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La delincuencia universitaria gana terreno amparada en la autonomía Destacado

La delincuencia es una amenaza real en los campus universitarios. Y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no es la excepción. Ha cobrado vidas y genera temor e incertidumbre en los miles de alumnos que a diario conviven, estudian, interactúan y hacen su vida en Ciudad Universitaria.
Un riesgo que amenaza también a los profesores, investigadores, trabajadores y funcionarios que integran a su comunidad. Y un mal que no es exclusivo de los terrenos ubicados en el Pedregal, sino que se extiende a todos los campus de esta institución.


Los robos, los asesinatos, las agresiones en contra de alumnas no son casos aislados. Son parte de esas estadísticas que engrosan los índices delictivos en Ciudad de México y en todo el país.
Ahí están las denuncias, los reclamos y las manifestaciones de la propia comunidad universitaria para que se tomen cartas en el asunto y se ponga un alto a los delincuentes que operan con impunidad en la universidad.
Una impunidad que se escuda en la autonomía universitaria mal entendida por las propias autoridades. Porque son ellas quienes han decidido siempre que las fuerzas de seguridad no ingresen al campus, aunque ahí se cometan delitos a diario.
Son las autoridades quienes han determinado que este tema sea manejado con un perfil tan bajo que no provoque estruendo y reacciones en los medios de comunicación.
Para quienes son parte de la universidad, de acuerdo con los entrevistados por Campus, es más importante cuidar la integridad de docentes, científicos, empleados y alumnos, que la imagen de la propia UNAM hacia el exterior.
Sin embargo, esta visión y esta óptica no coinciden con las escasas medidas que han tomado los altos mandos de la UNAM para enfrentar y reconocer este problema.
Han optado por manejar el asunto, desde hace varios años, como hechos específicos que no son parte de un fenómeno y un padecimiento social que está en todas partes.
Y mientras, los alumnos y los profesores reconocen que se trata de un problema que ha golpeado a los miembros de esta casa de estudios, las autoridades prefieren dar vuelta a la página y esperar que pase la indignación provocada en los últimos días.

Un acercamiento numérico
Los asesinatos y robos  contra profesores y alumnos de la Máxima Casa de Estudios, aunque no son recurrentes, sí son una realidad que no debe hacerse a un lado.
La reciente muerte de la joven Lesvy Osorio, junto a una caseta telefónica, enfrente del edificio cuatro de la Facultad de Ingeniería, puso en boga un tema que no ha querido ser abordado con transparencia y sensibilidad y que afecta no sólo a Ciudad universitaria, sino a otras instalaciones como la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (FES Cuautitlán), la Facultad de Estudios Superiores Aragón (Fes Aragón), ubicados en el Estado de México, y la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES Zaragoza).
Una percepción que queda reflejada en las cifras. Un ejemplo de esto es lo que las propias autoridades universitarias reconocieron hace unos años, cuando mediante una solicitud remitida a través del Instituto Nacional de Acceso a la Información informaron que se registraron 38 violaciones en las instalaciones universitarias.
Esto, aunado a los asaltos de los que se quejan muchos alumnos que recorren las instalaciones y los predios en que se ubica Ciudad Universitaria.
Rolando Martínez, estudiante de la Facultad de Ingeniería, comenta que varios de sus compañeros han sido asaltados dentro y en los exteriores de las instalaciones universitarias.
“Y más ya en la tarde cuando hay menos gente por acá, es más complicado el asunto, te arriesgas mucho si andas solo y te desplazas a zonas poco concurridas”, comenta.
Una opinión que se encuadra dentro de los resultados del Primer Diagnóstico sobre la Inseguridad al Interior de las Instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (PDIII-UNAM), donde casi la mitad de los encuestados en el diagnóstico tiene una percepción de inseguridad dentro de la UNAM.
Y es que, tanto las autoridades como los alumnos, académicos y empleados saben y ubican que dentro de la UNAM existen ciertos puntos rojos donde se presentan más comúnmente los delitos.
Ese mismo diagnóstico coloca al Circuito de Investigación Científica, la Facultad de Derecho, el Túnel del Estadio México 68, el Camino hacia Rectoría, el Centro Cultural Universitario y la Facultad de Filosofía y Letras como algunos de los lugares más inseguros.
Además, alertan sobre las canchas del Jardín Botánico, la Salida de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales con dirección al Metro, e incluso el Pumabus, el medio de transporte que atraviesa la Ciudad Universitaria.
En este caso, comenta Luis González, de la Facultad de Medicina, hay  robos, principalmente por las tardes y las noches e “incluso se da el acoso a algunas compañeras o maestras pero no pasa de ahí”.
Por ello, el diagnóstico ubica al robo con violencia como el delito más registrado en la UNAM, con un 29 por ciento, seguido de robo sin violencia, agresiones sexuales, venta de drogas o alcohol, secuestro, asesinato y otros.

La mal entendida autonomía
De acuerdo con una apreciación del constitucionalista Raúl Carrancá y Rivas, la responsabilidad de garantizar la seguridad de los universitarios no es exclusiva de las autoridades de la UNAM, como éstas lo han puntualizado así.
La autonomía, comenta, no se extiende a ese terreno, lo que se confirma en la fracción VII del artículo 3º de la Constitución que “define impecablemente el alcance jurídico y real de la propia autonomía, que es facultad de autogobierno administrativo y cultural, apego a la Constitución en lo relativo a la educación, respeto a la libertad de cátedra e investigación y libre examen y discusión de las ideas”.
Es momento, dice, de entender que es el Estado el que debe cumplir con su responsabilidad de salvaguardar la seguridad y paz en la Máxima Casa de Estudios del país.
Ya sea mediante convenios con las autoridades competentes del Estado, locales y obviamente federales, pero no debe quedar como responsabilidad única de los universitarios, como lo planteó el propio rector Enrique Graue Wiechers.
“El rector no tiene por qué asumir la responsabilidad total, lo que menguaría inadmisiblemente la del Estado; sugiero que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y el rector firmen un convenio de seguridad universitaria”, sostiene.
Y es que los hechos recientes obligan a replantear esta manera de enfrentar la delincuencia en el campus universitario.
De acuerdo con estadísticas de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX), la agencia del ministerio público en Ciudad Universitaria registró mil 143 denuncias entre el 1 de enero de 2014 y el 30 de septiembre de 2016, de las cuales 948 fueron por robo.
Es decir, en el principal campus de la UNAM en el país, 8 de cada 10 delitos están relacionados con el robo en sus diversas modalidades. El resto, se distribuyen entre abuso sexual, daño en propiedad ajena, narcomenudeo y otros delitos.
Para Julieta Díaz, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el problema existe, pero nadie quiere enfrentarlo debido a que puede dañar la imagen de la universidad.
“Creo que es más que eso, cuando hablas de que la UNAM es la mejor de Latinoamérica y es muy reconocida, no suena bien que estén pasando estas cosas y prefieren mantener todo como está para que no se tenga otra imagen”, dice.
Y aunque las autoridades le apuestan al bajo perfil, días después de la muerte de la joven Lesvy Osorio, el pasado 8 de mayo, otro cadáver fue encontrado en instalaciones de la Universidad, sólo que en este caso en la zona conocida como “La Cantera”, donde entrena el equipo de fútbol profesional Pumas.
Por eso el descontento estudiantil y el cuestionamiento sobre la seguridad dentro y fuera de las instalaciones de la UNAM se han puesto en la mesa de nuevo.

Medidas ¿suficientes?
Pese a los esfuerzos de las autoridades, para los alumnos y docentes de la UNAM la delincuencia no va a parar porque ha encontrado la manera de operar con toda impunidad. Al no haber vigilancia suficiente, porque la autonomía lo impide, entonces tienen espacio suficiente para delinquir.
Leonardo Velasco, profesor de la carrera de Ciencias de la Comunicación, dice que los delincuentes aprovechan estas condiciones y cometen delitos sin pudor.
“Sí ves a las patrullas de Auxilio UNAM por aquí, pero son pocas, nosotros somos muchos y no pueden cuidar a todos, en la noche llegar al metro es un logro porque hasta ves a muchos chavos que no saben si son alumnos, pero andan drogados, tomados y no saben ni cómo van a reaccionar”.
Dicen las autoridades que reforzarán la vigilancia en Ciudad Universitaria con patrullas del Gobierno de la ciudad, principalmente en los accesos de avenida Universidad 3000, Cerro del Agua y el Metro Universidad, para garantizar la seguridad de los miembros de la comunidad. El problema es que los delitos ocurren dentro y los universitarios no se sienten seguros.
“Muchos compañeros a veces ni entran a la última clase en la noche porque ya es salir a las 10 o más tarde y a algunos los han intentado asaltar y mejor ya le piensan”, asegura Fabián Muñoz de la Facultad de Derecho.
Otros, explica Mario Ruiz, también de esa Facultad, han asumido otras alternativas. “A veces los profes te piden un trabajo, los recoge da indicaciones o algo muy rápido y a las 9 ya estás fuera, a ellos también les afecta”.
Por lo pronto, el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, dice estar en deuda con la comunidad estudiantil por no poder eliminar la violencia que se ha registrado en las instalaciones.
Ahora, le pide la comunidad universitaria, tomar medidas mucho más estrictas.
Ya es tiempo de que la delincuencia deje de aprovechar los límites mal entendidos de la autonomía, y que las autoridades ya no pongan de pretexto esa capacidad de autogobierno para no actuar en consecuencia.

 


Asumir la responsabilidad
Frente a esta tendencia que vulnera la estabilidad de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, secretario general de la institución, dijo que la Máxima Casa de Estudios es una universidad con campus abiertos, que no está a salvo de la violencia y el debilitamiento del tejido social que afectan a nuestro país.
Sin embargo, asume el reto de redoblar esfuerzos para garantizar la seguridad de los miembros de la comunidad universitaria y de quienes visitan la Universidad Nacional.
“No eludimos los problemas, los enfrentamos con determinación y transparencia; tenemos la convicción de que la UNAM podrá resolverlos, de la misma manera que ha podido superar otras situaciones difíciles a lo largo de su historia”, apunta.
Para ello, anunció un plan de 10 acciones encaminadas a mejorar la seguridad dentro de los campus, en el entendido de que una de las prioridades de la institución, es salvaguardar la integridad y bienestar de todos los miembros de su comunidad.
Y aunque directores de facultades, escuelas, institutos, centros y programas, coinciden en que la UNAM está inmersa en la realidad de un país en donde campean la inseguridad y la impunidad, insisten en que sólo “ocasionalmente afectan el ambiente de tranquilidad que los universitarios requieren para realizar sus labores”.
Aun así, se comprometen a mantener la vigilancia permanente en las inmediaciones y en los accesos a las instalaciones universitarias por parte de elementos de seguridad pública; extender y reforzar la iluminación en distintas zonas de los campus; y ampliar el número de cámaras de seguridad en los espacios identificados como vulnerables.
Además, instalar nuevas y modernas bases de vigilancia, ubicar botones de emergencia en todos los puntos que sean determinados por las Comisiones Locales de Seguridad, reforzar controles de seguridad en accesos y salidas en las sedes de las distintas entidades académicas, controlar el ingreso a taxis sin pasaje y mejorar la seguridad en el transporte dentro de los campus.
Ello, sin olvidar el incremento de la vigilancia y el patrullaje por las noches en las instalaciones universitarias, y continuar el combate permanente a la venta de droga dentro de las instalaciones.
Estas medidas, argumentan, podrán ser enriquecidas por las Comisiones Locales de Seguridad de la UNAM; algunas entrarán en operación de manera inmediata, mientras que otras se pondrán en marcha de forma paulatina.
El asunto ahora es que estas medidas y estos llamados no se queden en el tintero, como ha ocurrido en años anteriores.
Hace un año, a finales de octubre, al presidir la Tercera Sesión del Consejo Universitario, el rector de la UNAM, alzó la voz y pidió reforzar la seguridad en Avenida Cerro del Agua y Avenida Universidad, al exterior de la institución.
Sin embargo, la delincuencia opera en los campus imponiendo su ley, y lo que es peor,  va ganando terreno amparada en la autonomía.

Carlos Reyes

Modificado por última vez enJueves, 18 Mayo 2017 00:16
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