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La música visual de Terrence Malick/ Paterson: La familiaridad de la rutina Destacado

Terrence Malick es un director tan elusivo como cautivante. Su talento, que nos ha entregado a cuentagotas a lo largo de los años, siempre despierta profundo interés entre cinéfilos cercanos a su obra. Y sobre todo, a actores que quieren tener el honor de ser parte de su filmografía, pese a su notable costumbre de haber dejado fuera de su corte final a renombrados personajes del cine mundial.
Los últimos años, sin embargo, Malick parece haber respondido a su necesidad como artista de canalizar las ideas que llevaban sembrándose en el durante décadas. Desde Tree of Life en 2011, Malick ha producido prácticamente un proyecto por año, con mezcladas temáticas, reseñas mixtas, pero un estilo visual inconfundible, establecido de la mano del impecable trabajo de Emmanuel Lubezki.


En 2017, el director norteamericano presentó el que ha sido quizás su proyecto más esperado: Song To  Song. Protagonizada por una plétora de actores tanto jóvenes como consagrados, cuenta la historia de dos parejas y sus relaciones en el contexto musical de Austin, Texas.
Rooney Mara y Ryan Gosling interpretan a Faye y BV, compositores que buscan abrirse camino en el complejo mundo de la música. Cook, traído a la vida por Michael Fassbender, es un exitoso productor musical que trabaja con BV pero que se siente atraído por Faye. Y ahí se genera un triángulo amoroso que amenaza con separarlos.
Los tres tienen una relación cercana, acudiendo juntos a festivales de música y viajando a México, donde Cook insiste en seducir a Faye a espaldas de BV. Tiempo después, Cook conoce a Rhonda (Natalie Portman), una mesera que ve en el exitoso productor un medio a todo lo que no pudo obtener materialmente. Pero pronto se da cuenta que su estilo de vida no es lo que esperaba y comienza a caer en una espiral de depresión y conductas que chocan con su perspectiva religiosa.
Como suele suceder en la narrativa de Malick, Song to Song se nos presenta como una visión personal de cada personaje, saltando de perspectivas a través de sus voces que van narrando los sucesos con los que se van enfrentando.
Si bien es cierto que la relación de BV y Faye, sus conflictos y relaciones esporádicas son el hilo conductor de la historia, Malick juega introduciendo a terceros que intentarán interceder en su camino. De ahí que las apariciones de Cate Blanchett, Holly Hunter, Bérénice Marlohe y Likke Li sirvan como un juego amoroso y narrativo.
El problema de Song to Song yace en que se trata de un trabajo repetitivo para Malick. Cuando el cineasta se separa de las acciones y los diálogos que nos presenta en pantalla y recae más en los personajes como narradores omniscientes, la historia pierde fuerza y le quita protagonismo a actores que enriquecen la película.
“Vivíamos de canción a canción. De beso a beso”, explica Faye sobre su relación con BV. Su voz es la que une la narrativa de la historia, pero pese a que nos va explicando lo que va viviendo, no logramos conectar emocionalmente con ella ante la insistencia del director de introducir elementos narrativos simbólicos o demasiado fugaces.
Pese a ello, Song to Song y su juego de improvisación ganan con la intervención de un artista del tamaño de Lubezki. Es su fotografía personal e intimista lo que nos hace entender las circunstancias, el juego de intrigas y traiciones que se entrelazan y se revelan en el camino.
Malick quizás ganaría más, y sus películas con ello, apoyándose más en el guión y dejando tanto del producto final en la sala de edición. Se trata de un cineasta imperdible cuyas obras siguen siendo originales, profundamente estéticas y reveladoras de la naturaleza y el instinto humano, pero que en ocasiones se desvía de lo que trazó en un principio.


Paterson: La familiaridad de la rutina

Adam Driver es uno de esos actores que se presentan cada generación y que se revela como un rostro distinto. Su papel en Girls, la serie de HBO, significó para él un salto enorme al reflector de Hollywood y de grandes directores, capaces de sostener con su trabajo personajes complejos y multidimensionales.
Ése es el tipo de papeles que ha atraído Driver. Sí, encarna al nuevo villano de Star Wars, pero ya ha trabajado con Martin Scorsese, los hermanos Coen, Noah Baumbach y Jeff Nichols. Se trata quizás, junto con Ben Mendelsohn, del actor más interesante desde Philip Seymour Hoffman.
De ahí que su mancuerna con el director Jim Jarmusch, sea un gancho inmediato para quienes gustan de un cine distinto y memorable.
Paterson, cuyo título viene de nuestro protagonista Driver y la ciudad de Nueva Jersey donde reside, es una observación de la cotidianidad. Con una disciplina militar, Paterson despierta a las 6:15 am junto a su bella esposa Laura (Golshifteh Farahani), quien diariamente prepara su almuerzo una vez que desayunan juntos y él sale a su trabajo como conductor de autobús público.
Antes de partir, Paterson escribe poesía, su distractor de la rutina que surge de una naturaleza observadora. Como es costumbre, Donny su supervisor siempre pasa lista antes de salir a su ruta. Paterson escucha las conversaciones de sus pasajeros, nutriendo su curiosidad por llenar el discreto cuaderno que llena con sus pensamientos diarios.
Al regresar a casa, siempre tiene vívidas conversaciones con Laura, una inquieta artista que continúa buscando su vocación, con una sonrisa en la cara pese a no vivir en la opulencia. Tras cada cena, Paterson pasea a Marvin su perro y toma una cerveza en un bar que decora sus paredes con recortes de notas relacionadas con la ciudad de Paterson y donde no hay televisión que opaque las conversaciones o la música de Jazz.
Paterson cubre una semana en la vida de su protagonista y su entorno. Una pequeña invitación de Laura provoca que Paterson vea esa semana como un parteaguas para su poesía, que ella compara a la de William Carlos Williams, un destacado poeta local.
La poesía de Paterson no es grandilocuente o épica. Es sencilla, casi mundana, pero contiene ella las motivaciones del protagonista, su cosmos, su personalidad completa.
En los momentos ordinarios, Paterson es una película grandiosa, humana pero discreta. Jarmusch no repite emplazamientos salvo en situaciones donde busca enfatizar parte de la rutina de Paterson.
Además, Jarmusch utiliza como elemento el contexto de la clase trabajadora, su lucha y el mundo que habita.
Paterson se presenta en el 37o. Foro Internacional de la Cineteca Nacional.

Salvador Medina Armienta

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