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Transformar las políticas de educación superior Destacado

Transformar las políticas de educación superior

Hay mudos y sordos en el sistema político (Sefchovich). A los académicos ni nos ven ni nos oyen. No se tiene en cuenta las propuestas que hacemos continuamente para modificar el sistema educativo. Nos hacen vacío político.
Lo que nos pasa se vincula a lo que ocurre en el país. La falta de respuestas adecuadas  es un indicador de que no se sabe qué decir ante el fracaso de la economía, la crisis política y de valores; a México no lo puede desarrollar en este siglo un Estado como el que tenemos.
Es tal la inercia que la sociedad se encuentra a la deriva, sin tejido social. Vivimos un momento en el que no hay confianza en el gobierno. En el aquí y ahora no hay garantía de un mejor futuro. Y, por ello, hay que revisar lo que se requiere hacer en materia de política educativa para el nivel superior, porque ahí se crea futuro y conocimiento científico para impulsar  un nuevo curso de desarrollo, como el que ha propuesto un conjunto de académicos de la UNAM.  


En lo personal, y como miembro del Seminario de Educación Superior,  he escrito sobre el agotamiento de las políticas educativas  y he propuesto varias ideas que me parece importante retomar. En este periodo se abrirán espacios  de discusión con motivo del próximo cambio de gobierno. Y los académicos vamos a tener que opinar al respecto, pensando en lo que deben  ofrecer los próximos gobernantes para resolver las necesidades sociales.
Es importante abrir foros en la academia para debatir una reforma educativa en serio y para darle un nueva conexión a la educación superior, como parte de la política de desarrollo, resultado de un nuevo pacto social  basado en un proyecto histórico distinto al que se ha seguido hasta ahora.
Partiendo de la estructuración actual del sistema de educación superior  hago énfasis en tres líneas:
1. Promover una integración del sistema de educación superior en la que se distingan  los segmentos que han surgido de la creciente diferenciación y diversificación ocurrida. En el sector público hay que armar un segmento que cubra a las universidades federales y estatales de carácter autónomo, por un lado, y segmentos para los tecnológicos, normales y demás instituciones públicas, por el otro. Varios nichos para tener políticas específicas a cada conjunto. No mezclar lo diferente. De esta manera puede coordinarse el sistema, orientado a lograr más rendimientos e impactos de la educación sobre la sociedad.
2. Financiamiento. La política seguida hasta ahora ha sido más bien inercial. Parte del presupuesto irreductible, más el porcentaje de inflación anual. Hay necesidad de una mayor inversión, de elevar el gasto al 1% del PIB, para respaldar la expansión que se tiene que dar, un mayor aporte de las entidades federativas, destinar de manera directa, y a través del Conacyt, recursos a la investigación vinculada con el desarrollo local, otorgar presupuestos plurianuales, mayor gasto por alumno y, desde luego, instaurar una gestión más eficiente de los recursos en cada institución.
3. Hemos insistido en que se hagan cambios a la política de evaluación del trabajo académico. En un texto (1983)  presenté la idea de que las evaluaciones académicas se hagan a nivel de las instituciones. Después, elaboramos un documento sobre cómo la evaluación del desempeño había dado como resultado rupturas institucionales (2004). Más adelante, realicé comentarios críticos a la deshomologación salarial (2007) y formulé algunas ideas para superar sus efectos negativos. Y, en un texto reciente (2016) sistematicé las críticas a la evaluación del desempeño académico y presenté una serie de recomendaciones para llegar a una noción  e instrumentos de evaluación distintos a los que se han aplicado. Finalmente, publicamos un artículo donde sustentamos la idea de un cambio en el régimen laboral de los académicos (2016).
A lo largo del tiempo, mis colegas del Seminario de Educación Superior y yo hemos publicado, en este suplement, muchos artículos con el mismo sentido crítico sobre el método de evaluación. Varios de nosotros hemos colaborado en foros convocados por varias organizaciones con propuestas concretas para hacer un cambio a la forma de valorar el trabajo académico.
Existe una enorme cantidad de análisis sobre las políticas educativas y el tema de la evaluación académica. La gran mayoría sostienen posturas para que se modifiquen las medidas oficiales. Pero, la respuesta a este esfuerzo ha sido establecer medidas que profundizan  el mismo sistema y crear una cultura perjudicial a la academia. Aparatos burocráticos rígidos se han impuesto sobre la academia. Han construido un galimatías que hace imposible una actividad académica sana, intelectualmente productiva, sin presiones, miedos e incertidumbres.
Me he referido a estas tres líneas políticas porque me parecen estratégicas.  Porque me dan pretexto para convocar a los académicos para debatir y presentar, próximamente, una propuesta de lo que es indispensable cambiar en la educación superior. La disputa por el país nos lo demanda.

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UNAM. Seminario de Educación Superior, IIS. Profesor de la FCPS.

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