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Policías en la Universidad Destacado

La UNAM tiene dentro de su espacio problemas de criminalidad, algunos antiguos (como la ocupación por un grupo de vándalos del auditorio de Filosofía y Letras), otros recurrentes (robos) y otros ocasionales (asesinatos). Lo que se debate es cómo enfrentar eficazmente esos delitos sin que el principio de la autonomía se vea vulnerado.
Subsiste una enorme confusión al respecto; por ejemplo, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, acaba de declarar que la seguridad dentro de la UNAM es competencia de las autoridades universitarias. Pero ¿cómo las autoridades van a garantizar seguridad en el campus? ¿Con qué instrumentos? ¿Debe la Universidad dotarse de una policía universitaria que investigue y persiga a la delincuencia?


Este es el meollo del asunto. Lo que Mancera nos dice, implícitamente, es que existen dos órdenes institucionales en materia de policía, una, la del estado mexicano y otra, la de la UNAM. Esto es absurdo. La autonomía universitaria no significa extraterritorialidad —como si la Universidad fuera un estado dentro del estado.
El problema es que aún hoy persiste un enorme desconcierto respecto a lo que es la autonomía universitaria. La autonomía no es separación de la UNAM respecto del estado (aunque sí hubo por parte del gobierno, en 1933, la intención política de desprenderse de ella y, tal vez, privatizarla). Es el derecho de la Universidad a autogobernarse en lo académico y en lo administrativo, no más que eso.  
En estricto sentido, es responsabilidad de la policía de la ciudad actuar contra los criminales dentro del espacio universitario y, al no hacerlo, se hace de la UNAM un campo propicio para el crimen y la impunidad. En realidad, existe un obstáculo formidable para la acción de la policía de la ciudad dentro del campus: la sensibilidad (siempre a flor de piel) de los estudiantes universitarios.  
Entre los estudiantes de la UNAM domina la idea de que autonomía es extraterritorialidad. Si se diera el caso, por ejemplo, de que la policía de la ciudad entrara a patrullar la Ciudad Universitaria, probablemente estallaría una revuelta estudiantil “en defensa de la autonomía universitaria”.
Ergo, la policía de la ciudad no entra a C.U. Esto es paradójico pues, al no hacerlo, la población universitaria —trabajadores, maestros y estudiantes—queda expuesta a la acción predadora de los criminales que no encuentran en el espacio universitario muchos obstáculos para cometer sus fechorías.   
Es un aparente callejón sin salida. La solución de fondo (aunque poco probable) tendría que darse por medio de un trabajo minucioso y perseverante de información y reeducación de la comunidad estudiantil. Otra salida al problema podría consistir —he aquí una idea que yo apunto— en crear, dentro de la policía de la ciudad, un cuerpo policiaco especial encargado de vigilar los espacios universitarios. La propia UNAM podría capacitar a esta unidad policiaca para asegurar que tenga una preparación de excelencia y que se conduzca con enorme respeto hacia los universitarios. Sería una policía común, pero, al mismo tiempo, excepcional por la calidad de su desempeño, en fin, sería policía de la ciudad y, al mismo tiempo, universitaria.
Imaginemos agentes de policía en la Universidad amables, serios y eficaces. Sería un cuerpo policiaco altamente capacitado, conocedor de los derechos humanos, respetuoso de las tradiciones y valores de la Universidad.  El proyecto de policía universitaria podría divulgarse ampliamente y, en un momento dado, someterse a la aprobación de la comunidad.  

Gilberto Guevara Niebla
Profesor del Colegio de Pedagohttp://campusmilenio.mx/administrator/index.php?option=com_k2&view=item#gía de la UNAM; Consejero del INEE.

Modificado por última vez enJueves, 29 Junio 2017 00:51
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