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Presupuesto 2018: La tragedia y sus reacciones

El martes 19, a una hora de que la catástrofe se cerniese sobre Ciudad de México, Puebla, Oaxaca y Morelos, concluía el texto que, con prisa, enviaría a la redacción de Campus. Ahí, en el último párrafo se afirmaba: “El Presupuesto tiene ahora, y tendrá en el futuro, enormes peligros”. Lejos estaba de imaginar que una tragedia parecida a la de 32 años atrás se estaba incubando. En esos momentos, todavía se tenía fresca la declaración un tanto ufana del jefe de gobierno de CdMx, momentos después del acontecimiento del día 7, en que afirmaba: “El sismo de 8.2 grados puso a prueba tanto la capacidad de reacción de los ciudadanos como la resistencia de las construcciones de la Ciudad de México”. Tan sólo 11 días después, en esa hora fatídica de las 13.14, resultaba que capacidad y resistencia fueron sólo un ensayo y que la prueba definitiva siempre será la última, esa que aún está en curso y que sólo las acciones que actualmente se desarrollan en muchos ámbitos dirán si se sale airoso de ella.


Hasta ese martes 19, el Gobierno y el Congreso parecían tener las cosas bajo control en materia presupuestal, según declaraban varios funcionarios de la SHCP y el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados. La afectación del sismo del día 7 en Chiapas, Tabasco y Oaxaca, junto con la parte de huracanes y sus secuelas en varios estados, resultaban resolubles, según se afirmaba. Después del día 19, el secretario Meade afirma que: “aún es demasiado pronto para saber cuánto dinero será necesario para hacerle frente a esta tragedia”, pero también añadía: “yo creo en la posibilidad de hacer el ajuste al presupuesto en el Paquete Económico” (El Diario,  Chihuahua, 21 de Septiembre). Estos ajustes, agrega la nota, se harían directamente en el Fondo de Desastres Naturales (Fonden), que este año está dotado con nueve mil millones de pesos.
Al paso de los días la situación ha cambiado rápidamente. El recuento de daños (hasta el momento en que escribo estas líneas) se incrementa conforme se llevan a cabo inspecciones y valoraciones. Al número de víctimas que se extiende a 331 en el país (192 en CdMx), se agregan, entre otras de sus consecuencias visibles: 10 mil viviendas afectadas en Morelos, 1,700 en Puebla, 500 edificios en CdMx que colapsaron o deberán ser demolidos, 10 mil escuelas dañadas en el país, mismas que implicarían un gasto de cuatro mil millones de pesos (según el secretario Nuño).  Si bien estas cifras son infinitamente menores a lo acontecido en 1985 (sólo en la Ciudad de México seis mil fallecidos y tres mil edificios afectados), la secuela de perjuicios y pérdidas, desde los huracanes de principios de mes hasta el día 19, se extiende a un territorio donde se genera la tercera parte del PIB del país. En ese sentido, efectivamente, aún es pronto para cuantificar debidamente el daño económico.  
Frente a ese panorama, como lo ha expresado Rolando Cordera (La Jornada, 20 de septiembre), “se requiere una acción concertada, pronta y oportuna”. Estimo, que ante la dimensión de los daños no parece que baste con ajustar el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF). Algunas de las medidas propuestas por los partidos políticos, en torno a la renuncia de sus prerrogativas actuales, o aún a la supresión de las futuras, serían en el mejor de los casos sólo una ayuda, pero no una solución. Esta, como lo afirma el Grupo de Nuevo Curso de Desarrollo, de la UNAM (integrado por académicos distinguidos, entre ellos exsecretarios y exfuncionarios del gobierno federal y Cuauhtémoc Cárdenas, publicado en un desplegado La Jornada en el martes 26), requiere un programa de fondo. Entre las medidas mayores ahí propuestas, hay dos fundamentales: a) nuevos impuestos para la reconstrucción; b) un endeudamiento adicional etiquetado. Ambas parecen pugnar con la orientación del Paquete Económico para 2018, mismo que tiene como centro un presupuesto tradicional, conservador y dirigido a dar certidumbre a los mercados, según se dijo en este espacio la semana pasada.
Hoy jueves, como se ha venido anunciando, el Presidente de la República presentará un conjunto de acciones para enfrentar la situación actual. A semejanza de 1985, creo que se optará exactamente por aquellas ‘cualidades’ atribuidas al presupuesto del próximo año, mismas que se resumen en estabilidad de las variables macroeconómicas y orden en las cuentas públicas. Ojalá me equivoque.

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