Menu
Conforman UABC, Cicese y Colef Red de investigación sobre recursos hídricos

Conforman UABC, Cicese y Colef Red …

En el marco del Día Mundi...

Entregan 20 becas Grupo Colimán - UdeC - FEUC

Entregan 20 becas Grupo Colimán - U…

Como resultado de la cola...

Entregan certificados TOEFL Junior a alumnos del CELE de la UJAT

Entregan certificados TOEFL Junior …

Alumnos del Curso de Ingl...

Develaron óleo de ex Rector de la UdeG maestro Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla

Develaron óleo de ex Rector de la U…

El óleo del ex Rector Gen...

En Jalisco hay crisis de agua: especialista de la UdeG

En Jalisco hay crisis de agua: espe…

Jalisco enfrenta una cris...

Evaluará profesor universitario de la UdeC programa de Veterinaria de la UNAM

Evaluará profesor universitario de …

Omar Prado Rebolledo, pro...

Si sufres de acoso y hostigamiento, denuncia: Policía de Género en la UJAT

Si sufres de acoso y hostigamiento,…

El primero paso que debe ...

En octubre la UASLP será sede del Congreso Nacional de Criminología

En octubre la UASLP será sede del C…

El concepto más important...

Triunfan estudiantes del IPN en certamen de organización altruista israelí

Triunfan estudiantes del IPN en cer…

Estudiantes del Instituto...

Inauguran XVI Congreso Nacional de ALADAA-MÉXICO en Facultad de la UABC

Inauguran XVI Congreso Nacional de …

La Facultad de Economía y...

Prev Next

La importancia de llamarse Walter White Destacado

Kevin Spacey dijo recientemente durante el Festival Internacional de Televisión de Toronto que el cine sueña con provocar el mismo efecto que los programas de televisión causan actualmente en sus espectadores regulares. Pareciera que Spacey lo dice ahora como estandarte de los nuevos medios y su galardonado proyecto House of Cards que fue creado exclusivamente para la plataforma en línea Netflix. Pero analizar los recientes fenómenos que han provocado programas como Game of Thrones, Mad Men y The Killing, nos muestran el enorme poder del culto que provoca la pantalla chica.


Es fácil entender la razón: la televisión permite a sus creadores mayor tiempo para desarrollar a sus personajes, establecer relaciones, generar empatía con el espectador. No importa si se trata de un asesino serial como Dexter Morgan o un conflictuado misógino como Don Draper, el espectador encontrará formas de relacionarse con él si los escritores hacen bien su trabajo.
En la segunda década del siglo XXI, ningún personaje de ficción en los medios masivos de comunicación provoca mayor debate, escrutinio y análisis que Walter White de Breaking Bad.
El profesor de química en una preparatoria pública que se volvió cocinero de metanfetaminas o “cristal”, cuando se enteró que tenía cáncer de pulmón terminal, es ya un referente de la cultura popular y, sin duda, un ejemplo perfecto de las víctimas de un capitalismo desmedido.
Trabajando en un segundo empleo como asistente en un lavado de autos, y con un hijo adolescente con necesidades especiales y otro en camino, Walter White, traído a la vida extraordinariamente por Bryan Cranston, se ve impulsado hacia una vida criminal para dejar el suficiente dinero a su familia cuando la inminente muerte se acerque.
De la mano de un ex alumno de la preparatoria, el simpático Jesse Pinkman, interpretado brillantemente por Aaron Paul, Walter se lanza a un mundo desconocido para él y en el que se verá involucrado hasta el punto de no retorno. Perseguido por su propio cuñado, un agente de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (la DEA, por sus siglas en inglés), Walter se convierte entonces en ‘Heisenberg’, un álter ego inspirado en el físico creador del Principio de incertidumbre y uno de los principales científicos a cargo del programa nuclear de Hitler, un hombre capaz de hacer cualquier cosa por su familia y su negocio.
Pero la transformación de Walter White a Heisenberg es paulatina. Conocemos a Walter como un padre amoroso, un hombre entregado y fiel, respetuoso y dedicado a su trabajo. Pero Walter tiene un peso emocional que lo impulsa desde un principio. Al salir de la universidad, Walter fundó una compañía química con un grupo de amigos llamada Gray Matter Technology. Tras tener un amorío breve con la esposa de uno de los socios, Walter deja su parte de la empresa a cambio de cinco mil dólares. Poco tiempo después, la empresa está valuada en miles de millones de dólares, todo a partir de las ideas que apoyó Walter a un proyecto que ganaría el Premio Nobel.
Así, el impulso de Walter toma control: recuperar lo perdido y construir, en sus propias palabras, un imperio. Heisenberg se vuelve la identidad que muestra al mundo y a su familia, quienes estaban acostumbrados a ver a un hombre dócil y sumiso. Heisenberg es, en pocas palabras, un referente aspiracional para quienes ven Breaking Bad.
No me refiero en específico al lado criminal y desalmado de Walter, sino al impulso que tiene el hombre de sostener abuso y humillación a cambio de poner comida en la mesa en lugar de luchar, hasta el último momento, por lo que considera suyo. Aunque Heisenberg lleva la historia a lugares oscuros de los cuáles Walter no podrá salir fácilmente. Y es que al final, como escribe James Poniewozik en la revista Time, Breaking Bad se trata de la familia, de lo que somos capaces de hacer por ellos, de lo que nos hacen a nosotros y cómo les fallamos.
“Ése fue su impulso original, su justificación a través de su propia carrera criminal, y la línea que él mismo se marcó y que jamás cruzaría”. Sin embargo, Vince Gilligan, el creador de la icónica serie, tenía otros planes para todos.
Así, Breaking Bad se encuentra en sus últimas semanas al aire. Ganadora en cuatro ocasiones distintas del premio al mejor programa de televisión del año en los Premios AFI, así como Mejor Serie Dramática y Mejor Actor Principal y Secundaria en los Emmy en diferentes años, la popular serie se ha vuelto un estándar para la televisión.
La quinta y última temporada, actualmente al aire, es sin duda la más poderosa y emocionalmente intensa. Estamos frente a las últimas etapas del imperio que alguna vez dominó Heisenberg y que hoy Walter White no puede sostener. El pasado de sus pecados y el fantasma de la gente que tuvo que pisotear, lo están alcanzado.
Su esposa, sus hijos, su familia, comienzan a sufrir las consecuencias del dinero manchado de sangre que hoy les provee. Walter White es el antihéroe por excelencia, el hombre cuyo fatal destino todos sabemos, pero del que aun así estamos dispuestos a acompañar en el viaje.
Y es que un hombre que ha construido una vida a costa de otras, no puede tener un final feliz. Ni en la vida real ni en la ficción. Pese a ello, todas las semanas, los fans de Walter White sintonizan para ver la destrucción de su alma y sus pasos cada vez más cercanos al precipicio.
Breaking Bad es una historia desoladora, la advertencia sobre cómo la vida se puede ir al diablo con un solo error, con un paso en falso. Es, sin duda, un ejemplo de actuación, dirección y sobre todo, de guionismo. Gilligan y su equipo creativo crearon un universo donde un hombre ordinario “se convierte en Scarface”, en la peor versión de sí mismo.
Cuando la serie llegue a su fin el próximo 29 de septiembre, habrá un vacío en la televisión difícil de llenar. Claro, muchos están entusiasmados por la aprobación de Better Call Saul, una serie que estará basada en el abogado de Walter White y uno de los personajes clave de Breaking Bad, pero extrañar a Heisenberg será inevitable. Por fortuna para muchos, la televisión y los nuevos medios se encuentran en su mejor etapa. Creadores y canales de televisión han entendido qué quieren los espectadores. Y, pese a que Walter White ya no estará en nuestras pantallas, no tardará en llegar otro antihéroe cuya tragedia desearemos ver semana tras semana.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Modificado por última vez enViernes, 04 Octubre 2013 16:45
volver arriba