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En recuerdo de René Avilés Fabila Destacado

El periodista y catedrático universitario René Avilés Fabila fue un valiente y feroz crítico de la vida política mexicana. El periodista y catedrático universitario René Avilés Fabila fue un valiente y feroz crítico de la vida política mexicana. Especial

A nuestras queridas Rosario e Iris
La creación artística se ha debatido desde siempre, y conforme nuestra condición humana, entre dos fuerzas antagónicas y a la vez complementarias: Eros y Thanatos. Constantes también de toda nuestra tradición literaria de Occidente, amor y muerte constituyen los temas perpetuos del que ha sido el más fiel de los espejos de la existencia del Hombre. Como escribiera el alemán Walter Muschg en su trascendental Historia trágica de la Literatura, “...amor y muerte forman el vórtice sobre el cual se apuntala toda nuestra herencia literaria, legado que ha tenido en estas dos fuerzas la base y el por qué de su existencia”.


Y si estos han sido los pivotes fundamentales y más visibles sobre los cuales se sostiene el andamiaje literario, y por lo mismo la base del llamado arte literario clásico, en ellos descansa de igual modo la prolífica y polifónica obra narrativa de René Avilés Fabila. Escritor siempre propositivo que por otra parte navegó a contracorriente con respecto al más bien “lacrimoso y flagelante” panorama de la literatura mexicana, definido por Xavier Villaurrutia como “predominantemente melancólico y de hora crepuscular” en su medular ensayo “Introducción a la poesía mexicana”, caben de igual modo en la obra de este escritor tan incendiario como entrañable el humor desenfadado y la ironía despiadada, la observación meticulosa  y la imaginación desbordada, la descripción cruda y el desplante lírico.
Fiel a una línea personal desde sus inicios, que en su caso trabajó además el género fantástico como pocos (heredero directo, en este sentido, de Marcel Schwob, Jorge Luis Borges y Juan José Arreola), la plural y sui generis obra de René Avilés Fabila representa un hito en el curso de la literatura mexicana de las más recientes cinco décadas. Inteligente y muy agudo lector, por lo que la mayoría de las veces aparecen en su obra las más justas y reveladoras citas ─respetuosos e invaluables homenajes─, su literatura oscila entre la imagen inesperada y el corrosivo sarcasmo, entre el ingenio fabulador y la devastadora picardía. Este año se conmemoró precisamente el cincuentenario de la publicación de su incendiaria Los juegos de 1967, precoz novela a la usanza de La mafia de Piazza que permaneció mucho tiempo satanizada, por el desparpajo con que evidencia las trampas de una política cultural y literaria donde no siempre están todos los que son ni son todos los que están.
Valiente y feroz analista de la vida política mexicana de la que fue uno de sus más enconados críticos, talante por el cual se ganó innumerables enemistades pero también el incondicional respeto de quienes son capaces de apreciar tales severidad e intuición, Avilés Fabila fue siempre fiel a sus convicciones y jamás se vendió al mejor postor, con todo lo que ello pueda implicar. Cuentista y novelista de sorprendente imaginación, y escritor de innegables recursos estilísticos, la transparencia y el vigor de su prosa son las virtudes cimeras de quien por razones extra literarias ha estado excluido del Parnaso de nuestras letras, como tantos otros valiosos escritores mexicanos que igualmente han sido víctimas de un canibalismo y un ninguneo que por desgracia permean nuestro medio cultural. Protagonista de nuestros quehaceres literario y periodístico (Premio Nacional de Periodismo en 1991), la obra de René Avilés Fabila fue ganando terreno con el tiempo, y cada nuevo libro suyo resultaba prueba fehaciente de ello. Escritor y periodista de tiempo completo por vocación y por convicción, y autor de una obra tan nutrida como multitonal, de no menos obligada lectura resultan los ya clásicos de nuestro acervo contemporáneo El gran solitario de Palacio, Tantadel, La canción de Odette y La desaparición de Hollywood.
Creador del no menos imprescindible y evocador Hacia el fin del mundo, compendio de veintiún pequeños relatos que muy bien revelan su talento tanto fabulador como satírico, me parece que alcanzó su plena madurez literaria con Réquiem por un suicida, libro que a menos de un año de su lanzamiento en México, en 1991, ya había tenido su tercera edición en España. Estupendamente escrita, esta demoledora novela da cabida a dos de las más firmes constantes en la obra de este dotado y rebelde polígrafo, que decía lo son del arte todo: Eros y Thanatos. Réquiem por un suicida viene a ser una por demás sobrecogedora y elocuente reflexión sobre la existencia, un desgarrador viaje introspectivo de iniciación hacia la muerte de mano propia, de frente a aquel estado de inconsciente consciencia que según Sartre y los demás existencialistas constituye el único posible acto de libertad absoluta, y que por su implacable peso específico con lo dicho y como se dice nos recuerda a los más corrosivos narradores decimonónicos rusos. De frente a la muerte, en realidad se trata de un diálogo con la vida, con la maldita vida, con eso que irónicamente llama Fernando Vallejo (como los ya necesarios El evangelio según Jesucristo de José Saramago y La puta de Babilonia del propio Vallejo, René también escribió su Evangelio según René Avilés Fabila) “el don de la vida…”
Entusiasta creador e impulsor además de proyectos culturales que igual estaban signados por su atípica esplendidez y tuvieron que remar contracorriente, como el Museo del Escritor y la Fundación “René Avilés Fabila” en beneficio del quehacer creador (él mismo había sido becario del Centro Mexicano de Escritores, a la vera de notables maestros suyos como Francisco Monterde, Juan Rulfo y Juan José Arreola),  siempre cobijó a jóvenes que en el aula y fuera de ella buscaban su consejo y su apoyo. Aparte de mi eterna gratitud por haberme extendido la mano cuando más lo necesitaba, en una actitud que en su caso brotaba como signo connatural a su personalidad desprendida y afable, compartí con él además similares agradecimiento y admiración por el no menos magnánimo gran escritor y humanista Rafael Solana. A un año de su sentida muerte, extraño al escritor dotado y al maestro generoso, al amigo entrañable y al sabio sibarita que igual gozaba de los placeres más excelsos que de aquellos en apariencia más simples y mundanos.  

Mario Saavedra
Ensayista

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