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Pienso, luego escribo Destacado

Los profesores del Centro de Estudios Internacionales Manuel Camacho, Soledad. Loaeza, Rafael Segovia, Blanca Torres, Lorenzo Meyer y Carlos Arriola. Los profesores del Centro de Estudios Internacionales Manuel Camacho, Soledad. Loaeza, Rafael Segovia, Blanca Torres, Lorenzo Meyer y Carlos Arriola. Especial

Rafael Segovia es ampliamente conocido por sus artículos semanales publicados, hasta hace poco, en uno de los principales diarios de la capital. Durante más de cuarenta años comentó los acontecimientos de la vida política nacional: gobierno y oposición, partidos políticos y grupos de presión, iglesias y universidades fueron objeto de sus análisis. Claridad y concisión los caracterizaron, así como una prosa precisa sin florituras ni lugares comunes, mucho menos equívocos barbarismos como “ciudadanizar”. Hay en su lenguaje un gran respeto por las personas y las ideas, aunado a una responsabilidad en el uso de las palabras.


“Para decir bien hay que pensar bien” escribio’  Antonio Machado y para pensar bien, hay que añadir, hace falta conocer los temas, asi como estar informado y poseer la sensibilidad necesaria para distinguir lo esencial de lo accesorio, lo circunstancial de lo trascendente. Para decir bien hay que haber leido mucho y para pensar bien hay que haber estudiado mas.
Itinerario educativo
Segovia nació en Madrid y curso su educación primaria en el liceo francés. La guerra civil llevó a su familia a sumarse a la “España peregrina” que llegó a México. Aquí continuó sus estudios en la Academia Hispano Mexicana y en la UNAM. Siguiendo el ejemplo paterno (Don Jacinto fue un excelente cirujano) cursó dos años de medicina sometiéndose a la disciplina que exigen los estudios científicos. De ahí migró a la Facultad de Filosofía y Letras, matriculandose en Historia. Sabios y rigurosos maestros lo guiaron en las complejidades y métodos de la disciplina, en particular Edmundo O’Gorman quien le dirigió la tesis. Esta versó sobre el conflicto de las ideas  en la España ilustrada del siglo XVIII : la relación del pensamiento científico con la tradición impregnada del pensamiento religioso; la relación de la crítica con la tradición y la relación de las ideas políticas con el pensamiento tradicional. Temas delicados y conflictivos que son abordados sine irae examinando con paciencia los argumentos de ambas partes, tal y como lo haría  posteriormente en la docencia y en sus publicaciones.
El tema de la tesis es de gran importancia para España y para México: en ese siglo XVIII  se produjo la ruptura que abrió las puertas a la época moderna, aunque no todas las naciones la hayan franqueado. En Francia desembocó en la Revolución Francesa y en América en la independencia de las colonias, lo que implicó las luchas entre liberales y conservadores con resultados diversos.
Para Fernando Escalante, uno de los discípulos más aventajados de Segovia, en este libro “comienza una reflexión que continuará  durante medio siglo: modernización, nacionalismo, cultura política y el oficio político, son los temas.” ( Prologo a la reedición de la tesis por El Colegio de México, 2005)
Dueño de un savoir faire  intelectual, Segovia dedica unos años a la docencia en varias instituciones y a finales de la década de los años cincuenta  fue invitado  por Don Daniel Cosío Villegas a incorporarse a El Colegio de México. Don Daniel  lo envía a París para que se especialize en Historia de Europa. En el Instituto de Estudios Políticos, conocido como Sciences Po, Segovia sigue los cursos de grandes maestros de la época: Jean Baptiste Duroselle en relaciones internacionales, Touchard, autor de una historia de las ideas políticas (ambos han sido publicados en México) y otros menos famosos como Francois Goguel (sociología electoral) y René Girardet (nacionalismo).
En la Francia de 1960, De Gaulle había emprendido un amplio proceso de cambio y mantenía una posición independiente con respecto a los Estados Unidos y la Unión Soviética; la Revolución Cubana había triunfado y los éxitos espaciales de la URSS  habían mostrado  su capacidad tecnológica para atacar el territorio de los Estados Unidos, con lo cual se había recrudecido la guerra fría y se impulsaba la carrera armamentista. Todo ello se tradujo en debates ideológicos, intelectuales y  políticos en los que participaron  figuras tan distinguidas como J. P. Sartre y R. Aron. Un aprendizaje más para el joven Segovia.
 A  su regreso, Segovia impartió, en 1964, su primer curso en El Colegio de México, Introducción a la Ciencia Política, al  que se sumarían los de Historia de Europa y otros más. A pesar de ofertas de trabajo interesantes (entre ellas la de director de Ciencias Sociales en la Unesco) Segovia permaneció fiel a su vocación intelectual y jamás abandonó la docencia y la investigación. Cuando ocupó la dirección del Centro de Estudios Internacionales reunio’ a un grupo de estudiosos de la vida política nacional  quienes produjeron numerosos trabajos sobre partidos, elecciones y otros temas relacionados con los conflictos del gobierno de Luis Echeverría (1970-1976). Algunos de ellos ocuparon posteriormente puestos de gran responsabilidad en el gobierno federal. Su liderazgo intelectual  era ya un hecho y se extendió a sectores más amplios de la clase política gracias a sus artículos en la prensa.  


Segovia en  su tinta pedagógica
“Los partidos son necesarios en las democracias y en los totalitarismos y autoritarismos . los partidos en el mundo moderno, son necesarios siempre y, como la mayoría de los hechos políticos, son juzgados severamente, vistos con antipatía, como los son siempre los depositarios de la autoridad o del poder. Pero al mismo tiempo que se produce su rechazo se reconoce su necesidad: son indispensables para la formación de la opinión pública y para la formación, conquista y mantenimiento del poder, son indispensables para la crítica política y para la consolidación de la cultura política ciudadana, son la base misma de las elecciones.
Los partidos no han nacido por capricho o por casualidad. Han sido la consecuencia directa e inmediata del sufragio universal, de la profesionalización de la política y de la necesidad de recurrir a un lenguaje simbólico. Pero fueron ante todo los movimientos obreros quienes no pudieron prescindir de estas organizaciones. La historia de los partidos no cobra sentido sino hasta el último tercio del siglo XIX, cuando aparecen los grandes partidos proletarios de Europa. Sólo cuando los obreros optan por la via parlamentaria las organizaciones partidarias adquieren una naturaleza moderna y democrática. La derecha imitará, lo que hasta entonces había combatido, para no ser aplastada en el campo electoral. La maquinaria electoral, sectorial y gremial cardenista, el PRM, fue la causa real de la constitución de  un esbozo de partido de la derecha mexicana. El PAN nació como la respuesta a un primer organismo electoral unido y unitario de los grupos obreros y campesinos. Resulta sorprendente que los progresistas al uso no entiendan todavía por qué y para qué existen los partidos”.  (1996)
“Criticar a las personas es relativamente fácil, hacerlo con las ideas pide un razonamiento y un discurso más allá de los alcances del común de los mortales. El presidente de la República, durante siglos mitificado en cuanto representante máximo del Estado, ha sido apeado de los altares por la democratización de la vida cotidiana, el crecimiento de la clase media y la expansión de los medios de información. Su imagen resiste aún, aunque se intuye su desacralización en plazos previsibles. Todo el mundo corre a destruir la estatua tan pronto es derribada y sustituida, sin advertir cómo está destruyendo la tan anhelada seguridad.
Se ha convertido en una moda, en una frase hecha, condenar la política. La solución de un problema cualquiera debe no ser política. Politizar equivale a evitar la solución justa o, y lo que es peor y ya no se envuelve en retórica, puede ser equitativa y dañar así al grupo más fuerte, la banquero que se ha forrado con el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA) o a la industria que vive de un proteccionismo capaz de imponer productos inaceptables.   Esta actitud ha llegado tan lejos que los partidos se acusan entre sí buscar soluciones políticas, como si pudieran buscar otras.
Buscar que puede sustituir a la política no le está dado a todo el mundo. Lo primero que se viene a la mente es la justicia, la honestidad, la igualdad y la tolerancia, todo cuanto viene de la civilización y la cultura y no de la naturaleza humana.  La política, contra lo predicado en la cultura de la calle, busca imponerse contra los impulsos primarios de los humanos y racionalizar sus conflictos, evitar la eliminación radical del contrario y tolerar incluso al enemigo. Intenta dar una expresión a las diferencias entre los hombres a través de la representación y con ayuda de esta generar una legalidad y una legitimidad. (1996)   

Carlos Arriola
Investigador de El Colegio de México

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