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Magisterio e intelectuales: el pensamiento en su laberinto Destacado

A partir de las protestas magisteriales y de la aprobación de la Ley del Servicio Profesional Docente (LSPD), se han inundado los espacios informativos de sentimentalismos, prejuicios y tergiversaciones. ¿Cómo pensar el problema político que estamos viviendo sin ser tentado por la cándida imagen del maestro o por el diablito mediático que susurra: “rómpanles su madre, en caliente”. Tanto la victimización de los actores políticos como el deseo de hacerlos a un lado a garrotazos no son buenos insumos del pensamiento. Políticamente podemos ganar aplausos si nos situamos en cualquiera de estas dos posturas, pero lo popular dura poco. Tan poco como un periodo legislativo o un sexenio.
El pensamiento tiene, en cambio, un horizonte más amplio. El conflicto magisterial en particular y la realidad política en general ha vuelto a poner a prueba la capacidad de entendimiento e interpretación de los analistas, intelectuales, comentócratas e investigadores que hacemos de la educación nuestro objeto de estudio.


En lo particular, ha sorprendido la ligereza con que se han comentado las iniciativas que envió el titular del Ejecutivo al Congreso el pasado 13 de agosto. Tales propuestas tienen, como todo, puntos a favor y en contra, pero la crítica mengua ante el juicio selectivo y parcial. Nos creemos inventos, cosas sin importancia y dejamos de ver lo esencial. Por ejemplo, importó poco que los cambios a la Ley General de Educación —aprobados a todo vapor— enfatizaran la inclusión del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en los languidecientes consejos escolares de participación escolar. Salvo algunas organizaciones civiles, pocos actores alertaron de este error. ¿En dónde estaban los apóstoles de lo “público”, los especialistas “comprometidos” y el legislador “progresista” cuando el congreso suscribió tal punto? ¿Qué razones tuvo la SEP para introducir este punto? ¿Será que el gobierno priísta negoció con el SNTE este punto a cambio de que apoyara la reforma o es verdad que el gobierno de Enrique Peña Nieto es tan audaz que ahora se permitirá que cada escuela contrate a sus maestros y por ello se necesita, por ley, un representante sindical?
Pero como dije, también hay cosas positivas. Una de ellas fue reiterar en la LGE la gratuidad y prohibir cualquier condicionamiento monetario (cuotas) para que los niños puedan ser inscritos, tener acceso a la escuela, hacer exámenes y recibir sus documentos oficiales. Pese a este acierto, fue desconcertante escuchar a políticos conservadores de izquierda mentir —al igual que lo hacen los medios de comunicación que tanto critican— y decir que la Reforma Educativa del “Espurio 2” es “privatizadora”. Tanto unos (defensores) como los otros (detractores) mienten; la verdad es lo que menos importa en México.
Ante tal crisis, esperaríamos que fuese el académico y el intelectual el actor capaz de pensar los problemas con rigor y sensatez. Tristemente, en los días previos a la aprobación de la LSPD —también hecha al vapor por parte de los diputados —vi una mesa de “debate” en Televisa con destacados escritores, historiadores y politólogas/os que clamaban que esta ley debía aprobarse a la brevedad; pero no por sus virtudes intrísecas, sino por supuestos beneficios externos tales como “salvar a la República”, “mostrar que hay autoridad”, “cuidar al Congreso de la rijosidad callejera”.
Entiendo la desesperación porque haya cambios sustanciales en el país y rechazo la actitud maximalista y beligerante de algunos maestros disidentes; así como su menosprecio por la niñez mexicana, sin embargo, también encuentro deficiente la actitud de esos comentócratas por dos razones fundamentales. Primero, se centran en los resultados de la aprobación de una ley y nada dicen sobre el procedimiento con que se elaboró. ¿Hubo debate? No, “sin argumentos, convencieron”, parafraseando a Alejandro Canales. Si vivimos en una democracia y la queremos cuidar, el debate y la argumentación hubieran sido medios idóneos para legitimar la ley; pero parece que este recurso de gobernabilidad se sale del radar de la administración actual (vease mi “Tiempo de discusión” en Campus; 22/08/13). ¿Será acaso que para “mover” a México habrá que usar la aplanadora que “no nos ve ni nos oye”?
El segundo punto cuestionable de los intelectuales que comentaron la reforma educativa es atribuirle características “superiores” o morales a un hecho legislativo (aprobación de una ley). Esta “elevada” posición abre la puerta para que se justifique cualquier recurso para no dejar que la “Patria se nos vaya de las manos”. ¿No fueron algunos de esos intelectuales los que criticaron el discurso “mesiánico” que sugería “purificar la nación” con la elección de 2006? Pensar en la aprobación de una ley por razones más allá de sus virtudes intrínsecas podría entorpercer la tolerancia y aquí también la democracia pierde. Si seguimos por este camino, al rato nos creeremos la terrible idea del “fraude patriótico”.
Victimizar al maestro y que éste se acurruque en los brazos del “especialista”, aprobar leyes al vapor, menospreciar el argumento contrario, dejar a los niños sin clases por defender “conquistas” laborales y elevar hechos políticos a una escala moral superior muestra que la democracia mexicana tiene aún un gran trecho que recorrer para lograr su plena consolidación y en esto, todos somos responsables. 

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Modificado por última vez enViernes, 06 Septiembre 2013 13:37

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