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Javier Valdez Cárdenas. Javier Valdez Cárdenas. Especial

Con que no me toque bola negra y  no me agarre la voladora…

Está claro que los tiranos y  los malos, como les llamaba en ocasiones Javier Valdez Cárdenas a los narcotraficantes que se han apoderado de Sinaloa, odian la verdad.
Cuando ésta se impone en la opinión pública, por la evidencia de un hecho, que para ellos debe mantenerse en secreto,  actúan con toda la virulencia de su poder contra quien lo revela.


Por Javier Valdez Cárdenas muchas cosas se saben de la violencia criminal en Sinaloa y en México. Pero él hizo más que dar a conocer los hechos e interpretarlos.
Al internarse en los sentimientos de las víctimas logró escribir páginas imborrables. Pero también nos hizo saber de los victimarios. Trató de descubrir de éstos las razones de su irracionalidad. Dio a conocer piel y entraña.
En su labor periodística se afanó  en hacer una literatura desenfadada e irreverente, asumiéndose en un notable narrador de vidas y familias rotas.
Describió en piezas candentes e iluminadas el Culiacán desmembrado por la mortandad que ha hecho ricos a funerarios y panteoneros.
Pese a escribir con una granada en la boca (título de uno de sus libros de crónicas), su prosa era alegre y con un pátina de melancolía.
En cada crónica del crimen ha de haber  una vida maltrecha. Javier indagaba el porqué de la maldad o la ingenuidad de los jovencitos que con la ilusión de alejarse de la pobreza alcanzan a ser intrépidos por unas horas.
Escribe Valdez: “Él quedó en el monte, tirado y boca arriba. Encima, un cuerno de chivo todavía humeante. Los verdes lo vieron y lo patearon. Le preguntaron cosas que no entendía. Sintió frío y vio la sangre que corría. Balbuceó cuando lo levantaron para llevarlo al hospital, entre maldiciones e interrogatorios, antes de quedarse tieso, antes de que el sol muera y los gritos lejanos que apenas escucha se apaguen, repetía una y otra vez, ya con los ojos cerrados o entreabiertos: no podré comprarte la lavadora, mamá”.
Se sabía por él de las víctimas por hacer el bien, del victimario cuyo destino es ser víctima, de aquellos que por cientos  en esta ruleta de la sociología de la maldad les toca bola negra o los engancha la voladora.
Sólo en territorio sinaloense podía brotar un periodista que no solo hablara de los hechos, sino que penetrara en las profundidades de la mente de los criminales.  
No estoy de acuerdo en que se piense, ni admitiré salvo prueba en contrario, que el asesinato del creador de la columna  Malayerba, (“quémenla y rólenla”, decía Javier, al aludir ese nombre que era, por el contenido incisivo de cada una de las que publicaba,  una punción en la mente silvestre de un malandrín),  haya sido un mensaje de algún político para desestabilizar más aún al estado de Sinaloa o para retar al presidente Peña Nieto, o justamente todo lo contrario a estas dos hipótesis, para mí, a cual más de pueriles, porque quien fuera estudiante de la Preparatoria Salvador Allende de la Universidad Autónoma de Sinaloa, lo que hizo fue desvelar los secretos de la intimidad los poderosos, pecado imperdonable en los que mandan en forma totalitaria, la única manera en que puede mandar el narcotráfico.
Valdez Cárdenas, adolescente, se nutrió de la lucha de los universitarios por la defensa de la autonomía a principios de los años 80. Fue de la primera generación del bachillerato de tres años por lo que quiere decir que desafió la amenaza del gobernador Toledo Corro de que  no reconocerían las preparatorias de la UAS. Fue de esos jóvenes que dieron una lección de dignidad a Sinaloa.
Formó parte de los grupos de izquierda y fue candidato a diputado por el PRT. Su vocación social y cultural lo llevó a estudiar Sociología y de ahí al periodismo, donde encontró su verdadera vocación.
Javier es un personaje natural de Sinaloa, está hecho en estas tierras y en sus luchas, de la variedad de nuestra flora, del amapa, el huanacaxtle,  del cedro, del venadillo, del ébano, maderas  que cuyo magma se nutre el coraje, el valor, la sinceridad y el amor por la verdad del sinaloense.
Su muerte ha entristecido a los sinaloenses y ha inignado a la comunidad periodística nacional e internacional. Muchos sienten como si les hubieran arrancado una esperanza. Así lo manifiestan. Sin ser amigo personal de Javier, alguien me hablo de sentir la soledad como un animal en casa.  

Jorge Medina Viedas

Modificado por última vez enJueves, 18 Mayo 2017 01:32
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