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Juan Manuel Ocegueda, rector de la UABC: Toda intromisión restringe la autonomía Destacado

Para el rector de la de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Juan Manuel Ocegueda Hernández, las acciones de los  gobiernos que condicionan los recursos, o las presiones de los grupos internos que buscan apartar a las universidades de sus fines, restringen la autonomía.
El rector y doctor en Economía por la UNAM, sostiene que dos condiciones importantes, aunque no las únicas, para que las universidades cumplan con sus funciones son, en primer lugar, la autonomía como forma de autogobernarse y, en segundo término, la necesidad de que al interior de la institución prevalezcan el diálogo y la libre manifestación de las distintas formas de pensar de todos los universitarios.


En entrevista para Campus, el doctor Ocegueda, señala  que a partir de su gestión, se abrieron las puertas de la rectoría  a liderazgos y expresiones con posturas críticas y para quienes anteriores administraciones mantenían cerradas. A ex rectores que estaban marginados los convocó a su proyecto y se han incorporado a cargos de dirección y en programas de la administración,
Daniel Solorio, un crítico profesor, ex director de la Facultad de Derecho, que había sido injustamente despedido, ya está de regreso en las aulas.
El rector, también dedicado académico y experimentado funcionario del área de finanzas de la institución, dice: “Soy un convencido de la autonomía universitaria,  sé que tiene sus límites, las universidades tenemos que rendir cuentas, ser transparentes, la obligación de dejarnos auditar y creo que con ello no se viola la autonomía; pero hay una serie de procesos internos de las universidades que deben respetar los gobiernos”.

Gobiernos y autonomía
En su revisión sobre las vicisitudes de la autonomía, el líder de los Cimarrones, de la UABC, parte de lo que como rector observa y ha vivido al frente de la institución.
Señala que las reglas que fijan los programas de la SEP generan un conjunto de restricciones al funcionamiento de las universidades. Cita procedimientos burocráticos como  elementos que inhiben, condicionan y restringen la actividad de los académicos, y que derivan en quejas de la comunidad.  
Mencionó que en materia de provisión de recursos  públicos, la discrecionalidad  o la decisión de un gobernante de no entregarle los recursos a las instituciones de educación superior, como sucedió en Veracruz, y  no haya poder del mundo que pueda cambiar esa decisión, “pone en jaque a las universidades”.
Otro ejemplo de estos problemas fue la reciente decisión del gobierno federal de retirar los fondos extraordinarios, con los cuales las universidades llevaban a cabo diversos programas.
En el caso de la UABC, resume, estos fondos se utilizaron durante años para a ampliar la atención a la demanda de ingreso, “creamos las necesidades, porque creímos en la continuidad de estas políticas; esta universidad creció de 25 a 65 mil estudiantes y gran parte de este crecimiento está sustentado en estos fondos. Y de un día para otros los retiran cuando las necesidades ya están creadas, hay miles de estudiantes más, una infraestructura física y tecnológica enorme que hay que mantener  y de la que hay que pagar servicios”
Por ello, pugna por una reglamentación que inhiba todas las restricciones burocráticas a la actividad académica, acompañada de medidas que garanticen que las universidades reciban oportunamente los recursos.
Ocegueda Hernández expresó que las universidades cumplen un papel fundamental en la vida educativa política y económica de una nación, son factores fundamentales del desarrollo, por lo que se les debe garantizar el acceso a sus recursos que les corresponden.
“No nos están haciendo un favor, cumplimos una función donde justificamos con creces los recursos que nos asignan”,  acentúa.
El rector mencionó el reciente diferendo que la UABC tuvo con el gobierno de Francisco Vega, quien durante dos años no había cumplido con el convenio anual que firman las universidades con los gobiernos federal y estatal, en el cual se establecen los montos del subsidio a cada gobierno.
“Eran ya dos años sin que el gobierno nos diera la parte que le correspondía del incremento salarial, por ejemplo, siendo una universidad grande, cuya nómina vale 3 mil millones, un punto porcentual equivale a 30 millones, y estábamos haciendo incrementos del 3 o cuatro por ciento, y el gobierno no nos daba su parte”.
Ante esta situación y las conversaciones sin respuesta concreta  por parte el gobernador, la UABC decidió hacer un pronunciamiento público que obligó  el diálogo y a los acuerdos.
“En esa ocasión mi prioridad era que aumentaran el subsidio, o sea que 2017 ya no viniera con la misma cantidad de 2014, y haciendo un cálculo para ajustar a lo que suponíamos que debería ser el subsidio de 2017, se requería un aumento de 200 millones”.
“Y así se establecieron los términos del acuerdo: 200 millones al subsidio ordinario y que los 452 que se habían generado en el adeudo, lo dividíamos en dos partes, una, que ellos aceptaban sin problema y otra (100 millones), que ocupábamos revisar. Hasta la fecha nos han venido cumpliendo con lo acordado y estamos pendientes de la otra cantidad que ellos consideran que no nos deben”.
Recursos líquidos
El rector Ocegueda ha comprobado que un elemento fundamental para poder tener autonomía es que se respeten los compromisos financieros con las universidades, porque para cumplir con nuestra misión,  requerimos los recursos públicos, señala.
“De alguna manera una restricción, un chantaje a través de los recursos públicos, estaría minando esa autonomía”.
El rector respalda su dicho en los antecedentes que ha sembrado la UABC. “Hemos sido claros en el sentido de que no nos negamos a rendir cuentas, incluso hemos impulsado acciones para impulsar la transparencia; en su momento, la UABC fue la primera que pidió voluntariamente las auditorías. En 2005, cuando estaba en discusión si podía entrar la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a las universidades, la UABC pidió que se le auditara por este organismo. Y luego la solicitamos del órgano de fiscalización del estado (ORFIS). A partir de allí, somos auditados todos los años, la ASF desde 2005 y el ORFIS desde 2011. En  estas auditorías hay observaciones, hay situaciones que se deben corregir,  se recomiendan cambios, pero nos ha ido muy bien”, enfatiza.   
El también  profesor e investigador desde hace más de dos décadas de la UABC, considera que la defensa de la autonomía adquiere una mayor justificación a partir de que hay consciencia “de que debemos ser sujetos de auditorías ya que  la sociedad debe tener claro cómo se usan los recursos, y tenemos la obligación de usarlos bien y para los fines  para los cuales debe estar destinados”.
No soslaya el hecho de que la presencia de grupos políticos que controlan el quehacer de las universidades de manera corporativa,  es ajena a los fines y a la misión de la universidad y buscan meter a la institución en dinámicas que no son su razón de ser, externa.
Abundó  en varios casos, pero aseguró que en la UABC no se ha llegado a esos niveles de intromisión, puesto que se han establecido mecanismos muy claros de contratación del personal y sobre todo requisitos y criterios que este personal de cumplir en función de los fines den la UABC.
Sin duda la participación de grupos y partidos externos al final de cuentas impone restricciones a la propia universidad y viene siendo una limitante de la autonomía, dijo.
“Las universidades debemos pugnar porque seamos los universitarios quienes resolvamos lo que tiene que ver con su funcionamiento, operación y sus propios fines.     Sesenta años, una meta y los años de expansión


Como lo narra el rector Juan  Manuel Ocegueda, la Universidad Autónoma de Baja California ha evolucionado en línea recta y ascendente.
Reconoce el apoyo público y social, y por momentos le añade la buena fortuna.
Pero no quiere pintar todo color de rosa. La UABC no ha estado exenta de amenazas externas ni vive ajena a las presiones internas. A los tres meses de asumir el cargo en 2014, diputados del congreso local pretendieron imponerle una contraloría social, violando la autonomía; hace apenas un mes, vivió el agrio diferendo financiero con el gobierno local, y hace apenas unas semanas, el Sindicato de empleados estuvo al borde de emplazar a huelga a la institución.
Poco después de la ceremonia para conmemorar el sesenta aniversario de la UABC, el profesor y economista por la Universidad de Nayarit, aún envuelto en el aura de la parafernalia de la conmemoración, dio por sentada la fructífera trayectoria de la máxima casa de estudios de Baja California.
Está plenamente convencido de que la UABC forma parte del elenco de las mejores universidades México y América Latina, que además es respetada y querida por el pueblo de Baja California, con un fuerte vínculo con la sociedad y el sector empresarial.
Una institución, afirma, sin la cual no se podría explicar el desarrollo del estado y de la región.
“Hemos logrado formar a más de 150 mil profesionales, no hay lugar ni evento al que acuda en el que surjan  egresados de la universidad. Muchos de ellos posicionados en el sector público o  privado,  hasta un gobernador, Guadalupe Osuna Millán, sinaloense de nacimiento, hemos tenido”.
El impacto en la formación de profesionistas es uno de los logros más relevantes por lo que ha significado para el desarrollo del estado, que hay que destacar, han sido formados en programas educativos de calidad.
Sólo en  2016, añade, alcanzamos a acreditar 42 programas de licenciatura, y 12 de posgrado, afirmó.  
La razón de esta hazaña se debe a factores de diverso orden. Reitera que la UABC creció en forma exorbitante: en 2010 eran 25 mil estudiantes y en 2016-17 son 65383 estudiantes. O sea un crecimiento de más de  160 por ciento. Es la universidad pública del país que más creció en los últimos 15 años, y eso significó la apertura de muchos programas nuevos.
A Ocegueda Hernández le tocó llegar a la rectoría en el momento que muchos de esos programas se convirtieron en evaluables. En 2014 que tomó posesión, la UABC tenía 82 programas acreditados  y con eso alcanzaba ya el 90 por ciento del total; y en este momento son susceptibles de ser evaluables 30.
Y ante la comunidad, el rector tiene el compromiso de que en la UABC ondee la bandera blanca, o sea, llegar durante su periodo al 100 por ciento de las acreditaciones.
Dice: “primero porque creo en la evaluación externa y porque esos procesos más allá de darnos el certificado de acreditación son muy benéficas para la vida universitaria que nos hacen ver dónde estamos bien o mal, o donde podemos transformar, lo que  finalmente se traduce en  recomendaciones que nos permitirán ser mejores”.
No es difícil inferir que en todo este liderazgo social y en su posición entre las mejores universidades del país, ha tenido que ver el apoyo que ha recibido de los gobiernos federal y estatal.  
La universidad, apunta, tuvo un periodo de expansión, que le permitió hacer un cúmulo importante de inversiones en infraestructura física y tecnológica, es decir equipamiento, redes de internet, redes inalámbricas, laboratorios, edificios. La UABC vivió años de prosperidad  y fuertes flujos de inversión, singularmente con los gobernadores Eugenio Elorduy y con Osuna Millán, y con los subsecretarios de la SEP Julio Rubio Oca y Rodolfo Tuirán, que se dieron, además, en el contexto de 2007 a 2009,  en el que los excedentes petroleros fluyeron a los estados y se distribuyeron recursos adicionales a las universidades, y particularmente a las que estaban en proceso de expansión. En ese periodo la UABC construyó Valles de Las Palmas que es una nueva unidad universitaria que atiende a 7 mil estudiantes y está situada estratégicamente para atender  a jóvenes de Tijuana, Tecate y Rosarito.
Asimismo, señala el rector, atendiendo el crecimiento de la UABC la SEP le otorgó un grueso de plazas académicas y administrativas entre 2011 y 2013, lo cual junto con las inversiones mencionadas en infraestructura, fueron un ingrediente que condicionó favorablemente la racha de acreditaciones y, por supuesto, la elevación de los niveles académicos de la UABC.
Precisa que secuela de estos procesos, para las nuevas acreditaciones que llevarán a la UABC a colocar la bandera blanca en lo alto de la institución, no se va a gastar más allá de lo que se le tendrá que cubrir a los organismos acreditadores que tienen la labor adicional de hacer las recomendaciones correspondientes, ya que se cuenta con la infraestructura y equipamiento de redes construidas en esos años de prosperidad.
“Hemos tenido una coyuntura muy favorable en mi administración,  dado que se ha dado un auge de jubilaciones: entre 2014 y 2016, se han jubilado cerca de trescientos profesores, y eso permite contratar personal académico con doctorado, con  antecedentes de haber publicado y con elementos para entrar al SNI; ya no se contrata a los que tengan maestría, mucho menos a quienes tienen solo licenciatura. A través de esta política institucional creció el número de doctores, de miembros del SNI y los profesores con perfil deseable, lo cual ha permitido renovar parte de la planta académica”.
Con estos elementos y “la fortuna” que le acompaña, considera que logrará su propósito de llegar a 100 por ciento de los programas  acreditados.


El cambio de estilo de un rector
Al cuestionarle sobre los grupos de poder internos (los poderes fácticos, le digo) el rector Ocegueda admite  que por momentos, sin considerar que en la UABC han llegado  a ser graves,  de alguna manera presionan.
Por supuesto que hay “grillas”, acciones soterradas de quienes sí han querido meter las manos, a través del viejo estilo de la intriga, del ofrecer y prometer, de hablar con la gente sotto voce.
Eso es sabido, pero Ocegueda Hernández considera que por su propia experiencia, muchos de ellos son mitos: “lo que he descubierto es que varios de ellos lo que hacen es alimentar el mito y la gente se la cree, y entonces tienen capacidad para influir a la gente”.
Sin embargo, el dirigente de la UABC sostiene que  ha sido posible sortear situaciones que se han presentado y la universidad ha podido trabajar sin contratiempos.
Describe su estrategia con franqueza. Mantiene, dice, un diálogo permanente con los directores, el principal eslabón con el Consejo Universitario. Los consulta en la toma de decisiones importantes y así lo hizo cuando tomó la determinación de hacer público el adeudo del gobierno del estado. Algunos le dijeron “es peor el error que puedes cometer”. Pero él consideró que la postura era la correcta.  Este tema lo consultó con algunos miembros de la Junta de Gobierno y, lo más difícil, con su familia para decirles que esa decisión podía provocar una “grilla” que lo podría hacer renunciar. Todos le dieron su respaldo.
En ese cambio de estilo de dirigir la UABC, abrió las puertas de rectoría a todos los universitarios, incluyendo a elementos que disentían de las autoridades anteriores y con quienes no había diálogo.
Decidido a demostrar el cambio, restituyó al profesor Daniel Solorio después de superar un escabroso proceso legal por el despido injustificado que decidió el anterior rector, y a la vez modificó el trato con los críticos miembros del Observatorio Universitario; incorporó a su proyecto a ex rectores que habían sido relegados y todo eso, considera, le generó un ambiente favorable.
A lo anterior, el rector Juan Manuel Ocegueda, suma el acercamiento con la comunidad universitaria, su identificación con los estudiantes, con las sociedades de alumnos.  Con frecuencia visita las unidades académicas, “lo que no hacían otros rectores”. En ellas, dice, “me reúno con los estudiantes, paso a las aulas, y al final tengo un encuentro con los profesores,  y eso me ha generado un buen ambiente en la universidad y me ha ayudado a contener a esos que usted llama “poderes fácticos”.  
Lo cierto es que esa  buena relación se notó en el acto conmemorativo del 60 aniversario que se llevó a cabo horas antes en la Unidad Académica de  Mexicali. Presentes los ex rectores y propio gobernador, cuando lo presentan, el aplauso de la comunidad fue atronador.
-Ha tenido suerte  por las circunstancias que le han permitido alcanzar los resultados académicos y políticos que me describió, le comento.  
—La suerte—me responde- en una circunstancia favorable, se hace realidad si uno hace lo que tiene que hacer”.   

Jorge Medina Viedas

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