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Solidaria actitud de las universidades Destacado

La comunidad de las instituciones educativas participó en actividades  de rescate, acopio, reconocimiento estructural, apoyo médico y psicológico, entre otras. La comunidad de las instituciones educativas participó en actividades de rescate, acopio, reconocimiento estructural, apoyo médico y psicológico, entre otras. Especial

Nadie escapó a los estragos ni a las consecuencias que sembraron aquellos movimientos telúricos.
La suspensión de clases en todos los niveles educativos y la interrupción de las actividades académicas fue inevitable; pero conforme pasaron los días, la gravedad de los efectos fue más visible y dramática.
La tragedia del colegio Enrique Rébsamen, una institución privada, ubicada en la colonia Nueva Oriental Coapa, en Ciudad de México, concentró la tensión de la sociedad mexicana. La pérdida de vidas humanas provocadas por la incuria, la corrupción y el  mercantilismo educativo, sumó al dolor colectivo más rabia y frustración.


En este marco de aflicción social, otra  desgracia cimbró el medio educativo:  cinco estudiantes del Campus México, del Tecnológico de Monterrey, murieron en el sismo del 19 de septiembre.
No sólo dolor y tristeza de cientos de familias rotas provocaron las calamidades de septiembre:  también destruyeron  poblados, edificios y viviendas; y sus moradores, miles, quedaron en el desamparo.
A semanas de los temblores, el balance ofrece un panorama penoso y grave.
Sin embargo, como pocas veces, México mostró el rostro combativo y valeroso de la unidad y la solidaridad. Y son la unidad y la solidaridad con los afectados, la fuerza de la reconstrucción que se requiere y que se está demostrando con miles, verdaderamente miles de mexicanos, manifestando su decisión de vencer la adversidad que se nos vino encima.

Las universidades, un paso al frente
Y en esta ecuación, las universidades se han sumado al apoyo y la atención que se requiere en las comunidades y colonias afectadas.
Las brigadas de universitarios han salido a las calles para recolectar víveres y ayudar en las labores de rescate.
Ninguna de las instituciones se ha quedado impávida. A una sola voz se han solidarizado con los afectados. Es momento de demostrar que las universidades se deben a la sociedad y así lo han asumido quienes integran las comunidades universitarias.
Una ayuda que ya operaba desde el sismo de 8.2 grados del pasado 7 de septiembre b a Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Desde aquellos días los universitarios estaban ya en la calle.
Desde rectores, funcionarios, estudiantes, investigadores, académicos y trabajadores administrativos de apoyo han aportado donaciones, tiempo y dedicación.
La tarea y la prioridad es una. La reconstrucción del país va. Y las universidades del país, como lo plantean los rectores, deben demostrar la lealtad y la responsabilidad social que se les ha conferido. Porque ahí están sus raíces y su razón de ser.
Saben que así como la sociedad ha volteado a ellas para otorgarles la confianza de ser las formadoras de los futuros ciudadanos y profesionistas, ahora las instituciones deben mirar a aquellos que en segundos perdieron todo.
Es tiempo, dicen, de retribuir, de acercarse, de contribuir para superar una de las experiencias más devastadoras y complicadas del país. Porque las universidades hacen suya esta tarea.

La contribución oportuna
Sin distinciones y sin dudarlo, el apoyo de las instituciones de educación superior se volcó de inmediato. Horas después del movimiento telúrico, la comunidad universitaria se sumó al gesto solidario de millones de personas.
Enrique Graue Wiechers, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que la institución brindaría toda la  ayuda posible  a la sociedad civil para la reconstrucción.
Anunció que de inmediato se organizarían brigadas de jóvenes y académicos” para apoyar en la emergencia.
La misma noche , acudieron a ayudar a los damnificados.
Asimismo, el rector Graue expresó, al regresar a clases, que  “Unidos y reunidos podemos servir mejor; regresamos porque México necesita de sus jóvenes, de sus académicos, de sus trabajadores y de su Universidad; nos reintegramos a nuestras actividades cotidianas, sin que ello implique desapego o conformidad”, comentó.
Porque la emergencia ha entrado en una segunda etapa que requiere de otros caminos. Una tarea que no concluye a pesar del reinicio de actividades, señaló el rector de la UNAM.
Esto, luego de haber participado en brigadas de apoyo psicológico a las víctimas del siniestro; en acciones sociales, médicas y sanitarias; en la formación de cuadrillas revisoras de inmuebles dañados; y en llevar esparcimiento cultural a albergues e instalaciones.
Para el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la emergencia no es menor. No lo fue desde el primer momento. La ayuda de la comunidad politécnica comenzó a llegar a las comunidades de Oaxaca tras el primer sismo ocurrido el 7 de septiembre.
Desde entonces, estudiantes de medicina y de otras escuelas de ciencias de la Salud salieron a las comunidades de ese estado, acompañados de profesores y funcionarios de la Escuela Superior de Medicina.
Enrique Fernández Fassnacht, director general del IPN, apunta que el objetivo central es ayudar a la gente, a los damnificados lastimados para lo más pronto posible recuperar la normalidad en los municipios afectados, que desafortunadamente son muchos.
“Se coordinan con el gobierno del estado, con autoridades federales y con Sedena, que como saben, implantó el operativo DNIII en la zona; el servicio social comunitario en el Poli es un activo importantísimo para la institución, los formamos en el valor de la solidaridad a nuestros jóvenes”, dice.
Valores, explica Fernández Fassnacht, que deben manifestarse en estos momentos, en los centros de acopio de víveres para el apoyo de los damnificados y en cada una de las zonas afectadas.
El rector General de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla, envió brigadas con 50 profesionales del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) —entre médicos, enfermeras y técnicos en emergencias— para dar atención a los afectados en unidades móviles para consulta médica y odontológica.
Bravo Padilla argumenta que la sociedad debe ser solidaria ahora con las personas perjudicadas en el centro del país.

Colecta y apoyo desinteresado
Otra de las iniciativas que tuvo eco en muchas entidades fue la colecta operada por el Tecnológico Nacional de México (TecNM) denominada “De hermano a hermano”.
Una idea surgida para apoyar a los damnificados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco y que después se expandió a otras entidades sacudidas por el sismo del pasado 19 de septiembre, incluida la ciudad de México.
Como muestra, 200 estudiantes del Instituto Tecnológico de Cuautla y del Tecnológico Nacional de México (TecNM) participaron en brigadas para ayudar a comunidades afectadas por el sismo en Morelos.
Una iniciativa que, a decir de Manuel Quintero Quintero, director del TecNM, demuestra la solidaridad de los jóvenes, y más en estos momentos apremiantes.
En comunidades como Hueyapan, Tetela del Volcán, Totolapan, Tlalnepantla, entre otros, se pudo ver a alumnos del TecNM apoyando en las labores de rescate y remoción de escombros, apoyados de palas, picos, barretas y el entusiasmo de brindar ayuda.
Otro grupo de estudiantes y de personal del Instituto permanecieron a la espera de recibir víveres provenientes del Instituto Tecnológico Gustavo A. Madero (IT GAM), quienes arribaron al plantel con un cargamento de despensas abastecidas de comida de primera necesidad, despensas para bebés, medicamentos, alimento para mascotas, ropa, cobijas y agua embotellada.
Una ayuda que se replicó en el Instituto Tecnológico de Morelia (ITM), “José María Morelos y Pavón”, donde al igual que otros siete institutos federalizados y descentralizados, dependientes del Tecnológico Nacional de México (TecNM) participaron en la Colecta Nacional Hermano a Hermano y entregaron cinco toneladas 831 mil kilogramos de víveres y artículos no perecederos.
La ayuda que se distribuyó directamente a la comunidad oaxaqueña en los Institutos Tecnológicos de Comitancillo y del Istmo, ubicados en San Pedro Comitancillo y Juchitán de Zaragoza, respectivamente.
En esta colecta participaron los tecnológicos del Valle de Morelia, Jiquilpan, Zitácuaro, La Piedad, Lázaro Cárdenas, así como el de Acapulco y Costa Grande.
En suma, como parte del movimiento nacional de ayuda “de hermano a hermano” puesto en acción por el Tecnológico Nacional de México y dada la emergencia que trajo el nuevo sismo, la mayoría de los planteles reforzaron sus estrategias de atención y ayuda, para lo cual se instalaron siete nuevos Centros de Acopio, que se suman a los más de 120 ya instalados en tecnológicos de todo el país.
Estos nuevos centros, apoyan además en distribuir todo el acopio que se hace en las entidades federativas y sirven como albergue para las personas que lo requieran. Dichos centros se ubican en los Institutos Tecnológicos de Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Tlalpan, Álvaro Obregón en CdMx, y Cuautla, Zacatepec y CeNIDeT en Morelos
Centros de acopio que estarán abiertos una semana más porque la comunidad del TecNM también ha volteado de manera solidaria a aquellos que hoy quieren retomar su rutina y salir del espasmo.
Todo esto, argumenta Quintero Quintero, es reflejo de “la solidaridad y preocupación de alumnos, docentes y personal no docente, quienes continúan con la entrega de alimentos no perecederos, ropa, medicamentos, herramientas y otros artículos que requiere la población damnificada y los cuerpos de rescate en los estados afectados”

Que no sea pretexto la distancia ni el tiempo
Por su parte, el rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Juan Eulogio Guerra Liera, afirmó  que es momento de enfrentar el desastre y participar de este llamado de auxilio.   
 “Que no sea pretexto la distancia ni el tiempo, que hagamos llegar desde un kilogramo de frijol  o un medicamento hasta todo aquello que consideremos en mayor cantidad y que en estos momentos requieren nuestros hermanos damnificados de la Ciudad de México y Morelos”, añade.
En esa línea va la colaboración de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y rectores de todas sus afiliadas para hacer llegar la ayuda a los estados afectados.
 “Las universidades son solidarias porque su esencia, su insumo, su materia prima son los hijos de la sociedad y la mayor parte de ellos son familias de escasos recursos económicos y son impactados de diferentes maneras y las universidades de manera automática responden a la solicitud  de ayuda”, puntualizó Guerra Liera.
En la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), el apoyo también se hizo evidente. Ahí, el rector Manuel Fermín Villar Rubio supervisó la colecta de víveres, ropa y medicamentos, y todos aquellos productos que puedan ser útiles.
Villar Rubio hizo un llamado a la comunidad universitaria a sumarse, a aportar porque la universidad es una institución solidariamente responsable.
“A los rectores de los estados afectados les he expresado mi sentir, les he manifestado que cuentan con el apoyo en lo que requieran”, apunta.
Y ese es el rostro solidario que las universidades han desplegado ya durante varias semanas. Gestos desinteresados y de solidaridad con las comunidades, con el entorno en el que viven su día a día y que les reclama unidad y apoyo a manos llenas.


En otros puntos del epicentro

El apoyo de las universidades e instituciones de educación superior no fue exclusivo de algunas casas de estudio. En la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) al menos 30 personas, entre investigadores y alumnos de la Facultad de Ingeniería Civil y del Instituto de Investigaciones de la Tierra, se trasladaron a Juchitán, Oaxaca, para auxiliar a la población a evaluar los daños por el sismo.
El rector de la UMSNH, Medardo Serna González, comenta que no se puede permanecer en la indiferencia ante la desgracia de hermanos mexicanos.
“Por ello, además del acopio de víveres se ha enviado una brigada de apoyo para evaluar los daños ocurridos en las zonas más afectadas. Solicitó a la población que continúen enviando víveres no perecederos con una caducidad no menor a treinta días; artículos de limpieza y material de curación, así como medicamentos no caducados”, comenta.
Asimismo, la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) recolectó 30 toneladas de víveres, artículos de higiene personal y productos de limpieza en apoyo a los habitantes de los estados afectados por el terremoto del 7 de septiembre.
Rogelio Garza Rivera, rector de la UANL, sostiene que es fundamental apoyar a todos los mexicanos como muestra de solidaridad por todo lo que están pasando.
“Todas las instituciones de educación superior estamos haciendo un trabajo extraordinario a través de los estudiantes, y la universidad se hace presente”, señala.
La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) también envió víveres para los damnificados de los terremotos recientes.
El rector de la UAEH, Adolfo Pontigo Loyola, pide unidad y fortaleza para colaborar con los lesionados para enviar medicamentos y alimentos a los afectados.
“Los mexicanos tenemos un gran corazón, hoy tenemos que trabajar y debemos hacerlo muy duro, eso lo podemos hacer donando víveres, medicamentos  en cualquier instituto o dependencia”, comenta.
En la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), el rector José de Jesús Williams, puso en operación un centro de acopio para recibir suministros que facilitan la rehabilitación de heridos y afectados.
“Toda nuestra solidaridad a los hermanos mexicanos, que hoy más que nunca necesitan de nuestro apoyo, pero sobre todo requieren sentir la solidaridad y fuerza para sobrellevar estos momentos de crisis”, manifiesta.
Un llamado que tiene eco en todas las instituciones de educación superior del país. Porque la idea de contribuir no cesa. El país debe levantar cabeza y las universidades quieren ofrecer lo que pueden: su eterno compromiso con la sociedad.

Carlos Reyes

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