Menu
Los pasados sismos ponen al desnudo las condiciones de un méxico marginado: investigadora de la UAM

Los pasados sismos ponen al desnudo…

Los pasados sismos en el ...

Extranjeros valoran más arte popular que los propios mexicanos: Experto en la UdeC

Extranjeros valoran más arte popula…

Gabriel Medrano de Luna, ...

Reconoce la SEP el aporte de la UdeG en la consolidación del bachillerato de calidad

Reconoce la SEP el aporte de la Ude…

En México, uno de cada si...

Facultad de Contaduría y Administración de la UASLP prepara acercamiento de sus posgrados con la U. de Ohio

Facultad de Contaduría y Administra…

Para este 2018 la Faculta...

Realizarán 103 alumnos estancia de movilidad en la UAM en el periodo invierno 2018

Realizarán 103 alumnos estancia de …

Ciento tres alumnas y alu...

Tenemos el nivel para competir con físicos de todo el mundo: alumna de la UdeC

Tenemos el nivel para competir con …

Tres estudiantes de la Fa...

Cineforo de la UdeG recibe a 30 directores para festejar su 30 aniversario

Cineforo de la UdeG recibe a 30 dir…

El Cineforo de la Univers...

No todos los videojuegos causan adicción, por el contrario, pueden ser benéficos: experto de la UNAM

No todos los videojuegos causan adi…

No todos juegos en línea ...

Avanza posible ingreso de Cetys aNCAA, tras histórica decisión  

Avanza posible ingreso de Cetys aNC…

En una histórica votación...

Alumnos del IPN desarrollan minitaladro de banco, portátil y seguro

Alumnos del IPN desarrollan minital…

El manejo de taladros de ...

Prev Next

El círculo de la barbarie Destacado

La violencia es el opuesto de la educación, por lo que los docentes deben reaccionar racionalmente a los problemas sociales. La violencia es el opuesto de la educación, por lo que los docentes deben reaccionar racionalmente a los problemas sociales. Cuartoscuro

La violencia es una forma de acción que destruye las  relaciones sociales, es, concep-tualmente, la negación de la educación —lo opuesto a racionalidad, inteligencia, humanidad, derechos humanos y moral. No obstante, sorprende advertir que en México algunos alumnos de normales y maestros, recurren frecuentemente a la violencia para obtener determinados fines: la violencia se ha instalado como cultura en algunos grupos del magisterio.  
Siempre he defendido las escuelas normales, tengo muchos amigos normalistas y me consta que entre no pocos de ellos subsiste la idea de que el gobierno (federal o estatal) pretende destruir las escuelas normales. Esta idea ha alimentado durante años una agresiva política “de defensa y resistencia” de los grupos estudiantiles dirigentes de las normales rurales que proponen un continuo activismo violento contra los enemigos del pueblo, que son los mismos que buscan acabar con sus escuelas.


Las tácticas de lucha de los normalistas rurales son por definición violentas: cierre de carreteras, clausura de edificios públicos, destrucción de vehículos, asalto a camiones con mercancías, etc. La violencia provoca otra violencia, en este caso la policiaca y, cuando ésta irrumpe, los normalistas, siempre agraviados, comprueban en la práctica que, en efecto, el gobierno los agrede y que, una vez más, ellos son las víctimas.
Una coartada perfecta para los pregoneros del victimismo. El respeto a las leyes que rigen al país, desde luego, no es un valor para muchos de estos futuros maestros y el argumento para pisotear las normas es claro: ¿porqué respetar la ley cuando los demás la violan?
Este relativismo moral rudimentario —tan difundido en nuestro país—, olvida que ellos son futuros maestros: es decir, las personas que habrán de educar tarde o temprano a los futuros ciudadanos. Lo que cabría en todo caso es preguntar es: ¿Qué país aspiran a construir desde el salón de clases? ¿Se quiere construir una sociedad democrática (basada en leyes) o, por el contrario, se pretende edificar un mundo de anomia y barbarie?
Esa misma pregunta es válida para muchos maestros de Oaxaca y Chiapas que, año con año, o Guelaguetza a Guelaguetza, hacen ostentación de los recursos menos civilizados para lograr satisfacción a sus demandas (casi siempre ilegales o excesivas) clausurando carreteras, aeropuertos, lanzando bombas molotov a la policía o secuestrando a los funcionarios encargados de realizar la evaluación de docentes.
El problema se complica cuando del otro lado, del lado del Estado, actúa otra barbarie: las tragedias de Ayotzinapa y Nochixtlán ilustran el extremo demencial al que puede llegar la torpeza y perversión de las policías. Estos eventos son dos llagas dolorosas en el cuerpo de la nación, sin embargo, lo que es discutible es que, a partir del agravio educadores adopten actitudes vengativas y conductas violentas e irracionales que reproducen el circulo de la barbarie.
La violencia es el opuesto de la educación. Lo que la escuela busca es ayudar a construir una sociedad justa y democrática, lo cual implica un orden basado en el ejercicio libre del voto, en el diálogo inteligente y racional, en comportamientos que respeten los derechos humanos (consagrados en las leyes), en el respeto a las instituciones que la sociedad, a veces con muchos esfuerzos, ha creado.
Los valores que la escuela promete transmitir (autonomía, tolerancia, honestidad, legalidad, respeto a los derechos humanos, fraternidad, solidaridad, paz, solidaridad, altruismo, etc.) deben formar parte del equipaje intelectual, moral y emocional de los docentes. Ningún docente puede transmitir a sus alumnos una cualidad que no le sea propia. ¿Quién puede enseñar legalidad y tolerancia cuando en la práctica (lanzando bombas molotov a la policía) demuestra que no tiene el menor respeto por esos valores? (24 de julio 2017)  

Gilberto Guevara Niebla
Profesor del Colegio de Pedagohttp://campusmilenio.mx/administrator/index.php?option=com_k2&view=item#gía de la UNAM; Consejero del INEE.

volver arriba

Redes y más

Universidades BUAP UAEMEX UV