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Rafael Segovia Destacado

El Colegio de México de hoy no se podría explicar sin él. El Colegio de México de hoy no se podría explicar sin él. Especial

Rafael Segovia nace en Madrid, España, el 13 de junio de 1928. Hijo de un conocido y afamado médico, Jacinto Segovia, desde niño vivirá en un ambiente abierto e intelectual que haría que su padre, al producirse el conflicto que afectaría profundamente a la sociedad española, tomara partido decidido por la República española.
A los ocho años empieza su peregrinar, vivirá dos guerras, una civil y otra mundial y entre ambas, el inicio del destierro que lo marcará toda su vida.


Este pasado que asumió sin decisión propia lo marcó definitivamente y en vez de negarlo, lo reivindica con orgullo y pasión. Es quizá por ello que su adaptación e incorporación a México y a la vida de nuestro país fue y sigue siendo tan intensa.
El desenlace de la guerra civil lo llevó junto con su familia al exilio y vivirá en Francia, en el norte de África y al final en México, donde echaría raíces definitivamente.
Tiene desde el inicio de sus estudios una multiplicidad de influencias: empieza a estudiar en el Liceo Francés de Madrid y prosigue en Francia y en Marruecos.
En México continúa la formación elemental interrumpida en el Liceo Franco Mexicano y posteriormente en la Academia Hispano-Mexicana, uno de los colegios creados por los españoles asilados en México para educar y preparar  a los hijos del exilio en un medio español para que estuvieran preparados para su regreso a España cuando terminara el destierro.
El ambiente en su casa mexicana es el mismo que se respiraba en la española: un socialismo humanista, con carácter profundamente español y ampliado por una formación europea.
En 1950 entra a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde realiza sus estudios profesionales y empezaría a formar parte de la vida cultural del país. Es en la Universidad y en ese momento cuando Segovia se incorpora total y definitivamente a la vida y a la sociedad mexicanas; quizá la falta de esperanza en España lo empujaría a ello pero lo más importante y definitivo fue el encanto que el nuevo país ejerce en él.
Terminando sus estudios profesionales continúa su formación en Francia, donde encontraría a  Jean-Baptiste Duroselle, con quien establecería una profunda relación intelectual y afectiva.
De vuelta a México se reincorpora a El Colegio de México, institución en la que ha hecho su vida académica y a la que le ha dado su esfuerzo.
El Colegio de México es por muchas razones una institución con una vida paralela y semejante a la de Segovia;  de origen español; con el nombre de Casa de España, su evolución la convierte en uno de los centros principales del humanismo mexicano.
En algunos aspectos, quizás, El Colegio de México de hoy no se pueda explicar sin Rafael Segovia, pero lo que es seguro es que Rafael Segovia no se puede explicar sin El Colegio de México.
En El Colegio, múltiple por su origen, por su enfoque y por su destino, es donde se formó y seguirá formando a sus innumerables alumnos y discípulos.
Ahí entraría en relación estrecha con Cosío Villegas, Mario Ojeda, Luís González, Gaos, Nicol, Andrés Lira, y tantos otros que han sido y son parte activa del México moderno.
En El Colegio ha desempeñado, además de la enseñanza, funciones administrativas. Formó parte del Consejo de Dirección de la revista Foro Internacional con Carlos Tello y Mario Ojeda. Donde Segovia llevó a sus páginas el análisis de política internacional que era hasta entonces desconocido o muy poco comentado.
Esa es la época en que la actividad académica e intelectual de Segovia es más variada. La diversidad de temas y el enfoque que da a los mismos pueden parecer escritos de juventud, que en realidad lo son por la edad del autor pero no por la profundidad del análisis.
El Colegio de México le otorgó su máximo reconocimiento: Profesor emérito, distinción que se da a quienes dedican su vida, y la dedican bien, a la investigación y a la enseñanza.
Como hombre culto, culto como nadie, ninguna actividad le es ajena: amante de la vida, no desperdicia ninguna de las oportunidades que ella le brinda, gusta no sólo de las materias que cultiva, sino del futbol, de la literatura, de la mesa, los amigos, de los viajes y sobretodo de la familia.
Siempre ha dedicado su vida a la instrucción. Su vocación por la enseñanza traspasa el ámbito académico, en casa su mujer y sus tres hijos se han dedicado, de una u otra forma, a la educación.
Para Segovia la formación no debe ser sólo transmitir conocimientos sino hacer que se comprendan valores y forma de ver la vida.
Esto se aprende fundamentalmente en la etapa de la formación profesional, de ahí su insistencia en que en el Centro de Estudios Internacionales se dé la mayor importancia a la licenciatura frente a maestrías o doctorados, que si bien son por demás importantes, su utilidad y su trascendencia son mucho mayores cuando se llega a ellos con una sólida preparación profesional.
Una de las facetas más conocidas de Segovia es su análisis político e histórico en la prensa. Con ello comparte una tradición en la que Daniel Cosío Villegas destacó señaladamente en México y Raymond Aron entre los europeos. Segovia cree como ellos que el análisis profundo y serio no debe estar reservado a grupos cerrados sino ponerse al alcance del público.
Rafael Segovia ha sido y es fundamental para El Colegio de México, para la cultura nacional  y para tantas generaciones que han pasado por sus aulas de profesor, por su cubículo de asesor y por sus mesas de contertulio; todos siempre han querido y quieren  estar cerca de quien hace de la amistad una profesión.
El día en que se le entregó la distinción de Profesor Emérito, Segovia afirmó que en su formación había tenido cuatro pilares: su padre, Don Jacinto, Paula, su mujer, su hermano Tomás y Luis Rius. A los cuatro les tenemos que agradecer lo que hayan tenido que ver en su formación y, por su conducto, en nosotros.
Muchos, muchos méritos tiene Segovia quien, como diría Machado, en el buen sentido es, sobre todo, un hombre bueno.    fernando serrano migallón*

Fernando Serrano Migallón

Escritor, jurista, politólogo.

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