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El difícil camino de la mitigación y adaptación al cambio climático Destacado

Los gases generados por el hombre desde el siglo XIX hasta la fecha han aumentado  la temperatura entre 0.8° y 1.1° centígrados. Los gases generados por el hombre desde el siglo XIX hasta la fecha han aumentado la temperatura entre 0.8° y 1.1° centígrados. Especial

A pesar de las crecientes, persistentes y dramáticas evidencias de que el clima en todo el planeta está cambiando, y de la abrumadora y contundente evidencia científica del calentamiento global, de sus orígenes y de sus severas consecuencias actuales y en el futuro próximo, persisten grupos y voces de interés y con gran poder económico y político que niegan que el calentamiento global sea producto de las actividades humanas. Desde luego que la posición negacionista más crítica y de mayores consecuencias negativas para toda la humanidad es la del gobierno de los Estados Unidos encabezado por Donald Trump.


En buena medida el negacionismo  confunde la variabilidad climática con el cambio climático por ignorancia o por interés (o por ambos). La variabilidad climática se refiere a las variaciones del “tiempo”, es decir del comportamiento en el corto plazo de las principales variables que determinan el clima de cada día en una región limitada: temperaturas promedio (alta y baja), concentraciones de nubosidad, probabilidad de precipitaciones pluviales, niveles de humedad e intensidad de los vientos y los fenómenos meteorológicos como ciclones, sequías o nevadas.
En las descripciones de la variabilidad climática se suelen hacer comparaciones del comportamiento del clima para el corto plazo, a partir de los registros del pasado, considerando la regularidad y singularidad por estaciones o temporadas en una región determinada. Los pronósticos del tiempo, como se presentan por los centros meteorológicos, no van más allá de un día a una semana. No se pueden predecir los ciclones, las tormentas invernales o las sequías con gran anticipación.
Muy diferente es fenómeno del calentamiento global y de sus consecuencias en el cambio climático. El cambio climático es el resultado de las concentraciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera, gases producto de la forma de generación de energía y la destrucción de la capa vegetal de la tierra por actividades humanas. Esas concentraciones han alterado las temperaturas en todas las regiones del planeta para periodos de tiempo largos y muy largos.
El estudio del cambio climático analiza, a través de todo tipo de evidencia científicamente comprobable, el efecto que el calentamiento global ha tenido y tendrá sobre todas las variables que determinan el clima del planeta y las alteraciones que está generando sobre el medio ambiente en el cual se desarrolla la vida en la tierra.
El calentamiento global es producido por el efecto de los GEI que bloquean la reemisión de los rayos ultravioleta a la atmósfera. Durante cientos miles de años los océanos, los hielos polares, los cuerpos de nieve, el permafrost, la capa vegetal y los suelos absorbieron parte de los gases que genera la propia naturaleza con el proceso biológico de crecimiento y transformación de la capa vegetal y  la vida en la tierra, o por la evaporación de los cuerpos de agua, manteniendo un equilibrio entre gases absorbidos y gases concentrados en la atmósfera, dando así lugar a un rangos de temperatura que contribuyeron de manera determinante al surgimiento y evolución de la vida en el planeta.
La atmósfera, con una composición en los últimos 800 000 años en una magnitud promedio de 280 partes por millón (ppm) de CO2, hoy concentra una magnitud de 400 ppm de CO2, producto de actividades antropogénicas realizadas desde 1750 hasta nuestros días. Como consecuencia, la temperatura de la tierra ha aumentado desde el siglo XIX hasta la fecha en una media entre 0.8° y 1.1° centígrados.
El planeta no tiene capacidad para absorber de manera normal la magnitud incremental de emisiones provenientes de la producción de energía con la quema de hidrocarburos, la producción de cemento, la deforestación y por algunos cultivos como el arroz, que ahora se acumulan en la atmosfera.
Desde hace ya casi treinta años el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), creado en 1988, hoy integrado con la participación de los gobiernos de 197 países, incluidos Estados Unidos, ha concentrado, analizado y publicado la mayor cantidad de información científica disponible en el mundo sobre las emisiones y concentraciones de GEI en la atmósfera, sus efectos en el calentamiento global y, como consecuencia, las alteraciones en los climas de todo el planeta, en los ecosistemas y sus amenazas y riesgos para la humanidad. Con el apoyo de la misma comunidad científica, reporta los modelos de proyección del futuro de clima, modelos basados en diferentes escenarios considerando distintos grados de incertidumbre y riesgo.
Las cifras de concentraciones de GEI y de la temperatura media del planeta antes citadas provienen de los reportes que elabora el IPCC cada cuatro años y que son la base científica que utilizan los representantes de los gobiernos ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático para construir acuerdos internacionales de reducciones de emisiones de GEI y de políticas y apoyos financieros a los países más pobres para enfrentar las consecuencias del cambio climático.
Del último reporte del IPCC (2014) destacan las siguientes conclusiones:
La influencia humana en el sistema climático es clara, y las emisiones antropógenas recientes de gases de efecto invernadero son las más altas de la historia. Los cambios climáticos recientes han tenido impactos generalizados en los sistemas humanos y naturales.
El calentamiento en el sistema climático es inequívoco, y desde la década de 1950 muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar se ha elevado.
En la Cumbre de la Tierra de 1992, convocada por las Conferencias de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, llevada a cabo  en la ciudad de Rio de Janeiro, con la participación de representantes de los gobiernos de 172 naciones, se aprobó la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés). A través de las negociaciones anuales de las Partes que constituyen la Convención, en 1997 se logró la aprobación del Protocolo de Kioto, el primer instrumento con compromisos de mitigación de las emisiones de GEI, compromisos que entraron en vigor en febrero de 2005, una vez que la mayoría de constituyentes de la UNFCCC firmaron el Protocolo. En ese entonces el mayor emisor en términos absolutos de GEI, Estados Unidos, no ratificó el Protocolo.
Bajo el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” solo 37 países industrializados y la Unión Europea adquirieron compromisos de reducción de emisiones de GEI en el período 2008- 2012, contenidos en el Anexo I del Protocolo, en una magnitud igual al 5 por ciento en promedio, relación sus emisiones de 1990.
El objetivo central de la Convención en el tema de mitigación de las emisiones de GEI, con apoyo en las proyecciones en distintos escenarios de emisiones y su impacto en el calentamiento global,  ha sido el de asegurar que las temperaturas medias del planeta no aumenten más de 2° centígrados  hacia finales del presente siglo, meta considerada como el umbral crítico, más allá del cual los efectos del cambio climático podrían ser catastróficos.
Sin embargo, durante la vigencia del Protocolo de Kioto las emisiones aumentaron en magnitud significativa, en buena medida por la ausencia de compromisos de Estados Unidos y el trato diferenciado que excluyó a los países en desarrollo de compromisos de mitigación, en un periodo durante el cual China se convirtió en el   mayor emisor de GEI en términos absolutos, y la India también incrementó de manera sustancial sus emisiones.
Ante ese escenario la Convención sustituyó el Protocolo por el Acuerdo de París, aprobado en la Conferencia de las Partes en 2015. Bajo el nuevo acuerdo los países adquieren compromisos voluntarios de reducción de emisiones a partir de 2020, compromisos conocidos como Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional (INDCs por sus  siglas en inglés). En ese marco, todavía bajo la Administración de Barack Obama, Estados Unidos comprometió una reducción entre 26-28 por ciento de sus emisiones tomando como base sus inventarios de 2008.
Bajo el Acuerdo de París se estima que las emisiones, que en la actualidad se ubican entre las 52-54 Giga Toneladas de CO2 equivalente (Gte.) al año, podría ubicarse entre las 52-57 Gte. hacia el año 2030., lo cual significa todavía una brecha aproximada de 14 Gte. para alcanzar un  umbral de emisiones anuales compatible con la meta de no más de 2° de incremento de las temperaturas promedio del planeta hacia finales de siglo.
Por ello si bien la retirada de Gobierno de los Estados Unidos del Acuerdo de París afectará las metas de la Convención, por el abandono de compromisos en la reducción de emisiones, su mayor efecto negativo será el de la retirada de los recursos financieros que ese país había comprometido para el Fondo Verde Climático, 3 mil millones de dólares, para apoyar la mitigación y la adaptación en los países a los países menos desarrollados.
Aunque muchas empresas norteamericanas y muchas autoridades estatales y locales han reaccionado frente al anuncio de la retirada del Acuerdo por parte del Donald Trump, confirmando su compromiso continuar con políticas y medidas para reducir las emisiones, la posición del gobierno de los Estados Unidos seguirá siendo un obstáculo para combatir las causas del cambio climático y atenuar para las generaciones presentes y futuras sus severas consecuencias.  

Roberto B. Cabral y Bowling

Economista y profesor de tiempo completo de la Facultad de Economía.

Notas
1 Deseo agradecer el apoyo del Dr. Luis Miguel Galindo P., investigador de la Facultad de Economía de la UNAM.
2 Para una visión completa de los argumentos y consecuencias de la retirada del gobierno de los Estados Unidos del Acuerdo de París, véase Fernando Tudela. Trump y el Acuerdo de París. Nexos. Octubre. 20017.
3 Los GEI que se analizan son: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), y los otros tres son gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).  
4 Significa que de un millón de partículas suspendidas en la atmósfera, 280 son GEI.
5  Otra forma de estimación de las concentraciones de GEI es el concepto de toneladas de CO2 equivalente, que es la composición de todos los gases calculados en su equivalencia en el efecto radiativo en la atmósfera.
6 La contribución de la comunidad científica de los Estados Unidos a los reportes del IPCC, en todas las disciplinas del conocimiento vinculadas con el calentamiento global y del cambio climático, ha sido determinante. El Observatorio Astronómico de Mauna Loa, Hawai, perteneciente a la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Departamento de Comercio de los Estados Unidos, es el principal centro a nivel mundial para las estimaciones de las concentraciones de GEI en la atmósfera. La National Aeronautics and Space Administration, también ha contribuido sustancialmente al conocimiento de las causas y consecuencias del C.C.
7 Grupo Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático. IPCC. CAMBIO CLIMÁTICO 2014. Informe de síntesis.
8  La Convención tiene como meta más estricta la cifra de 1.5° como consecuencia de la presión de los países menos desarrollados, en particular de los Estados Isleños, que enfrentarán las mayores consecuencias negativas del cambio climático con la elevación del nivel medio del mar.
 9 Ver Fernando Tudela. op. cit.

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