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Los rostros perdidos de la educación superior Destacado

Manuel Granillo, cursó dos semestres de la Licenciatura en Derecho, en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Azcapotzalco, y la abandonó. El pretexto, la falta de recursos.
José Enrique Solorio dejó la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Luego de terminar el tercer semestre y arrastrar más de cuatro materias reprobadas, optó por desertar.
Y así, miles de historias año con año. Jóvenes que abandonan la educación superior por diversas razones. Como Abigail Moreno, quien a unos meses de ingresar a la carrera de Medicina en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) dejó trunco su anhelo de ser profesionista.
Un asunto, dicen los especialistas, que requiere una solución multifactorial. Revisar un sistema de educación superior que recibe a poco más de tres de cada diez jóvenes en edad de ingresar a la universidad y que se enfrenta, en algunos estados e instituciones a una deserción de hasta 50 por ciento.
Y es que el abandono rompe toda una cadena de formación académica que muy difícilmente se recupera.


Los problemas económicos, los antecedentes académicos, los problemas familiares y personales, de salud,  el entorno comunitario y la falta de capacidad de las instituciones para retener a los alumnos han ganado la partida.
Porque hasta el momento, la actualización de los planes de estudio, las becas y los programas y estrategias de tutoría y orientación vocacional no han logrado el objetivo.
Si bien es cierto que a nivel nacional la deserción escolar en la educación superior ronda entre el 7.5 y el 8.5 por ciento, el asunto está lejos de resolverse.

Enfoque multifactorial
De acuerdo con datos de la Dirección de Educación Superior de la Secretaría de Educación de Michoacán, una de las entidades más afectadas por este abandono, se tienen identificadas las causas, pero no la envergadura del mismo.
El abandono pasa por los problemas económicos, familiares, la migración y en menor medida embarazos prematuros son ubicados como algunos de los factores por los que desertan los jóvenes.
Sin embargo, detalla el documento, “las causales frecuentes del abandono de estudios en el nivel superior son distintas para cada institución, por lo que los esfuerzos de identificación de motivos de deserción, así como de soluciones para reducir la cifra de jóvenes que se queda en el camino, se pierden”.
Ese es, a decir de los especialistas, el principal problema a enfrentar. De acuerdo con Lorenzo Gómez Morín, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), no existen los mecanismos adecuados ni las instancias pertinentes para saber dónde están los miles de estudiantes que truncan sus estudios.
Ni las instituciones de educación superior, comenta, ni las instancias gubernamentales a nivel federal o de los estados cuentan con las estrategias de seguimiento para saber dónde están esos jóvenes tras dejar las aulas universitarias.
En algunos casos, se sabe de ellos, apunta, “cuando aparecen sentenciados o son parte del crimen organizado”, pero en la mayoría de los casos, se desconoce dónde están o en su defecto, si tienen la intención de reincorporarse a la universidad.
Felipe Morán, dejó la carrera de Psicología en la UNAM. Cursó dos semestres y decidió probar suerte en el mercado laboral. Su plan era retomar los estudios, pero después de dos años la decisión fue otra.
“Me quedé a trabajar en una empresa de mensajería, me pagaban más o menos y mejor le seguí en esto; alguna vez me marcaron de la escuela para una encuesta o algo así, pero no volví a tener contacto con la universidad”, recuerda.
La solución, lo dijo alguna vez José Narro Robles, cuando era rector de la UNAM, no es única y hay que buscarla al interior de las propias universidades, con la participación de los estudiantes, sus familias y las autoridades.
Porque es momento, dijo de determinar si se requiere más orientación vocacional y becas, flexibilizar los planes de estudio o romper con el modelo memorístico por otro que convenza a los jóvenes de que lo que hacen les sirve, les interesa, les llena; uno donde puedan tener mayor participación en la definición de los contenidos que se deben abordar.

Capacidad de reacción
Y así como son muchas las causas, a nivel estatal muchas son las estrategias que se han implementado, lejos de focalizarse en determinadas características.
Manuel García Fonseca, Director del Instituto Mexicano de la Juventud de Baja California, sostiene que, en promedio, 65 por ciento de los jóvenes del estado abandonan los estudios de educación superior, lo que les complica el escenario para adquirir un trabajo porque no cuentan con las aptitudes suficientes.
Datos que la propia Secretaría del Trabajo y Previsión Social  (STyPS) respalda. Tan sólo en 2015, en el estado cerca de 50 mil jóvenes se enfrentaron a esta problemática para acceder al mercado laboral.
“Se trabaja en eso, sabemos que si los jóvenes se mantienen en la educación media superior desde ahí sentamos las bases, existe una posibilidad más grande de que concluyan los estudios, pero se trata de un problema que requiere de mucho trabajo”, comenta.
Un problema que es muy claro para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Las cifras más recientes hablan que en el país sólo se gradúa el 25 por ciento de quienes ingresan a la educación profesional.
José Antonio Pérez Islas, coordinador del Seminario de Investigación desglosa esos datos y presenta algunos indicadores que tratan, cuando menos de identificar cómo son esos alumnos que deciden dejar la universidad.
De los jóvenes mexicanos que estudian en nivel profesional, a casi 78 por ciento lo sostiene algún miembro de su familia, 19.9 por ciento ha tenido que dejar en algún momento la escuela, 24.3 por ciento asiste a una escuela particular, 5.5 por ciento cursa el sistema a distancia y 35.9 por ciento asumen que la educación superior privada es mejor que la pública.
Tamara Prado, encaja en este acercamiento. Dejó la licenciatura de Ingeniería en Alimentos en la UAM Unidad Iztapalapa por problemas, dice, familiares.
Dos años después de reincorporó a una universidad privada porque le “prometían la titulación cero” y podría “terminar sus estudios en tres años y no en cuatro como tradicionalmente se hace”, señala.
Alma Delia Torquemada González, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), a nivel universitario, dos de cada 10 estudiantes de primer semestre de universidad interrumpen sus estudios, debido a diversos factores que no son detectados por la falta de diagnóstico.
“Los cursos de inducción no son solo para enseñar la escuela, también son el filtro para conocer el estado psicológico de los estudiantes de nuevo ingreso, una labor que debe de realizar el psicólogo educativo”, plantea,
Y es que, a decir de la especialista, los alumnos que ingresan a la educación superior presentan diferentes pruebas académicas para ingresar a una institución.
Sin embargo, el aspecto emocional no lo toman en consideración, aun cuando hay diversas herramientas diseñadas para conocer la capacidad psicológica de los de nuevo ingreso.
“El psicólogo educativo es el encargado de analizar el perfil completo de los estudiantes, para conocer las áreas de oportunidad y debilidad, y a partir de esa información trabajar para contrarrestar el abandono en los primeros semestres por situaciones psicológicas”, comenta.
Incluso, dice, en las expectativas de los jóvenes en torno a este nivel educativo. Aspiraciones en las que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Juventud, no se ponen de acuerdo.
Y es que 81.5 por ciento de los estudiantes de licenciatura considera que este nivel académico será importante para conseguir trabajo, 76.8 por ciento para ganar dinero, 3.5 por ciento para adquirir una formación que le permita resolver problemas, mientras que 71 por ciento lo ve imprescindible para iniciar un negocio.

Alternativas múltiples
Para Juan Carlos Ortega Guerrero, investigador de la Universidad  Veracruzana (UV), el problema de la deserción ha adoptado otras variantes acordes con la violencia y la delincuencia que han afectado el entorno nacional.
Sostiene que tan solo en el caso de Veracruz, alrededor de 50 por ciento de los estudiantes abandonan la carrera en el primer semestre por causas de este tipo, aunadas a la situación socioeconómica, e incluso por el lugar de procedencia y la preparatoria donde estudiaron.
“También se debe a que se dan cuenta que la carrera no les gustó; gran parte de ese porcentaje abandona el estudio para irse a otra licenciatura, pero existen otros que sí lo dejan totalmente por el cambio de residencia, las  posibilidades del acceso a la tecnología y el mismo interés de los estudiantes”, apunta.
El asunto es, a todas luces, de cuidado. Mientras que miles de jóvenes buscan un lugar en algunas de las instituciones públicas de educación superior del país, tres semestres después, entre el 35 y 40 por ciento deserta.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), entre las razones es que terminan desencantados con la licenciatura, el plan de estudios los decepcionó y algunos buscan otra carrera o consiguen un empleo.
El Director General de Educación Superior Universitaria de la SEP, Salvador Malo Álvarez, argumenta que esa tasa tan alta de deserción se debe, en gran medida, a que los programas y planes de estudio que ofrecen las instituciones de educación superior resultan aburridos y poco atractivos para los jóvenes.
“Creemos que buena parte de la alta deserción en media superior y superior es que los jóvenes no encuentran atractivos los programas de estudio y ya no hacen lo que les dice papá y entonces dejan sus estudios. No los continúan y eso es muy grave”, afirma.
A esa visión se adhiere Gonzalo Parra, quien dejó la carrera de Odontología en la UNAM debido a que no cumplió sus expectativas. “Demasiado estudio, demasiado complicada, había materias en las que se tenía que entregar reportes, leer, y otras tareas, me absorbía mucho tiempo, mejor me salí”, recuerda.
En ese sentido, Francisco Marmolejo, coordinador de Educación Superior del Banco Mundial, apunta que los sistemas de enseñanza tradicionales se han vuelto poco atractivos para los estudiantes de la era digital, ya que, por ejemplo, una o dos horas de clase de una materia resulta caduco para las nuevas generaciones de estudiantes.

Reforzar finalidad
Dentro de este escenario, Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM, apunta que una de las claves para frenar el abandono de miles de universitarios, es fortalecer entre los jóvenes las ventajas que tiene contar, en sentido práctico, con una carrera universitaria.
“Si tienes una licenciatura, la oportunidad de obtener ingreso mucho mayor que el resto de la población, entonces por supuesto que tiene sentido. El país tiene que crecer para ofrecer empleos a los egresados”, argumenta.
En eso coincide Emilio Linthon Delgado, investigador de la UAM, quien sostiene que desde cualquier enfoque económico, se concluye que una sociedad mejor educada tiene mayores ingresos, pero cuando se introducen otros elementos, dicha relación puede debilitarse.
Sin embargo, a la educación se le esté dando mucho peso como promotor de mayores ingresos y factor de reducción de la desigualdad económica.
“La credencial educativa en el mercado tiene un valor por su carácter posicional; es decir, que yo la tenga y otros no, es lo que le da valor, independientemente de que me haga más productivo, ésta actúa como un filtro”, comenta.
Lo cierto es que las instituciones de educación superior deben diseñar y poner en marcha programas de tutoría que contribuyan a prevenir y remediar los altos índices de reprobación y rezago escolar actuales, al mismo tiempo de reducir las tasas de abandono de estudios.
Para Enrique Fernández Fassnacht, Director General del IPN, el asunto está claro: la labor y responsabilidad tutorial involucra el acompañamiento de los alumnos durante toda su trayectoria escolar, para fortalecer su desarrollo integral.
“Éste es uno de los temas más relevantes en el ámbito de la educación superior, ya que aborda los mecanismos que contribuyen a que los estudiantes de nuestras instituciones estén en condiciones de permanecer y concluir exitosamente sus estudios”, apunta.
Y esa, agrega, es una de las preocupaciones centrales en la formación de profesionistas y científicos de alta calidad, es sin duda la construcción de alternativas para fortalecer el desempeño académico de los alumnos, lo que les permitirá el desarrollo de capacidades para enfrentar de mejor forma las exigencias de un mundo cada vez más globalizado.
Por eso, un buen acompañamiento influye positivamente en la decisión de los alumnos a continuar con estudios.
 “Por ello, todas las iniciativas que contribuyan a que cada vez más jóvenes se incorporen a las instituciones de educación superior y concluyan sus estudios, fortalecen las posibilidades de desarrollo de la nación”, dice.
De eso, argumenta el Director General del IPN, no hay duda.

Carlos Reyes

Modificado por última vez enJueves, 03 Noviembre 2016 02:57
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