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Política y educación Destacado

Es difícil construir un régimen democrático en el cual los competidores por el poder se niegan a aceptar la victoria del adversario. Hace muchos años lo dijo aquí en México el expresidente español Felipe González Márquez, a propósito del mismo competidor que como hoy profería amenazas contra las instituciones, que entonces también le daban la contraria en un proceso electoral.
Independientemente del carácter singular y del estilo populachero de dicho personaje, muy dado al chistorete, a la burla y el escarnio de sus adversarios, por cierto, y al margen del deseo de los más media de que el anunciado espectáculo de la protesta abra con bombo y platillo su temporada de verano, la historia que posiblemente vayamos a vivir ejemplifica lo lejos que estamos de consolidar la aspiración que desde hace ya casi cincuenta años la sociedad mexicana está tratando de hacer realidad.


Es irremediable pensar que se trata de un deja vú.
Una democracia que nos obliga a pensar en lo que dijo justificadamente —y que varias veces he citado— el   legendario intelectual comunista Jorge Semprún cuando, persuadido de que el camino de la revolución era una quimera, no por lo bellos sueños que engendró, sino por lo obtenido de ella, instalado ya en la lucha legal contra el viejo régimen heredado de Franco, en el sentido de lo complejo y difícil que es alcanzar la democracia como una forma de dirimir la disputa por el poder.
Lo mismo dijeron en sus inteligentes y reiteradas reflexiones Bobbio y Sartori. Lo dicen de manera consistente en su enfoques coyunturales Merino, Cordera, Silva Herzog, Aguilar Camín, Krauze, y algunos otros que, con buen juicio, reparten responsabilidades en los distintos partidos e instituciones y señalan las claras deficiencias jurídicas concretas y aquellas que el sistema ha sido incapaz de subsanar.
Desarrollar una cultura democrática en una sociedad históricamente sujeta a formas autoritarias, caciquiles, clientelares en la administración del poder, donde proliferan las jerarquías o las pandillas compuestas  de políticos, de empresarios, banqueros, en todos los territorios de la República, representan difíciles escollos para establecer “pisos parejos” para la competencia política y por supuesto económica.
Esta deriva ha sido en extremo frustrante para aquellos mexicanos que históricamente se han esforzado por reclamar desde una educación, “que considerase a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo (Jaime Torres Bodet).

Reforma con adjetivos*
Al referir la democracia y sus problemas cabe asirla a la educación. Cuando se quiere lograr el propósito de reorientar la vida de una nación, se acuña la frase de “gobernar es educar” (Adolfo López Mateos).
La educación es un fin superior por los valores que encarna, y en aquel sexenio (1958-1964), la obra educativa es un punto de inflexión en la historia nacional.
El presidente López Mateos busca a quien ha sido ya secretario del ramo, Jaime Torres Bodet, y con quien tiene afinidades personales y políticas en el campo de la educación y la cultura.
En el primer mes de gobierno, el 30 de diciembre de 1958, el ambicioso programa educativo ya ha sido elaborado y el presidente envía al Congreso de la Unión la iniciativa del Plan de Expansión y Mejoramiento de la Escuela, y con él se establecen las bases de lo que será el Plan de Once Años para lograr que todos los niños del país, de 6 a 14 años, reciban enseñanza primaria.
Sin embargo, heredan también, presidente y secretario, una problemática que ambos bien conocían: la necesidad de aulas, maestros y recursos materiales para dignificar al magisterio, y las demandas sindicales que han derivado en conflictos y tienen en la cárcel a Othón Salazar, líder comunista del Movimiento Revolucionario del Magisterio, MRM, opositor al SNTE, quien pronto es liberado a la llegada del nuevo gobierno, para lo cual intercede el nuevo secretario.
No obstante, al mismo tiempo que está en marcha el plan que habrá de cambiar la educación del país, en 1960, el movimiento de Othón Salazar obtiene más fuerza. Las protestas se elevan y la represión contra los maestros tiene graves consecuencias. Gran cantidad de ellos son detenidos y hay dos muertos en las refriegas. Son los maestros los precursores de lo que serán las luchas por la democracia del país.
El sindicalismo oficial, en el SNTE, da muestras de que el control del gremio se tiene que hacer por los caminos torcidos de clientelismo y la prebenda, las concesiones a sus aliados, en otras palabras, mediante la corrupción.
Pero al Plan de Once Años que ya está  en marcha y a la construcción de escuelas con un plan eficazmente trazado, se une la elaboración del Libro de Texto Gratuito que viene a ser el sello de herrar del gobierno de López Mateos y de su leal secretario Torres Bodet, con quien comparte ese ideal superior que es rescatar al pueblo de la ignorancia.
El programa educativo no se detiene. Sigue firme pese a las contingencias de la protesta de la izquierda magisterial, combinada con la oposición de la iglesia, los empresarios de Monterrey, que patrocinan a la Unión de Padres de Familia y mismo Partido de Acción Nacional al Libro de Texto Gratuito.
El gobierno con su política de no ceder en lo fundamental, al final obtuvo un bien mayor en el campo educativo.
No obstante, haber permitido que el sindicalismo oficial creciera, fue tal vez una decisión cuyas consecuencias no fueron calculadas. No podían imaginar que el poder de los líderes llevara al SNTE a un cisma como el que se dio años después en su interior ni mucho menos que fuera instrumento para la creación de un partido político; tampoco era previsible la irrupción de la CNTE ni que ésta se adhiriera a un partido como Morena, o a estos se sumaran miembros y ex dirigentes del SNTE.
Ni tampoco se midieron las consecuencias de haber hecho concesiones a la derecha en muchos aspectos de la educación; hoy, su presencia ideológica y académica en el sistema educativo es una de sus armas de negociación política y económica más poderosa.
Pero hay que recordar que las reformas son eso, reformas, avances graduales, consistentes; entonces, bajo ese criterio, el gobierno de Adolfo López Mateos, mantuvo firme y apoyo presupuestalmente hasta el último día de su mandato, el Plan de Expansión y Mejoramiento de la Escuela, de la Educación y la entrega de los libros de Texto Gratuito. Con ellos, se venció políticamente al radicalismo de la derecha y hoy sigue siendo uno de los emblemas de la educación pública del país.
La Reforma Educativa actual, siguiendo ese ejemplo histórico, no puede negarse a sí misma. Debe preservarse y profundizarse en sus principios básicos hasta el final del sexenio, prolongar su vigencia más allá de 2018 siguiendo la ruta trazada. No abdicar, no renunciar a lo que se ha hecho. No hay otra manera combatir las defecciones los principios y valores de una educación democrática y para la democracia.

* Con información del libro Jaime Torres Bodet. Realidad y destino de Fernando Zertuche Muñoz.  Fondo de Cultura Económica.

Jorge Medina Viedas

Modificado por última vez enMiércoles, 07 Junio 2017 02:29
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