriados, como se empeña en serlo México, la filología se inscribe en la cultura de resistencia.
Premisa: el urbanismo, arte y ciencia de las ciudades, gracias a nuevas nociones de la espacialidad, del espacio significado, puede y debe justipreciar a la ciudad como texto. Y, en tanto texto, susceptible de lectura, corrección, historia y rescate. Para la última empresa (hazaña), el rescate, cuenta justamente con la filología; hasta ahora adiestrada en textos fundamentalmente manuscritos o mecano-escritos (y, a lo mejor, compu-escritos).
Cuestión diversa es la imposibilidad material de regresar al texto-base (original, primario) de ciudades y regiones.
Máxime tomando en cuenta las tres leyes que norman a la ciudad contemporánea: salvaje especulación inmobiliaria, mal gobierno o ausencia de gobierno, reino automotriz. Pero el rescate nutre la historia urbana y atempera la impunidad de “desarrolladores” y disque autoridades. Y, como en el caso de los Centros Peatonales, regenera tejido urbano, devuelve el espacio público al “flaneur” y al peripatético, y dispara comercio y turismo.
Doy cuenta, de algunos proyectos de filología urbana en que he participado en los últimos años.
Dentro de las anuales Jornadas filológica que programa el Instituto al que estoy adscrito, dos textos: Niveles y Lectura del Sur; dedicado el primero al Centro Histórico de la Ciudad de México (con destellos de espacios peatonales) y, el segundo, a la desarticulada Región Sur de la capital, pese a contener el espacio fundacional: Cuicuilco, civilización destruida por el volcán Xitle.
Lo de “niveles” alude a los tres espacios interconectados de las urbes: sub-suelo, superficie y supra-suelo. Verdad equivalente a la que refutó la creencia de que la tierra era plana.
Y recientemente, bajo el sello del IIFL se publicó mi libro Ensayos de filología urbana. A lo anterior añado dos (digamos) estudios de campo.
Previa amplia encuesta a la población, para atender el pre-requisito de la participación ciudadana (ignorada en planes capitalinos recientes como los del “madruguete”  a San Ángel, con el señuelo de “Barrio Mágico”, y las pifias del Corredor Chapultepec y el CITRAM Chapultepec); un grupo de Amigos de Taxco (vecinos y académicos), decidimos plantear el tema del Centro Peatonal del antiguo Real de Minas que preside la parroquia de Santa Prisca. Pueblo y templo barrocos a menos de dos horas de la Ciudad de México.
Taxco de Alarcón, en Guerrero Mártir (como lo vengo llamando desde septiembre de 2014; de ahí que no me asombre la idea de fundar una Ciudad Víctima en Iguala). Antecedentes de la población, cuestiones arquitectónicas y de vialidad, de administración municipal y perspectivas de desarrollo se contienen en el libro colectivo: Taxco. La perspectiva urbana, editado al alimón por la entonces Dirección de Divulgación de las Humanidades y de las Ciencias Sociales y el Centro de Investigación sobre la Ciudad, ambos de la Coordinación de Humanidades, (2007, 2008). Libro precursor, único en su género, que tuve la fortuna de coordinar.
Bajo este impulso, las mismas instituciones citadas convocaron al encuentro “La Colonia Roma. Orígenes, historia, identidad, perspectivas”, a celebrarse el 29 de enero de 2008, en la Casa Universitaria del Libro sita en las esquina de Puebla y Orizaba, frontera del templo de la Sagrada Familia.
Decisiva fue la asesoría de Guillermo Tovar y Teresa y Edgar Tavares, y la participación del Movimiento Pro Dignificación de la Colonia Roma. Encuentro que se acompañó de la exposición fotográfica “La Roma en el tiempo”.
Por último, el pasado 18 de octubre los Institutos de Investigaciones Filológicas y de Investigaciones Sociales, organizaron el seminario conjunto Jornada romana. Filología y sociología de la Roma, nueva modalidad de investigación y difusión.
Por la mañana, me tocó abrir la jornada con el análisis de las condiciones de posibilidad del “texto-base” de la Roma; intervención a la que siguieron las de Héctor Mendoza sobre la “Geografía” de la colonia, Guillermo Boils Morales sobre sus banquetas y Rodolfo Santa María González sobre “El patrimonio arquitectónico”. Por la tarde, tomó su lugar la actualidad con dos conferencias, la de Alejandra Contreras sobre “La Roma en nuestros días” y la de Alejandro Varas sobre “La Roma política”. El seminario concluyó con una mesa redonda.
Pertinente, diáfana, se dibujó la necesidad de una publicación.
Nueva modalidad, avancé, la jornada aludido. Ya hemos hablado en Campus de los “Regímenes de investigación” de la UNAM, Institutos, Centros, Programas, Seminarios Monotemáticos. Esta ocasión traigo a cuenta a los Seminarios Conjuntos.
Poliédrica, la ciudad demanda la concurrencia de filología, sociología, geografía, historia, arquitectura, urbanismo, antropología, economía, derecho.
Ilusión postinera porfiriana; colonia tomada a partir de los veinte por familias que huían de, o se beneficiaban con,  la Revolución; duramente castigada por el terremoto de 1985; inscrita en el imaginario del cine y la literatura; la Colonia Roma renace residencial, “galerista”, librera, hedonista y restaurantera.
Investigación de “condiciones y problemas nacionales”, la ilustración de su discurrir urbano entre 1902 y el presente.

Fernando Curiel Defossé

Investigador y Profesor de la UNAM

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