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La importancia de la Literacidad Destacado

Los textos son producidos por una cultura particular y denotan relaciones de poder. Los textos son producidos por una cultura particular y denotan relaciones de poder. Especial

Introducción
En la Era de la Información está ocurriendo una grave crisis de desinformación. En azarosa coincidencia con la promoción de la cultura del horror, representada por el Halloween, los medios estadounidenses reportaron que la propaganda rusa pro-divisionista, se utilizó para afectar los resultados de las elecciones de noviembre pasado. Solamente a través de Facebook, se tocaron las vidas de 125 millones de personas. Con el mismo propósito, se publicaron 131,000 mensajes en Twitter y 1,000 videos en Youtube, propiedad de Google.  En la Era de la Información, la verdad se ha ocultado. En las más altas esferas de la política estadounidense se ha instaurado el uso sistemático de las “verdades alternativas”, frase Orwelliana utilizada por la consejera del presidente Donald Trump,  Kellyanne Conway, el 22 de enero pasado y que, afortunadamente, el comentarista de MSNBC, Chuck Todd, se encargó de refutar inmediatamente diciendo que:  “las verdades alternativas no son hechos, son falsedades.” Desinformación y mentira están íntimamente entrelazadas y se nutren mutuamente a través de las redes sociales.


Estos nuevos fenómenos, no en tanto a su existencia, sino en cuanto a la amplitud y rapidez de su diseminación, así como por su eficacia para lograr un extenso y profundo impacto político-cultural, tienen al mundo entero en situación de pasmo. Líderes políticos, periodistas y educadores han iniciado deliberaciones sobre cómo enfrentar estos fenómenos que acendran las diferencias e incitan la ‘rabia irreconciliable’. En cuanto a las acciones de los líderes políticos, puede hacerse notar el interés por la rendición de cuentas, no solo por el trabajo del fiscal especial Robert Muller, quien investiga y, en su caso, podría procesar a los participantes en la “trama rusa”. También pasado 31 de octubre, los ejecutivos de Facebook, Google y Twitter hubieron de comparecer ante el Comité Judicial del Senado de los Estados Unidos para explicar de qué manera sus empresas contribuyeron a diseminar propaganda, tanto rusa como ultra-derechista. Respecto a los periodistas, se observan estrategias de ‘aferramiento a los hechos’, bajo la premisa de que cada una de las palabras que se vierten en papel o en pantalla,  pueden utilizarse para elaborar ‘verdades alternativas’. En cuanto a los académicos, ya se ha iniciado el diálogo sobre cómo formar a las nuevas generaciones en la época de la “post-verdad, la mentira y las noticias falsas”
En México, los educadores estamos iniciando el diseño de estrategias para enriquecer la capacidad crítica de los estudiantes. En este artículo se presenta un panorama de las tareas que les corresponde enfrentar a los educadores para: elevar los niveles educativos de los ciudadanos, ampliar la adopción de valores inclusivos y enseñar a los estudiantes a identificar las diferencias entre fuentes confiables y verdades alternativas. Aquí se propone resistir las tendencias ultra-derechistas mediante la ampliación de la conciencia de los estudiantes sobre el poder de los textos, en un contexto solidario.

La Literacidad, una propuesta emergente
‘Literacidad’ es un término extraño a nuestros oídos. Fue adoptado del inglés por los lingüistas hispanoparlantes para referirse a la competencia para comprender, utilizar y recrear textos. Desde la literacidad, la noción de ‘texto’ se amplía significativamente. Ya no se trata solamente de la palabra escrita, sino de cualquier producto humano que tenga una intención comunicativa. La competencia para comprender lenguajes, materiales impresos y digitales, el arte y las imágenes comerciales, la  música, la arquitectura, los textiles y otros objetos culturales, constituyen parte de la literacidad.  Desde esta perspectiva, los textos son producidos en un momento y una cultura particular; por ello, su análisis debe considerar también el contexto en que se produjeron;  en otras palabras, están situados.
Los estudiosos de la literacidad hacen notar que los textos también denotan relaciones de poder. En los lenguajes están embebidas relaciones de dominación-subordinación, que dan preeminencia a unos pocos y marginalizan al resto. Así, los textos son un poderoso factor para constituir identidades y configurar formas de conocer y actuar.
Una forma de ilustrar este tipo de relaciones es la revisión de las ‘identidades preferidas’ en los medios. Continuamente se nos informa que quienes ‘tienen derecho a ser representados’ son personas jóvenes de tez blanca, pelo rubio, ojos claros y ausencia de retos físicos o cognitivos,’ ¿Eso es  aceptable en una sociedad mestiza?
Ampliar la capacidad de dirimir de qué manera los lenguajes están definiendo nuestras preferencias y comportamientos es un imperativo en la era de la post-verdad desinformadora. Los estudiantes deben ser formados para “leer las líneas, leer entre líneas y leer tras las líneas” . La ampliación de la conciencia para interpretar las relaciones entre lenguaje y poder, lenguaje y verdad,  o lenguaje y cultura, resulta indispensable. Ya no es suficiente solo enseñar a decodificar grafías, aprender reglas gramaticales y promover la literatura de ficción. Actualmente, como señalaba Paulo Freire, hay que aprender a “leer el mundo”.
Un esfuerzo en este sentido está siendo abanderado por la Universidad de Guadalajara. En el semestre de primavera del 2017, se estableció la Maestría Interinstitucional en Literacidad, que busca formar líderes que impulsen una nueva forma de educar. No se trata de enfocarse únicamente en la transmisión de contenidos abstraídos de su contexto, sino enseñar a los estudiantes a observar desde donde están leyendo la realidad cotidiana, cómo la están interpretando, y de qué manera pueden distinguir hechos de creencias.
En la literacidad a lo largo del currículum se asume que los profesores son responsables no solamente de promover los contenidos sino también deben  impulsar mejores prácticas para la apropiación de los lenguajes disciplinares. Las formas de decir,  hacer y conocer, en cualquier campo de estudio,  tienen que hacerse evidentes a las nuevas generaciones. Contrario a las prácticas tradicionales de mantener a los estudiantes en silencio mientras el profesor expone su clase, en el modelo de literacidad a lo largo del currículum se propone que por cada unidad de aprendizaje se incluya un acto de lectura, un acto de escritura, uno de y uno de expresividad, tanto cognitiva como estética (para activar neuronalmente la creatividad), y tanto impresa como digital (multimedial).
Los discursos y prácticas de inclusividad y aprecio a la diversidad son muy importantes en el modelo pedagógico de literacidad a lo largo del currículum. Los profesores son formados para reconocer, respetar y apreciar la singularidad, la diversidad y la pluralidad de los estudiantes, y sacar ventaja de sus antecedentes y motivaciones al aprender.  Es más, se procura incorporar las historias personales al interior del aula al abrirles espacios para que las compartan.  
También se hace patente que la opinión de los docentes sobre sus estudiantes, con frecuencia está asociada con prejuicios y estereotipos, profusamente socializados en los medios por los grupos hegemónicos. Dichos prejuicios son adoptados inconscientemente, e incitan respuestas automáticas. Entre tales suposiciones inexactas se encuentran: la sobrevaloración de los atributos del género masculino (patriarcalismo), el aprecio a la apariencia física de las ‘identidades preferidas’, la vestimenta y otros símbolos de estatus, el color de piel, la localidad y el origen cultural y la ‘proximidad vocabular’ del alumno en el entorno escolar. Un ejemplo en este último caso, es el de un estudiante bilingüe indígena, quien, aunque tenga una red neuronal más diversificada que la de un alumno monolingüe, puede ser menospreciado porque se expresa con términos distintos a los de la comunidad discursiva de la escuela.
Desde la literacidad crítica se enfatiza el valor de la persona por sí misma, reconociendo sus atributos, con el fin de promover continuamente la expresividad en los estudiantes y prestando atención a su ‘sentido de pertenencia’ a la comunidad escolar. Asimismo, se hace evidente que entre los discursos sesgados, con frecuencia se encuentra aquél que coloca sobre los hombros de los estudiantes la carga y ‘la culpa’ de un pobre desempeño. mediante juicios sumarios, se omite el análisis de variables contextuales (pedagogía inadecuada, violencia familiar, marginalización, silenciamiento, “invisibilidad” cultural).
Hoy más que nunca, un clima centrado en el docente, que silencia o margina a los estudiantes, enfocado en temas disciplinarios, y ausente de la realidad inmediata, se contrapone al mejoramiento del aprendizaje, la convivialidad, el aprecio por los demás y el respeto por la verdad.   

Yolanda Gayol

 

Modificado por última vez enJueves, 09 Noviembre 2017 06:03
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