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Naturaleza y solidaridad Destacado

El reciente sismo nos recordó, con otras dimensiones, la cicatriz de 1985. El reciente sismo nos recordó, con otras dimensiones, la cicatriz de 1985. Especial

Pasados los minutos de la una de la tarde del 19 de septiembre, 32 años después de la tragedia de 1985, la furia de la naturaleza llegó como una ordalía bíblica.
No hay por qué comparar. Ésta tragedia no tuvo las dimensiones de aquella pero el dolor y la tristeza de hoy, acrecienta nuestras incertidumbres y evidencia nuestra fragilidad.


Todo lo que se dice es cierto. La naturaleza es vengativa, la hemos ofendido con nuestro egoísmo y nuestra sevicia. No hablemos de ésta, no recordemos nuestros vicios.  
Ella repitió el golpe efemérico con su fuerza ciega y superioridad empírea. Así, con rudeza y por sorpresa. Nos había roto ya el 7 de septiembre a los pueblos desvalidos del sur. A Chiapas y a Oaxaca les partió los fláccidos huesos de su orografía y se ensañó con su belleza indígena.
Llegó por las llanuras y montañas del sur queriendo ser justa, sacudió Morelos y Puebla y penetró a la ciudad que no desconoce, azotando de manera selectiva los cuatro puntos cardinales, dejando en cada barrio, en cada residencia, en una escuela pública o en una privada, en cada clase social, las huellas de su bestialidad.
La “sociedad civil” reaccionó a su miedo y a su dolor; asumió el momento iniciático y acudió a los sitios de las tragedias. Inscribió con palabras, hechos y sudor de bondad, la palabra solidaridad. Pero algunos quisieron revivir la rabia y la impotencia de 1985. Surgieron los activistas políticos y quisieron tomar el mando de las acciones. Repetir 1985.   
A la energía política y a la solidaridad, algunos grupos políticos de la ciudad sumaron rumores perversos. El gobierno federal y el de la ciudad no se cruzaron de brazos. No se dejaron ganar la iniciativa y entraron en acción inmediata. Incluso el gobierno federal por un momento sobre reaccionó y regresó a la capital a los secretarios encargados de atender Chiapas y Oaxaca y los concentró en Los Pinos.
En las primeras horas de la tarde, el Ejército, la Marina y los organismos responsables controlaron las zonas más afectadas. Los servicios de salud y emergencia actuaron ya con rapidez y eficacia; y una vez que los carceleros de la sociedad civil, los profesionales de la desinformación en las redes sociales fueron aplacados por la labor conjunta del gobierno y la sociedad civil, la ciudad, herida, llorosa, se encerró en sí misma.
El presidente dio otra orden: regresó de nuevo a los encargados de responder a las demandas de Chiapas y Oaxaca. Cuestión de sensibilidad.
La naturaleza enfurecida pudo ser apaciguada, apenas satisfecha en sus exigencias sacrificiales.
Es una historia interminable, entre el hombre y su némesis. 

Modificado por última vez enJueves, 21 Septiembre 2017 00:54
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